Un cambio radical de la visión de los Evangelios

Inicialmente el estudio histórico-crítico tendió a debilitar los fundamentos de la fe cristiana en la historicidad de los Evangelios.
La visión cristiana tradicional de los Evangelios
Desde la época apostólica (siglo I) hasta hoy la Iglesia Católica ha sostenido siempre con total confianza la visión cristiana tradicional de los Evangelios, que incluye los siguientes siete puntos fundamentales.
Inspiración: los Evangelios de Mateo, de Marcos, de Lucas y de Juan forman parte del canon de la Biblia, lo que implica que están inspirados por Dios y gozan de la inerrancia bíblica.
Autenticidad: los autores de los cuatro Evangelios canónicos fueron aquellos a quienes se les atribuyen tradicionalmente (San Mateo, San Marcos, San Lucas y San Juan).
Apostolicidad: los autores de los cuatro Evangelios canónicos fueron apóstoles (Mateo y Juan, integrantes del grupo de los Doce) o varones apostólicos (Marcos, discípulo del Apóstol San Pedro, y Lucas, discípulo del Apóstol San Pablo).
Redacción temprana: los cuatro Evangelios canónicos fueron escritos no mucho después de la muerte y resurrección de Cristo, ocurrida en torno al año 30 DC. Al menos los tres Evangelios sinópticos (Mateo, Marcos y Lucas) fueron escritos en el período 30-70.
Fiabilidad: los cuatro Evangelios canónicos se basan en el testimonio de testigos oculares de la vida pública de Jesús (Pedro, Juan, Mateo, otros miembros de los Doce, otros discípulos de Jesús, y la familia de Jesús, especialmente su Madre, la Virgen María). Éste es uno de los motivos principales de la multisecular confianza de la Iglesia Católica en el valor histórico de los Evangelios.
Veracidad o historicidad: los cuatro Evangelios canónicos narran con fidelidad lo que Jesús hizo y dijo realmente.
Integridad: los textos de los cuatro Evangelios canónicos han sido transmitidos desde su composición hasta hoy sin alteraciones sustanciales.
Además, la Iglesia Católica sostuvo tradicionalmente también los siguientes dos puntos importantes, aunque éstos ocupaban un grado inferior a los siete puntos anteriores en la jerarquía de las doctrinas cristianas.
Orden de composición: el orden cronológico de composición de los Evangelios fue Mateo-Marcos-Lucas-Juan.
Idioma original: San Mateo redactó originalmente su Evangelio en un idioma semítico (hebreo o arameo).
Algo análogo puede decirse sobre los restantes escritos del Nuevo Testamento (NT). Desde la antigüedad, la Iglesia Católica afirma que también ellos gozan de la inspiración o canonicidad, de autenticidad y apostolicidad, de una redacción temprana, de fiabilidad y veracidad en cuanto a las palabras y hechos que narran, y de una transmisión íntegra.
Cabe destacar que hasta el siglo XVII los estudiosos del NT sostuvieron de un modo casi unánime estas nueve doctrinas católicas.
Pruebas irrefutables de la antigüedad y la integridad del NT
La novela de Dan Brown El Código Da Vinci (un best seller del año 2003) difundió popularmente la absurda idea de que los Evangelios canónicos fueron escritos por orden del emperador Constantino con motivo del Concilio de Nicea (año 325).
A continuación, expondré dos pruebas de que el NT fue compuesto mucho antes de esa fecha: la prueba basada en las citas patrísticas y la prueba basada en los manuscritos antiguos.
Las citas patrísticas. Se conocen más de 32.000 citas del NT incluidas en las obras de los Padres de la Iglesia y otros escritores eclesiásticos anteriores al Concilio de Nicea. El NT entero, exceptuando sólo once versículos, podría ser reconstruido a partir de estas fuentes. Esas 32.000 citas están distribuidas en muchas obras de muchos autores de los siglos I, II, III y IV, escritas en varios idiomas diferentes, y conservadas en millares de copias dispersas por todo el territorio del Imperio Romano y más allá de sus límites.
