Dos mujeres que viven su lesbianismo de modo público, teniendo relaciones y sin el menor indicio de querer cambiar de vida, no parecieran estar dando “esa esperanza fundada de que el niño va a ser educado en la religión católica"; no porque no tengan Fe, sino porque no parecen estar unidas a Dios por la Caridad ("si me amáis, guardad mis mandamientos", dice el Señor Jesús en Jn 14,15).
Por esto: ¿qué le dirán a la niña cuando crezca y pregunte por el sexto mandamiento? ¿y sobre que Dios nos creó hombre y mujer?(Gén 1,27) ¿y sobre la homosexualidad? (Rom 1,24, Catecismo n. 2357).
Ahora: si ellas reconocen que no están viviendo bien su vida cristiana pero desean educar a esa niña en la Fe católica, buscando una vida de coherencia evangélica (solo una de ellas será la madre y la otra sólo una amiga que ayudará, viviendo en castidad), entonces no veo mayor inconveniente; pero eso exige que deseen convertirse, para lo cual es necesario predicarles el Evangelio que, quizás, no conocen bien o conocen incompletamente.
Alguno podrá objetar diciendo: “pero esa misma rigurosidad no se les impone a las parejas heterosexuales que viven en concubinato"; y es cierto, pero hay una diferencia: fornicarios, adúlteros o concubinarios, también cometen pecado mortal, pero no van contra la Ley natural (Catecismo 2357).
Quizás sea una excelente oportunidad para poder evangelizar a estas personas que, aún erradas, han querido el bautismo de esa pequeña.
Pero recuerden: la primera caridad es decir la verdad que libera.
P. Javier Olivera Ravasi, SE
24/6/2026