De la prioridad de Mateo a la prioridad de Marcos

Un proceso gradual que comenzó en la Reforma protestante

La prioridad de Mateo se mantuvo como una opinión unánime de los biblistas cristianos desde la Antigüedad hasta casi el final del siglo XVIII. Sin embargo, el proceso que llevó gradualmente hasta el abandono casi generalizado de la prioridad de Mateo en el siglo XX comenzó en el siglo XVI. En este capítulo analizaré tres aspectos de ese proceso: 

1) la desvalorización o el rechazo del Mateo hebreo;

2) la sustitución de la prioridad de Mateo por la prioridad de Marcos en ambientes protestantes; y

3) la difusión de la tesis de la prioridad de Marcos entre los teólogos católicos.

Tres ataques sucesivos al Mateo hebreo

La tesis cristiana tradicional de que el Evangelio de Mateo fue redactado originalmente en hebreo generó el estudio de los semitismos, es decir de las influencias de las lenguas semíticas que a veces afectan y deforman el griego del Nuevo Testamento (NT). Ya Orígenes y San Jerónimo explicaron muchas veces el griego del NT mediante el hebreo. 

El estudio de los semitismos del NT recibió un fuerte impulso en 1518 gracias a una obra de Erasmo. Su trabajo fue continuado por excelentes filólogos de las principales universidades de Alemania y Holanda. Los tratados y las tesis consagrados a este problema entre 1550 y 1750 superan la centena. Muchos humanistas de esa época tenían una cultura prodigiosa: no sólo conocían el griego, sino también el hebreo, el siríaco e incluso el árabe. En cambio, hoy muchos expertos en el NT están tan especializados en griego que han descuidado el hebreo.

Carmignac menciona a 16 autores del período 1550-1750 que contribuyeron a elaborar una teoría de los semitismos cada vez más completa: los españoles Juan de Maldonado (1533-1583), Benito Arias Montano (1527-1598) y Juan de Alba, el flamenco Johannes Drusius (1550-1616), los holandeses Louis de Dieu (1590-1642), Hugo Grotius (1583-1645) y Johann Leusden (1624-1699), los alemanes Conrad Vorstius (1569-1622), Georg Pasor (1570-1637), Salomon Glass (1593-1656) y Johann Christian Schöttgen (1687-1751), los ingleses Thomas Gataker (1574-1654), Henry Hammond (1605-1660), Brian Walton (1600-1661) y John Lightfoot (1602-1675), y el francés Jacques Gousset (1635-1704)1.

Sin embargo, hoy todo eso ha sido casi totalmente olvidado. A pesar de su valor científico, sus obras son muy difíciles de encontrar.

En el siglo XVI se comenzó a hablar del Mateo arameo, como alternativa a la tesis tradicional del Mateo hebreo. Carmignac, partidario del origen hebreo de los sinópticos, dice que el Mateo arameo fue inventado en 1555 por el teólogo alemán Johann Albrecht Widmanstadt, quien habría imaginado que el hebreo ya no era utilizado en tiempos de Jesús. Por el contrario, los manuscritos del Mar Muerto, descubiertos en 1947, probaron de manera incontestable que en tiempos de Jesús el hebreo era todavía una lengua muy viva. De todos modos, en este tema lo más importante para la exégesis es saber si los Evangelios sinópticos fueron redactados en griego o en una lengua semita. Que esa lengua semita haya sido el hebreo o el arameo es secundario2.

A partir del siglo XVI el estudio de los semitismos del NT recibió tres fuertes ataques sucesivos que lo debilitaron mucho.

El primer ataque fue lanzado en 1556 por el teólogo protestante Teodoro de Beza, sucesor de Calvino en Ginebra. Según Teodoro de Beza y sus discípulos, Dios dictó a los escritores inspirados las palabras que debían usar; por lo tanto, admitir los semitismos del NT equivalía a acusar al Espíritu Santo de utilizar barbarismos en la lengua griega. Esta objeción nos resulta ridícula, porque entendemos que la inspiración divina de la Biblia no es un dictado palabra por palabra, sino una acción de Dios en la inteligencia y la voluntad del hagiógrafo que respeta su personalidad, su cultura y su estilo literario. Pero en los siglos XVI y XVII la objeción de Teodoro de Beza pareció irrefutable a muchos, que en consecuencia negaron los semitismos o los explicaron inventando una lengua especial del Espíritu Santo, la “lengua helenística”. Así se podía afirmar que en el NT el Espíritu Santo empleó a la perfección esa lengua, forjada por Él mismo.

