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4.04.15

(314) Sábado Santo. El descenso del Señor al abismo

Maestro dell'Osservanza

Homilía antigua sobre el grande y santo Sábado (Anónimo)

De la Liturgia de las Horas, Oficio de Lectura del Sábado Santo

 

¿Qué es lo que hoy sucede? Un gran silencio envuelve la tierra; un gran silencio porque el Rey duerme. La tierra temió sobrecogida, porque Dios se durmió en la carne y ha des­pertado a los que dormían desde antiguo. Dios ha muerto en la carne y ha puesto en conmoción al abismo. 

Va a buscar a nuestro primer padre como si fuera la oveja perdida. Quiere absolutamente visitar a los que viven en tinieblas y en sombra de muerte. Él, que es al mismo tiempo Dios e Hijo de Dios, va a librar de su prisión y de sus dolores a Adán y a Eva.

El Señor, teniendo en sus manos las armas vencedoras de la cruz, se acerca a ellos. Al verlo nuestro primer padre Adán, asombrado por tan gran acontecimiento, exclama y dice a todos: «Mi Señor esté con todos». Y Cristo, respondiendo, dice a Adán: «Y con tu espíritu». Y tomándolo por la mano le añade: Despierta tú que duermes, levántate de entre los muertos y Cristo será tu luz.

Yo soy tu Dios, que por ti y por todos los que han de nacer de ti me he hecho tu hijo; y ahora te digo que tengo el poder de anunciar a los que están encadenados: «salid»; y a los que se en­cuentran en las tinieblas: «iluminaos»; y a los que dormís: «levantaos».

A ti te mando: despierta tú que duermes, pues no te creé para que permanezcas cautivo en el abismo; levántate de entre los muertos, pues yo soy la vida de los muertos. Levántate, obra de mis manos; levántate, imagen mía, creado a mi semejanza. Levántate, salgamos de aquí, porque tú en mí, y yo en ti, formamos una sola e indivisible persona.

Por ti yo, tu Dios, me he hecho tu hijo; por ti yo, tu Señor, he revestido tu condición servil; por ti yo, que estoy sobre los cielos, he venido a la tierra y he bajado al abismo; por ti me he hecho hombre, semejante a un inválido que tiene su cama entre los muertos; por ti, que fuiste expulsado del huerto, he sido entregado a los judíos en el huerto, y en el huerto he sido crucificado.

Contempla los salivazos de mi cara, que he soportado para devolverte tu pri­mer aliento de vida; contempla los golpes de mis mejillas, que he soportado para reformar, de acuerdo con mi imagen, tu imagen de­formada; contempla los azotes en mis espaldas, que he aceptado para aliviarte del peso de los peca­dos, que habían sido cargados sobre tu espalda; contempla los clavos que me han sujetado fuertemente al madero, pues los he aceptado por ti, que maliciosamente extendiste una mano al árbol prohibido.

Dormí en la cruz, y la lanza atravesó mi costado, por ti, que en el paraíso dormiste, y de tu costado diste origen a Eva. Mi costado ha curado el dolor del tuyo. Mi sueño te saca del sueño del abismo. Mi lanza eliminó aquella espada que te amenazaba en el paraíso.

Levántate, salgamos de aquí. El enemigo te sacó del paraíso; yo te coloco no ya en el paraíso, sino en el trono celeste. Te prohibí que comieras del árbol de la vida, que no era sino imagen del verdadero árbol; yo soy el verdadero árbol, yo, que soy la vida y que estoy unido a ti. Coloqué un querubín que fielmente te vigilara; ahora te concedo que el querubín, reconociendo tu dignidad, te sirva.

El trono de los querubines está preparado, los portadores atentos y preparados, el tálamo construido, los alimentos prestos, se han embellecido los eternos tabernáculos y moradas, han sido abiertos los tesoros de todos los bienes, y el reino de los cielos está preparado desde toda la eternidad.

Índice de Reforma o apostasía

23.11.14

(293) Cristo Rey, venga a nosotros tu Reino

CtoReyMe suena que todo esto lo tiene ya dicho en anteriores artículos.

