La comunión: ¿en la mano o en la boca?

Hace dos meses y medio, cuando tomé posesión de la parroquia, el 90% de los fieles comulgaba en la mano. Literal.

Desde el primer día, dije que usaría el comulgatorio (hermoso, de mármol), aún si no pudiesen arrodillarse (incluso es más rápido dar la comunión así). Saqué los ministros extraordinarios también y les expliqué que podrían ayudar con los presos y los enfermos, si lo deseaban. Entendieron (nunca les habían leído los documentos de la Iglesia, por cierto).

Hoy, dos meses y medio después y sin siquiera predicar sobre la comunión en la mano, 90 % ya comulga en la boca. Para terminar la catequesis, ayer prediqué este sermón: al momento de la comunión, el 99% de ellos comulgó en la boca.

La gente, cuando no está ideologizada y se le explica con humildad, entiende.

Sermón para el domingo 20 de Septiembre de 2026

La comunión: ¿en la mano o en la boca?

El domingo pasado recordábamos en nuestra homilía dominical la necesidad de reforzar nuestro Catecismo sobre la presencia real de Jesucristo en la Eucaristía. Hoy, siguiendo con el tema, queríamos culminar con ello hablando sobre la manera de recibir al Señor.

Pocos temas litúrgicos han generado tantas discusiones en las últimas décadas como el modo de recibir la Sagrada Comunión. Para comprenderlo correctamente es necesario apartarse de posiciones ideológicas y mirar qué ocurrió históricamente y qué ha enseñado la Iglesia.

En 1969, el Papa San Pablo VI publicó la instrucción Memoriale Domini. El contexto histórico no era un detalle menor: en diversos países (especialmente de tradición protestante), se había comenzado a introducir la comunión en la mano sin autorización (por entonces estaba prohibida). Al mismo tiempo, se difundían errores acerca de la presencia real de Cristo en la Eucaristía: que era un “símbolo”, que era “una representación”, etc.

Ante esta situación, Roma consultó a los obispos del mundo. La mayoría se manifestó favorable a conservar la disciplina tradicional (es decir, en la boca). Pablo VI reafirmó entonces la comunión en la boca y advirtió que la nueva práctica podía traer consigo una menor reverencia hacia el Santísimo Sacramento, el peligro de profanación y una adulteración de la recta doctrina. Sin embargo, allí donde la práctica de recibir en la mano ya se hubiese arraigado, permitió que las Conferencias Episcopales solicitaran un indulto (un perdón).

La excepción, por tanto, nació como respuesta a una situación ya existente de personas que, en países de tradición protestante, estaban recibiendo la comunión contra lo que mandaban las normas de la Iglesia.

“¿Pero los primeros cristianos no comulgaban en la mano?”

Hay testimonios de que, en los primeros siglos de la Iglesia, los cristianos comulgaban en la mano, pero utilizar este dato aisladamente puede resultar engañoso.

San Basilio (S. IV) menciona expresamente la posibilidad de comulgar con la propia mano durante las persecuciones, cuando no había sacerdote o diácono. San Cirilo de Jerusalén, del mismo siglo, describe que algunos lo recibían formando con sus manos un “trono” para recibir al Rey y teniendo un cuidado extremo para que no se perdiese siquiera una migaja. Y varios Padres de la Iglesia como Tertuliano, San Hipólito, San Efrén y Orígenes testimoniaban ya cierta preocupación acerca de la posibilidad de la profanación de las partículas eucarísticas al comulgar de esa manera.

Por tanto, aun cuando existiera la comunión en la mano, no debe imaginarse simplemente como equivalente a la práctica moderna. Lo verdaderamente característico de aquellos cristianos era la enorme veneración con que trataban la Eucaristía.

Sea como fuere, la antigüedad de una práctica no demuestra por sí misma su superioridad (si usamos como criterio que “los antiguos cristianos lo hacían”, todas las mujeres deberían ir cubiertas a misa, ninguna podría leer la lectura y deberían estar sentadas separadamente de los varones…, por ejemplo). Ya Pío XII advertía en la encíclica Mediator Dei que un uso antiguo, por el mero hecho de ser antiguo, no debe considerarse necesariamente mejor.

Con el correr de los siglos, la conciencia y el respeto por la Eucaristía hizo que la misma disciplina fuera cambiando. Así entonces, ya encontramos disposiciones cada vez más precisas para fines del siglo VI.

¿Por qué se produjo este desarrollo?

El propio Pablo VI da la respuesta: a medida que la Iglesia profundizó en el misterio eucarístico, en la presencia de Cristo y en la reverencia debida al Sacramento, se introdujo la costumbre de que el ministro colocase directamente la Hostia consagrada sobre la lengua del comulgante.

Tres elementos aparecen entonces íntimamente relacionados: una comprensión más profunda del misterio eucarístico, una mayor reverencia hacia el Santísimo Sacramento y una actitud de humildad al recibirlo.

¿Cuál es entonces la mejor manera?

Recibir la Comunión en la mano, donde está legítimamente permitido, no constituye per se un sacrilegio, claro. Tampoco puede juzgarse automáticamente la piedad interior de quien comulga de una manera u otra. Pero esto no significa que ambos modos deban considerarse pastoralmente idénticos.

La instrucción Memoriale Domini de san Pablo VI señala expresamente las ventajas de la disciplina tradicional de recibir la Comunión en la lengua a decir que, con la comunión en la boca: “se asegura más eficazmente que la sagrada Comunión sea distribuida con la reverencia, decoro y dignidad debidos; que se aleje todo peligro de profanación de las especies eucarísticas […] y, finalmente, que se conserve diligentemente el cuidado que la Iglesia siempre ha recomendado respecto de los mismos fragmentos del pan consagrado”.

