28.01.10

(59) Grandes rebajas del cristianismo –III. pelagianismo actual. 1

–Deles duro a los pelagianos, que a mí me caen muy mal.
–Lo mismo me sucede a mí. Voy a por ellos.

Pelagianismo. Ya caractericé (56) esta herejía de Pelagio, formulada a comienzos del siglo V: la naturaleza humana está sana, no está profundamente herida por un pecado original, y no necesita estrictamente del auxilio sobre-natural de la gracia de Cristo. Nuestro Señor Jesucristo es por tanto para nosotros causa ejemplar de la salvación, pero no causa eficiente. Optimismo antropológico: querer es poder. Devaluación consecuente de la oración de petición, de la necesidad de los sacramentos, etc. Y recordé también la rápida respuesta de la Iglesia a esta herejía, afirmando la primacía de la gracia y su necesidad continua.

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23.01.10

(58) Grandes rebajas del cristianismo –III. arrianismo actual

–Ahora va a resultar que hoy no pocos teólogos católicos son arrianos.
–Más aún: Arrio se escandalizaría mucho de la enseñanza de algunos, ciertamente.

Siglo IV. «Decíamos ayer», en (56), que en el siglo IV, cuando los paganos neo-conversos invaden la Iglesia, muchos de ellos «necesitan» un cristianismo no-sobrenatural, el propio del arrianismo (Cristo es un gran Maestro, pero no es Dios, ni causa la salvación) y del pelagianismo (la naturaleza del hombre está sana, y no necesita de auxilios sobrenaturales para hacer el bien). Surgen, pues, Arrio (246-336) y Pelagio (354-427), como respuesta a la exigencia de estos pseudo-cristianos. Así han surgido casi siempre los herejes. Y en tal situación, unos, los católicos, «perseveran en escuchar la enseñanza de los apóstoles» (Hch 2,42), mientras que otros, los arrianos y pelagianos, «llevados por sus inclinaciones, se procuran maestros que les halaguen los oídos, y se apartan de la verdad para para dar crédito a las fábulas» (2Tim 4,3-4).

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17.01.10

(57) Grandes rebajas del cristianismo –II. Schillebeeckx

–¿No murió hace poco?
–El 23 de diciembre de 2009, a sus 95 años. Requiescat in pace.

Las síntesis históricas, por muy sintéticas que sean, exigen desarrollos largos, que no caben en un lugar como éste. «Grandes rebajas del cristianismo», enormes rebajas, fueron las realizadas por Lutero, del que ya traté en otro artículo. Grandes rebajas y falsificaciones del cristianismo fueron producidas también por tantos otros herejes anteriores y posteriores a él. Yo en el artículo actual me limitaré a considerar el modernismo, y más concretamente el modernismo actual, llamado a veces progresismo, personificándolo en el profesor Schillebeeckx y su entorno holandés.

El modernismo. En la segunda mitad del siglo XIX se configura ya plenamente el modernismo, una síntesis de protestantismo liberal, Ilustración, positivismo, naturalismo, liberalismo, exégesis crítica, historicismo, evolucionismo (Tyrrel +1909, Loysy +1940, etc.). En el Syllabus (1864), el Beato Pío IX condena 65 proposiciones claramente modernistas. Y San Pío X en la encíclica Pascendi (1907, n. 38) afirma que el modernismo es «el conjunto de todas las herejías». Y lo enfrenta con el mayor empeño, como puede verse en el motu proprio Sacrorum Antistitum, conocido como Juramento antimodernista (1910).

Una imagen del libro Christian Cartoons (1922) muestra en caricatura la gran rebaja de la escalera modernista descendente, que conduce derechamente a la apostasía (Cristianismo – Biblia no infalible – hombre no imagen de Dios – no milagros – no nacimiento virginal de Jesús – no divinidad de Jesús – no expiación – no resurrección – agnosticismo – ateísmo).

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13.01.10

(56) Grandes rebajas del cristianismo –I. arrianismo y pelagianismo antiguos

–No sé yo si voy a ser capaz de entender algo.
–Entenderá bastante menos que la mayoría; pero algo, algo, con el favor de Dios, sí entenderá.

La Iglesia logra en el siglo IV la libertad civil. El emperador Galerio (311, edicto de Nicomedia) y los emperadores Constantino I y Licinio, en occidente y en oriente (313, edicto de Milán), no solamente ponen fin a las persecuciones de la Iglesia, sino que van creando una situación en la que ser cristiano trae consigo una condición muy ventajosa para la vida social en el Imperio. Se bautizan los emperadores –Constantino, antes de morir–, y con ellos todos los altos magistrados. Teodosio prohibe ya los cultos paganos supervivientes y establece el cristianismo como religión oficial del Imperio (391). Se inicia en ese siglo para la Iglesia un tiempo nuevo, en el que florece la liturgia, la catequesis, la construcción de los templos y basílicas, la celebración de los primeros grandes Concilios ecuménicos, la institución del domingo, de la monogamia, una época en la que no pocas normas cristianas se hacen leyes civiles, al mismo tiempo que la Iglesia hace suyas muchas instituciones y leyes romanas.

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7.01.10

(55) José Román Flecha –y II. moral

–Perdone, pero a mí esas esas enseñanzas morales me quedan muy oscuras.
–Es normal. Aparte de que usted tiene pocas luces, de suyo son exposiciones muy obscuras.

Confusiones y contradicciones. Hay en esta obra una cierta ambigüedad congénita. La posición subjetivista del profesor Flecha, aunque él se esfuerza en no declararla abiertamente e incluso en combatirla, se capta inevitablemente en sus exposiciones confusas y desconcertantes. No es fácil, por ejemplo, entender cómo pueda conciliarse lo que el autor enseña sobre la autonomía de la conciencia y lo que la Iglesia enseña sobre los «actos intrínsecamente malos», doctrina que él mismo se ve obligado a recordar en otro lugar (198-200).

Tampoco podríamos asegurar qué es lo que realmente enseña sobre «la especificidad de la ética cristiana» (135-138), es decir, cómo entiende «la relación entre la ética cristiana y las éticas seculares» (145). Pues, por una parte, dice que «afirmar que el cristianismo no aporta un contenido moral categorial distinto del que ellas ofrecen –o pueden ofrecer–… es afirmar la sana autonomía de lo creado y la posibilidad de la razón natural para acceder a la bondad» (145).

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