Hacia fines del siglo XVIII los semitismos sufrieron un segundo ataque, esta vez de parte de la naciente crítica racionalista de la Biblia. Para explicar el origen del cristianismo por medio de leyendas o mitos, sin apelar a ningún elemento sobrenatural, los racionalistas debían suponer un cierto tiempo de fermentación entre la vida de Jesús y los relatos evangélicos. Así, Baur y la escuela de Tubinga retardaron la composición de los Evangelios al siglo II; pero cuanto mayor era ese retardo, más molestaba la presencia de los semitismos.

“Entonces se estableció la moda, sea de descuidar este problema, sea de descartarlo por un vago recurso a la lengua materna de los evangelistas o a su deseo de imitar a los Setenta3.”

“Hacia el fin del siglo XIX, quizás bajo la influencia de Franz Delitzch, el viento cambia y se vuelve a estudiar seriamente los semitismos4.”

Pero entonces sobrevino el tercer ataque, esta vez de parte de la filología. El descubrimiento en Egipto de una gran cantidad de papiros contemporáneos de los comienzos de la era cristiana permitió a los filólogos estudiar más a fondo el griego bíblico y explicar algunos supuestos semitismos sin recurrir a las lenguas semíticas. Aunque este estudio tenía sólidas bases científicas, muchos filólogos hicieron una generalización indebida y concluyeron que los semitismos no existían, o eran demasiado pocos y sin mucha importancia5.

Esto indujo a muchos biblistas a afirmar con plena certeza que el Evangelio de Mateo que llegó hasta nosotros fue escrito originalmente en griego. Si acaso, como dice la antigua tradición eclesial, existió un Mateo hebreo (o arameo, según una interpretación moderna), no fue, según ellos, la fuente original del Mateo griego. La gran mayoría de los expertos se adhirió a estas opiniones.

El “triunfo” de la prioridad de Marcos

La teoría de la prioridad de Marcos fue propuesta por primera vez en 1786 por el teólogo protestante alemán Gottlob Christian Storr (1746-1805), pero al principio atrajo poca atención. Sin embargo, el estudio histórico-crítico de los Evangelios hizo que esa teoría ganara cada vez más influencia durante el siglo XIX. Los dos hitos principales de ese proceso se debieron a una obra de 1835 del filólogo alemán Karl Lachmann (1793-1851) y a una obra de 1863 del teólogo protestante alemán Heinrich Holtzmann (1832-1910).

En el período 1870-1914 Alemania fue el epicentro del estudio histórico-crítico de la Biblia en general, y del NT en particular. Ese estudio era realizado principalmente por exégetas no creyentes (racionalistas) y, sobre todo, teólogos protestantes liberales. Para ese entonces ya había surgido en Alemania la teoría de las dos fuentes (T2F), que dice que los Evangelios de Mateo y Lucas dependen de dos fuentes independientes más antiguas: el Evangelio de Marcos y una fuente hipotética llamada Q. La T2F depende principalmente de la premisa de la prioridad cronológica y literaria de Marcos. En el período señalado la T2F se impuso entre los biblistas protestantes alemanes como la solución comúnmente aceptada de la cuestión sinóptica.

A principios del siglo XX el amplio consenso de los académicos protestantes alemanes sobre la T2F se extendió primero a los estudiosos protestantes de los países anglosajones y más tarde a los del resto del mundo. Posteriormente, en la segunda mitad del siglo XX, fue adoptada también por la gran mayoría de los académicos católicos.

