Jesús, Qumrán y el Vaticano

Puntualizaciones en torno a ciertas tesis sensacionalistas

Daniel Iglesias Grèzes

El propósito de este artículo es ofrecer una breve reseña de un libro de Otto Betz y Rainer Riesner: Jesús, Qumrán y el Vaticano: Puntualizaciones (Editorial Herder, Barcelona, 1994). Se trata de una versión en español de la obra original de ambos autores en alemán: Jesus, Qumran und der Vatikan, Brunnen Verlag, Giessen-Basilea y Herder, Friburgo-Basilea-Viena, 1993.

Tanto Otto Betz (1917-2005) como Rainer Riesner (1950-) fueron teólogos protestantes alemanes. Betz fue profesor de Nuevo Testamento en Chicago y en Tubinga y uno de los primeros estudiosos de Qumrán en el ámbito de lengua alemana. Riesner fue profesor de Nuevo Testamento en Tubinga y en Dortmund. Su obra más conocida es su tesis doctoral, publicada en 1981 con el título Jesus als Lehrer (Jesús como Maestro). Demostró que las enseñanzas de Jesús se transmitieron oralmente de un modo muy fiable y preciso antes de ser escritas en los Evangelios. Betz fue el tutor principal de la tesis doctoral de Riesner.

El libro que voy a reseñar tiene 226 páginas, diez capítulos y una bibliografía en español y en alemán. Ofrece al público no especializado una visión sintética y equilibrada sobre los manuscritos de Qumrán (o rollos del Mar Muerto) y sobre su aporte para una mejor comprensión histórica de Jesús y del origen del cristianismo. Dichos manuscritos fueron descubiertos en 1947 y han suscitado un gran interés académico desde entonces. En torno a 1990 aparecieron varios libros sensacionalistas sobre los manuscritos de Qumrán. Obtuvieron grandes éxitos de ventas denunciando supuestas conspiraciones, generalmente orquestadas por el Vaticano, para mantener en secreto algunos de esos manuscritos, que presuntamente tenían un contenido demoledor para la fe cristiana. El libro de Betz y Riesner critica eficazmente varios de esos best sellers inescrupulosos.

En el capítulo 1 (“¿Ha impedido el Vaticano la publicación de los rollos de Qumrán?”), los autores relatan la compleja historia del descubrimiento, la investigación y la publicación de los rollos de Qumrán y responden la cuestión planteada por la negativa, contra la tesis de un best seller de esa época: Michael Baigent y Richard Leigh, El escándalo de los manuscritos del Mar Muerto (publicado en español por Martínez Roca, Barcelona, 1992 y por El Círculo de Lectores, Barcelona, 1993).

En el capítulo 2 (“¿Cuáles son los textos de Qumrán sin publicar hasta hoy?”), los autores, tras describir las luchas libradas por los investigadores para el libre acceso a los textos, responden así a la pregunta planteada: “En principio ninguno” (p. 48), aunque hacen la salvedad de que quizás algunos hallazgos todavía estaban en poder de descubridores árabes o de aficionados adinerados (cf. Ídem, nota 35).

En el capítulo 3 (“¿Fueron redactados por saduceos los escritos de Qumrán?”), los autores responden la cuestión planteada por la negativa, contra la novedosa tesis de Lawrence Schiffman, que propuso un origen no esenio sino saduceo de los escritos de Qumrán. Betz y Riesner explican el complejo proceso de formación de los partidos saduceo, fariseo y esenio dentro del judaísmo precristiano, y sostienen que los esenios, que se denominaban a sí mismos “hijos de Sadoq”, surgieron de un cisma en el sacerdocio sadoquita, separándose del partido de los saduceos.

En el capítulo 4 (“¿Era Qumrán una fortaleza o un convento de esenios?”), los autores critican y rechazan la tesis de Norman Golb, quien sostuvo que el asentamiento de Qumrán era una fortaleza herodiana, y se inclinan por la tesis tradicional que interpreta ese asentamiento como una especie de convento de los esenios. También desmontan la tesis de un Jesús esenio, expuesta en una novela de 1988 del francés Gerald Messadié (otro best seller), la tesis de un Jesús budista, expuesta en varios libros por Holger Kersten y Elmar Gruber, y la tesis de que Pablo habría estudiado en Qumrán, defendida por el periodista judío Pinchas Lapide.

