Textos del Mar Muerto, cristianismo e islam (Edouard-Marie Gallez)

¿Por qué persiste el mito de los «esenios de Qumrán» veinte años después de 2005?
Edouard M. Gallez
Los mitos gozan generalmente de una larga vida. No sólo se sigue enseñando comúnmente la idea de los «monjes esenios de Qumrán», sino que además las objeciones a este mito se suelen pasar por alto con demasiada frecuencia, especialmente las siguientes, cada una de las cuales es determinante de por sí:
• Ya en los años 50, André Paul (1933-2019) fue uno de los principales divulgadores de la figura de los «monjes esenios», y en el 2000 aún enseñaba que Jesús se había formado con ellos; cambió completamente de opinión al respecto en 2007. Y en 2008 publicó Qumrân et les Esséniens [Qumrán y los esenios] con un subtítulo elocuente: El derrumbe de un dogma. Si, como él mismo escribe (p. 77), los «esenios» constituyen un «mito», la literatura que se les ha atribuido debe ser reatribuida, en un nuevo enfoque histórico [1].
• Gracias a los arqueólogos Robert y Pauline Donceel-Voute, la Universidad Católica de Lovaina heredó bolsas llenas de basura que yacían en el suelo de Qumrán, y que nadie quería. Ellos descubrieron restos de la fabricación de frascos de vidrio: esta actividad era muy costosa y sólo tenía sentido a fin de almacenar productos preciosos, como los bálsamos o perfumes que se podía elaborar a partir de la savia de los árboles de bálsamo que crecían entonces en los alrededores. Estos frascos debían ser almacenados al resguardo del calor, sin duda en estantes, como lo sugieren los agujeros en la pared de la cueva IV, situada justo debajo. El asentamiento de Qumrán no tenía una finalidad religiosa, sino económica.
• Véanse también muchos otros hallazgos arqueológicos AQUÍ.
Voltaire había dado origen al mito de los monjes esenios —muy controvertido incluso en su época—; este mito resurgió tras los descubrimientos del Mar Muerto a partir de 1948. Sin duda, no era algo sin importancia: contribuye a mantener una enorme ambigüedad en torno al cristianismo primitivo e impide comprender su repercusión mundial desde sus inicios, acreditando la presentación del cristianismo como un epifenómeno marginal y sectario de un «judaísmo» imaginado anacrónicamente.
La cuestión de los «esenios» fue vinculada casi de inmediato con la de los manuscritos hallados en once cuevas cercanas al Mar Muerto. Ahora bien, atribuir tales escritos a una «comunidad monástica» (y a un lugar específico, los «esenios» de Qumrán) fue arbitrario y resultó de la convergencia de varias ideas preconcebidas y errores analíticos.
En primer lugar, hay que tener en cuenta que estos manuscritos datan de diversas épocas y proceden de múltiples fuentes. Por ejemplo, varios fragmentos del libro del profeta Jeremías (siglo VI AC) habían sido considerados durante mucho tiempo por los investigadores como pertenecientes a un mismo manuscrito, a pesar de las diferencias de caligrafía y de estilo: las diferencias del ADN entre las pieles utilizadas han confirmado orígenes diversos. Además, estas diferencias entre los trece fragmentos estudiados, señalan los investigadores israelíes, revelan animales distintos. Sin embargo, según el mito esenio, todas estas pieles deberían ser de cabra, posiblemente encontradas en la región del Mar Muerto: se han encontrado pieles de vaca y de oveja, animales que no podrían haber sobrevivido en la zona [2]. La heterogeneidad de los manuscritos queda así demostrada.
Ciertamente, los más recientes de esos manuscritos son posteriores a los años 30, pero asignarles el año 70 como terminus ad quem [límite temporal superior] era un mero postulado: el año 135, comienzo de la segunda «guerra judía», habría sido mucho más exacto, o incluso más tarde aún para algunos de ellos. La idea predominante era presentarlos como una única colección «intertestamentaria» —y, por lo tanto, precristiana—, incluyendo a la vez otros documentos que atestiguaban una misma corriente de pensamiento apocalíptico y bélico, conocidos desde hacía tiempo (e identificados de modo confuso). Éste es el caso, en particular, del famoso Documento de Damasco, conocido desde el siglo XIX, cuyas copias se han encontrado en las cuevas 4, 5 y 6 del Mar Muerto [3]. Además, ciertas afinidades entre estos textos y el Nuevo Testamento relativizarían la originalidad de los Evangelios. «Dado que todos los manuscritos de Qumrán […] contenían algunas analogías de ideas paleocristianas, los esenios pronto fueron señalados como los predecesores directos de los primeros cristianos», observó Vitalii Chernoivanenko en 2011 [4]. El hecho de que el Nuevo Testamento no hable nunca de los esenios, mientras que sí se refiere a una multitud de otros grupos judíos, no se les ocurrió a los defensores del mito –como si los cristianos hubieran orquestado un pacto de silencio sobre la presunta comunidad de Qumrán.