Ahora bien, desde los primeros siglos de la era cristiana la tradición de la Iglesia había sostenido firmemente que Mateo fue el primer Evangelio escrito. El Evangelio de Mateo es el único que presenta muy explícitamente el primado de Pedro, en el episodio en que Jesús promete a Pedro que le dará las llaves de Su Reino y el poder de “atar y desatar” (o sea, de prohibir y permitir) con la autoridad del mismo Cristo6. Además, Mateo 18 contiene el “discurso eclesiástico", en el que Jesús, entre otras cosas, dispone cómo sus apóstoles y discípulos han de tratar a los miembros descarriados de la Iglesia. Así Jesús sentó las bases del derecho canónico y de las penas eclesiásticas, incluso la excomunión.

La teoría de la prioridad de Marcos no destruyó los argumentos apologéticos favorables a la fe en Cristo y en la Iglesia Católica, pero los debilitó.

El “triunfo” de la prioridad de Marcos debilitó la fe en la Iglesia Católica, principalmente porque:

1) el primado petrino pasó a ser visto por muchos teólogos como un desarrollo tardío y no esencial, no proveniente del mismo Cristo;

2) muchos concluyeron que, si la Tradición de la Iglesia pudo errar en una cuestión tan fundamental como la de cuál fue el primer Evangelio escrito, entonces pudo haber errado también en muchas otras cosas importantes.

El “triunfo” de la prioridad de Marcos también debilitó la fe en Cristo, principalmente porque debilitó la fe en la apostolicidad y la historicidad de los Evangelios. Si Marcos fue el primer Evangelio y, como también sostuvieron los primeros propulsores de la T2F, ese Evangelio fue escrito después del año 70, entonces se facilita la adopción de las siguientes ideas:

a) los demás Evangelios son más o mucho más tardíos;

b) ninguno de los Evangelios fue escrito por ningún apóstol ni se basa directamente en informes de testigos oculares de la vida de Jesús;

c) los Evangelios son productos de comunidades cristianas primitivas que crearon narraciones para expresar su fe en un Cristo que guarda una relación escasa o nula con el Jesús histórico.

La crisis de fe en Cristo y en la Iglesia contribuye a causar una crisis moral y esta última crisis realimenta a la primera. Es conveniente, e incluso necesario, reexaminar críticamente la teoría de la prioridad de Marcos.

Bismarck y la prioridad de Marcos 

En su artículo Bismarck y los cuatro Evangelios: 1870-1914, William R. Farmer7 hizo dos aportes principales:

1) Subrayó que, dado que no hay argumentos teológicos, históricos o literarios que demuestren de un modo convincente la teoría de la prioridad de Marcos, es muy razonable pensar que el triunfo de esa teoría se debió más bien a factores sociológicos.

2) Identificó la Kulturkampf [Lucha cultural], la política del Canciller Bismarck de persecución de la Iglesia Católica en Alemania, como el contexto político, social y religioso fundamental que hizo posible el triunfo de la prioridad de Marcos, primero en Alemania y luego en el mundo entero.

Podría decirse, como en las novelas policiales, que la evidencia presentada por Farmer contra Bismarck es circunstancial; pero es una evidencia muy fuerte. Bismarck tuvo el motivo, los medios y la oportunidad para favorecer la adopción de la teoría de la prioridad de Marcos por parte de los teólogos protestantes alemanes. Lo hizo indirectamente, por medio de la difusión de un clima político-cultural anticatólico y de sus nombramientos de catedráticos de teología protestantes en las muy influyentes universidades estatales de Alemania.

La Kulturkampf fue en esencia un choque de dos grandes figuras: Otto von Bismarck (1815-1898), el Canciller de hierro del Segundo Reich alemán en el período 1871-1890, y el Beato Pío IX (1792-1878), un Papa con un pontificado larguísimo (1846-1878). Bismarck quería obligar a los obispos y sacerdotes católicos alemanes a dar prioridad a la ley alemana por sobre el derecho canónico incluso en los asuntos eclesiásticos, como por ejemplo la formación de los candidatos al sacerdocio. En otras palabras, Bismarck quería debilitar la autoridad papal sobre los católicos alemanes, para que éstos ofrecieran su lealtad suprema y fundamental al Imperio alemán y su Káiser (emperador) protestante.

