La colaboración política entre cristianos y socialistas

El choque entre dos cosmovisiones incompatibles
Comparación entre el socialismo y el socialcristianismo
En el Capítulo 7 de este libro utilicé el esquema de un espacio de cuatro dimensiones para representar gráficamente las distintas filosofías políticas y comparar el liberalismo con el socialcristianismo. Aquí volveré a usar el mismo esquema para comparar el socialismo con el socialcristianismo.
Nuestro espacio está definido por los cuatro ejes x, y, z, t. El eje x representa la mayor o menor intervención del Estado en la vida económica de un país. El eje y representa la mayor o menor intervención de los organismos internacionales en todo el mundo. El eje z representa la forma de gobierno: el gobierno de (o para) uno, algunos o todos. Finalmente, el eje t representa la actitud negativa, neutral o positiva del Estado hacia la religión cristiana y la ley moral natural.
La caracterización del socialcristianismo según esos cuatro ejes ya fue realizada en el Capítulo 7. La volveré a aplicar aquí.
A continuación evaluaré las tres corrientes principales del socialismo: el marxismo, el socialismo democrático y la socialdemocracia.
En el eje x el marxismo se ubica en la extrema izquierda, por su postura colectivista; el socialismo democrático se ubica en la izquierda, porque no ha renunciado a la abolición de la propiedad privada a largo plazo; y la socialdemocracia en la centroizquierda, por su tendencia estatista.
En el eje y el marxismo se ubica también en la extrema izquierda, en este caso por su internacionalismo clasista; en cambio el socialismo democrático y la socialdemocracia se posicionan en la izquierda o la centroizquierda, por su tendencia globalista.
En el eje z se puede ubicar al marxismo en la “izquierda”. Aunque declara estar a favor de la “democracia popular”, en realidad propugna la “dictadura del proletariado”, que en la práctica es la dictadura del Partido Comunista sobre toda la sociedad: una dictadura de pocos (los miembros del Comité Central del Partido) o de uno solo, el líder máximo del Partido. En cambio el socialismo democrático y la socialdemocracia se pueden ubicar en el centro. Si bien se pronuncian a favor de la democracia liberal, en la práctica su apoyo al crecimiento continuo del poder del Estado tiende a debilitar a las personas y las familias.
Por último, también en el eje t el marxismo se posiciona en la extrema izquierda, por su ateísmo materialista y su progresismo radical. En cambio el socialismo democrático y la socialdemocracia se ubican en la izquierda, por su tendencia a apoyar la revolución antropológica anticristiana.
Veamos también el caso del fascismo, por su relación estrecha con el socialismo. En el eje x, el fascismo se ubica claramente en la izquierda. “Todo en el Estado, nada contra el Estado, nada fuera del Estado” es un lema de Mussolini; y el nazismo fue un tipo de socialismo: el nacionalsocialismo, un socialismo nacionalista. En el eje y el fascismo se ubica en la extrema derecha, por su nacionalismo imperialista o racista. En el eje z se ubica netamente en el campo antidemocrático (“izquierda”), por su sumisión a la autoridad del líder del partido y la nación. Por último, en el eje t se ubica en la izquierda, por su visión neopagana y tecnocrática.
De este análisis podemos extraer las siguientes conclusiones:
1) el socialcristianismo y el marxismo son incompatibles entre sí en las cuatro dimensiones analizadas;
2) el socialismo democrático y el socialcristianismo son incompatibles entre sí en al menos dos de las dimensiones analizadas (ejes x y t), y podrían llegar a serlo en las otras dos;
3) la socialdemocracia y el socialcristianismo son incompatibles entre sí en al menos una de las dimensiones analizadas (eje t), y podrían llegar a serlo en las otras tres;
4) el socialcristianismo y el fascismo son incompatibles entre sí en las cuatro dimensiones analizadas;
5) el marxismo y el fascismo podrían ser compatibles entre sí en tres de las cuatro dimensiones analizadas: todas menos el eje y, que mide la relación entre nacionalismo e internacionalismo.
¿Alianzas políticas entre socialcristianos y socialistas?
Dividiré esta cuestión en dos, considerando en primer lugar al marxismo y en segundo lugar a las fuerzas de izquierda no marxistas.