Los manuscritos antiguos. Se conocen más de 5.300 manuscritos griegos antiguos del NT. Además, han sobrevivido hasta hoy unos 10.000 manuscritos antiguos con copias del NT en latín y otros 9.300 manuscritos con versiones en siríaco, copto, armenio, gótico y etíope. En total hay más de 24.000 manuscritos antiguos del NT, una cantidad mucho mayor que la correspondiente a cualquier otra obra literaria de la Antigüedad, excepto el Antiguo Testamento. Las variaciones del texto encontradas en esos manus-critos son relativamente pequeñas y no afectan a la sustancia de la doctrina cristiana.
En cuanto al canon del NT, Tertuliano afirma que hacia el año 150 la Iglesia de Roma había compilado una lista de libros del NT idéntica a la actual. Se conserva un fragmento casi completo de esta lista en el Canon Muratoriano, del año 170.
Las Biblias completas más antiguas son el Códice Vaticano (circa 300) y el Códice Sinaítico (circa 350), conservados en el Museo Vaticano y el Museo Británico, respectivamente.
Los manuscritos del NT de los tres primeros siglos son fragmentarios: contienen desde unos pocos versículos hasta varios libros completos. Los manuscritos más antiguos son los papiros. Los 96 papiros numerados oficialmente (desde P1 hasta P96) contienen partes de cada libro del NT excepto las dos cartas a Timoteo.
Las traducciones y copias de la Biblia
La traducción de un texto puede alterar su real significado, volverlo maleable o ambiguo. Además, la Biblia fue escrita mucho antes de que se creara la imprenta y por ende la transmisión de su texto estuvo sujeta a errores y modificaciones, tanto involuntarias como voluntarias. ¿Cómo es posible entonces basar dogmas de fe en nuestros textos de la Biblia?
La fe cristiana afirma que Dios se ha revelado a Sí mismo a los hombres en la historia y que la historia de la autorrevelación y la autocomunicación de Dios al hombre tiene su momento culminante en Jesucristo, el Hijo de Dios hecho hombre para nuestra salvación. No tendría sentido creer que Dios se reveló a los hombres en tiempos de Jesucristo, pero no previó ninguna forma de transmisión auténtica de la Divina Revelación a otros hombres y a las generaciones subsiguientes. El católico cree que la Biblia es un libro escrito por hombres y a la vez un libro inspirado por Dios. También cree que el Espíritu Santo convoca a la Iglesia, Pueblo de Dios y Cuerpo de Cristo, y la guía hacia la verdad completa, mediante la guía del Magisterio de la Iglesia, el cual interpreta la Divina Revelación con la autoridad del mismo Cristo.
El texto de la Biblia fue transmitido antes de la invención de la imprenta, de manuscrito en manuscrito, con tanta fidelidad, por judíos (Antiguo Testamento) y cristianos (Antiguo Testamento y Nuevo Testamento), que las diferencias entre el texto actual (el “texto recibido”) y los numerosísimos manuscritos antiguos de la Biblia que se conservan son relativamente pocas y de menor importancia.
Es cierto que los traductores de la Biblia pueden cometer errores y que de hecho han cometido algunos errores. Sin embargo, la gran multiplicidad de las traducciones, la pericia de los traductores y la gracia de Dios han hecho que esos errores no tuvieran consecuencias graves y no afectaran a la esencia del cristianismo.
La visión crítica moderna de los Evangelios
A partir del siglo XVIII se empezó a practicar el estudio histórico-crítico de la Biblia en general, y de los Evangelios y el NT en particular. Muchos de los exégetas de esa época fueron racionalistas o liberales que desafiaron la visión cristiana tradicional de los Evangelios y de los demás libros del NT, negando o cuestionado su inspiración, su autenticidad, su apostolicidad, su fiabilidad, su redacción temprana y su historicidad.
Muchos de ellos propusieron cronologías tardías o muy tardías de los Evangelios y otros libros del NT: todo o casi todo el NT habría sido compuesto después del año 100, o incluso en la segunda mitad del siglo II o en el siglo III. Empero, más tarde, incluso entre los mismos exégetas críticos, predominaron las cronologías medias (redacción de los Evangelios y del grueso del NT en el período 70-100).
Las cronologías tardías o medias de estos exégetas tienden a contradecir la visión tradicional de los Evangelios y del NT. Sobre todo, tienden a negar que los Evangelios son relatos históricamente fidedignos de la vida de Jesús, basados en testimonios de testigos oculares y redactados por apóstoles o colaboradores directos de apóstoles. En cambio, tienden a sostener diversas tesis sobre el origen de la fe cristiana a partir de mitos, fraudes o creaciones de las comunidades cristianas primitivas.