Frente a este ataque de Bismarck contra la libertad de la Iglesia, que, pese a ser incruento, recuerda por su dureza las persecuciones de la Revolución Francesa, Pío IX apeló a los dogmas de la infalibilidad papal y del primado de jurisdicción del Papa sobre la Iglesia universal, proclamados en 1870 por el Concilio Vaticano I. Esos dogmas se apoyan muy especialmente en el pasaje de Mateo sobre el primado de Pedro. De ahí que Bismarck tuviera un motivo fortísimo para favorecer la teoría de la prioridad de Marcos, a fin de debilitar la consideración de Mateo como el Evangelio fundacional de la Iglesia cristiana.

De hecho, en 1874 Bismarck concedió la cátedra de Nuevo Testamento de la Universidad de Estrasburgo a Heinrich Holtzmann, cuya obra logró finalmente el triunfo de la teoría de las dos fuentes en Alemania. Así Bismarck dio un espaldarazo fundamental a Holtzmann y a la prioridad de Marcos. Cabe señalar que la correspondencia de Bismarck sobre este asunto se centró en la política eclesiástica de Holtzmann.

Muchos protestantes apoyaron la prioridad de Marcos con fines anticatólicos sin darse cuenta de que a la larga esa teoría tendería a socavar, no sólo la fe católica en particular, sino también la fe cristiana en general, en cualquiera de sus “denominaciones”. Esto es solo un caso particular de un fenómeno histórico más general: el frecuente apoyo protestante a las políticas liberales anticatólicas, sin reparar en que esas políticas eran en el fondo anticristianas o incluso antirreligiosas.

Los documentos de 1911-1912 de la Pontificia Comisión Bíblica

Entre 1911 y 1912, durante el pontificado del Papa San Pío X (1903-1914), la Pontificia Comisión Bíblica (PCB), que en ese entonces estaba dotada de autoridad magisterial, emitió tres documentos que dieron respuestas oficiales a dudas doctrinales relacionadas con el problema sinóptico.

En el documento denominado Autor, tiempo de composición y verdad histórica del Evangelio según Mateo, de fecha 19/06/1911, la PCB presentó como parte de la doctrina católica las siguientes afirmaciones, entre otras:

I. Mateo, apóstol de Cristo, es verdaderamente el autor del Evangelio divulgado con su nombre.

II. Mateo precedió en la escritura a los otros evangelistas, y escribió el primer Evangelio en la lengua nativa usada entonces por los judíos palestinenses [hebreo o arameo], a quienes estaba dirigida esa obra.

III. La redacción de este texto original no puede ser aplazada hasta después de la destrucción de Jerusalén [año 70].

IV. Se debe rechazar la opinión según la cual Mateo no habría compuesto, en sentido propio y estricto, un Evangelio como el que nos ha sido transmitido, sino sólo una colección de algunos dichos o discursos de Cristo [Q] que luego habrían servido como fuente a otro autor, que sería el redactor anónimo del mismo Evangelio.

V. El texto griego del Evangelio de Mateo utilizado como canónico es sustancialmente idéntico al escrito por el mismo apóstol en la lengua nacional.

En el documento denominado Autor, tiempo de composición y verdad histórica de los Evangelios según Marcos y según Lucas, de fecha 26/06/1912, la PCB presentó como parte de la doctrina católica las siguientes afirmaciones, entre otras:

I. Marcos, discípulo e intérprete de Pedro, y Lucas, médico, ayudante y compañero de Pablo, son verdaderamente autores de los Evangelios que se les atribuyen respectivamente.

II. Después de Mateo, que escribió en primer lugar su Evangelio en su lengua materna, Marcos escribió segundo y Lucas tercero; pero esto no impide que el segundo y el tercer Evangelios puedan haber sido escritos antes que la versión griega del primer Evangelio.

III. No es lícito posponer la fecha de composición de los Evangelios de Marcos y Lucas hasta la destrucción de la ciudad de Jerusalén.

