(460) Comentarios críticos a Amoris laetitia, XII: Globalidad moral encubierta

Comentario 18

«Recordando que el tiempo es superior al espacio, quiero reafirmar que no todas las discusiones doctrinales, morales o pastorales deben ser resueltas con intervenciones magisteriales» (A.L. n. 3).

«Pero la obsesión no es educativa, y no se puede tener un control de todas las situaciones por las que podría llegar a pasar un hijo. Aquí vale el principio de que “el tiempo es superior al espacio". Es decir, se trata de generar procesos más que de dominar espacios» (A.L. n. 261).

El principio de primacía del tiempo es aplicado en estos pasajes primero al ejercicio autoritativo del Magisterio de la Iglesia en el campo de la teología moral matrimonial; y segundo a la pedagogía. En este segundo caso, la explicación que aporta: «Es decir, se trata de generar procesos más que de dominar espacios», concuerda exactamente con la tesis del constructivismo, que tanto daño está haciendo a la educación, porque atenta directamente contra los principios universales del conocimiento.

Pero lo que interesa destacar, sobre todo, es que el lema «el tiempo es superior al espacio» es una máxima implícita en toda filosofía de la globalidad derivada del constructivismo, y concretamente, aplicada a la teología moral, es un principio de la moral de globalidad, que se aparta de la enseñanza recta de la Iglesia, aunque no del sentir moderno.

* * *

La doctrina católica enseña con insistencia y claridad que la vida moral es puntual, y de alguna manera, espacial, porque lo que cuenta, moralmente, es el acto concreto realizado en este momento, en este lugar, y en esta hora. Cuenta cada acto, cuenta el obrar, la acción puntual concreta. Lo explica con gran precisión Romano Amerio: «[L]a religión enseña que el destino eterno depende del estado moral en el cual se encuentra el hombre en el momento de la muerte: no de la continuidad histórica, sino de la puntualidad moral en que le encuentra el fin» (Iota unum, pág. 324).

Lo que importa no es el devenir vital, sino el instante moral.

Esta idea, chirriante a los oídos modernos, está en la base, incluso, del derecho. Por eso, el mismo Amerio añade en nota un comentario muy ilustrativo: «En favor de la puntualidad está [además de la justicia divina] la justicia humana, cuyos veredictos se fundan sobre el pincipio de la puntualidad: por el acto de un solo momento el asesino es privado de la libertad y a veces de la vida» (Ibid., pág. 324, nota 3). 

La moral de globalidad, por contra, opina que la moral de una persona debe valorarse respecto de su trayectoria vital a través del tiempo, en base a su itinerario existencial. En definitiva, como recalca Amerio, es un «desprecio de los actos singulares» (pág. 323). Este desprecio de los actos singulares es aplicado implícitamente por Amoris laetitia a los actos de adulterio, insinuando que es injusto juzgar la puntualidad moral (los actos de la persona) sin tener en cuenta la trayectoria global. Y así, reconoce que: 

«Es mezquino detenerse sólo a considerar si el obrar [o sea, los actos] de una persona responde o no a una ley o norma general, porque eso no basta para discernir y asegurar una plena fidelidad a Dios en la existencia concreta de un ser humano». (A.L., n. 324)

No bastaría, al parecer, considerar los actos puntuales, sería preciso tener el cuenta la existencia, la continuidad temporal en situaciones concretas, la historia, la vida en general de la persona, la globalidad vital de su vida moral.

Sin embargo, el obrar aquí y ahora, la acción puntual de una persona sí que importa, es al fin y al cabo lo que cuenta, porque es a través de actos singulares como el hombre se orienta a su fin o se desvía de él.

Sin embargo, para justificar la primacía de la globalidad vital, Amoris laetitia, malinterpreta ad hoc  la doctrina tomista, e insinúa indeterminación en la puntalidad moral, afirmando que cuanto más se desciende a lo particular [entiéndase, a los actos, al obrar puntual], tanto más aumenta la indeterminación [la imposibilidad de valorarlos moralmente, sin tener en cuenta la perspectiva global]. (Cf., A.L. n. 304).