–Así es. Éste de ahora resume tres (19-21) que escribí en 2009.

–«Aquí estamos en paz, hay tranquilidad y no pasa nada». Ateniéndose a ese juicio, los hombres «comían, bebían, compraban, vendían, plantaban, edificaban; pero en cuanto Lot salió de Sodoma, llovió del cielo fuego y azufre, y acabó con todos. Lo mismo pasará el día en que se revele el Hijo del hombre» (Lc 17,28-30). Cuántos cristianos hoy, al menos entre aquellos que gozan de una relativa prosperidad y tienen una mentalidad liberal-mundana, son moderados a la hora de considerar los males del mundo, en el que de ningún modo aceptan vivir «como peregrinos y forasteros» (1Pe 2,11), y menos aún como combatientes. Son «hombres terrenales"; mientras que los cristianos somos «hombres celestiales» (1Cor 15,48).

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12.05.14

(269) Liturgia –5. Jesucristo, sacerdote eterno de la Liturgia de la Iglesia

–Ya no sabía yo de qué hablaría hoy, si del abandono confiado en la Providencia al finalizar la liga de fútbol o de qué.

–Tranquilo. «Hombre de poca fe»… Sigo con la liturgia.

Y atención a lo que sigue, pues son verdades hoy muy silenciadas. Se niega o se elude que Cristo es Sacerdote, que nos salva por el Evangelio y por el Sacrificio expiatorio de su vida. Pero el centro y la fuente continua de la Iglesia es la Eucaristía, en la que el sacerdote ministro, unido a todo el pueblo cristiano sacerdotal, actualizan con Cristo sacerdote, a lo largo de los siglos, el Sacrificio de la redención del mundo y de la suprema glorificación de Dios.

Nuestro Señor Jesucristo es el Sumo y Eterno Sacerdote que realiza en la Liturgia sagrada de la Iglesia el Sacrificio de la Nueva Allianza. Ya en el Antiguo Testamento se inicia la esperanza de un Mesías sacerdotal (Gén 14,18; Is 52-53; 66,20-21; Ez 44-47; Zac 3; 6,12-13; 13,1s; Mal 1,6-11; 3,1s). Y en el Nuevo Testamento, el sacrificio de Cristo sacerdote realiza en forma suprema la glorificación de Dios y la santificación de los hombres. Si la Alianza Antigua fue sellada en la sangre de animales sacrificados cultualmente (Ex 24,8), la Nueva vendrá garantizada por la sangre de Jesús, el Siervo de Yavé: «ésta es mi sangre, la sangre de la Alianza, que se derrama por todos para la remisión de los pecados» (Mt 26,28; cf. 8,17).

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9.11.13

(244) Enamorados de la Iglesia. En la Dedicación de la Basílica de Letrán

–Es verdad. Hoy celebramos la Dedicación de la Basílica de Letrán.

–El templo madre de todas las iglesias.

Cuatro Basílicas mayores tiene Roma, San Juan de Letrán, San Pedro del Vaticano, San Pablo Extramuros y Santa María la Mayor. Las cuatro tienen Puerta santa y Altar pontificio. Y la más antigua y venerable es la Basílica de San Juan de Letrán, construida por el emperador Constantino en la antigua sede de la noble familia patricia de los Lateranos, y consagrada por el Papa San Silvestre en el año 324. Toda la Iglesia Católica celebra en la liturgia el día de su Dedicación el 9 de noviembre, reconociendo en ella la iglesia madre y cabeza de todas las iglesias del mundo, omnium Urbis et Orbis ecclesiarum mater et caput, la Catedral del Obispo de Roma. Bendigamos al Señor.

Cinco de los Concilios Ecuménicos celebrados por la Iglesia Católica tuvieron su sede en la Basílica de Letrán: el Concilio I de Letrán (1123-1124), el II (1139), el III (1179), el IV (1215-1216) y el V (1512-1517).

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24.12.12