IV. El Evangelio de Lucas es anterior al libro de los Hechos de los Apóstoles, cuyo autor es el mismo Lucas, quien lo terminó al final del cautiverio romano del apóstol Pablo [hacia el año 62].

V. Marcos escribió según la predicación de Pedro y Lucas según la predicación de Pablo, y estos evangelistas tuvieron a su disposición otras fuentes dignas de fe, tanto orales como escritas.

VI. Las palabras y los hechos relatados con exactitud y casi gráficamente por Marcos según la predicación de Pedro, y expuestos con mucha sinceridad por Lucas, reclaman con derecho para sí la plena fidelidad histórica que la Iglesia siempre les ha otorgado.

En el documento titulado La cuestión sinóptica y las relaciones mutuas entre los primeros tres Evangelios, también fechado el 26/06/1912, la PCB presentó como parte de la doctrina católica las siguientes dos afirmaciones:

I. Observando cuanto debe ser observado, particularmente respecto a la autenticidad y la integridad de los tres Evangelios de Mateo, Marcos y Lucas, al orden de las fechas de composición de éstos y a la identidad sustancial del Evangelio griego de Mateo con su texto original primitivo, es lícito para los exégetas discutir libremente, en medio de tantas opiniones diferentes y opuestas de los autores, y recurrir a la hipótesis de la tradición escrita u oral o incluso de la dependencia de uno de ellos de aquel o aquellos que lo preceden, para explicar sus semejanzas o diferencias recíprocas.

II. Quienes, sin basarse en ningún testimonio de la tradición ni en ninguna prueba histórica, abrazan fácilmente la hipótesis llamada comúnmente de las dos fuentes, que pretende explicar la composición del Evangelio griego de Mateo y del Evangelio de Lucas principalmente por su dependencia del Evangelio de Marcos y de una colección llamada “de los discursos del Señor” [Q], no cumplen lo establecido en el punto anterior y por lo tanto no pueden sostener libremente esa hipótesis.

La evolución posterior en el ámbito de la teología católica

A pesar de estos documentos de la PCB, la teoría de las dos fuentes se difundió gradualmente en el ámbito de la teología católica, lentamente hasta 1943 (cuando el Papa Pío XII, mediante su encíclica Divino afflante Spiritu sobre los estudios bíblicos, alentó el estudio histórico-crítico de la Biblia) y rápidamente después, alcanzando un predominio muy grande en la segunda mitad del siglo XX.

“Entre 1911 y 1943 en los círculos académicos católicos la discusión en su mayor parte siguió la línea de tratar de encontrar formas y medios de reconciliar la hipótesis de los dos documentos [o sea, de las dos fuentes] con los requisitos de la Pontificia Comisión Bíblica8.”

“La prohibición de la hipótesis de los dos documentos se mantuvo oficialmente en los círculos universitarios católicos hasta la aparición de la encíclica Divino Afflante Spiritu (1943) del Papa Pío XII, que fue interpretada inmediatamente por los exégetas católicos como una señal para que anularan la prohibición si estaban convencidos de lo contrario, y no perdieron tiempo en hacerlo9.”

Con fecha 21/04/1964, en medio del Concilio Vaticano II, la PCB emitió la Instrucción Sancta Mater Ecclesia sobre la verdad histórica de los Evangelios, que reafirmó la doctrina católica tradicional sobre la historicidad de los Evangelios, pero guardó silencio sobre su autoría apostólica y sobre su orden de composición según la tradición.

En su numeral 2, esa instrucción planteó que la redacción de los Evangelios fue un proceso con tres etapas:

1) la predicación de Jesucristo;

2) la predicación pospascual de los Apóstoles;

3) la puesta por escrito de esa enseñanza apostólica, transmitida primero oralmente y luego por escrito, por parte de los “autores sagrados” en los cuatro Evangelios canónicos.

En principio este planteo era correcto, pero tenía dos debilidades: se prestaba a una separación excesiva entre las etapas 2 y 3 y a una interpretación de la expresión “autores sagrados” que excluyera su identificación con Mateo, Marcos, Lucas y Juan.