 

Lo que se está enseñando aquí, confusa pero intensamente, es que la puntualidad moral es indeterminada moralmente y que lo que cuenta es la globalidad. No es que niegue del todo el valor de los actos singulares, sino que los sumerge en el itinerario existencial.

En estas condiciones, hablar de gradualidad, como hace A.L. n. 295, no sirve para rectificar la doctrina globalista, sino para encubrirla. Porque, tergiversando el principio, continúa hablando de globalidad, esta vez, sumergiendo los actos malos en la “inteligencia” subjetiva del proceso, acudiendo a una supuesta «gradualidad en el ejercicio prudencial de los actos libres en sujetos que no están en condiciones sea de comprender, de valorar o de practicar plenamente las exigencias objetivas de la ley.».

Como si el delito fuera un uso prudencial progresivo de la libertad, como si la puntualidad moral no contara espacialmente para los sujetos que no valoran adecuadamente la ley moral o no la practican en el aquí y ahora ¡! Es “lógico” que, bajo está perspectiva, se opine que nadie debería ser condenado para siempre (A.L. n. 296). Y es que al hombre moderno le escandaliza que los actos puntuales de una persona en el momento de su muerte determinen su salvación o condenación, y no la perspectiva general de su vida. ¿Será por eso que ya apenas se habla del infierno?

Podemos objetar además que un criminal tampoco practica plenamente la ley moral, ni quiere comprenderla ni la valora adecuadamente, y sin embargo la justicia debe recaer sobre él. A nadie se le debe ocurrir justificar a un criminal asegurando que es que no ha practicado ni comprendido ni valorado la ley en sus actos concretos, porque está sumergido en un proceso vital de autodescubrimiento prudente de su libertad. 

En definitiva, es un constructivismo aplicado a la teología moral, por el cual los actos concretos, los resultados de la acción, los espacios morales (el aquí y ahora ético) son pulverizados en favor de los procesos, del movimiento existencial, en definitiva del devenir.

Es sabido que en la filosofía moderna el devenir reemplaza al ser, como pretende Hegel. Y que sobre el devenir, desde la gran impostura de la Modernidad, se está intentando construir una filosofía y una teología alternativas. No es otra la intención del humanismo católico, que desligando la doctrina moral del orden del ser, pretende introducirla en el movimiento doblemente acelerado del Maelstrom.

 

David González Alonso Gracián

 

12 comentarios

  
Miguel Antonio Barriola
Esa pretendida superioridad del tiempo sobre el espacio, también está
poniendo en duda las declaraciones dogmáticas del magisterio eclesial,
que siempre son "puntuales", si bien valen desde siempre y para siempre.
Muy bien desenmascarado el "hegelianismo" subyacente en esta postura.
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A.G.:
Le agradezco el comentario Don Miguel Antonio. Como bien apunta Ud., con este hegelianismo se están relativizando los contenidos autoritativos de la doctrina de la Iglesia. Declaraciones que, en efecto, son puntuales, y por puntuales, de valor universal e inmutable, puesto que no se disuelven en la historia.
17/02/21 10:06 PM
  
Luis Fernando
- El acusado le abrió la cabeza a su esposa de un sartenazo.

- Sí, pero tenga usted en cuenta que él la amó profundamente durante muchos años. No podemos quedarnos solo con un acto malo puntual.

- Pero oiga, es que le abrió la cabeza...

- Es usted mezquino.

Eso es Amoris Laetitia
18/02/21 9:22 AM
  
Pablo
Si el tiempo no fuera superior al espacio no habría cabida para la Misericordia. Hay pecados de juventud (espacio) que se arrastran a lo largo de toda una vida (proceso). Si el espacio no se cierra (arrepentimiento o perdón) éste condiciona el devenir vital. Por eso, musulmanes y cristianos, rojos y nacionales, alemanes y judíos, gobierno y oposición pueden vivir en relativa paz.

La paz, la libertad, es consecuencia de la ausencia de culpa aunque permanezca la pena (el recuerdo). Cuando desaparece la pena (el recuerdo) vuelve la alegría. La inmensa mayoría de los judíos del centro de Europa abandonaron sus hogares por tal motivo.

