Comprender la Palabra a través de las raíces arameas (EEChO)

Según una opinión heredada de la exégesis alemana, los cristianos arameos no tuvieron textos propios del Evangelio ni del Nuevo Testamento (NT) antes de que el siríaco Rábula, Obispo de Edesa entre 412 y 435 (dentro del Imperio romano), los tradujera al siro-arameo a partir de un texto griego original, aunque desconocido. Así, el texto arameo Peshitta del NT, aunque considerado de origen apostólico por la Iglesia del Oriente asirio-caldea, fue considerado en Occidente como tardío y relacionado con este texto griego original desconocido que, a principios del siglo XX, Nestlé y Aland intentaron reconstruir a partir de los pasajes que les parecieron los mejores en los manuscritos griegos.
Ahora bien, estos manuscritos griegos se dividen en siete familias irreconciliables entre sí [desde el punto de vista de la crítica textual, no desde el punto de vista dogmático o exegético; véase cómo el autor aclara esto enseguida], lo que resulta problemático: ¡esto quiere decir que no existe ningún manuscrito griego en su origen común! Además, al conocer el griego sólo de manera académica y abstracta, estos eruditos no tenían conciencia de la variedad de dialectos griegos reflejados en estas siete familias. Ellos postularon la existencia de un «griego koiné», es decir, una lengua que habría sido «común» a todos los griegos, o incluso a todo el Imperio romano. Esta lengua, denominada «griego del NT», fue enseñada a los estudiantes de teología protestantes y católicos; así, ellos aprendían a creer en un texto [original] y una lengua que nunca existieron.
Hay que decir que comparar línea por línea este «texto griego» con la Peshitta (término que significa texto simple, sin glosa) clásica era académicamente muy arriesgado: cualquiera que constatara que el texto que ha sido traducido no era el que se creía ponía su carrera en peligro. Es cierto que en los textos antiguos en siríaco (dialecto occidental del arameo) se puede encontrar algunos giros tomados de manuscritos griegos del NT, pero se trata de manuscritos copiados dentro del Imperio romano, lo que se explica plausiblemente por una simple contaminación; no se los encuentra en absoluto en los textos arameos copiados fuera del Imperio romano. Por lo tanto, este argumento para afirmar que los textos arameos fueron traducidos del griego es falaz.
Otro argumento engañoso: los exegetas han observado que, de vez en cuando, las citas que Jesús hace del Antiguo Testamento no se corresponden realmente con el texto hebreo de la Biblia masorética actual (que es tardío); y han visto que estas citas se corresponden con las formulaciones del texto de la Septuaginta, la traducción griega del Antiguo Testamento realizada en Alejandría un siglo y medio antes de nuestra era. Bien. Pero ellos omitieron señalar que esas citas se corresponden mejor aún con la Peshitta del Antiguo Testamento (AT), que los judíos conocían de memoria… y a la que Jesús, como todos los demás, se refería habitualmente. De hecho, la Septuaginta fue simplemente una traducción griega conforme a la Peshitta del AT (y al texto hebreo de la época).
Y no hay ningún otro argumento a favor de la supuesta primacía del griego sobre el arameo.
Detrás de la creencia en la redacción de los Evangelios en griego, había una razón no exegética: una cuestión eclesiológica. Dado que el griego no era la lengua de los apóstoles, se presumió que esta redacción fue tardía y debida a comunidades griegas. Por lo tanto, la fiabilidad de los Evangelios se volvió sospechosa. Los mismos relatos de la resurrección podían entonces ser presentados como composiciones simbólicas, hechas tardíamente por comunidades de lengua griega a fin de expresar su esperanza de que la muerte no tendrá la última palabra y que, como explicó un día en televisión un obispo francés, «después de la lluvia saldrá el sol». En el fondo, el error era doble: imaginar un redactor, y además griego, en el origen de los Evangelios. En realidad, los Evangelios nunca fueron compuestos por escrito, sino oralmente; consisten en versiones escritas de recitaciones compuestas inicialmente de forma oral y en arameo por testigos, y organizadas por algunos de ellos o bajo su control.
En resumen, es muy necesario volver a una comprensión correcta de la Palabra de Dios.
[A continuación el artículo original agrega una gran cantidad de videos y de textos en francés para profundizar sobre este tema].
Notas sobre ciertas traducciones hechas a partir del siríaco o del arameo:
♦ La traducción lineal de los Evangelios del P. Etienne Métenier (Les quatre évangiles syriaques anciens; traduction interlinéaire annotée [Los cuatro evangelios siríacos antiguos; traducción interlineal anotada], Líbano, Kaslik, 2016) se basa en tres manuscritos siríacos influenciados por el griego (véase la introducción anterior), que él cree que pueden datar del siglo II.
El autor tiene razón al no creer en el «texto griego» original, pero, no obstante, es necesario señalar las influencias griegas presentes en estos manuscritos, lo que necesariamente los data en el siglo IV. Para acceder a un estado anterior de los textos arameos, es preciso consultar manuscritos copiados fuera del Imperio romano, aunque sean posteriores: quien se interesa por la tradición oral conoce su fiabilidad en cuanto a la memoria, especialmente entre los copistas. El autor no parece muy interesado en esto.
Más detalles en este estudio.
♦ En su exégesis según el arameo de dos Evangelios sinópticos (Lucas 2024, Mateo 2026), Françoise Breynaert redefine las perlas, reduciendo su número a fin de forzar simetrías simples que se aplican a todo el texto. En 2026, ella publicó la traducción sola, acompañada de un mínimo de notas, siempre interesantes, y también los textos de Marcos y de Juan. Estos prácticos libritos ofrecen una traducción que da una buena idea de la tradición oral. ¿Revelan acaso las recitaciones-collares subyacentes, tales como fueron compuestas y transmitidas por los testigos (y como los recitadores arameos aún las recitaban durante la infancia de Mons. Francis Alichoran)? Sólo un buen exégeta familiarizado con la tradición oral aramea podría decirlo.
Fuente: https://www.eecho.fr/parcours-2-comprendre-la-parole-de-dieu/
(Traducido al español por Daniel Iglesias Grèzes, con notas del traductor entre corchetes).
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