7.05.22

(504) No malas, sino heridas

18. No malas, sino heridas realidades temporales; variables, volubles y estragadas. Desengañada el alma de repúblicas de Adán, anhela descansar en fundamentos nuevos. Y no hay mejor cimiento, para la vida temporal, que una ciudad celeste. «Porque nuestra ciudadanía está en los cielos, de donde esperamos al Salvador y Señor Jesucristo» (Fil 3, 20). Huyamos, pues, del Leviatán, porque es señor de este mundo, y es su hora y cetro.

 

19. Desengañarse de lo sometido a corrupción. Lo natural no fue destruido, pero sí sufrió. La corrupción dejó huella, no extinguió el bien, pero lo precipitó en las aguas, que pululaban de monstruos.

 

20.- Caduco y perecedero, cual la carne, es este escenario, «porque los reinos de este mundo son terrenos y perecederos, y se fundan sobre grandes riquezas, y poderío de la carne» (Catecismo Romano 1780, 75). Desencántate, pues, de los espejismos de Adán, que «ni es pequeño desengaño / ver la miseria del mundo» (Proverbios morales, Pérez de Herrera, 1618, fol. 21b, 360).

 

21. Sólo fiarse de bienes eternos, cual columna y fundamento. «Salgamos del Teatro de sombras del mundo a la plaza de la luz del desengaño, huyendo de sus felicidades, como desdichas, retirándose de las prosperidades, como miserias, para encontrarse con la felicidad que siempre dura» Gobierno general, moral y político, LI, cap.3, Valdecebro, 1728, 13).

 
IV.- No malas, sino heridas

17.04.22

(503) Corona nueva

12. Su triunfo nos renueva como el águila.

 

13. Ni inútil ni absurda es nuestra fe, pues Cristo venció. La aurora caída no apagará su victoria, que es real: en ella confiamos porque fue.

 

14. Nuestra alma no morirá; será la carne objeto de resurrección, solamente el cuerpo se deshará. Debe sucumbir primero y sin remedio, para expandirse hacia otra luz, como una tarde sedosa, recompuesta de claridades. 

 

15. Quotidie morimur, dice Juan de Borja. Pues como el fabuloso cinocéfalo, cada día morimos miembro a miembro, poco a poco y es real. También todos, sin excepción, resucitaremos, pero con suerte dispar: unos justamente, por gracia, para la eterna salud; otros justamente, por su culpa, para la eterna decepción.

 

16. Pero será esta carne y no otra, la que se pueda sobrecoger de fulgor. Ahora la puerta es estrecha con dientes de astillas, su paso aterrado de umbral. Pero tenemos un Vencedor que tiene reino, y la corona no es de otro sino Suya. En él cada parte a su todo será devuelta, y tierra nueva y cielo nuevo desplegarán sus orillas; dejó de existir el mar (Ap 21,1). 

 

17. Vasallo quejumbroso, deja atrás el lamento y celebra esta victoria, de la que puedes participar; no te ha de faltar penitencia y plegaria. Pero ahora confía. Estate tranquilo. Virescit vulnere virtus, con la herida se renueva la virtud, porque Él ha vencido. 

 

REY BURLADO

III.- Corona nueva

13.03.22

(502) Vuelo de águilas

8. Brilla el camino que no se puede tomar. Pero anticipa recodos, aceras, oscuridades benéficas, senderos estrechos de claridad.

 

9. Todas las llagas que existen y existirán reciben forma de espina. Se modelan, se adaptan al cráneo, adopan forma purpúrea. Penetran y alcanzan la idea. Y entonces el mundo ancestral, no redimido, festeja sin freno su propia soberanía.

 

10. In arduis. Por varios caminos se asciende hasta el monte. Por otros se pasa, se sale de él, se tuerce a pantanos o arenas, a descampados baldíos. Sólo hay uno, y en él no hay nada, sólo camino. Entre sus hitos no hay signo de fin, todo es madera de cruz, frutas caídas, un vuelo de águilas. Y así, de zancada en zancada, de auxilio en auxilio, se alcanza la gloria final, donde todo es remanso y luz tranquila. Y el cielo está nuevo porque ya lo es, y en su tierra es de día.