Uno de los principales problemas abordados por el estudio histórico-crítico del NT fue la célebre cuestión sinóptica (o problema sinóptico): los Evange-lios de Mateo, Marcos y Lucas tienen grandes semejanzas entre sí en cuanto a su contenido, orden y redacción. Se los llama Evangelios sinópticos porque, debido a esas grandes semejanzas, se los puede colocar fácilmente en tres columnas paralelas para obtener una visión de conjunto o sinopsis. Ahora bien, esos tres Evangelios tienen también muchas diferencias de detalle entre sí en materia de contenido, orden y redacción. La cuestión sinóptica es la siguiente: ¿cómo explicar a la vez las semejanzas y las diferencias de los Evangelios sinópticos?
El problema sinóptico abarca a su vez muchas otras cuestiones: ¿cuál fue el orden de composición de los Evangelios sinópticos?; ¿cuáles son las relaciones de dependencia literaria entre ellos?; ¿cuál fue el idioma original de cada uno de ellos?; etc.
A partir del siglo XIX la gran mayoría de los exégetas racionalistas o liberales rechazó también la visión cristiana tradicional sobre el orden cronológico de los Evangelios. Concretamente, rechazó la afirmación tradicional de la prioridad de Mateo, sustituyéndola por la prioridad de Marcos. Además, esos mismos exégetas propusieron la teoría de las dos fuentes (Marcos y el documento hipotético Q como fuentes de Mateo y de Lucas) como la mejor solución del problema sinóptico; y afirmaron que todos los Evangelios (incluso Mateo) y todos los demás libros del NT fueron escritos originalmente en griego.
Las tres etapas principales de la datación del NT
La cuestión de las fechas de composición de los escritos del NT es muy compleja porque incluye una gran cantidad de cuestiones disputadas relacionadas entre sí. Las teorías de los biblistas al respecto son numerosísimas, pero pueden ser clasificadas en tres grandes corrientes que, con Bernier, denominaré cronologías tempranas, cronologías medias y cronologías tardías.
Las cronologías tempranas sostienen que la totalidad o la mayor parte del NT fue escrita entre los años 30 y 70.
Las cronologías medias sostienen que la mayor parte del NT fue escrita entre los años 70 y 100.
Las cronologías tardías sostienen que la mayor parte del NT fue escrita en el siglo II1.
Hasta ahora la historia de la cuestión de las fechas de composición de los escritos del NT ha tenido tres etapas principales:
1) Desde la Antigüedad hasta el siglo XVIII se sostuvo de forma casi unánime la cronología temprana, que es la posición cristiana tradicional.
2) En el siglo XIX, debido a los trabajos de muchos exégetas racionalistas y liberales, pasó a predominar entre los expertos la cronología tardía, con intención antidogmática.
En esa misma época, uno de los ejes principales del estudio histórico-crítico del NT se manifestó en la cuestión sinóptica, mediante la sustitución de la prioridad de Mateo por la prioridad de Marcos. Los historiadores cristianos más antiguos habían afirmado que el primer Evangelio escrito fue el de Mateo, pero a partir de la segunda mitad del siglo XIX, por medio del estudio histórico-crítico de los Evangelios sinópticos, se impuso ampliamente la teoría de la prioridad de Marcos.
La misma corriente de pensamiento racionalista o liberal que impulsó las cronologías tardías del NT impulsó también la teoría de las dos fuentes como solución de la cuestión sinóptica. Con base en esa teoría, muchos teólogos buscaron “desmitologizar” los Evangelios, abriendo una gran fosa entre “el Jesús de la historia” y “el Cristo de la fe". Según ellos, los Evangelios no nos permiten acceder con certeza al Jesús histórico. Serían productos de teólogos creativos o comunidades cristianas creativas, y guardarían una relación compleja y dudosa con el Jesús histórico. Esos teólogos o comunidades habrían transformado por su cuenta al Jesús histórico en el Cristo de la fe, un personaje legendario o mítico. Esta clase de estudios bíblicos causó mucho daño a la fe cristiana.