Con fecha 18/11/1965, el Concilio Vaticano II emitió la constitución dogmática sobre la divina revelación Dei Verbum, que, en sus numerales 18 y 19, confirmó con fuerza las doctrinas católicas sobre la apostolicidad y la historicidad de los Evangelios. Sin embargo, la constitución Dei Verbum mantuvo esencialmente la idea de la instrucción Sancta Mater Ecclesia sobre las tres etapas de la transmisión del Evangelio de Jesucristo y volvió a usar la expresión “autores sagrados” de un modo que podría considerarse ambiguo.

Es claro que en ambos documentos eclesiales el Magisterio de la Iglesia no quiso decidir la controversia académica sobre el problema sinóptico en general y sobre la teoría de las dos fuentes en particular.

En 1990, Bernard Orchard describió la situación de la siguiente manera:

“Dado que la adopción de la prioridad de Marcos sobre Mateo y Lucas ha sido la base generalmente aceptada de la mayor parte de la exégesis desde el Vaticano II, esta hipótesis tiene que asumir la responsabilidad primaria por la adopción por parte de académicos católicos de posiciones aparentemente contrarias a la tradición de la apostolicidad e historicidad de los Evangelios. De hecho, hoy es notorio que la tradición de la autoría de Mateo es rechazada en casi todas las universidades y seminarios católicos, y como corolario la historicidad completa de Mateo ha sido abandonada en gran medida en la práctica, aunque no en la teoría10.”

Orchard llega a las siguientes dos conclusiones:

“1. A la exégesis moderna le resulta extremadamente difícil cumplir honestamente con la insistencia de la Dei Verbum sobre la historicidad plena de los Evangelios sinópticos, siendo la causa fundamental del conflicto el uso de la hipótesis de la prioridad de Marcos.

2. Este conflicto deja ahora al mundo académico católico en una necesidad extrema de una hipótesis de fuentes más realista. Por lo tanto, no tiene otra opción que considerar seriamente y sin prejuicios la única alternativa viable, la hipótesis de los dos Evangelios11.”

Concuerdo con Orchard en cuanto a la conclusión 1 y la primera parte de la conclusión 2. No concuerdo, en cambio, con su afirmación de que la hipótesis de los dos Evangelios (o sea, la hipótesis clementina) es la única alternativa viable a la prioridad de Marcos. Siguiendo a Wenham, pienso que la hipótesis agustiniana es una alternativa más sólida que la hipótesis clementina.

Una evaluación teológica de la situación actual

¿Cómo explicar teológicamente el hecho de que hoy la gran mayoría de los teólogos católicos sostenga la prioridad de Marcos y la teoría de las dos fuentes, y, por lo tanto, con la tolerancia o el beneplácito tácito del Magisterio vivo de la Iglesia, niegue muchas cosas que los tres documentos de la PCB de 1911-1912 citados enseñaron como parte de la doctrina católica?

Es muy claro que las doctrinas expuestas en esos documentos y luego cuestionadas por tantos teólogos católicos no son dogmas de fe ni doctrinas irreformables. La gran mayoría piensa que esas doctrinas eran reformables y fueron de hecho reformadas porque se reconoció que eran erróneas. Empero, cabe también otra interpretación posible: las doctrinas en cuestión siguen vigentes porque la Iglesia Católica nunca las derogó explícitamente, y deberían ser tenidas en cuenta en un necesario reexamen de teorías modernas que, pese a su enorme difusión, no están comprobadas y probablemente hayan contribuido mucho a la actual crisis de fe. Me inclino hacia esa segunda posición.

Opino que en varios aspectos de la cuestión bíblica (sobre todo la cuestión sinóptica y la datación de los libros del NT) los cristianos hicieron innecesariamente concesiones excesivas a sus adversarios, lo que contribuyó a que muchos creyentes perdieran la fe. Gracias a Dios, parece estar tomando impulso un retorno a las cronologías tempranas de los libros del NT; y aunque en la cuestión sinóptica la correlación de fuerzas parezca casi incambiada, hay varios signos de que se están sentando las bases para un regreso a la prioridad de Mateo.