Para concretar mejor la idea de la secta de los esenios, que habría compuesto los textos hallados bajo el sitio de Qumrán (la cueva IV) y en otros lugares, aún había que convertirla en una comunidad de monjes copistas, lo cual fue realizado: las ruinas del sitio fueron presentadas como los restos de un monasterio, llegándose incluso a inventar un scriptorium con base en el modelo de los de los monjes copistas de la Edad Media (en un museo se llegó incluso a realizar una reconstrucción de esta supuesta sala destinada al copiado).
Por supuesto, también fue necesario rechazar el estudio exegético del texto de Flavio Josefo en su copia griega más antigua, hecha en el siglo IX, que sirve de fuente para la idea de los «esenios» (¡y para la palabra misma!). Se consideró inapropiado expresar sorpresa ante las discrepancias con las escasas versiones en otros idiomas (versiones cuyas copias conocidas son aún más tardías) precisamente en lo que respecta a estos esenios; y resultaba aún más inapropiado analizarlas: estos pasajes singulares relativos a los «esenios» (se ha intentado en vano vincularlos con una nota de Plinio y otra de Filón de Alejandría) debían aceptarse literalmente, y sobre todo, no debía pensarse que pudieran ser obra de interpoladores romanos antisemitas de los siglos III y IV [5].
La cuestión «esenia» resurgió cuando se puso de manifiesto un parentesco ideológico entre el texto del Corán y ciertos textos de la escuela de pensamiento apocalíptico-bélico mencionada anteriormente. Sin embargo, si desaparecieron en el año 70, los presuntos esenios no podrían haber tenido descendientes. Pero la situación es muy diferente si los pasajes apocalípticos en cuestión son de origen poscristiano —de hecho, se presentan como reescrituras sucesivas mediante adiciones—; entonces se comprenden sus afinidades con el cristianismo, un cristianismo que se desvía del de los apóstoles en un sentido mesianista. Juzguémoslo por los hechos. A continuación se presentan ejemplos tomados principalmente del Testamento de los Doce Patriarcas (con indicación del porcentaje de manuscritos):
Testamento de Aser 7,3 – todos los manuscritos:
El mismo Altísimo vendrá
hablando por intermedio de un hombre (áner)
salvará a Israel y a todas las naciones.
–
Testamento de Zabulón 9,8 – 50% de los manuscritos:
El Señor mismo
bajo el aspecto de un hombre (én schémati ánthrópou)
liberará
de toda cautividad a los hijos de los hombres
Testamento de Simeón 6,5.7 – todos los manuscritos:
El Señor Dios vendrá
como un hombre que adopta un cuerpo (soma)
salvará por medio de él al género humano
–
Testamento de Benjamín 10,7-8:
El Rey de los Cielos aparece en la tierra / Cuando Dios
en forma (morfè) de humilde / vino en la carne (én sarxi)
–
–
Apocalipsis de Elías 1,6-7:
El Dios de la gloria viene a visitarnos
se ha transformado en hombre
a fin de salvarnos
de la cautividad
[Cada texto se divide en cuatro partes referidas sucesivamente a las siguientes ideas: Dios mismo viene; toma un cuerpo o aspecto; salva o libera; de la cautividad].
Demos la cita completa del Testamento de Zabulón para comprender mejor el motivo de lo que se ha añadido:
Testamento de Zabulón 9,8 precristiano:
Después de esto, el Señor mismo, luz de justicia, se levantará por vosotros
y regresaréis a vuestro país
y lo veréis en Jerusalén, a causa de su santo nombre.
Testamento de Zabulón 9,8 poscristiano:
Después de esto, el Señor mismo, luz de justicia, se levantará por vosotros
y la sanación y la compasión estarán en sus alas. Él liberará de Belial a todos los cautivos de los hijos de los hombres, y todo espíritu de extravío será pisoteado; y convertirá a todas las naciones para que lo sirvan con celo;
y veréis a Dios en la forma de un hombre que el Señor habrá elegido en Jerusalén, a causa de su nombre.
Testamento de Dan 5,10-11 poscristiano
La salvación del Señor llegará a las tribus de Judá y de Leví;
Él hará la guerra contra Belial y se vengará eternamente de vuestros enemigos. Liberará de la cautividad de Belial a las almas de los santos y convertirá al Señor los corazones desobedientes.
Claramente, el análisis conduce a una alternativa: o bien Jesús estudió con los esenios (como ya lo sugirió el antisemita Voltaire), o bien las versiones más recientes de estos Testamentos fueron escritas después de los inicios del cristianismo y han de incluirse en el registro de la primera deriva mesianista del cristianismo apostólico, que se conoce por diversas fuentes, incluyendo a San Ireneo. Allí, Jesús aparece como el Mesías liberador de la humanidad, habitado por Dios pero no Dios Él mismo, que vino entre los suyos, y esto en un contexto bélico. Estos elementos se vuelven a encontrar en textos posteriores conocidos desde hace mucho tiempo, e incluso en el Corán (la exégesis crítica del texto coránico pone de relieve estas características cuando se le permite hacerlo).