La teoría de las dos fuentes desestimó los testimonios de los escritores cristianos antiguos que sostienen la prioridad de Mateo, y desfavoreció la datación temprana de los Evangelios. La principal consecuencia de esa teoría, si se la acepta, es el retraso de las fechas de composición de Mateo y Lucas. Con base en ella, la gran mayoría de los exégetas actuales considera que Marcos fue escrito en torno al año 70, y que Mateo y Lucas fueron escritos entre los años 80 y 95. Por otra parte, se considera que Juan fue el último Evangelio en ser escrito y que habría sido redactado en el período 95-100. Por lo tanto, todos los Evangelios habrían sido compuestos dos o tres generaciones después de Cristo.
Este consenso mayoritario debilita –sin destruirlos– los argumentos apologéticos a favor de la apostolicidad y la historicidad del NT. Es menos favorable para la fe cristiana que la visión tradicional de los Evangelios. Sin embargo, pese a adherir a la teoría de las dos fuentes, muchos teólogos siguen defendiendo la historicidad de los Evangelios: como siempre sostuvo la Iglesia Católica, los Evangelios canónicos son narraciones fidedignas de las palabras y hechos de Jesús basadas en el testimonio de testigos oculares de su vida pública.
En el presente libro me interesa la cuestión sinóptica principalmente porque influye mucho en las visiones sobre la datación, la apostolicidad y la historicidad de los Evangelios.
3) A partir de fines del siglo XIX, gracias a los estudios de J. B. Lightfoot, Harnack y otros, se produjo una reacción contra las cronologías tardías y se tendió hacia cronologías medias, tendencia que se acentuó en el siglo siguiente.
En el siglo XX el estudio histórico-crítico del NT descartó las críticas más extremas y revirtió parcialmente la tendencia anterior, regresando a datacio-nes más tempranas, pero en general sin volver del todo a la visión tradicional. La mayoría de los autores críticos se vio obligada a reconocer que los cuatro Evangelios fueron compuestos en el siglo I, pero siguió manteniendo que eran posteriores al 70 DC, año de la captura de Jerusalén por parte de los romanos tras un largo sitio.
Hoy las tesis críticas más radicales están desacreditadas. Hay muchas razones que hacen imposible una redacción muy tardía del NT. Entre otras, la existencia de muchos papiros de los siglos I, II y III con textos del NT; y la existencia de una cantidad innumerable de citas del NT en las obras de los Padres antenicenos (es decir, anteriores al Concilio de Nicea), tal que a partir de esas citas se podría reconstruir casi todo el NT, como vimos.
Actualmente las cronologías medias son sostenidas por la gran mayoría de los estudiosos del NT, incluso entre los católicos2. En la siguiente sección me detendré más en esta etapa.
Una síntesis. John A. T. Robinson presenta una síntesis de la historia de la cronología del NT, indicando las posiciones predominantes a intervalos de 50 años.
En general, hacia 1800 se consideraba que la composición del NT había abarcado un período de 50 años: del año 50 al año 100.
Hacia 1850 ese período se había más que duplicado, extendiéndose ahora entre los años 50 y 170.
Hacia 1900, aunque el período considerado seguía siendo aproximada-mente el mismo, cambió la datación de los distintos libros del NT, quedando con dataciones tardías sólo unos pocos, generalmente algunas de las cartas.
Hacia 1950 la brecha entre las posiciones radicales y las conservadoras se había achicado bastante, alcanzándose un grado notable de consenso. El período de composición se redujo a unos 60 años (50-110), con la única excepción de 2 Pedro (circa 1503).
Una reacción saludable pero parcial
Como acabamos de ver, en el siglo XX el estudio histórico-crítico del NT descartó las críticas más radicales, pero en general sin volver del todo a la visión tradicional de los Evangelios.
Hoy hay un consenso, no unánime pero bastante amplio, entre expertos de distintas tendencias religiosas y filosóficas acerca de que el NT fue escrito sustancialmente en el siglo I: o sea, que hacia el año 100 se habría completado la redacción de los cuatro Evangelios canónicos, los Hechos de los Apóstoles, el Apocalipsis y la gran mayoría de las Epístolas. Algunos estudiosos postergan hasta principios del siglo II la redacción de algunas Epístolas. No obstante, concuerdan en que alrededor del año 120 el proceso de redacción del NT habría concluido. Las razones que fundamentan ese consenso son muchas y muy sólidas.