No se trata, pues, de convertir el modo de comulgar en una bandera ideológica ni de afirmar que quien recibe en la boca sea necesariamente más santo que quien recibe en la mano. Se trata de preguntarnos qué signos externos expresan mejor aquello que verdaderamente creemos.

Si la Hostia consagrada es realmente el Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad de Nuestro Señor Jesucristo, nuestra actitud corporal debería manifestar esa fe. La historia de la Iglesia muestra precisamente un progresivo crecimiento de los signos de adoración, humildad y reverencia ante el misterio eucarístico.

Por eso, más allá de polémicas y sensibilidades personales, quizás la pregunta fundamental sea mucho más sencilla: ¿cómo podemos recibir a Nuestro Señor con la mayor reverencia posible?

Bendito y alabado sea el Santísimo Sacramento del Altar. Sea por siempre bendito y alabado.

P. Javier Olivera Ravasi, SE

29 comentarios

  
Luis j
Se supone que los ministros extraordinarios para la Comunión, como a los enfermos y presos, están permitidos cuando el sacerdote no puede. No entiendo que un sacerdote tradicionalista actúe así. Pruebe a hacer menos videos y llevar personalmente la Comunión a enfermos y presos. Quizá el Señor se lo agradecería.
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Lo hago también, pero cuando se tienen dos parroquias y dos colegios no se puede hacer demasiado.
Dios nos juzgue por lo que podemos hacer con nuestras limitaciones.
Con mi bendición
PJOR
20/09/26 7:43 PM
  
Marcelo Fernando Gerstner
En estado de Gracia. Ante todo y por sobre todo. Para evitar recibir la propia condenacion. En cuanto a lo demas, de acuerdo con lo que dice Ud. Padre Javier!
20/09/26 8:36 PM
  
Lumago
El padre Javier hace vídeos, es verdad. Y dudo mucho que sea precisamente porque le sobre el tiempo. Yo, por ejemplo, no puedo acudir a su parroquia ni escuchar sus homilías en directo: vivo a unos 10.000 kilómetros de él. Sin embargo, gracias a esos vídeos, puedo escucharlo desde mi casa, cuando tengo ocasión. Y, como yo, pueden hacerlo miles de personas repartidas por todo el mundo. A través de ellos desarrolla una extraordinaria labor pastoral, evangelizadora, catequética y apologética. Porque evangelizar no consiste únicamente en esperar a que la gente entre en una iglesia; también exige salir a su encuentro allí donde está. San Pablo fue al Areópago de Atenas. Hoy, buena parte de nuestro Areópago son también las redes sociales, YouTube y esas nuevas «plazas digitales» donde millones de personas pasan tantas horas de su vida. Si allí están las almas, allí tiene también sentido que esté un sacerdote anunciando a Cristo. Gracias, padre Javier Olivera, por entenderlo así; por dedicar tiempo, esfuerzo e inteligencia a llevar el Evangelio mucho más allá de los muros de su parroquia. Quizá nunca llegue a conocer personalmente a muchas de las personas a las que sus palabras han ayudado, enseñado, consolado o acercado un poco más a Dios. Pero precisamente ahí está la grandeza de esa labor: sembrar sin saber siquiera hasta dónde llegará la semilla.
20/09/26 8:42 PM
  
Lector
He comulgado y comulgaré en la boca lo que me quede de vida. Hace dos años un jesuita intentó avergonzarme en Santo Domingo de Murcia, y encajé sumiso el ridículo hasta que me puso al Señor en la lengua. Ahora los jesuitas acaban de abandonar Murcia arrasados por falta de vocaciones, pero yo sigo comulgando en la boca. Y si hay reclinatorio, me arrodillo también, como ordena San Pablo. Si algún eclesiástico me negase el derecho, me daría la vuelta sin rechistar, pero de mí nadie va a obtener rebajas a la gloria debida a Dios.
20/09/26 8:51 PM
  
Fran Meseguer
Con todo mi respeto a todo el mundo, si en 1969 un Papa publicó una instrucción regulando la manera de recibir la Eucaristía, ¿tanto sería pedir que algún día de algún mes de algún año, otro Papa publicase una nueva instrucción haciendo lo mismo, de manera que la única manera de recibir al Hijo de Dios fuera la que ha sido siempre, de rodillas y con devoción? ¿tan difícil es eso? ¿hasta cuando tendremos que oír al Papa hablando de sinodalidad, ecología, pachamamas, ecumenismo y demás temas que no importan a nadie? Paciencia, al final vendrá un Papa que tenga Fe católica, aunque nosotros ya no podamos verlo!
21/09/26 12:43 PM
  
Juan
¿Cómo se puede comulgar en la boca en una comunidad neocatecumenal?
21/09/26 1:40 PM
  
Lector
Supongo que cuando entiendan el sinsentido de plantarse de pie durante la Consagración y arrodillarse luego ante la tumba de Carmen Hernández. O sea, nunca.
21/09/26 3:14 PM
  
maru
Está muy claro P. Javier para los que quieren entender. Por mi parte, siempre comulgo en la boca.
22/09/26 12:25 PM
  
serafina
lector

Y si hay reclinatorio, me arrodillo también, como ordena San Pablo.

e mí nadie va a obtener rebajas a la gloria debida a Dios.

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No se preocupe, que para hacer el ridículo no necesita la ayuda de nadie; se basta y se sobra usted solo. Es fascinante cómo un simple mueble le hace rebajar sus principios: resulta que su fe y su devoción no dependen de Dios, sino del tapicero.

