InfoCatólica / Schola Veritatis / Categoría: Espiritualidad

6.06.21

Corpus Christi. La Eucaristía como sacramento

Corpus Christi

HOMILÍA

Padre Pedro Pablo Silva, SV

CORPUS CHRISTI – 03 junio 2021

En este Sacramento admirable hay dos aspectos: la Eucaristía como sacrificio y la Eucaristía como sacramento.

Hoy quiero hablar de la Eucaristía como sacramento. Para hacerlo, quiero hacer una comparación poniendo como ejemplo el matrimonio. A la Iglesia, desde tiempos antiguos, le costó mucho la redención del matrimonio. En tiempo del Imperio romano, especialmente en su decadencia, había una gran promiscuidad, y no existía esta institución natural sobre la cual se estructura la vida social, y también corroborada por un sacramento que es el matrimonio. Pero la Iglesia, proclamando la verdad del Evangelio, logró que el matrimonio cristiano llegara y se instituyera en la sociedad (es propio de la fe, porque es verdadera, que lo que Cristo ha revelado y establecido, se instituya en la sociedad, es el Reinado social de Jesucristo). Sin embargo, hoy día asistimos al proceso contrario: cada vez hay menos matrimonios. ¿Qué sucede?

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21.05.21

San José, un hombre de silencio interior

San José-Murillo

HOMILÍA

Padre Pedro Pablo Silva, SV

SAN JOSÉ - 1 mayo 2021

San José, un hombre de silencio interior

Una de las cosas interesantes que nos esperan, cuando hayamos muerto, en el Cielo, será juntarnos con nuestros seres más queridos, nuestros padres, hermanos…, los cuales esperamos encontrar en la eternidad junto a Dios.

Pero mucho más que eso, que los lazos de la carne, va a ser encontrarse con la gente que ha estado más cerca de Dios, con la gente más santa, la gente más santa es la gente más amable, es la gente más grande, es la gente que más tiene para darnos. Y ese encuentro con la gente más santa, aquella a la cual nos vamos a ver movidos a amar más profundamente, ese encuentro puede darse ya aquí en la tierra.

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16.04.21

Pascua, anticipo de eternidad

Resurrección

HOMILÍA

Padre Pedro Pablo Silva, SV

Iº Domingo del Tiempo Pascual

La Pascua en la Liturgia, un anticipo de la eternidad

Hemos terminado hace poco el tiempo de Cuaresma que la Liturgia nos hace vivir tan intensamente. La Cuaresma es como una mala noche en una mala posada – que diría Santa Teresa-, como la vida humana, pero con esperanza…, mirando una luz lejana que ha de venir al final de esos 40 días.

Y luego viene la Semana Santa que es muy intensa, muy fuerte, donde la Sagrada Liturgia nos lleva a vivir, como en carne propia, la pasión, la muerte, la negación de los discípulos, el significado de nuestro propio pecado en la crucifixión del Señor y, finalmente, su Resurrección. Luego, la Sagrada Liturgia nos ha hecho vibrar con la Octava de Pascua. Y actualmente entramos en este tiempo Pascual de 40 días, los cuales son como haber traspasado el umbral de esta vida -luego de la noche del Viernes Santo- para vivir en la eternidad, estando aún en este mundo.

Mirar la vida de los discípulos nos ayuda a nosotros a entender cómo vivir mejor esta etapa en que estamos, el tiempo Pascual. Mirar a San Pedro, a Santa María Magdalena y a los demás, atemorizados después de la Pasión del Señor, pero felices después de la Resurrección…, después de la venida del Espíritu Santo…, con una certeza, una valentía y una fortaleza interior que realmente nos admiran, pues no nos debemos olvidar que ellos negaron y apostataron de Cristo prácticamente todos.

