La vida de una monja muy particular: Sor Patrocinio
Conversando con Javier Paredes
InfoCatólica / Que no te la cuenten / Categoría: Personas y personajes
7.12.23
Conversando con Javier Paredes
31.07.23
In memoriam, a 50 años de su partida a la casa del Padre
P. Javier Olivera Ravasi, SE
Artículo original aparecido en la Revista Diálogo 63 (2011), 19-32.
“Un lejano día de marzo de 1933, apareció en Versailles, un joven sacerdote con su negra valija en mano, caminando por la calle de tierra de este alejado barrio del oeste, preguntando a los vecinos por la calle Marcos Sastre y Bruselas. Alguien lo acompañó hasta allí, pero no hay nadie, todo está cerrado. Ροr fin, un feligrés se acerca, abre la puerta de una muy pequeña piecita, le muestra la humilde capilla vacía y le dice: ¡esto es todo! (…). Agranda la capilla que ya es demasiado pequeña para la cantidad de gente que viene a la Santa Misa, atraída por su convincente palabra. Construye el primer salón para reuniones, conferencias, enseñanza del catecismo de la doctrina cristiana a los chicos y cine festivo los domingos, que costará 5 centavos y será gratis para los que tengan al día la planilla de asistencia a los oficios religiosos”[1].
Julio Ramón Meinvielle[2] nació en Buenos Aires el 31 de agosto de 1905; poco sabemos hasta ahora de su infancia (su biografía está recién por escribirse). Terminados los estudios secundarios, suponemos, ingresó en el Seminario Pontificio de Villa Devoto, donde – luego de doctorarse en Filosofía y Teología – se ordenó sacerdote el 20 de diciembre de 1930[3].
Era una época de gloria la del seminario, por aquellos tiempos se formaba tanto Meinvielle como “Castellani, Derisi, Sepich, Lavagnino, Garay y tantos otros”[4]. Sabemos por testimonios y relatos que se han transmitido, que, durante las clases del Seminario, Julio Meinvielle estudiaba ya las materias del año siguiente, estando, así, un año adelantado.
11.06.22
En el espacio de apenas tres semanas han partido de este mundo los conocidos biblistas sudamericanos, el uruguayo Mons. Miguel Antonio Barriola, (27/5/1934–14/5/2022) y el argentino, Mons. Luis H. Rivas (4/8/1933–9/6/2022).
Del primero de ellos se hizo eco, rápida pero muy escuetamente, la arquidiócesis de La Plata, en cuyo seminario fue profesor durante años y, con más holgura, el portal Infocatolica.
Mons. Barriola nació en 1934 en Montevideo y, luego de su ordenación sacerdotal, se licenció en Teología Dogmática por la Pontificia Universidad Gregoriana de Roma en 1960 y en Ciencias Bíblicas por el Pontificio Instituto Bíblico de Roma en 1962, recibiendo, en 1975, el Doctorado en Ciencias Bíblicas. Fue miembro fundador del Instituto Teológico del Uruguay (1963) y perito enviado por el episcopado uruguayo a la III Conferencia del Episcopado Latinoamericano (CELAM) en Puebla (1979).
Fue un “pastor con olor a oveja”, como algunos dicen hoy pues, lejos de permanecer en un cómodo escritorio rodeado de pergaminos egipcios, ejerció como párroco durante años impartiendo catequesis, confeccionando sacramentos y dedicándose a la cura de almas.
9.01.21
La beata Ana Catalina de Emmerick (1774-1824) es de esas personas que Dios, cada tanto, se empeña enviar al mundo para confundir a los “sabios". Mística alemana, profundamente sufrida y analfabeta, sus escritos -dictados al converso Clemente Brentano- nunca han sido aprobados por la Iglesia por desconocerse qué pueda ser de ella y qué de su secretario. Sin embargo, esas revelaciones privadas más de una vez han dado en el clavo (como cuando gracias a ellas unos arqueólogos descubrieron la casa de la Virgen María en Éfeso, por citar sólo un ejemplo).
Sus escritos, de una enorme calidez, inspiran no sólo curiosidad, sino también devoción.
Pues hoy queríamos compartir algo que hemos leído y visto: se trata de uno de los íconos atribuidos a San Lucas, el médico y evangelista de la infancia del Señor que, según una antiquísima tradición se encuentra en la Basílica de Santa María la Mayor, en Roma.
El texto de la la beata dice así:
"He visto a Lucas pintar varios cuadros de la Virgen , algunos de modo milagroso. Un busto de María lo halló pintado y concluido, por haberlo pedido así, después que inútilmente había intentado hacer el trabajo. Lo halló terminado mientras estaba en éxtasis. , sobre un altar en la capilla del Pesebre, a la derecha del altar mayor. No es, sin embargo, el original, sino una copia del mismo. El original esta aún en una pared, que se ha convertido en una columna, cuando se ocultaron allí, en un gran peligro, muchos objetos sagrados. Allí veo también huesos de santos y escritos de mucha antigüedad. La iglesia tiene siete columnas. Esta encerrado en el medio, a la derecha, de modo que el sacerdote, cuando dice Dominus vobiscum, en el altar del cuadro de la Virgen, con su mano señala esa columna".
Que Roma haya sido saqueada varias veces y se hayan escondido reliquias, nadie lo niega. Lo llamativo de todo es saber cómo la beata pudo ver con tanta claridad todo esto y a la distancia, si es que todo es cierto, claro.