Deje de inventarse citas e inventar escrituras; mentir con tanta soltura en nombre de los santos no le hace parecer más piadoso, solo más ignorante.

"si hay reclinatorio, me arrodillo también, como ordena San Pablo"


Cuando eso es mentira.


Póngase de rodillas con y sin reclinatorio en la consagración!
22/09/26 5:25 PM
  
Inacio de teresita
San Ambrosio:
en cuestiones litúrgicas
allá donde fueres haz lo vieres
Nueva herejía:
las formas litúrgicas
Victima:
la unidad
22/09/26 6:24 PM
  
Vladimir
Yo, en particular, no veo motivos de peso para pensar que, en sí misma, una forma de comulgar sea más digna que la otra. A fin de cuentas, lo importante es estar en Gracia.

Es un hecho que, la comunión en la mano, se presta más para irrespetos e incluso sacrilegios; pero, eso se evitaría si los Ministros (ordinarios y extraordinarios) se interesaran más por vigilar y corregir. Pero falta celo al respecto, como el que falta también para negarle la comunión a quien se presenta a recibirla indecorosamente vestido.
22/09/26 11:56 PM
  
patriota
Yo me pregunto por qué los ministros cuando están concelebrando comulgan en la boca de otro ministro. Eso sería predicar con el ejemplo. No me vale el argumento de que son alter Christus, porque aunque aunque representan a Jesús no son Jesús.

Algún cura que me ilustre por favor
23/09/26 2:33 AM
  
patriota
Es decir; en el post se dice:

"Con el correr de los siglos, la conciencia y el respeto por la Eucaristía hizo que la misma disciplina fuera cambiando. Así entonces, ya encontramos disposiciones cada vez más precisas para fines del siglo VI"


Esa conciencia y ese respeto debería verse también en los curas cuando comulgan. No estaría mal que aunque el cura celebre sólo. a la hora de comulgar la reciba en la boca y de rodillas de parte de un ministro extraordinario.

Esto, creo que acabará imponiendose por coherencia, porque no es entendible que un cura diga que es indigno recibir a Cristo de pie y en la mano, pero el cura lo haga asi pudiendo recibirle de otro cura o de un ministro extraordinario en la boca y de rodillas. Poder se pude, pero no quieren regularlo.
23/09/26 2:39 AM
  
patriota
Estimado Padre Javier:

Quería compartir con usted una reflexión que me ronda la cabeza desde hace tiempo, fruto de lo que he podido ver con mis propios ojos y de hablar con varias personas.

Últimamente me he dado cuenta de que hay fieles que sufren de verdad con el tema de los escrúpulos y la falta de higiene, algo que en mayor o menor grado se nota mucho en el momento de la comunión. Tras todo lo que hemos pasado con las pandemias, la gente se ha vuelto mucho más sensible a esto. Pero además, hay personas con un problema psicológico real respecto al asco o a la contaminación, algo que puede condicionar por completo su capacidad para comulgar si el nivel de ansiedad es muy alto.

A veces no es solo una fijación abstracta. Yo mismo, sin ser una persona escrupulosa, he llegado a conocer casos de celebrantes que no cuidaban su aseo o que tenían los dedos amarillos por el tabaco, y reconozco que daba verdadero reparo. Para alguien propenso a los escrúpulos o a las arcadas, el simple hecho de pensar que la mano del sacerdote ha podido rozar la saliva de la persona que comulgó antes en la boca puede ser un obstáculo insuperable. Hay gente a la que esta idea le produce un rechazo físico tan fuerte que, de no ser por la posibilidad de elegir cómo o de qué manera recibir la comunión, terminarían por no comulgar o conformarse con una comunión espiritual.

Por eso creo sinceramente que es providencial y querido por Dios que la Iglesia prevea distintas formas y sensibilidades para recibir el Sacramento. Dios conoce las limitaciones y los sufrimientos de cada uno, y se vale de estas alternativas para que nadie se quede privado de la Gracia y del Cuerpo de Cristo por culpa de un bloqueo físico o psicológico.
23/09/26 2:51 AM
  
patriota
Perdone que sea insistente, padre Ravasi, pero me gustaría centrar mi argumento en un punto muy concreto.

Si en el sacramento de la Reconciliación entendemos que el sacerdote no puede administrarse a sí mismo la absolución —porque quien recibe el sacramento necesita que este le sea dispensado por otro ministro—, me parece que con mayor motivo habría que considerar esta cuestión en la Eucaristía, que es el Santísimo Sacramento.

No pretendo decir que ambos sacramentos sean idénticos ni que exista una prohibición exactamente equivalente. Mi razonamiento es otro: si la estructura sacramental exige que, en la Confesión, el sacerdote se sitúe como penitente ante otro sacerdote que le administra el sacramento, ¿no debería mantenerse, con mayor razón todavía en la Eucaristía, la distinción entre quien dispensa el Sacramento y quien lo recibe?

Cuando el sacerdote celebra la Misa, actúa in persona Christi y ofrece sacramentalmente el Sacrificio. Precisamente por la dignidad extraordinaria de aquello que está celebrando, me cuesta comprender que, al llegar el momento de la Comunión, pueda pasar de ser quien preside y dispensa la Eucaristía a ser simultáneamente quien se la administra a sí mismo.

Yo lo expresaría de una manera muy sencilla: el sacerdote puede celebrar la Eucaristía, pero, al igual que cualquier otro fiel que va a comulgar, debería recibirla de manos de otro ministro. De ese modo queda visiblemente preservada la distinción entre el ministro que dispensa el Sacramento y el fiel que lo recibe.