A día de hoy, no hay recuerdo vivo (supervivientes) del cautiverio de Babilonia o de la esclavitud en Egipto (ni de las diez persecuciones contra los cristianos) aunque los restos arqueológicos o los códices señalen su existencia. A ningún judío se le puede echar en cara rememorar el Holocausto mientras quede alguien vivo que hubiese padecido aquel tormento.
18/02/21 10:42 AM
  
José Díaz
Cuando, al publicarse Evangelii gaudium, leí por primera vez el enunciado de que el tiempo es superior al espacio, confieso que me chirrió sobremanera. Como dice vd., AG, revela una concepción constructivista, pero no sé si me equivoco si digo que, aplicando ese principio a la moral, se incurre también en el error situacionista de Häring, que vd analizó con detalle en muchos otros textos.
Por lo demás, su disección de AL está siendo de una precisión maravillosa, y se lo agradezco de corazón.
Cristo Rey y la Virgen Inmaculada le bendigan.
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A.G.:
No hay duda amigo, el situacionismo está muy presente. Es un cúmulo de errores muy grande, pero enlazados entre sí, derivándose unos de otros con lógica implacable. Y es que una vez que se pone en marcha la mecánica del error, las piezas van encajando y todo lo malo va saliendo a la luz
18/02/21 2:26 PM
  
Toledano
En cualquier caso, no conviene olvidar que el proceso de la Santificación personal es gradual, se necesita tiempo. La gracia santificante actúa en la persona impregnando poco todas sus dimensiones (espirituales, psicológicas y corporales) dañadas por el pecado original, se necesita tiempo para restaurarla. Este tiempo, salvo excepciones, lleva muchos años.
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A.G.:
Puede llevar años o no, eso depende. Pero ciertamente, es un proceso gradual el de la santificación, lo cual nada tiene que ver con la moral de globalidad.
18/02/21 6:08 PM
  
Miguel Antonio Barriola
También pienso que la supuesta superioridad del tiempo sobre el espacio,
es negada por la exacta definición aristotélica del tiempo: "Numerus motuum secundum prius et posteius" (= la numeración de los movimientos
según un antes y un después").
Esos "antes" y "después" son constitutivos de la enumeración, que realiza el tiempo y no se pueden dar, sino señalando una anterioridad y posterioridad en el espacio.
Aún para los seres inmóviles transcurre el tiempo, dado que están en relaciòn con los móviles. Así una montaña siempre en el mismo lugar, es con todo iluminada por el sol u oscurecida por su ocaso. Está. pues. sometida a cambios eumerables, o sea: al tiempo
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A.G.:
Es interesante esa perspectiva, y muy clara, desde luego. Tengo que profundizarla. Gracias por la observación.
18/02/21 6:54 PM
  
Toledano
En el caso de San Agustín, la providencia divina tuvo mucha paciencia con sus desórdenes morales.
Con San Ignacio de Loyola y San Francisco de Asís pasó algo parecido.
Ahora bien, a pesar de sus pecados iniciales, estos hombres buscaban la verdad de forma radical y se encontraron con Cristo.
18/02/21 7:38 PM
  
Noticias de Fondo
Al fin alguien que levanta el #3 de Amoris Laetitia. En mis debates sobre el documento alertaba sobre una renuncia del actual Papa al don del Magisterio Universal. Podemos fundamentar ahí que obispos expresan A y, otros NO-A sobre los mismos temas y ante un Vaticano silente
19/02/21 12:19 PM
  
Juan Donnet
"Recordando que el tiempo es superior al espacio..." afirma A.L., como si esa afirmación "el tiempo es superior al espacio" fuera una afirmación católica y magisterial inapelable.....El modernismo es maestro en este tipo de peticiones de principio encubiertas...
Gran labor de cirujano, Alonso; con el bisturí hasta el fondo diseccionando....
19/02/21 5:03 PM
  
Carmelo
Don Alonso el contenido de su aporte es extraordinario.
"Lo que se está enseñando aquí, confusa pero intensamente, es que la puntualidad moral es indeterminada moralmente y que lo que cuenta es la globalidad. No es que niegue del todo el valor de los actos singulares, sino que los sumerge en el itinerario existencial.
En estas condiciones, hablar de gradualidad, como hace A.L. n. 295, no sirve para rectificar la doctrina globalista, sino para encubrirla."

