Hacia un futuro posliberal

Reflexiones a partir de un libro de Patrick J. Deneen

Daniel Iglesias Grèzes

En 2025 publiqué en dos partes una reseña del libro: Patrick J. Deneen, Why Liberalism Failed?, Yale University Press, New Haven & London, 2018. Véanse la primera parte y la segunda parte de esa reseña. Ese libro fue publicado en español por Ediciones Rialp en 2018 con el título ¿Por qué ha fracasado el liberalismo? como parte de su colección Pensamiento Actual. Hay una segunda edición de esta obra, de 2025. Existe otra edición en español, publicada en Chile en 2019 por el Instituto de Estudios de la Sociedad (IES). 

Deneen es un filósofo católico estadounidense, profesor de ciencia política en la Universidad de Notre Dame y uno de los principales integrantes de la corriente de pensamiento político llamada “posliberalismo”, que busca una superación del liberalismo.

En esta ocasión comentaré un libro del mismo autor que es la continuación natural de ¿Por qué ha fracasado el liberalismo?  Me refiero a: Patrick J. Deneen, Regime Change: Toward a Postliberal Future, Sentinel, New York, 2023. También este libro cuenta con una edición en español: Cambio de régimen: Hacia un futuro posliberal, Homo Legens, Madrid, 2023. Las citas incluidas a continuación provienen de la edición Kindle en inglés. Las traducciones son mías.

Deneen constata que la filosofía política clásica, representada por pensadores tales como Aristóteles, Cicerón y Tomás de Aquino, tuvo como una de sus preocupaciones centrales la conciliación de los intereses de las dos clases principales en las que en general se dividen las sociedades humanas: “los pocos” (la aristocracia, típicamente más rica, poderosa y culta) y “los muchos” (el pueblo, típicamente más pobre y menos poderoso y educado). El medio principal para lograr esa conciliación era una “constitución mixta”, una forma de integración entre ambas clases en procura del bien común de toda la sociedad.

Me detendré en primer lugar en el esquema que Deneen utiliza en el Capítulo 3 del libro para describir la situación política actual. Según Deneen, las tres ideologías políticas principales de nuestra era son el liberalismo clásico, el liberalismo progresista y el marxismo.

“El liberalismo clásico, el liberalismo progresista y el marxismo, que en la era moderna han estado enfrentados entre sí de diversas maneras, comparten, sin embargo, la característica fundamental de promover formas de progreso transformador. Ellos no difieren sobre el objetivo de la política, sino sobre los medios, lo que inevitablemente ha implicado tomar partido entre ‘los muchos’ y ‘los pocos’. El orden liberal parte de una preferencia por los ‘pocos’ contra los ‘muchos’, ya que sostiene que ‘los muchos’ constituirán el mayor obstáculo para el progreso económico o el progreso social (según las visiones del liberalismo clásico y el liberalismo progresista, respectivamente). Así pues, el ascenso de la ‘élite del poder’ no es un defecto accidental del auge del orden liberal, sino su característica inevitable. Si bien el marxismo surgió como rechazo de la preferencia liberal por el gobierno de la ‘élite’, conservó el compromiso del liberalismo con el progreso transformador —en verdad, revolucionario—, que, según creía, era impulsado principalmente por el pueblo contra la élite. Estas tres versiones del progresismo moderno fomentaron la división de la sociedad —los muchos contra los pocos, las élites contra el pueblo— que la tradición clásica había buscado reconciliar” (pp. 69-70).

Deneen utiliza el siguiente cuadro para describir las tres ideologías políticas modernas y un sistema de pensamiento político enraizado en la visión clásica (premoderna). 

 

El pueblo como revolucionario

El pueblo como conservador

Favorece a la élite (liberal)

Liberalismo clásico (John Locke)

Liberalismo progresista (John Stuart Mill)

Favorece al pueblo (no liberal)

Marxismo (Karl Marx)

Conservadorismo (Burke, Disraeli)

“La primera categoría es el ‘liberalismo clásico’, que se distingue como una filosofía liberal que teme a ‘los muchos’ como una fuerza potencialmente desestabilizadora y ‘revolucionaria’, y por ende busca idear maneras de asegurar el ascenso de una élite política y económica” (p. 74).

El objetivo principal del liberalismo clásico es el progreso económico.

“Por una casualidad histórica, los ‘liberales clásicos’ afirmaron ser (y fueron descritos sistemáticamente como) ‘conservadores’, pero (…) lo que los liberales clásicos esperan ‘conservar’ es una doctrina revolucionaria que apunta a la transformación constante de todos los aspectos de la organización social humana” (p. 75).

“La segunda categoría de ‘liberalismo’ comparte con su antecesora la aceptación de un proyecto progresista promovido por ‘élites’ pero difiere de ella en cuanto busca la transformación moral de la humanidad. Por lo tanto, el liberalismo progresista considera al ‘pueblo’ como una fuerza conservadora en vez de revolucionaria, que necesita ser guiada e incluso dominada políticamente —a menudo contra su voluntad— por una élite revolucionaria, más visionaria, aunque menor. (…) El padre intelectual del liberalismo progresista fue John Stuart Mill, una figura a menudo considerada erróneamente como un ‘liberal clásico’.” (p. 79).

Mill consideró que las libertades políticas alcanzadas por el liberalismo clásico eran insuficientes para contrarrestar la mayor amenaza a la libertad individual planteada por el pueblo: el despotismo de las costumbres arraigadas en las visiones conservadoras y tradicionalistas de la mayoría. El objetivo principal del liberalismo progresista, el progreso moral, sería alcanzado solo por una sociedad guiada por una pequeña minoría de no conformistas creativos (cf. pp. 79-80).

“Marx y el marxismo criticaron el supuesto progreso del capitalismo, pero en nombre de un progreso mejor: el comunismo. A diferencia del liberalismo, que buscaba proteger a una élite del pueblo, Marx creyó que la incipiente naturaleza ‘revolucionaria’ del pueblo se convertiría en la fuerza progresista de la historia, que conduciría finalmente a la dictadura del proletariado y, por último, al ‘fin de la historia’.” (p. 84).

“La última categoría marca una ruptura con las tres anteriores: es la única categoría no progresista, en la que se espera que la élite trabaje a favor de las preferencias conservadoras de los muchos. Por ello, el ‘conservadorismo’ representa la articulación moderna del antiguo ideal de la ‘constitución mixta’.” (CONTINUARÁ).


Te invito a descargar, leer y difundir mi último libro: Cinco problemas globales: Una mirada a contracorriente

Todavía no hay comentarios

Dejar un comentario



No se aceptan los comentarios ajenos al tema, sin sentido, repetidos o que contengan publicidad o spam. Tampoco comentarios insultantes, blasfemos o que inciten a la violencia, discriminación o a cualesquiera otros actos contrarios a la legislación española, así como aquéllos que contengan ataques o insultos a los otros comentaristas, a los bloggers o al Director.

Los comentarios no reflejan la opinión de InfoCatólica, sino la de los comentaristas. InfoCatólica se reserva el derecho a eliminar los comentarios que considere que no se ajusten a estas normas.