Y precisamente por tratarse del Sacramento de la Eucaristía, que contiene real y verdaderamente a Cristo, me parece que la lógica debería ser incluso más fuerte que en la Confesión: cuanto más sublime es el Sacramento, más significativo resulta que quien lo preside no aparezca también como quien se lo administra a sí mismo, sino como quien, llegado el momento de recibirlo, lo recibe de otro.

Por eso mi pregunta de fondo al padre Ravasi sería esta: si admitimos como principio que en la Confesión el sacerdote no puede ser simultáneamente ministro y penitente de sí mismo, ¿qué razón teológica permite que en la Eucaristía sí pueda ser simultáneamente quien la celebra y quien se administra personalmente la Sagrada Comunión?
23/09/26 4:24 AM
  
Lector
Vuelve el de los mil nicks con sus posts interminables y llenos de furia.


----"Cuando eso es mentira"


"Por esto Dios le exaltó hasta lo sumo y le dio un nombre sobre todo nombre, para que en el nombre de Jesús se doble toda rodilla de los que están en los cielos, y en la tierra, y debajo de la tierra; y toda lengua confiese que Jesucristo es el Señor, para gloria de Dios Padre".
(Pablo de Tarso)


------"Póngase de rodillas con y sin reclinatorio en la consagración!"


No he dejado de hacerlo, con y sin reclinatorio, ni un solo día de mi vida.
23/09/26 5:34 AM
  
sofía
Me arrodillo en la consagración o hago una profunda inclinación - como está mandado y como me parece adecuado y necesario en ese momento de adoración.
Y comulgo de pie y en la mano, con la misma fe y devoción, concentradas en la respuesta de "AMÉN", pero con la conciencia de que es lo más adecuado en ese momento: Dios se nos da como alimento para el camino.
Por mil razones creo que es más adecuado comulgar en la mano y seguiré haciéndolo. Sacar la lengua no me parece que sea ni más respetuoso ni más devoto, ni más conveniente.
No juzguen a los demás por las apariencias y desde sus convenciones. Y no pretendan imponerlas.
Por supuesto quien quiera que comulgue en la boca. Lo importante es que se haga con las debidas disposiciones y de modo respetuoso siguiendo las indicaciones precisas, se comulgue en la lengua o en la mano.
Paz y bien
23/09/26 9:57 AM
  
romano
–Finalmente, no ideologicemos trágicamente el modo exterior de la comunión eucarística. Nunca olvidemos que precisamente la Eucaristía es el sacramento que expresa y causa la unidad de los cristianos… Lamentablemente, sobre los dos modos exteriores de la comunión se oyen a veces afirmaciones de uno y otro lado muy excesivas, muy idóneas para crear divisiones internas en la Iglesia. Pero la devoción eucarística del comulgante está integrada principalmente por sus disposiciones interiores de fe, de esperanza y de amor, como hemos de considerar en el próximo artículo.


FUENTE (del Padre Iraburi; un post sobre la forma de comulgar)

https://www.infocatolica.com/blog/reforma.php/1408200106-280-liturgia-16-eucaristia-11


Lector, usted es lefebvrista, debería irse a un foro de debate cismático, alli se encontrara en su salsa
23/09/26 12:47 PM
  
romano
En el primer Ordo Romanus los fieles se quedaban en su sitio y el clero les llevaba la comunión. En otra regiones, ya en siglo IV, los fieles se acercaban a comulgar al mismo altar (Sínodo de Tours 567). En tiempos de San Agustín, en el norte de África, los fieles se acercaban a la barandilla que limitaba el presbiterio. Como era alta, recibían de pie el Santísimo. A partir del siglo XIII se generaliza la costumbre de extender un paño ante los comulgantes, sostenido por acólitos. Por entonces se inicia la costumbre de poner el paño en un banco fijo, el comulgatorio, o se acostumbra el comulgatorio en forma de barandilla, más baja que las antiguas, para comulgar de rodillas. Esta piadosa costumbre de recibir la comunión de rodillas se generalizó en Occidente entre los siglos XI y XVI. Pero en Roma esta costumbre se consideraba ya tradicional en el siglo XII. En una forma ritual o en otra, San Agustín enseña que nadie debe acercarse a la comunión nisi prius adoraverit, sin un gesto anterior de adoración.


Fuente

https://www.infocatolica.com/blog/reforma.php/1408200106-280-liturgia-16-eucaristia-11
23/09/26 12:49 PM
  
Carlos Bockor
Imagino que los que reciben la comunión en las manos al menos se las perfuman antes de recibirla? Pido demasiado, ni saben lo que reciben.
24/09/26 6:03 PM
  
H. R. Pacios
1º "...que será entregado por vosotros..." ¿Me la entrega el ministro conforme a lo que el Señor mismo le manda o me la entrego yo a mí mismo porque "yo lo valgo"?

2º "Porque ha mirado la humillación de su Esclava..." afirma Nuestra Señora en el Magníficat. ¿Cómo recibió la Santísima Virgen María al Señor, cómo fue concebida por obra del Espíritu Santo en el día de la Anunciación?¿Con qué gesto pronunció el Fiat corredentor?¿Lo recibió de pie y altanera como una reina o de rodillas como una sierva en señal de adoración humillada ante el Altísimo?¿Y cómo hemos nosotros de recibir al Señor?¿Tal vez sin humillarnos y sin arrodillarnos ante Él, pues no va con nosotros eso de "toda rodilla se doble en Cielo, tierra y abismos"?