En el capítulo 5 (“¿Se oculta Santiago, el hermano del Señor, tras el ‘Maestro de Justicia’?”), los autores, con la gran mayoría de los expertos, afirman que el “Maestro de Justicia”, el gran dirigente de la comunidad de Qumrán, vivió en el siglo II AC, y rechazan dos tesis de Robert Eisenman: la identificación del Maestro de Justicia con Santiago el Justo, cabeza por un tiempo de la comunidad cristiana de Jerusalén, y la presentación de Pablo como enemigo de Santiago. Yo acoto que Santiago el Justo era en realidad un primo de Jesús: el apóstol Santiago el Menor, hijo de Alfeo; y acoto, además, que Pablo, Pedro y Santiago se pusieron de acuerdo fácilmente en el Concilio de Jerusalén contra la postura de los “judaizantes”, que exigían la circuncisión y otras marcas externas de identidad judía a los cristianos procedentes de los pueblos gentiles.

En el capítulo 6 (“¿Habla un texto de Qumrán del Mesías crucificado?”), los autores rechazan la traducción de un texto del manuscrito 4Q285 por parte de Eisenman, quien lee “matarán al príncipe de la comunidad” donde los demás expertos leen “el príncipe de la comunidad lo matará”. “Los textos de Qumrán confirman, pese a las afirmaciones discrepantes, que la expectación de un Mesías paciente, y menos aún muriente, no entraba en la perspectiva del judaísmo. La nueva exégesis de Jesús y su pretensión única la encontramos vinculada al Siervo paciente de Yahveh, de Isaías 53, que sin embargo, en virtud de su pasión obediente, es constituido por Dios como Hijo del hombre y Señor soberano del mundo” (pp. 136-137).

En el capítulo 7 (“¿Critican los escritos de Qumrán a Jesús como a un ‘sacerdote impío’?”), los autores rechazan la tesis de la australiana Barbara Thiering, quien identifica al Maestro de Justicia con Juan Bautista y a su antagonista, el “sacerdote impío”, con el mismísimo Jesús de Nazaret. Según Thiering, Jesús no habría muerto en la cruz, habría tenido una hija con María Magdalena, luego se habría separado de ésta, habría contraído un segundo matrimonio con Lidia de Filipos, habría viajado a Roma junto a Pablo y habría muerto en Roma o en el sur de Francia a los 70 o más años. La tesis de Thiering implica entre otras cosas una datación tardía de los textos de Qumrán que no está justificada científicamente. “Esta imagen de Juan está totalmente deformada y aumentada en alas de una fantasía sin freno: 1. El Bautista fue todo menos un celota nacionalista que hubiera tenido el punto de mira en la prosperidad y la misión política del pueblo de Israel” (p. 147). Los autores citan la evaluación de la obra de Thiering por parte del periodista judío Hershel Shanks: “El verdadero misterio (del libro en cuestión) está en cómo la editorial Harper San Francisco, una subdivisión de Harper Collins, que en general son conocidas por sus libros científicos y sólidos, han podido decidirse por la publicación de semejante panfleto. Y sin duda que la respuesta tiene algo que ver con lo que había sobre las mesas que Jesús volcó” (p. 156).

En el capítulo 8 (“¿Se han encontrado manuscritos del Nuevo Testamento en la cueva 7 de Qumrán?”), los autores analizan “la hipótesis discutible” del papirólogo jesuita español José O’Callaghan, quien identificó nueve fragmentos de papiros de la cueva 7 de Qumrán (7Q) con textos del Nuevo Testamento, dando como seguras dos de esas identificaciones: la de 7Q4 con 1 Timoteo 3,16-4,3; y la de 7Q5 con Marcos 6,52-53 (cf. pp. 158-160). Betz y Riesner concluyen lo siguiente: “Como resultado provisional de la discusión puede decirse que la identificación de 7Q5 con Marcos 6,52-53 no es segura, pero sigue siendo muy posible. La disputa versa sobre si cabe hablar de probabilidad” (p. 168). Al final, citan a Ferdinand Rohrhirsch: “Por el momento no es posible formular un juicio inequívoco… La tesis de la identificación habría que incorporarla al discurso científico como una hipótesis útil” (p. 170).