Cierto don Alonso, pone la directriz particular en contra de la General ( a lo mili...(militar) propone una Lucha de clase - Santos y los que no son santos - es la disputa, el conflicto, el lio: lo que genera según estos iluminados - como si fuera la lucha de clases comunistas y que de ese polvorín, lo que saliera- en esos consistiera la verdad; es el falas inciso del evolucionismo.
ahora bien.
el problemita de los postuladores del "proceso", no solo que desautorice, o proponga contradecir o la disputa, sino que lo hace alentando, promoviendo, instruyéndolo a uno a la OBSTINACION a no apartarse el pecado mortal (de forma irónica), induciendo el SACRILEGIO, como si se parte en un proceso CONSOLIDADO EL PECADO, porque es ahora a sabiendas y con el visto bueno del pastor/al que lo realiza.
Evidentemente que en el juego de la posibilidad y la indeterminación de no solo esta norma general (no cometerás adulterio) se llevan todas las otras por regla de 3. Aquí no es que se habla del adultero nomas... sino es que es el boquete donde el humo asfixio a todos en la casa...entro por la puerta ancha... le cambiaron el agua a los peces y no se dieron cuenta.
El proceso que propone AL , inicia no con la intención del penitente que es alejarse del mal, la atrición, conocimiento del mas que genera, el procesos según estos incrédulos es e inicia cuando en efecto se consolida el pecado como virtud...son listos.



19/02/21 5:19 PM
  
rmartinhe

"Si el justo se aparta de su justicia para cometer la injusticia y en ella muere, muere por la injusticia que ha cometido.
Y si el criminal se aparta de la injusticia que había cometido y practica el derecho y la justicia, salvará su vida. Ha abierto los ojos y se ha convertido de los delitos cometidos ; por eso vivirá y no morirá.
Mas la casa de Israel anda diciendo: Los caminos del Señor no son justos. ¿Que no son justos mis caminos, casa de Israel? ¿No son más bien los vuestros los que no son justos? Yo juzgaré, pues a cada cual según su conducta, casa de Israel, dice el Señor Dios." Ezequiel 18, 26-29.

Es peligroso que una persona viva permanentemente en pecado mortal porque es fácil que muera como ha vivido. Pero cuando esa persona admite y reconoce su pecado, tiene al menos, hasta el último instante de su vida, la posibilidad de arrepentirse. Sin embargo si esa persona mantiene que sus buenas obras compensarán las malas, o algo así, puede que no vea necesidad de arrepentimiento ni conversión y entonces cargará con su pecado toda la vida. Como un barco que entra en un remolino y gira sin parar hasta poder ser arrastrado por él. Es locura.
Que el Señor nos conceda a todos los pecadores no perder nunca de vista el faro de su luz, es malo desafiarle queriendo ser maestro y juez por encima suyo.
20/02/21 8:23 AM
  
Tito España
Aunque un poco tarde, me incorporo al debate:

Cuando Nuestro Señor Jesucristo en la cruz dijo a Dimas "hoy estarás conmigo en el Paraíso" (Lc XXIII, 42-43), ¿estaba actuando en el tiempo o en el espacio 'franciscano'?
En mi opinión actuó realmente en el tiempo puntual (Ezequiel XVIII, 26-29) y esa es la enseñanza milenaria del cristianismo. No hay otra por mucho teólogo, moralista o lo que se crean ellos que son, por encima de la Palabra de Dios.
La cuestión es bastante clara, salvo lo que alguno quiere hacer creer a los demás, queriendo quedar bien con todos, menos con la responsabilidad real que su misión le ha conferido, salvo que la 'misión ' que tenga se la hayan conferido otros para el error.
21/02/21 8:16 PM

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