3º "El que me reciba humillado como uno de estos niños es el mayor entre vosotros". ¿No recibir al Señor como si fuéramos niños?

4º En la mano se recibe el cambio en una compra, las monedas, o se recibe cualquier otro objeto que nos entregan. ¿Se recibe también así el Cuerpo, la Sangre, el Alma y la Divinidad del Sacratísimo Corazón de Jesús en la comunión eucarística?¿Son las manos de un fiel no consagrado dignas de recibir el Pan de Vida?

5º Algunos dicen que el contacto "contagia" virus y enfermedades (no así santa Bernardette de Soubidou en Lourdes, donde bebió agua bendita de un charco lleno de barro ante la mismísima Virgen María Santísima y miles de testigos que se burlaron de ella), por eso prohibieron la comunión en la boca en incontables templos de España el pasado 2020, como consecuencia de la peste procedente del infierno ateo rojo chino. ¿Contagia el Cuerpo, la Sangre, el Alma y la Divinidad, presentes real y verdaderamente en el Santísimo Sacramento Sacrificial de la Eucaristía?¿La comunión con el Cuerpo, la Sangre, el Alma y la Divinidad de Jesucristo Nuestro Señor, Dios y Hombre verdadero, produce "contagios" de virus, pandemias y enfermedades si se hace en la boca?¿Es necesario que los ministros celebrantes se froten las manos con gel desinfectante a cada comunión de los que comulgan en la boca y que anime a éstos a comulgar los últimos, aún cuando otros que comulgan en la mano se les cuelen detrás?¿Estamos seguros de nuestra fe o hay que replanteárnosla?
24/09/26 6:58 PM
  
Carla
Un gusto leer esto. Gracias.
Padre, aún hoy me apena tanto que no lo hayan valorado aquí, en nuestro País. Dios lo bendiga mucho y consuele en este exilio en el que está.

Por otro lado, al comentario de Luis J. sobre que no haga tantos videos... ¿En qué está pensando? ¿Qué haríamos si sacerdotes como el Padre Javier Olivera no estuviera hiciera esos videos? ¿Sabe lo mal que están alguna diócesis o capillas, Parroquias, y cómo dejaría a muchas ovejas? ¡Casi como a ovejas sin Pastor! No sabe las cosas tristes, que escandalizan, que tenemos que ver y escuchar en Misa, en la homilías. Por supuesto que tiene que atender a sus ovejas locales (ya no pública tanto como antes, si se fijó), pero también hay ovejas virtuales a la distancia, que lo necesitamos mucho.

Bendiciones.
24/09/26 9:15 PM
  
Carlos Cuesta
"En el primer Ordo Romanus los fieles se quedaban en su sitio y el clero les llevaba la comunión."

Por otro lado, hasta el siglo VIII se comulgaba en la mano .

Al final va a resultar que los neocatecumenales son los más tradicionalistas.
24/09/26 9:54 PM
  
Carmen L
Sr. Cuesta, si ha escuchado el video ¿Lo hizo? sabría que tras admitirse la religión cristiana como válida en el imperio, ya hay noticia de administración de la comunión en la boca, según me parece recordar de lo escuchado, tan pronto como el 330, y que la comunión en la mano es para tiempos de persecución y con todas las salvaguardas posibles, para con las partículas y además toda la reverencia y respeto de parte de los fieles, desafortunadamente, he ido a la misas catecumenales y las personas reciben el cuerpo de Cristo, se sientan, cruzan las piernas y se ponen a conversar con el del costado. Es más me parece recordar que en tiempos de Benedicto XVI, les mandaron recibir la comunión de pie, y permanecer en esa posición hasta que todos la hubieran recibido, no sé si ha sido derogada esa disposición o si la cumplen al presente. En esos grupos que usted califica de tradicionalistas, falta mucha formación y los integrantes no se forman a si mismos, sino que dependen de lo que les digan sus catequistas laicos, que muchas veces están poco formados también.
27/09/26 12:58 AM
  
Maria
Reverendo Padre Ravasi:

Me permito escribirle porque sé que aprecia especialmente la investigación rigurosa, la crítica de las fuentes y la necesidad de distinguir entre lo que realmente está documentado y lo que se convierte en una cita por mera repetición.

Creo que hay un caso que merecería una investigación suya, quizá incluso un vídeo y una publicación: la conocida frase atribuida a santa Teresa de Calcuta según la cual «la Comunión en la mano es el mayor mal de nuestro tiempo».

La frase se difunde constantemente como si fuera una afirmación históricamente indiscutible de Madre Teresa. Sin embargo, cuando se examinan las fuentes aparecen razones importantes para cuestionar esa presentación:

El P. George Rutler, que trató personalmente con Madre Teresa, explicó que ella se refería a la irreverencia con que algunas personas recibían la Eucaristía, no a la modalidad concreta de recibirla en la mano o en la lengua.
El propio Mother Teresa Center incluye entre las falsas atribuciones a Madre Teresa la frase «The thing that makes me saddest is watching people receive Communion in the hand».
La formulación que circula actualmente no es estable. Se mezclan distintas versiones: «lo que más me entristece», «el peor mal que he visto» y «el mayor mal de nuestro tiempo», como si fueran una única cita perfectamente documentada.
No existe, hasta donde consta, un escrito, carta, discurso o grabación de Madre Teresa en el que aparezca esa famosa formulación como una condena explícita de la Comunión en la mano.
El propio P. Rutler afirmó que Madre Teresa quiso que se corrigiera la interpretación según la cual ella estaba condenando específicamente la Comunión en la mano. Este punto resulta especialmente significativo porque no procede de un comentarista distante, sino de alguien que afirmó haber hablado personalmente con ella.
La distinción entre «recibir la Eucaristía irreverentemente» y «recibirla en la mano» es fundamental. Convertir la primera afirmación en la segunda supone introducir una conclusión que no es necesariamente equivalente.
Además, existe ahora el testimonio del P. John Perricone, quien afirma que Madre Teresa sí le respondió personalmente «Communion in the hand» cuando él le preguntó cuál era el peor mal que había encontrado. Precisamente por existir este testimonio, la cuestión merece una investigación seria y no una simple descalificación.
Pero ese testimonio, aparecido muchas décadas después del supuesto encuentro, es un testimonio oral retrospectivo y entra en contradicción con el testimonio y la posterior explicación del P. Rutler. Por ello no debería presentarse en redes como si existiera una prueba documental incontrovertible.
La atribución ha adquirido además una enorme fuerza como argumento de autoridad dentro de la polémica sobre la Comunión en la mano. Eso hace todavía más necesario comprobar exactamente qué dijo Madre Teresa y qué parte procede de interpretaciones posteriores.
Finalmente, el problema no es defender a priori la Comunión en la mano ni atacar la Comunión en la lengua. El problema es mucho más sencillo: determinar qué dijo realmente santa Teresa de Calcuta. Si una frase se atribuye a una santa para respaldar una determinada posición litúrgica, la primera obligación debería ser comprobar rigurosamente la fuente.

Por eso me atrevo a animarle a investigar personalmente este asunto y, si lo considera oportuno, realizar un vídeo y una publicación explicando las fuentes, las distintas versiones y las contradicciones existentes.

Creo que sería una magnífica oportunidad para mostrar algo que usted ha hecho tantas veces: que la búsqueda de la verdad exige acudir a las fuentes y no dejar que una frase, repetida miles de veces, termine adquiriendo autoridad simplemente por haber sido repetida.

Y quizá el resultado más interesante de la investigación no sea demostrar que una versión es «falsa» y otra «verdadera», sino explicar con precisión qué podemos afirmar históricamente, qué permanece incierto y cómo se produjo la transformación de una afirmación sobre la reverencia eucarística en una supuesta condena explícita de la Comunión en la mano.

Con mi agradecimiento por su labor intelectual y por su atención,

Atentamente,


PD Es algo que en justicia se merece que se desenmascare, por la memoria de la Madre Teresa. Que jamás pudo decir algo asi siendio intima de san Juan PAblo II y tan obediente a la Iglesia y a su atar u desatar
27/09/26 11:23 PM
  
H. R. Pacios
En el Diario de la Divina Misericordia, santa Faustina Kowalska escribe sus experiencias durante la comunión y ante el Sagrario. La Sagrada Hostia vuela a su mano, pero no nos podemos poner a la altura de una santa o de cualquier santo o ministro. El mismo Señor le hace comulgar dos veces porque encuentra doloroso entrar en el corazón de otra persona. Además, ella tiene que llevar en la mano la Sacratísima Hostia al Sagrario pues el mismo Señor le dice que no está contento en ese convento.
Lo que sí dice el Señor es que quiere que comulguemos asiduamente y que acudamos mucho a la adoración eucarística. Que le ofende que no se comulgue siempre que se esté en gracia, claro está. Esto ya lo dicen muchos otros santos. Pero también se queja de la falta de fe de muchas almas consagradas y del mal trato que le dispensan.
29/09/26 6:32 PM
  
H. R. Pacios
Vistos los comentarios a esta importantísima cuestión, que no parece haber suscitado controversia en el pasado desde los Padres de la Iglesia, convendría aclarar lo siguiente:

1º Es absolutamente imprescindible, sin merma de nuestra indignidad, estar en gracia para poder comulgar (esto es, sin pecado mortal del que se tenga conciencia. A poder ser posible también sin pecado venial) santamente.

2º Es absolutamente imprescindible ser consciente de lo que hacemos cuando comulgamos:
a) estamos obedeciendo el mandato de Nuestro Señor Jesucristo "tomad, esto es mi Cuerpo..." y "haced esto en memoria mía". Es el Señor el que nos manda comulgar (no los papas, obispos y curas, no, sino el Señor), comer su Cuerpo Sacratísmo y beber su Sangre Preciosísima para que haya vida en nosotros. La comunión es el Pan de Vida y la Sangre de la Nueva Alianza que el Señor explica en Jn 6 de modo nítido y divino. Sin la comunión no habrá vida eterna ya sea todo lo virtuosa que sea la persona en cuestión. Tal cual.
b) También obedecemos al Señor comulgando cuando estamos en gracia tan asiduamente como nos sea posible. El Señor no quiere que perdamos ni una sola oportunidad de unirnos a Él en la Eucaristía. A veces no nos acercamos a comulgar por considerarnos indignos. Pero esto también ofende al Señor si en realidad estamos en gracia. Perfecto sólo es el Señor y no se debe desconfiar si se está en gracia. La comunión santifica el comulgante si es dócil al Espíritu Santo que acompaña a la comunión.
c) La Eucaristía actualiza el sacrificio cruento del Señor en la Cruz. Lo que tenemos delante cuando comulgamos es el Cuerpo Santísimo, la Sangre Preciosísima, el Alma Santísima y la Divinidad eterna de Nuestro Señor Jesucristo, Dios y Hombre verdadero. Aunque vemos una oblea de pan que de chicos llamábamos "pan de ángel", esa oblea contiene todo lo dicho, es del Sacratísimo Corazón de Jesús, que se entregó por nuestra eterna salvación. Es el acto más solemne que todo hombre o mujer puede realizar en esta vida. Nada menos que unirse a Dios mismo, entregarse a Él en cuerpo y alma, cohabitar con Dios, aceptar su Santísima Voluntad sobre la nuestra y someternos a su mandato y a sus designios, por duros que estos sean. Comulgar es negarse a sí mismo, tomar nuestra cruz y seguir a Cristo. Es algo sublime, algo sobrenatural. No es un mero acto "formal". Una vez que hayamos comulgado, tenemos a Dios dentro de nosotros. De ahí la gigantesca responsabilidad que sobre nosotros cae y que sólo podríamos sobrellevar con su gracia. Es vital que el Señor esté alegre cohabitando con nosotros. En ello va nuestra salvación eterna.
04/10/26 1:18 PM
  