Pienso que sería conveniente que el Magisterio de la Iglesia volviera a afirmar oficialmente la prioridad de Mateo, quizás dejando librado a la discusión de los expertos el tema del orden de composición de los restantes tres Evangelios, o al menos la cuestión de si el Evangelio de Marcos fue el segundo (después de Mateo) o el tercero (después de Mateo y de Lucas).

Perspectiva actual

Es muy notable que la teoría de las dos fuentes y las cronologías medias del NT se hayan impuesto pese a la gran fuerza de los argumentos apologéticos tradicionales que las contradicen. Por ejemplo, siempre hubo muy buenas razones para pensar que: los Hechos de los Apóstoles fueron escritos en torno al año 62; que el Evangelio de Lucas fue escrito antes que los Hechos de los Apóstoles; y que el Evangelio de Mateo fue escrito antes que el de Lucas.

Entre los biblistas recientes que hicieron aportes importantes en la línea de un regreso a las cronologías tempranas del NT destacaré aquí a dos ingleses y dos franceses:

John A. T. Robinson (1919-1983), quien, pese a ser un teólogo anglicano ultraliberal, escribió un libro brillante para demostrar que todo el NT fue compuesto antes del año 70;

Bernard Orchard (1910-2006), monje benedictino que reflotó la vieja tradición “clementina” de que los dos primeros Evangelios escritos fueron Mateo y Lucas;

Claude Tresmontant (1925-1997), filósofo que estudió a fondo el pensamiento hebreo antiguo y su manifestación en los Evangelios; y

Jean Carmignac (1914-1986), sacerdote católico experto en los manuscritos del Mar Muerto, que, con base en un estudio de los semitismos en los Evangelios sinópticos, revivió la antigua tesis de que éstos fueron escritos originalmente en hebreo o arameo y luego traducidos al griego.

Los aportes de estos y otros grandes estudiosos del siglo XX convergen en una dirección favorable a la visión cristiana tradicional de los Evangelios. Además, nuevas generaciones de estudiosos (como los de EEChO) están haciendo ahora sus propios aportes valiosos en esa línea. Cabe esperar con confianza, pues, que más pronto que tarde triunfe una nueva síntesis, más acorde con la evidencia histórica y literaria y más favorable a la fe cristiana.

1) Cf. CARMIGNAC, p. 27. No he podido identificar a Juan de Alba.

2) CARMIGNAC, pp. 75-76.

3) CARMIGNAC, p. 28.

4) CARMIGNAC, p. 28.

5) Para los párrafos anteriores, cf. CARMIGNAC, pp. 27-29.

6) Cf. Mateo 16,17-19.

7) William Reuben Farmer (1921-2000) fue un académico estadounidense, experto en el Nuevo Testamento, profesor universitario de teología y defen-sor del ecumenismo. Estudió en la Universidad de Cambridge en Inglaterra, y en el Union Theological Seminary de Nueva York, institución protestante donde se graduó en 1952. Luego fue ordenado ministro de la Iglesia Metodis-ta Unida. En 1990 se convirtió al catolicismo como un miembro laico. Fue editor de A New Catholic Bible Commentary (Un nuevo comentario bíblico católico). En 1992, año de publicación de su artículo Bismarck y los cuatro Evangelios, estaba vinculado a la Universidad de Dallas (Texas). El área principal de investigación de Farmer fue la cuestión sinóptica. Defendió la prioridad de Mateo contra la prioridad de Marcos, y optó por la tradición clementina: Marcos como tercer Evangelio, dependiente de Mateo y Lucas.

8) ORCHARD (1990), p. 2

9) ORCHARD (1990), pp. 2-3.

10) ORCHARD (1990), p. 6.

11) ORCHARD (1990), p. 8.

Nota de Daniel Iglesias Grèzes: Dios mediante, éste será el capítulo 2 de la quinta edición (en preparación) de mi libro Tres Evangelios: Una revisión de la cuestión sinóptica y de la datación del Nuevo Testamento. 


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