InfoCatólica / Schola Veritatis / Categoría: María Santísima

28.03.20

Súplica a la Estrella del cielo contra la peste: un antiguo canto gregoriano

Los versos de esta hermosa oración del Siglo XIV para tiempos de epidemia están tomados de una homilía de la Natividad, de san Pedro Damasceno, obispo de Damasco en el siglo VIII. Según la tradición, este texto fue entregado por san Bartolomé, que se apareció a las Clarisas de Coimbra, Portugal, cuando la ciudad era arrasada por la peste en 1317, para que fuera recitado por ellas. Así, el convento fue salvado. Este monasterio había sido refundado en 1314 por la reina Isabel de Aragón (1217-1336), esposa de Dionisio Iº, rey de Portugal. Allí, ella recibió el hábito y murió, siendo más conocida por su nombre de religión, Isabel de Portugal. En este lugar es venerada desde su canonización en 1625, por el Papa Urbano VIII.

Desde Coimbra, la prosa se expandió ampliamente por todo el Occidente (por ejemplo, los Canónigos de la Colegiata Santa Cruz de Poligny deciden en 1575 cantar esta oración a perpetuidad todos los días antes de la Misa, las Ursulinas de Nîmes la cantan todos los días después de la Misa, con ocasión de la peste de 1640).

Normalmente era cantada con su versículo y su oración, seguida de antífonas, versos y oraciones a san Roque y san Sebastián, los dos principales santos intercesores en tiempos de contagio.

En el Monasterio Nuestra Señora de Aysén, desde el confín austral de la tierra, estamos cantando esta oración cada día al terminar la Santa Misa, pidiendo especialmente la misericordia de Dios y el consuelo del Corazón de María para todos los que sufren.

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21.12.19

Alégrate, Santa Madre de la Luz, y alegrémonos nosotros contigo

Imagen Notre Dame du Salut, Francia

“Gaude Dei genetrix, Virgo immaculata; gaude, quae gaudium ab Angelo suscepisti; gaude, quae genuisti aeterni luminis claritatem; gaude mater, gaude sancta Dei genetrix virgo: tu sola mater innupta; te laudat omnis factura Genetricem Lucis: sis pro nobis, quaesumus, perpetua interventrix”.

Canto gregoriano antiguo del tiempo de Adviento.

Traducción:

Alégrate, Madre de Dios, Virgen Inmaculada; alégrate, la que recibiste el gozo del Angel; alégrate, la que engendraste la claridad de la eterna Luz; alégrate Madre, alégrate Virgen Santa Madre de Dios: tú la única madre incorrupta; toda la creación te alaba, Madre de la Luz: te pedimos que seas para nosotros intercesora por siempre.

Los miembros de la comunidad de Schola Veritatis invitan a todos los lectores de este portal a participar del gozo de la Santísima Virgen, tan bellamente plasmado en este canto y en las palabras del Magníficat. Este gozo, una vez que ha entrado en el corazón Inmaculado de María, no la abandonará jamás: es la alegría por la salvación del género humano, por la venida de Dios a nuestra tierra, por la misericordia divina derramada sobre el mundo. Tampoco a nosotros, hijos de esta Madre bendita, debe abandonarnos nunca este gozo, pues creemos en Aquél que vence el pecado, que vence la oscuridad y la mentira, vence al mundo, al demonio y a la carne, que vence a todos nuestros enemigos: Jesucristo, Señor Nuestro. Sabemos que las cosas van mal; pero sabemos por sobre todo que la victoria eterna es de Jesús y de María.

Ven, Señor Jesús, ven a reinar sobre nosotros con tu Madre a quien amamos.

Santa Navidad para todos y la promesa de nuestras oraciones.

26.09.19

Pericóresis mariana: propuesta de un itinerario espiritual

Teofanes el Griego, Nuestra Señora del don, 1382

En este post, compartimos, a modo de hipótesis teológica, algunas reflexiones que nos han surgido después de una lectura atenta y meditada del Tratado de la Verdadera Devoción de San Luis María Grignon de Montfort. Lectura que recomendamos a todos nuestros lectores, como preparación al acto de Consagración a la Sabiduría Encarnada por manos de María Santísima, el cual es un excelente camino de santificación personal.

El Magisterio de la Iglesia nos enseña que la Santísima Virgen María «aplastó la soberbia cabeza de la Serpiente con su humildad, desde el primer instante de su Inmaculada Concepción» (León XIII, Acta Sanctae Sedis vol. XXIII, Cf. Gen 3,15). Por eso, la Sagrada Liturgia dice de Ella que es «Terribilis ut castrorum accies ordinata» (Terrible como un ejército en orden de batalla, Antífona de Vísperas del día de la Asunción). En esta hora de la historia de la salvación, los hijos de la Iglesia necesitamos como nunca refugiarnos bajo el manto protector y poderoso de la Madre de la Verdad, a fin de poder obtener, con Ella y en Ella, la victoria sobre todos nuestros enemigos.

