Tiempos de oración eucarística

En tiempos de tribulación, de oscuridad, de pecado, a la vista de un mundo que se precipita a su ruina y de nuestra dolorosa infidelidad como Iglesia de Cristo, los medios humanos y naturales no son proporcionados. De rodillas ante la presencia real y substancial de Jesús en la Eucaristía, en el Corazón Inmaculado de la Virgen María, es donde se da el verdadero y gran combate.

La Sagrada Liturgia de la Iglesia ofrece a la piedad del pueblo cristiano un alimento sólido y seguro. A continuación, para esos momentos de adoración silenciosa -que es de esperar todos tengamos-, compartimos la traducción de algunos cantos eucarísticos muy antiguos, cuya belleza, en sus letras y melodías gregorianas, han embellecido el culto católico durante siglos.


1. Adoro te devote

Te adoro devotamente, Deidad latente, que bajo estas figuras verdaderamente estás escondida: a ti se entrega totalmente mi corazón, porque contemplándote enteramente desfallece.

Oh memorial de la muerte del Señor, pan vivo que das la vida al hombre, otorga a mi alma vivir de ti y gustar siempre tu dulzura.

Jesús, a quien velado ahora contemplo, te pido se cumpla aquello que tanto ansío: que contemplándote cara a cara, sea bienaventurado con la visión de tu gloria.

Amén.

2. Amor Iesu dulcissime

Jesús, amor dulcísimo, cuando visitas nuestro corazón expulsas la tiniebla de la mente y nos llenas de dulzura.

¡Cuán feliz es el que tú sacias! Consorte de la diestra paterna, tú eres verdaderamente la luz de la patria, que supera todo sentido.

Esplendor de la gloria paterna, bondad incomprehensible, danos por tu presencia la abundancia de tu amor.

Amén.

3. Ave verum

Salve, verdadero Cuerpo, nacido de María Virgen: que verdaderamente ha padecido, inmolado en la cruz por el hombre. De cuyo costado perforado fluyó agua y sangre: concédenos gustarte en el momento de la muerte.

¡Oh Jesús dulce! ¡Oh Jesús piadoso! ¡Oh Jesús, hijo de María!

Amén.

4. Divinæ pacis

Con todo el corazón y con toda la mente te pedimos suplicantes el don de la divina paz y el perdón.

Señor, ten misericordia.

Por tu santa Iglesia Católica, que aquí y por todo el mundo está extendida, te rogamos.

Señor, ten misericordia.

Por nuestro Papa [N.] y por todo su clero, y por todos los sacerdotes y ministros, te rogamos.

Señor, ten misericordia.

Por aquellos que padecen diversas enfermedades y por los que son vejados por los espíritus inmundos, te rogamos.

Señor, ten misericordia.

Por aquellos que en tu santa Iglesia dan copiosos frutos de misericordia, te rogamos.

Señor, ten misericordia.

Escúchanos, Dios, en toda oración y petición nuestra, te rogamos.

Señor, ten misericordia.

Digamos todos:

Señor, ten misericordia.

5. Ecce panis Angelorum

Este es el pan de los Ángeles, hecho comida para los viadores: verdadero pan de los hijos, no debe ser dado a los perros.

Fue significado previamente en las figuras: en la inmolación de Isaac, en el Cordero de la Pascua, en el maná dado a los padres.

Buen Pastor, pan verdadero, Jesús, ten misericordia de nosotros: apaciéntanos, protégenos, haznos ver los bienes en la tierra de los vivientes.

Tú que todo lo sabes y puedes, que nos apacientas aquí, como mortales: haznos allí tus comensales, coherederos, y compañeros y conciudadanos de los Santos.

Amén.

6. Ego sum panis vivus

Yo soy el pan vivo que ha descendido del cielo: si alguno come de este pan vivirá eternamente, y el pan que yo daré es mi carne para la vida del mundo. Aleluya.

7. Gustate et videte

Gustad y ved cuán bueno es el Señor: Aleluya, aleluya, aleluya.

Bendeciré al Señor en todo tiempo, su alabanza está siempre en mi boca. Aleluya, aleluya, aleluya.

El Señor redime las almas de sus siervos, y no faltarán todos los que esperan en Él. Aleluya, aleluya, aleluya.

Gloria y honor al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo, por los siglos de los siglos. Amén.

8. Homo quidam

Un hombre preparó una gran cena y envió a su siervo, a la hora de la cena, a decir a los invitados que vinieran, porque todas las cosas han sido preparadas. Venid, comed mi pan y bebed el vino que he mezclado para vosotros. Porque todas las cosas han sido preparadas.

9. Dulcis Iesu memoria

Dulce memoria de Jesús, que das los gozos verdaderos del corazón, mas sobre la miel y todas las cosas es dulce su presencia.

Nada se canta más suave, nada se escucha más deleitable, nada se piensa más dulce, que a Jesús, el Hijo de Dios.

Jesús, esperanza para los penitentes, ¡qué piadoso eres para con quienes te suplican!, ¡qué bueno para con quienes te buscan! Mas, ¿qué serás para con quienes te encuentren?

Ni la lengua puede decir, ni la palabra expresar: sólo el que lo ha experimentado puede creer, qué sea amar a Jesús.

Jesús, que seas nuestro gozo, tú que eres el futuro premio: en ti sea nuestra gloria, siempre por todos los siglos. Amén.

10. O quam suavis est

Oh cuán suave es, Señor, tu espíritu: para demostrar tu dulzura hacia tus hijos, con un pan suavísimo bajado del cielo, colmas con tus bienes a los hambrientos, dejando vacíos a los hastiados ricos.

11. O sacrum convivium

¡Oh sagrado banquete!, en el cual Cristo es sumido, se recuerda la memoria de su pasión, la mente se llena de gracia, y se nos da una prenda de la futura gloria. Aleluya.

12. O salutaris Hostia

Oh Víctima saludable, que abres la puerta del cielo: las asechanzas de los enemigos aprietan, concede fuerza, otorga auxilio.

Al Señor Uno y Trino sea gloria sempiterna, el cual nos conceda la vida sin término en la patria. Amén.

13. Pange lingua

Canta, lengua, el misterio del glorioso Cuerpo y de la preciosa Sangre, que, como precio del mundo, derramó el Rey de las naciones, fruto de generoso vientre.

A nosotros dado, para nosotros nacido de la Virgen intacta, y habiendo vivido en el mundo, esparcida la semilla de la palabra, clausuró el tiempo de su destierro con un admirable orden.

En la noche de la última cena, recostado con sus hermanos, observada plenamente la ley sobre los alimentos legales, se entrega con sus manos como alimento al grupo de los doce.

El Verbo hecho carne convierte el verdadero pan, con su verbo, en carne, y el vino puro se hace sangre de Cristo, y si el sentido falla, basta la sola fe para confirmar al corazón sincero.

14. Panis angelicus

El Pan de los Ángeles se convierte en pan de los hombres, el pan celestial da término a las figuras. ¡Oh admirable misterio! Come al Señor el pobre, el siervo, el humilde.

A ti, Deidad una y trina, te pedimos que nos visites, así como te rendimos culto: por tus sendas condúcenos adonde aspiramos: a la luz en la que inhabitas. Amén.