Las alianzas políticas entre socialcristianos y marxistas son totalmente inapropiadas desde el punto de vista socialcristiano, dado que, como vimos recién, el marxismo se opone frontalmente al socialcristianismo en todos los aspectos principales de la política contemporánea. Las alianzas que partidos demócratacristianos hicieron con partidos marxistas en distintos países en los últimos 60 años traicionaron gravemente el ideario socialcristiano y convirtieron a los demócratacristianos en el furgón de cola del tren de la revolución antropológica, política y social anticristiana impulsada globalmente por la izquierda. No es de extrañar que, a raíz de esto, esos partidos demócratacristianos hayan perdido a gran parte de sus votantes: hacia la derecha a los cristianos más ortodoxos en materia doctrinal y hacia la izquierda a los menos ortodoxos, que por lo común terminan por preferir la izquierda original a sus copias con barniz cristiano.
En cuanto a las alianzas entre socialcristianos por un lado y socialistas no marxistas (socialistas democráticos o socialdemócratas) por otro, puede decirse algo análogo, sobre todo por el compromiso cada vez más radical de esas fuerzas de izquierda con el liberalismo progresista, que es el motor ideológico de la citada revolución anticristiana. El hecho de que pueda haber una convergencia legítima entre las visiones de ambas partes sobre la política económica, la política internacional o la configuración del sistema político no alcanza a borrar ni a difuminar la incompatibilidad radical entre la visión cristiana del hombre y la sociedad y el progresismo radical que promueven esas fuerzas políticas de izquierda. Por lo tanto, más allá de acuerdos políticos puntuales (por ejemplo para financiar la construcción de un hospital o una carretera), no parece posible una colaboración política amplia y estable entre ambas partes. Dado que es casi imposible que la izquierda abandone su agenda progresista radical, esa forma de colaboración política irá prácticamente siempre en detrimento de la cosmovisión cristiana, con grave daño para las personas, las familias y la sociedad.
Un criterio general sobre los proyectos políticos admisibles
Para concluir esta reflexión citaré íntegramente el numeral 570 del Compendio de la Doctrina Social de la Iglesia, que establece un límite infranqueable para la colaboración política entre cristianos y fuerzas políticas de signo diverso.
“Cuando en ámbitos y realidades que remiten a exigencias éticas fundamentales se proponen o se toman decisiones legislativas y políticas contrarias a los principios y valores cristianos, el Magisterio enseña que «la conciencia cristiana bien formada no permite a nadie favorecer con el propio voto la realización de un programa político o la aprobación de una ley particular que contengan propuestas alternativas o contrarias a los contenidos fundamentales de la fe y la moral».
En el caso que no haya sido posible evitar la puesta en práctica de tales programas políticos, o impedir o abrogar tales leyes, el Magisterio enseña que un parlamentario, cuya oposición personal a las mismas sea absoluta, clara, y de todos conocida, podría lícitamente ofrecer su apoyo a propuestas encaminadas a limitar los daños de dichas leyes y programas, y a disminuir sus efectos negativos en el campo de la cultura y de la moralidad pública. Es emblemático al respecto, el caso de una ley abortista. Su voto, en todo caso, no puede ser interpretado como adhesión a una ley inicua, sino sólo como una contribución para reducir las consecuencias negativas de una resolución legislativa, cuya total responsabilidad recae sobre quien la ha procurado.
Téngase presente que, en las múltiples situaciones en las que están en juego exigencias morales fundamentales e irrenunciables, el testimonio cristiano debe ser considerado como un deber fundamental que puede llegar incluso al sacrificio de la vida, al martirio, en nombre de la caridad y de la dignidad humana. La historia de veinte siglos, incluida la del último, está valiosamente poblada de mártires de la verdad cristiana, testigos de fe, de esperanza y de caridad evangélicas. El martirio es el testimonio de la propia conformación personal con Cristo Crucificado, cuya expresión llega hasta la forma suprema del derramamiento de la propia sangre, según la enseñanza evangélica: «Si el grano de trigo no cae en tierra y muere, queda él solo; pero si muere, da mucho fruto» (Juan 12:24).”
Para profundizar en este tema, véase la Nota doctrinal sobre algunas cuestiones relativas al compromiso y la conducta de los católicos en la vida política emitida por la Congregación para la Doctrina de la Fe con fecha 24/11/2002, con la firma del Cardenal Joseph Ratzinger, Prefecto de dicha Congregación1.
Daniel Iglesias Grèzes
Nota
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