De hecho, lo que el mito de los esenios ocultaba era una corriente poscristiana y mesianista, que sólo se puso de manifiesto con claridad a partir de 2005, en el estudio Le messie et son prophète [El mesías y su profeta] (1100 páginas, 1659 notas). El tomo I de este estudio refutó el mito de los “esenios de Qumrán” casi antes que nadie, mientras que el tomo II ofreció un análisis exegético riguroso e inédito del texto coránico y un nuevo estudio histórico de los orígenes del islam con base en el ya considerable corpus islamológico de aquel momento, en la arqueología y en otros enfoques. Fue en primer lugar la exégesis coránica la que abrió pistas nuevas, que otras investigaciones han venido a confirmar. Posteriormente, los islamólogos serios retomaron el relevo, descubriendo una gran cantidad de datos complementarios.
Este estudio de 2005 sigue siendo, por tanto, pionero veinte años después, porque, como los mitos, los bloqueos [por prejuicios] son difíciles de erradicar. Desde el siglo XVII, la cuestión de los “esenios", de forma deliberada o no, confunde la cuestión de los orígenes del cristianismo y de la aparición del poscristianismo mesianista.
Notas
[1] A menos que se trate de una precaución retórica, André Paul aún parece dudar cuando escribe: “Se contraponen dos tesis. Una, la tesis esenia, aísla, sacraliza y comunaliza Qumrán; la otra, por ahora carente de unidad, abre, seculariza y, por lo tanto, descomunaliza el lugar. Recomendamos no elegir entre las dos” (p. 71). “Descomunalizar” significaba reconocer que el lugar habitado nunca tuvo otro propósito que el económico: el de un rico lugar de producción de bálsamos (conservados en frío en los frascos de vidrio en los estantes de la cueva situada debajo), como se ha demostrado. Este establecimiento económico fue abandonado provisoriamente durante la primera “guerra judía", pero siguió siendo utilizado hasta la “segunda” (135-138), si hemos de creer en la presencia de lámparas de aceite en el suelo que datan del siglo II; en cuanto al cementerio, su instalación es sin duda posterior a 135 debido a su proximidad a las ruinas. Nadie habría vivido tan cerca (y los cementerios comparables no son raros en la región).
[2] Pnina Shor, investigadora de la Autoridad de Antigüedades de Israel, afirma: «Hemos descubierto, analizando fragmentos de pergaminos, que algunos textos fueron escritos en pieles de vaca y de oveja, mientras que antes creíamos que todos estaban escritos en pieles de cabra», y añade: «Esto prueba que estos manuscritos no proceden del desierto donde fueron encontrados».
[3] Incluso se identificó en 2020 una copia en palimpsesto mediante tecnología infrarroja (que también permitió leer fragmentos aparentemente en blanco). Esto plantea una pregunta: si este documento, también llamado Regla de la Comunidad, es tan importante, no debería haber sido borrado… a menos que a quienes lo reescribieron no les importara en absoluto.
[4] Vitalii Chernoivanenko, Qumrân, les manuscrits de la mer Morte et les anciens historiographes comme instruments de la mythologisation de «l’héritage essénien» au XXe siècle [Qumrán, los manuscritos del Mar Muerto y los antiguos historiógrafos como instrumentos de la mitologización de “la herencia esenia” en el siglo XX], Kiev, 2011, p. 10. Indica en nota al pie (17): “En una monografía publicada en 1958, F. Cross escribe: ‘el cristianismo primitivo es una extensión de las tradiciones comunitarias y apocalípticas (de los jasidim y los esenios)’ (Cross F., The Ancient Library of Qumran and Modern Biblical Studies. The Haskells Lectures, 1956-1957 [La antigua biblioteca de Qumrán y los estudios bíblicos modernos. Las conferencias Haskell, 1956-1957], Garden City, N.Y., 1958, p. 148).”
[5] Henri Del Medico (1896-1970) fue el primero en emprender una crítica textual seria de los textos sobre los «esenios» atribuidos a Flavio Josefo –cf. Le mythe des Esséniens, des origines à la fin du Moyen Age [El mito de los esenios, desde los orígenes hasta el fin de la Edad Media (París, Plon, 1958). Sin embargo, la explicación que propone de dos interpoladores romanos sucesivos fue simplemente ignorada. ¿Acaso era demasiado evidente?
Fuente: https://www.eecho.fr/textes-de-la-mer-morte-christianisme-et-islam/
Traducción de Daniel Iglesias Grèzes
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3 comentarios
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DIG: No, los "esenios", que no se llamaban a sí mismos así, eran una secta judía apocalíptica que se originó antes de Cristo.
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Y no eran monjes, pero ¿qué eran, y por qué vivían en medio del desierto?
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DIG: No eran monjes. Y según Gallez no vivían en Qumran.
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¿Es cierto que castigaban la apostasía con el destierro? (Leí alguna vez que no podían ni siquiera hablarte si salías de la comunidad)...
Y ¿qué tienen que ver los esenios con el islam?
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DIG: Entre los "esenios" y el protoislam hay, según Gallez, un eslabón perdido: una herejía judeocristiana mesianista separada de la Iglesia apostólica después del 70.
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