A continuación, citaré dos ejemplos de cronologías actuales de los Evangelios, una de una fuente liberal y otra de una fuente católica.
Primer ejemplo. Las fechas de composición de los Evangelios propuestas en el sitio Early Christian Writings4 (Escritos cristianos primitivos) corresponden más bien a una cronología media, pero con un matiz de cronología tardía: Q (40-80), Marcos (65-80), Mateo (80-100) y Lucas (80-130). Esa cronología es compatible con la teoría de las dos fuentes: Marcos y Q habrían sido compuestos antes del año 80; en cambio, Mateo y Lucas, dependientes de Marcos y de Q, habrían sido escritos después del año 80. El matiz de cronología tardía es que Lucas podría ser del siglo II.
Segundo ejemplo. También la edición de 1975 de la Biblia de Jerusalén se adhiere a la teoría de las dos fuentes, aunque en una versión extremadamente compleja y con una cronología más bien temprana, pero con algunos rasgos de cronología media: Q o colección complementaria alrededor del 50, Marcos hacia el 64, Mateo y Lucas antes del 70 o bien hacia el 80. El matiz de cronología media es que Mateo y Lucas podrían ser posteriores al año 70.
La investigación histórica sobre Jesús
Para situar los problemas tratados por este libro en una perspectiva más amplia, en esta sección presentaré brevemente el estado actual de la investigación histórica sobre Jesús.
Existe cierta cultura popular anticristiana, difundida sobre todo a través de Internet, que divulga toda clase de argumentos contra la fe cristiana, la mayoría de ellos de muy escaso valor intelectual, incluyendo los que pretenden reducir a Jesucristo a la categoría del mito. En ese ámbito enrarecido aún se suele sostener que la existencia histórica de Jesús de Nazaret sigue siendo un tema discutido entre los expertos.
Nada más lejos de la verdad. Para la cultura académica, la cuestión de la historicidad de Jesús es cosa juzgada. No hay ninguna incertidumbre acerca de la existencia histórica de Jesús. Al contrario, entre estudiosos de distintas tendencias religiosas y filosóficas, a pesar de sus distintas opiniones sobre el valor histórico de los Evangelios, existe un amplísimo consenso acerca de que ellos permiten conocer al menos varias verdades sobre Jesucristo, entre ellas su existencia real.
Se puede decir que los estudios histórico-críticos sobre Jesús han pasado por las siguientes cuatro fases principales.
Desde el siglo XVIII hasta principios del siglo XX se extendió la etapa de la llamada First Quest u Old Quest (Primera Búsqueda o Antigua Búsqueda), marcada sobre todo por la filosofía racionalista y el liberalismo teológico. Muchos críticos de los Evangelios separaron al “Jesús de la historia” del “Cristo de la fe”, despojando a los Evangelios de sus elementos sobrenatura-les. Intentaron redescubrir a Jesús, construyendo imágenes de un Jesús meramente humano: maestro de sabiduría, profesor de moral, renovador social, profeta apocalíptico, etc.
Aproximadamente de 1921 a 1953 se extendió la etapa que algunos llaman No Quest (Ninguna Búsqueda). En esta etapa predominó el influjo de Rudolf Bultmann y su “desmitologización” de los Evangelios. En pocas palabras, Bultmann sostuvo que sobre el Jesús histórico no se podía saber nada con certeza; pero tampoco necesitábamos saber nada, ya que la fe cristiana estaba basada únicamente en el mito de Cristo.
Aproximadamente de 1953 a 1982 se extendió la etapa de la Second Quest o New Quest (Segunda Búsqueda o Nueva Búsqueda), marcada por una fuerte reacción contra el nihilismo histórico de Bultmann y sus seguidores. Se volvió a investigar al Jesús histórico, aunque prevaleció una perspectiva de minimalismo histórico: muchos autores pensaban que los Evangelios sólo permitían conocer unas pocas cosas ciertas sobre Jesús, entre ellas su existencia real. En los años ’80 prácticamente sólo los expertos soviéticos seguían negando la historicidad de Jesús, y lo hacían por disciplina partidaria. Poco después, el Partido Comunista de la Unión Soviética sucumbió junto con la URSS.