Apoyándose en la fórmula litúrgica que cierra el Canon de la Santa Misa ─por Cristo, con Él y en Él, a ti Dios Padre Omnipotente, todo honor y toda gloria, por los siglos de los siglos─, San Luis María Grignon de Montfort propone la vivencia interior de su Consagración, reconociendo la causalidad múltiple ejercida por la Santísima Virgen sobre nosotros, en el mundo sobrenatural. Causalidad subordinada e intrínsecamente unida a la de su Divino Hijo. Es así que el esclavo de Jesucristo por María debe hacerlo todo por María, con María, para María y en María. Es en esta última característica en la que nos queremos detener y reflexionar: cómo vivir y hacerlo todo en María.

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29.12.15

La oración por las almas del purgatorio en el contexto del año de la Misericordia y II

Imagen central del Santuario Notre Dame de Montligeon, Normandía, Francia

Imagen central del Santuario Notre Dame de Montligeon, Normandía, Francia

En el presente post terminamos con la segunda y última parte de la conferencia pronunciada por el R. P. Dom Jean Pateau, OSB, Abad de Fontgombault (Francia) en el Santuario de Montligeon.


María, la “Sabia Mujer” que nos acompaña en el pasaje de la muerte a la vida

La obra de María no se limita al sólo momento de la muerte . Su maternidad se extiende sobre las almas que han atravesado las puertas de la muerte, pero que no han podido alcanzar aún la beatitud del cielo: las almas del Purgatorio. Como lo muestra la estatua que domina esta basílica, María, que tiene a su Hijo, intercede por las almas, de suerte que su Hijo ofrece a aquellas la corona de los elegidos. La obra de Montligeon es entonces, una obra marial.

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8.12.14

¡Oh Virgen, por cuya bendición queda bendecida toda la naturaleza!

Bartolomé Esteban Murillo (1660-1665)

(Bartolomé Esteban Murillo, 1660-1665)

De las Oraciones de san Anselmo (1033-1109), obispo

(Oración 52: PL 158, 955-956)

El cielo, los astros, la tierra, los ríos, el día, la noche, y todo lo que se halla sometido al poder y al servicio del hombre, se congratulan, Señora, porque, habiendo perdido su antigua nobleza, ahora han sido en cierto modo resucitados por ti y dotados de una gracia nueva e inefable.

Porque todas estas cosas estaban como muertas, al haber perdido su congénita dignidad de servir al dominio y utilidad de los que alaban a Dios, que para eso habían sido creadas; estaban oprimidas y afeadas por el abuso de los que servían a los ídolos, para los cuales no habían sido creadas. Ahora se alegran como si hubieran vuelto a la vida, porque ya vuelven a estar sometidas al dominio de los que confiesan a Dios, y embellecidas por su uso natural.

Es como si hubiesen saltado de alegría por esta gracia nueva e inapreciable, al sentir que el mismo Dios, su mismo creador, no sólo reinaba sobre ellas de un modo invisible, sino que incluso lo vieron en medio de ellas, santificándolas visiblemente con su uso. Estos bienes tan grandes provinieron a través del fruto bendito del vientre sagrado de la Virgen María.

Por tu plenitud de gracia, lo que estaba en el país de los muertos se alegra al sentirse liberado, y lo que está por encima del mundo se alegra al sentirse restaurado.

En efecto, por el glorioso Hijo de tu gloriosa virginidad, todos los justos que murieron antes de la muerte vivificante de Cristo se alegran al verse libres de su cautividad, y los ángeles se congratulan por la restauración de su ciudad medio en ruinas.

¡Oh mujer llena y rebosante de gracia, con la redundancia de cuya plenitud rocías y haces reverdecer toda la creación! ¡Oh Virgen bendita y desbordante de bendiciones, por cuya bendición queda bendecida toda la naturaleza, no sólo la creatura por el Creador, sino también el Creador por la creatura!

Dios, a su Hijo, el único engendrado de su seno igual a sí, al que amaba como a sí mismo, lo dio a María; y de María se hizo un hijo, no distinto, sino el mismo, de suerte que por naturaleza fuese el mismo y único Hijo de Dios y de María. Toda la naturaleza ha sido creada por Dios, y Dios ha nacido de María. Dios lo creó todo, y María engendró a Dios. Dios, que hizo todas las cosas, se hizo a sí mismo de María; y de este modo rehizo todo lo que había hecho. El que pudo hacer todas las cosas de la nada, una vez profanadas, no quiso rehacerlas sin María.

Dios, por tanto, es padre de las cosas creadas y María es madre de las cosas recreadas. Dios es padre de toda la creación, María es madre de la universal restauración. Porque Dios engendró a aquel por quien todo fue hecho, y María dio a luz a aquel por quien todo fue salvado. Dios engendró a aquel sin el cual nada en absoluto existiría, y María dio a luz a aquel sin el cual nada sería bueno.

En verdad el Señor está contigo, ya que él ha hecho que toda la naturaleza estuviera en tan gran deuda contigo y con él.