Capilla Borghese, con el ícono atribuido a San Lucas

Capilla Borghese, vista desde el altar hacia la basílica
Sólo queda comprobarlo y, gracias a ciertos indicios, que alguien que se dedique a la arqueología cristiana lo analice. Pero mientras tanto, si alguien tuviese la gracia de ir alguna vez por Roma, pase por esa basílica (puede visitarse online aquí) y, luego de rezar frente a los restos del pesebre, debajo del altar mayor, contemple el ícono atribuido a San Lucas y, la darse vuelta (como cuando el sacerdote dice su “Dominus vobiscum"), mire la cuarta columna de la derecha.

Capilla Borghese, vista desde la nave central de la Basílica
Y, acercándose a ella, vea el siguiente recuadro que, al menos, da que hablar:
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Cuarta columna de la derecha
¿Estará allí un ícono de la Virgen, como tantas otras cosas que aún no se han descubierto en la “Roma eterna"? Pues, quién sabe. Lo cierto, es que muchas cosas han quedado ocultas que aún no han salido a la luz.
Que no te la cuenten…
P. Javier Olivera Ravasi, SE
27.07.20
Hay ciertos personajes que, el mundo moderno, se empecina en olvidar; es el caso de Don Antonio de Oliveira Salazar, uno de los grandes príncipes cristianos del siglo XX, presidente y primer ministro de Portugal.
A cincuenta años de su fallecimiento, resucitamos aquí -con la corrección de su autor- este artículo de Don Enrique Díaz Araujo para,
Que no te la cuenten…
P. Javier Olivera Ravasi, SE
Al cabo de una década de la desaparición del mayor estadista contemporáneo puede intentarse un balance histórico de su personalidad y de su obra de gobierno. Esto es lo que, anticipadamente y con singular éxito, ha logrado el ensayista francés Jacques Ploncard d’Assac con su excelente biografía traducida por Carlos Abascal para la editorial “Tradición” de México. Reseñarla, aunque sea someramente, es un ejercicio de recapitulación de todas las principales cuestiones que afectan a la vida política moderna ante el paradigma y la encarnadura de un hombre de Estado ejemplar.
El P. Javier Olivera Ravasi, fundador y director del sitio web quenotelacuenten.org, se graduó como abogado en la Facultad de Derecho de la Universidad de Buenos Aires (UBA). En el año 2002 ingresó al seminario y tras concluir el bienio de estudios filosóficos fue enviado a Europa donde se doctoró en Filosofía por la Pontificia Universidad Lateranense de Roma (2007) para recibir, un año después, la ordenación sacerdotal. Se doctoró en Historia (UnCuyo) y es además, Profesor Universitario en Ciencias Jurídicas y Sociales.
Es Miembro de Número del cuerpo académico del Instituto de Investigaciones históricas Juan Manuel de Rosas y cofundador, junto al padre Federico Highton, de la Orden San Elías, una sociedad de vida apostólica en formación que tiene por fin la misión «ad gentes» y el apostolado de la contra-revolución cultural.
Puedes ponerte en contacto con él en [email protected] o en su página de facebook.

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