H. R. Pacios
3º La Santísima Eucaristía y la Santa Misa, actualización del cruento sacrificio redentor y salvador del Señor, tienen valor infinito, eterno, trascendental, salvífico de almas. Es un torrente de bienes y bondades para los fieles y para el mundo entero. Comulgar dando gloria a Dios es ayudarle a salvar almas, cuanto más devota la comunión, más almas salvadas. ¿Le vamos a regatear al Señor almas por no comulgar santamente?. Son el mayor regalo de Dios a toda la humanidad. Un regalo inaudito por su Infinita Bondad y Misericordia. Ya esto tendría que hacer que comulgásemos llorando como críos de agradecimiento a Dios Nuestro Señor y Padre Nuestro, más que si fuéramos dueños de todas las riquezas de este mundo perecedero.
La Santísima Eucaristía es el sacrificio cruento del Señor, la presencia misma del Señor crucificado entre nosotros, que se hace presente, nada menos, en cada celebración de la santa Misa, para nuestra salvación eterna. Tiene más importancia que todas las obras buenas hechas por los hombres desde Adán hasta el último por venir. Nada hay con tantísimo valor y mérito eterno como la santa Misa y la Santísima Eucaristía. Renegar de la conversión y no aprovechar la misa y la Eucaristía convirtiéndose y arrepintiéndose de los pecados cometidos, es rechazar la salvación eterna, mucho más disparatado que la peor locura. No se puede ser más desgraciado. Este regalo no se puede desaprovechar.
Ha habido, a lo largo de toda la historia, milagros eucarísticos que prueban fehacientemente la presencia del Señor en Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad en la Sagrada Eucaristía (san Carlo Acutis, señalado por el Señor con incorruptibilidad, prueba de la veracidad de su santidad, tuvo la genial docilidad al Espíritu Santo de investigar estos milagros del Señor y darlos a conocer a los más jóvenes de este tiempo. Quiera Dios dar mucho fruto a esta magnífica obra de santidad de este muchacho ya canonizado que parece dormir plácidamente en su lecho hasta que el Señor lo resucite para mostrar a todos la importancia de la Sacratísima Eucaristía). Pero piénsese bien en el infinito valor y regalo que es la Eucaristía: si en lugar de ocultarse en las especies eucarísticas, el Señor tuviese la deferencia de que se nos presentase en el mismo altar durante la consagración de su ministro, ensangrentado como estaba en la Cruz, que es a Quien en realidad tenemos delante aunque no lo vemos así, ¿qué reacción tendríamos?¿No nos echaríamos todos al suelo llorando y dando gloria y alabanza al Señor?¿Sería posible estar en presencia del Señor y seguir con vida?¿Y qué vida tendríamos una vez visto el Señor? Cierto que nosotros sólo vemos las especies (salvo aquellos a los que el Señor da esas mercedes de las que hablan los santos y santas místicos, verdadera bendición para todos nosotros), pero ¿acaso no recordamos lo que el Señor le dijo a su Apóstol santo Tomás una vez éste comprobó su presencia resucitado metiendo la mano en sus santísimas llagas?¿No somos bienaventurados por no ver precisamente?¿O es que ver nos haría mejores? Es muy doloroso pensar que los contemporáneos y testigos de Jesús de Nazaret, Nuestro Señor, todos sin excepción (no digo sus Apóstoles y discípulos, que sí lo hicieron dejándolo incluso todo por Él, para seguirle), no se echasen, como santa María Magdalena, a sus pies a llorar arrepentidos sus pecados, o que cediesen sus fortunas locos de alegría por su conversión como Zaqueo, o que pidiesen al Señor tan solo una palabra para curar a su siervo sin comprometerle ante su pueblo, como el Centurión, o ya al borde de la muerte, en plena agonía, no pidiese tan siquiera al Señor que se acordase de él en su Reino, como Dimas, el ladrón arrepentido ("buen" ladrón). Es doloroso pensar que Jesús no trajese una transformación total en la vida de todos, no sólo de los primeros cristianos, sino de todos sin excepción, una transformación como la que deseamos ardientemente cuando comulgamos, un "auméntanos la fe, Señor", un cambio de vida radical, y todo por la odiosa soberbia y vanidad. ¿Cómo es posible que teniendo a Dios entre ellos, hubiese gente sin convertir?¿Cómo es posible lo de Corozaín, y lo de Betsaida, la tibieza de Cafarnaum, y lo de los fariseos y demás incrédulos que tantos milagros presenciaron y ni aún éstos reblandecieron su obstinado corazón mundano?
Pues al mismo Jesucristo Nuestro Señor que anduvo tres años por Galilea, Judea y Tierra Santa es al mismo que tenemos delante cuando comulgamos, ensangrentado, azotado, escupido, abofeteado, ultrajado, dolido, manso, silencioso, sufriendo lo indescriptible, torturado y abandonado por los suyos, sufriendo por toda la humanidad. ¿Cómo es posible que andemos con tanto miramiento de "contagios", escrúpulos, perjuicios, complejos, amor propio, etc. en presencia del Señor? Vamos, ni cayéndose al suelo la Eucaristía de las manos de su ministro le negamos al sacerdote la comunión con esa misma santísima Hostia levantada del suelo con toda adoración y veneración. Con todo el cariño se le acoge, siempre conscientes de nuestra indignidad aunque estemos en gracia. Y quítese todo el mundo de la cabeza eso de dudar de la "salubridad" de la comunión de una u otra manera. Como se ofenda al Señor en su Santísimo Sacramento, que se atenga el que lo haga a las consecuencias. La Eucaristía es Nuestro Señor cumpliendo la promesa de estar con nosotros hasta el fin del mundo, es Jesús el que está en la Eucaristía, es Él, silenciosos, pero Él, tal cual estaba en la Cruz clavado. Y ante Él palidece el mundo entero. NO hay excusas que valgan. Es Dios mismo el que se hace Carne y Sangre santísima el que recibimos en la comunión. Quien ante esto no se conmueva hasta lo más hondo de su alma, es que todavía no es consciente de lo que supone la Santísima Eucaristía (muchos dejaron a Jesús cuando explicó la Eucaristía, como afirma Juan 6. ¿No ocurre esto con los protestantes?). ¿Realmente sabe lo que está haciendo?¿Estamos discerniendo bien la Sacratísima Eucaristía, el Cuerpo Santísimo y la Sangre Preciosísima del Señor?¿O estamos ofendiendo al Señor incluso en su Carne y Sangre mortal, no ya tanto en los gestos, como en el corazón, que ahí es donde reside nuestra ser de verdad?¿Cómo acogemos al Señor?¿Con qué corazón lo acogemos?¿Lo acogemos como lo acogió su Santísima Madre, que también es Nuestra Señora y Madre? Esta pregunta se la llevan haciendo los santos y santas de todas las épocas durante los últimos veinte siglos. El Señor nos enseñó que del corazón salen las malas intenciones. ¿Qué intención tenemos cuando comulgamos de uno u otro modo?¿Examinamos nuestro corazón ante la Sacratísima Eucaristía? Mírese y medítese bien, por ejemplo, el último libro de Imitación de Cristo de Kempis, otro de esos regalos, otra joya de valor incalculable al servicio de la salvación de las almas. Otra bendición, como todos los santos y santas, nuestros mejores amigos y amigas. Esas santas reflexiones deberíamos tenerlas ya muy presentes todos los católicos.
04/10/26 2:11 PM
  
