Hacia un futuro posliberal -2
Reflexiones a partir de un libro de Patrick J. Deneen
Daniel Iglesias Grèzes
Hace unos días publiqué la primera parte de mi reseña del libro: Patrick J. Deneen, Regime Change: Toward a Postliberal Future [Cambio de régimen: Hacia un futuro posliberal], Sentinel, New York, 2023. Esta es la segunda parte de mi reseña. Las citas incluidas a continuación provienen de la edición Kindle en inglés. Las traducciones son mías.
En la Introducción del libro, Deneen escribe: “Lo que estamos presenciando en Estados Unidos es un régimen agotado. El liberalismo no solo ha fracasado, como argumenté en mi libro anterior [¿Por qué ha fracasado el liberalismo?], sino que su doble compromiso con el ‘progreso’ económico y social ha generado una forma particularmente virulenta de esa antigua división que enfrenta a ‘los pocos’ [la élite] contra ‘los muchos’ [el pueblo]” (pp. ix-x).
Deneen afirma que los primeros liberales (los liberales clásicos) impulsaron un mercado cada vez más libre a fin de lograr, a través de un proceso continuo de destrucción creativa, un progreso económico que compensara las desigualdades con prosperidad para todos; y más tarde otros liberales (los progresistas), además de reclamar una mayor igualdad económica, buscaron la liberación de la humanidad principalmente por medio de transformaciones sociales tales como el desplazamiento del matrimonio, la familia y la identidad sexual naturales. Lo que está ocurriendo ahora es que las élites gobernantes están apostando a una aceleración del liberalismo económico y social, mientras gran parte del pueblo se opone a ello cada vez más, debido a las consecuencias negativas del “progreso” económico y social irrestricto (cf. pp. x-xi).
“Ya sean liberales ‘clásicos’ o ‘progresistas’, su temor y desconfianza inherentes hacia el demos [pueblo] se manifestaron y siguen manifestándose en un pánico compartido ante el auge del populismo. Hoy se realizan intensos esfuerzos para evitar una reconfiguración política que dé lugar a un partido popular opuesto al proyecto liberal progresista” (p. xi).
Deneen no se limita a una mera crítica del liberalismo, sino que propone una alternativa, que él llama “conservadorismo del bien común”. En mi opinión, esa alternativa es sustancialmente consistente con la visión cristiana del hombre y de la sociedad.
El autor considera que, aunque el posliberalismo atravesará los distintos partidos políticos existentes, hoy su mayor esperanza radica en una “nueva derecha”. El motivo es simple: es más fácil que un derechista renuncie al liberalismo económico que que un izquierdista renuncie al liberalismo social y al marxismo (cf. pp. xiv-xv).
En el Capítulo 1, titulado “El fin del liberalismo”, Deneen sostiene lo siguiente: “Tras varios siglos de este experimento [liberal], hemos presenciado de primera mano el surgimiento de una nueva clase dominante, una ‘meritocracia’ que ha prosperado bajo las condiciones establecidas y promovidas por el liberalismo. El liberalismo se encuentra hoy en crisis, no solo por el mal comportamiento de la nueva élite, sino porque su ascenso ha coincidido con el desgaste de instituciones que beneficiaban a las clases bajas y, al mismo tiempo, limitaban a los ambiciosos que deseaban escapar de sus restricciones. El debilitamiento de la familia, el vecindario, la iglesia y la comunidad religiosa y otras asociaciones ha provocado la degradación de las condiciones sociales y económicas de ‘los muchos’, mientras que ‘los pocos’ han conseguido un monopolio tanto de las ventajas económicas como de las sociales” (p. 3). Dicho debilitamiento se debió fundamentalmente al cambio de la noción antigua y cristiana de la libertad como liberación del mal moral por la noción moderna y subjetivista de la libertad como autodeterminación arbitraria.
En el Capítulo 2, titulado “La élite del poder”, Deneen sostiene que la élite de hoy tiene cuatro características que la diferencias de todas las élites previas: 1) es una élite con habilidades gerenciales que valora sobre todo la productividad económica y la tecnocracia; 2) a pesar de su oposición teórica a los principios de jerarquía y de herencia del status, en la práctica se ha convertido en otra forma de jerarquía heredada; 3) a través de las políticas de identidad usa las presuntas ofensas como herramientas de control y dominación; 4) ejerce el poder sobre todo a través de entidades privadas o semiprivadas como universidades, empresas, medios de comunicación y centros artísticos (cf. pp. 27-28). Otras características destacadas de la actual élite son su gran movilidad (relacionada con su antinacionalismo), su desprecio por las tradiciones y su separación educativa y geográfica de las clases bajas (cf. pp. 34-36).
El Capítulo 3, titulado “Un bien que es común”, comienza con un interesante análisis del conservadorismo. Deneen sostiene que, después de la Segunda Guerra Mundial, el conservadorismo en Estados Unidos se convirtió en una forma de liberalismo que proponía un ritmo más lento de cambios en el orden social. Debido a esto, los conservadores tienden a abandonar su oposición a las nuevas normas liberales (por ejemplo, el “divorcio sin culpa” o el matrimonio homosexual) una vez que estas alcanzan una amplia aceptación social (cf. pp. 65-67). No obstante, el término “conservadorismo” sigue siendo apropiado para expresar una posición política que rechaza toda forma de liberalismo (incluyendo la de los liberales clásicos que hoy se presentan como conservadores) y busca retomar elementos centrales de la tradición política occidental preliberal basada en el bien común. Por eso Deneen designa a su propuesta como “conservadorismo del bien común” (cf. pp. 67-69). Este conservadorismo rechaza elementos centrales del liberalismo, tales como la primacía del individuo, el antitradicionalismo y la reducción de la libertad a la elección individual, y propone una revalorización de la familia, la comunidad y los bienes humanos alcanzables por medio de la comunidad política (cf. 90-96). (CONTINUARÁ).
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1 comentario
El verdadero movimiento conservador Capitalista agoniza en Candace Owens, Tucker Carlson, etc.
El asesinato de Charlie Kirk es el mejor ejemplo. Los que lo mataron hablaron en su funeral y traicionaron su legado.
Al verdadero movimiento conservador cristiano le queda solo Rusia a la que los Neo Conservadores atacan.
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DIG: Gracias por su opinión. No concuerdo del todo con su diagnóstico pero no puedo explayarme ahora al respecto.
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