En el capítulo 9 (“¿Qué significan los textos de Qumrán para la comprensión de Jesús de Nazaret?”), los autores consideran probable que Juan Bautista haya sido educado en la comunidad de Qumrán, y destacan las coincidencias y las discrepancias entre Jesús y los esenios, marcando como una gran diferencia la atención de Jesús a los pecadores. La Regla de la Comunidad manda “amar a todos los que Dios ha elegido, y odiar a cuantos él ha rechazado” (1 QS 1,3-6). Según Betz y Riesner, Jesús sin duda tuvo eso en cuenta cuando, en la sexta y última de las antinomias del Sermón de la Montaña, dijo: “Habéis oído que se dijo: Amarás a tu prójimo y odiarás a tu enemigo. Pero yo os digo: Amad a vuestros enemigos y orad por los que os persiguen; así seréis hijos de vuestro Padre que está en los cielos, el cual hace salir el sol sobre malos y buenos, y manda la lluvia sobre justos e injustos” (Mateo 5,43-45). Betz y Riesner se pronuncian contra la tesis de los que identifican a los esenios y al movimiento de Jesús con los rebeldes celotas. “La enseñanza y la actuación de Jesús fueron anticelotas. Advirtió una y otra vez contra la condena judicial del hermano y contra las actuaciones fanáticas” (p. 181). Además, consideran la misión universal cristiana como otra gran diferencia entre Jesús y los esenios. “La captación misionera para la fe era entonces desconocida, tanto entre los judíos como entre los gentiles. Se remonta ciertamente a Jesús” (p. 182). Por último, los autores señalan que los escritos de Qumrán permiten corroborar y aclarar muchos aspectos del proceso contra Jesús (cf. p. 187).

Finalmente, en el capítulo 10 (“¿Se convirtieron algunos esenios a Jesús como Mesías?”), los autores relacionan a los esenios con los jasidim o “pobres de Yahveh”, dicen que “la familia de Jesús podría haber pertenecido al amplio círculo del movimiento piadoso de los jasidim” (p. 195) y consideran probable que muchos esenios se hayan hecho cristianos. Hechos 6,7 (“multitud de sacerdotes iban aceptando la fe”) podría referirse a esenios convertidos. Además, Betz y Raisner subrayan la cercanía geográfica entre el barrio esenio de Jerusalén y el Cenáculo, el lugar de reunión de la primera comunidad cristiana (cf. pp. 196-205).

En mi opinión, la obra reseñada hizo un muy buen servicio tanto a la ciencia como a la fe al refutar varios libros sensacionalistas que aprovecharon la falta de información básica sobre los documentos de Qumrán en el ámbito popular, proponiendo tesis anticristianas sin sustento sólido, disfrazadas de argumentos científicos, pero en verdad disparatadas. Es de agradecer que dos autores protestantes se hayan empeñado tanto en desbaratar “teorías de conspiración” que generalmente apuntan contra el Vaticano, señalado tantas veces como el gran villano. Betz y Riesner, en cambio, destacaron la cooperación leal y transparente que usualmente predomina en el ámbito de la investigación sobre Qumrán, pese a las distintas posiciones religiosas de los expertos (católicos, protestantes, judíos, ateos, etc.). Mi única crítica notable es que el capítulo 8 de este libro es tal vez demasiado escéptico sobre la identificación del papiro 7Q5 con un texto del Evangelio de Marcos


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1 comentario

  
Tito España
Por último, los autores señalan que los escritos de Qumrán permiten corroborar y aclarar muchos aspectos del proceso contra Jesús (cf. p. 187).

¿Podría ampliar un poco más este tema? Estoy trabajando algo sobre él y me gustaría conocer esa opinión del libro y la suya.
.Muchas gracias.

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