Aproximadamente desde 1982 y hasta el presente se extiende la etapa de la Third Quest (Tercera Búsqueda), en la que se ha superado decididamente el minimalismo histórico. Al haber aumentado mucho el conocimiento histórico y multidisciplinario sobre el Israel de los tiempos de Jesús, hoy predomina la idea de que es posible conocer muchas cosas históricamente ciertas sobre Jesús. Abundan las obras de autores que intentan volver a presentar o reinterpretar la imagen de Jesús, destacando sobre todo su relación con la cultura judía de su época.
La postura nihilista sobre la historicidad de los Evangelios pasó de moda hace muchas décadas. Se ha producido un claro regreso a la sensatez y en cierto modo también a los preámbulos de la fe.
La postura de la Iglesia Católica
En todos los tiempos la Iglesia Católica ha sostenido firmemente el valor histórico de los Evangelios. La gran mayoría de los autores católicos se ha mantenido en esa línea, pese a los vaivenes experimentados por la búsqueda del Jesús de la historia, en las distintas etapas antes señaladas.
Sin embargo, la doctrina católica sobre la historicidad de los Evangelios no equivale a afirmar que éstos son biografías de Jesús, en el sentido moderno de esta expresión. Conocer la crónica periodísticamente completa y exacta de la vida y las obras de Jesús de Nazaret no es necesario para nuestra salvación. Por eso no debe preocuparnos mayormente el hecho de que los Evangelios no nos permitan reconstruir con plena certeza la cronología y la topografía de las andanzas de Jesús.
Los Evangelios narran la historia de una persona determinada en un lugar y una época determinados. La concordancia de las narraciones evangélicas con la geografía, la historia, la lengua y la cultura de la Palestina de comienzos del siglo I es tan perfecta y completa que sitúa a los Evangelios a una distancia abismal de cualquier mitología. Los Evangelios nos transmiten la doctrina de Jesús sin deformaciones y la imagen que nos ofrecen de Jesús es la de un personaje singularísimo, inmediatamente reconocible.
Los Evangelios nos ofrecen un testimonio de fe sobre Jesús de Nazaret. Fueron escritos por cristianos con la intención de transmitir a otros la Buena Noticia de Jesucristo, el Hijo de Dios. Pero esto no quita nada del valor histórico de dicho testimonio. Los Evangelios en general, y los relatos de la pasión, muerte y resurrección de Cristo en particular, son testimonios sustancialmente fidedignos desde el punto de vista histórico. Esto se puede demostrar aplicándoles los mismos criterios de historicidad utilizados para juzgar los documentos de la historia profana.
1) Cf. BERNIER, p. 3.
2) Cf. BERNIER, pp. 3-6.
3) Cf. ROBINSON, pp. 3-7.
4) https://www.earlychristianwritings.com/index.html
Nota de Daniel Iglesias Grèzes: Dios mediante, éste será el capítulo 1 de la quinta edición (en preparación) de mi libro Tres Evangelios: Una revisión de la cuestión sinóptica y de la datación del Nuevo Testamento.
Te invito a descargar, leer y difundir mi último libro:
Tres filosofías políticas: Liberalismo, socialismo y socialcristianismo
4 comentarios
¿ Conoce usted el papiro 7q5, acerca del cual existen conclusiones científicas redactadas por José O’Callaghan Martínez?
Si es cierto, que puede ser posible y probable, (...) esto adelantaría la cronología del Evangelio de Marcos...!
Dios le bendiga en Nuestro Señor Jesucristo y María Santísima
En ellas están reflejadas lo fundamental de la cristología de nuestra fe.
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DIG: La primera carta de Pablo (1 Tesalonicenses) es del año 50. Para entonces muy probablemente ya estaban escritos y publicados los Evangelios de Mateo (el primero) y Marcos (el segundo). Para enterarse de por qué digo esto tendrán que tener paciencia. Recién vamos por el Capítulo 1 del nuevo libro.
Pues bien, aunque nosotros mismos o un ángel del cielo os predicara un evangelio distinto del que os hemos predicado, ¡sea anatema! Lo he dicho y lo repito: Si alguien os anuncia un evangelio diferente del que recibisteis, ¡sea anatema!
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DIG: Gálatas es un testimonio muy antiguo de la fe cristiana, pero no es el más antiguo. Ya lo veremos, Dios mediante.
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DIG: Paciencia, hermano. Vamos por el Capítulo 1 de un libro que, si Dios quiere, tendrá más de 15 capítulos.
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