Farias
Esto, dice el Cardenla Bona y tiene mucho más. Me imagino que Ud. conoce a este Carnal y su extensa obra en Latín del siglo XVII sobre la Misa. . Ipsa quoque sacra communio antiquo ritu non ore excipi solebat, ut hodie fit, sed manu : quam qui susceperat ori reverenter admovebat. Suppetunt hac de re sanctorum Patrum Græcorum & Latinorum innumerabiles auctoritates ; sed ne prolixior sim, modum in iis recensendis servabo. Tertulliano primus locus tribuendus est. Is lib. de Idololatria exclamans adversùs Christianos ab idolis ad ecclesias euntes, ingemit illos eas manus admovere corpori Domini, quæ dæmoniis corpora conferunt, quæ scilicet idola gentibus fabricant. O manus precidenda! Et in fine libri de baptismo agit de prima manuum cum fratribus apertione post lavacrum ; utique ad accipiendam eucharistiam. Clariùs Magistro hunc ritum exprimit Cyprianus epist. 56. ad Thibaranos, Armemus & dexteram gladio spiritali, ut sacrificia funesta fortiter respuat, & eucharistia memor, quæ Domini corpus accipit, ipsum complectitur. Idem lib. de lapsis: Quod non statim Domini corpus inquinatis manibus accipiat, aut ore polluto Domini sanguinem bibat, sacerdotibus sacrilegus irascitur. Et paulò post. Quiddam & ipse maculatus, sacrificio à Sacerdote celebrato, panem cum ceteris ausus est latenter accipere, Sanctum Domini edere & contrectare non potuit, cinerem ferre se apertis manibus invenit. Alia Cypriani testimonia affert Pamelius lib. 1. Liturgicorum. Ambrosius apud Theodoretum lib. 5. hist. eccl. cap. 17. increpans Theodosium post cædem Thessalonicensium, Quomodo, inquit, manus extendentes injustæ cædis sanguine adhuc stillantes ? Quomodo hujusmodi manibus Domini corpus accipies? Augustinus lib. 2. contra litteras Petiliani cap. 23. Illum commemoro, Optatum scilicet Gildonianum Donatistarum episcopum, qui vobiscum vixit, cui pacis osculum inter sacramenta copulabatis, in cujus manibus eucharistiam ponebatis, cui vicissim danti manum porrigebatis. Dionysius Alexandrinus epist. ad Xristum Romanum Pontificem apud Eusebitum [Eusebium] lib. 7. cap. 9. agens de quodam ab hæreticis baptizato, qui reconciliatus Catholicæ Ecclesiæ ejus baptismum postulabat, ait : Ego eum qui ad sacram mesam astiterit, et manus ad suscipiendum sacrum cibum porrexerit, renovare non ausim.
06/10/26 10:07 PM

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