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19.06.20

Despertar del engaño del mundo moderno mediante el culto al Corazón de Cristo

Homilía Sagrado Corazón de Jesús -2020

Queridos Hermanos,

El Corazón de Jesús es misterio reservado para los últimos tiempos. Aunque lo esencial del culto al Sagrado Corazón de Jesús ha estado siempre presente en el núcleo mismo de la fe y tiene su fundamento en la Sagrada Escritura, por divina providencia, éste se ha ido explicitando en los últimos siglos hasta formularse en el Catecismo actual. Las primeras revelaciones, no obstante, se dieron en un contexto monástico, a fines del S. XIII, dentro de la espiritualidad benedictina, que como sabemos es litúrgica y doxológica, con Santa Gertrudis y Santa Matilde en el famoso monasterio de Helfta. Sin embargo, su desarrollo más explícito lo tendrá luego con Santa Margarita María en el s. XVII, el P. Hoyos en el s. XVIII, y posteriormente, bajo otra modalidad, con Santa Faustina. Hay un fragmento del libro de las revelaciones de Santa Gertrudis que es muy iluminador y desconocido. En una visión que la santa tuvo del apóstol San Juan, ella le preguntó porqué, habiendo reposado su cabeza en el pecho de Jesús durante la Última Cena, no había escrito nada para nuestra instrucción, sobre las profundidades y misterios del Sagrado Corazón de Jesús. San Juan le respondió:

«Mi ministerio, en ese tiempo en que la Iglesia se formaba, consistía en hablar únicamente sobre la Palabra del Verbo Encarnado…… pero, a los últimos tiempos, les está reservado la gracia de oír la voz elocuente del Corazón de Jesús. A esta voz, el mundo, debilitado en el amor a Dios, se renovará, se levantará de su letargo y una vez más, será inflamado en la llama del amor divino».

En este pasaje se ve como, dentro del plan providente de Dios, el mensaje del amor misericordioso del corazón de Cristo está puesto como remedio a los males de los tiempos últimos. En él está la total epifanía o manifestación del amor divino que arde en deseo de atraer hacia Sí a todos los hombres, también a los que reniegan de Él.

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3.12.19

El arte de mantenerse en la verdad durante la tentación

San Antonio Abad, Diego Velazquez

La vida monástica, desde sus mismos orígenes, ha colocado en el centro de su itinerario espiritual el combate contra los pensamientos o logismoi. La renuncia a los pensamientos malignos es la renuncia monástica por excelencia, incluso por sobre la ascetismo físico de los ayunos y las vigilias. A veces este combate constituye un auténtico martirio espiritual, el cual es propio de aquellos que siguen una vocación solitaria. Como se lee en uno de los Apotegmas: “también los filósofos ayunan y viven en castidad; solo los monjes vigilan sus pensamientos”.

En efecto, el paso desde el hombre carnal al estado del cristiano espiritual perfecto, implica un combate en un doble frente, los cuales están unidos entre sí: el de las pasiones desordenadas arraigadas en el fondo del corazón humano, y el de los demonios. La guerra que los monjes deben sostener es una guerra interior, espiritual, inmaterial, una guerra invisible, que por lo mismo que combate a enemigos que no se dejan ver, es la más ruda y peligrosa de todas las guerras. Esto, y no otra cosa, es lo que se vive en la soledad de los monasterios.

El arma que habitualmente usan los demonios son los “pensamientos”, a veces buenos en sí, pero en general malos y perversos. El demonio no da la cara sino que se esconde detrás de los malos impulsos que están dentro del hombre -y aun detrás de los buenos- y se sirve de ellos insidiosamente para llevarlo a su ruina. Así, apenas San Antonio Abad deja el mundo y marcha al desierto, el Enemigo busca apartarlo de su propósito recordándole los bienes que ha dejado, el cuidado que debe tener de su hermana, sus afectos familiares, los placeres de la vida y la dificultad de la virtud. Al no ser pensamientos objetivamente malos, resultan más peligrosos. En el caso de los principiantes y aquellos que tienen menos purificadas sus pasiones, se sirven los demonios de otras tentaciones más manifiestas, contenidas en los ocho logismoi o vicios capitales, como los llamará Juan Casiano.

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