 

11. Me dulcis saturet quies, que su dulce quietud satisfaga. Son tantos los trabajos que esta vida mortal trae consigo, dice Borja en su emblema. Pero sólo un momento, no se despierten los monstruos y cambie el clima. Cuelgan regalos de música entre los sauces, para atender al caminante y se conforte en la subida. Bajo la fresca sombra hay primicias, pero deben ser breves. Fiat voluntas tua.

 
REY BURLADO
II.- Vuelo de águilas
 

14.02.22

(501) Rey burlado

1. Dios suscita desengaños que abren los ojos, por pura gracia.

 

2.- De pesar en pesar, caminando trabajos, se llega si Dios quiere al gozoso final del camino, que es preciosa ultimidad.

 

3. De poco momento son insidias y cuidados comparados con la cruz de Cristo, Rey burlado. De todo obtuvo provecho, para satisfacción de su Padre y bien de sus vasallos.

 

4. Que en este Gran Teatro en que no hay lumbre no se discurre sin engaño; lo sabe el hombre de tradición, que no tropieza en novedades.

 

5. No abunda en fruto bueno la segunda causa, si del Primer Agente no suplica el esplendor. Se seca indefectiblemente, y da en el suelo su criada actividad, como si nada en este mundo fuera tan necio, como ser criatura y creerse vanamente un dios.

 

6. En esta Gran Ontomaquia de los últimos tiempos, el cristiano ha de librar la batalla por las esencias.

 

7. Desengañarse de uno mismo, que está caído, para poner del todo la mente en Dios.

 

29.01.22

(500) No es para siempre

La decadencia actual del catolicismo no es para siempre. Considerar esta verdad, apercibidos de Escritura y Tradición (y de sus legítimas tradiciones locales) sustente nuestro obrar y pensar pacientes.

Dios, si lo pedimos, puede obtener grandes bienes con ocasión de grandes males. Por eso es vital no equivocar el diagnóstico, ni llamar bien al mal, ni atenuar los síntomas de muerte, como si fueran de vida. Ni justificar lo malo, para obstaculizar lo bueno.

Ligados por esperanza a nuestro Primer Motor, se nos dará mejor movernos a un mayor fruto. La corrupción de las realidades temporales, en que todo es pasajero, puede utilizarse en provecho propio. Atender a su vicisitud consuela: lo malo pasa, no es eterno.

 

No sabemos si pasará trágicamente, para dar comienzo al fin de los fines.

No sabemos si pasará pedagógicamente, para dar comienzo a un tiempo de mejor y mayor virtud.

No sabemos si pasará judicialmente, para cribar a los que nunca fueron de los nuestros, sino de la Bestia.

Pero sabemos, y esto conforta, que al monstruo moderno le ha sido permitido campear en la casa del Dios vivo para hacer brillar el poder de la divina providencia: pues todo depende principalmente de Dios. No nos quepa duda: «Leviatán, quem fecisti, ut ludat in eo», hiciste al Leviatán para juguete tuyo (Sal Vg, 103, 26).

No sabemos si pasará en esta vida o en la otra. Lo que sabemos es que pasará. Y que podemos ayudar a que pase antes; viviendo virtuosamente, contribuimos a que lo malo pase, y se allane el camino.

Pasará, no quepa duda; este orden adámico, en que la Iglesia milita, está sometido a corrupción. Los que valoran en exceso las cosas temporales, deben concienciarse: los bienes de hoy, por la caída, son bienes de ayer nada más nacen. Y lo mismo, en otro plano, el de la privación, ocurre a los males.

La Iglesia que milita, y da la gracia de su Rey y Señor, la da para siempre, no para que pase. La da para el fin último, no para perderse.

 

Quien quiera dar a entender esta esperanza, puede aprovecharse de la empresa 140 de don Juan de Borja, con el lema Non in aeternum (no para siempre). Porque, así como los navegantes afrontan la tempestad con la esperanza de que pase pronto, y al oleaje suceda la calma, los católicos debemos afrontar la crisis hodierna con la consideración de que no es para siempre. «Consolándose con ésto en las adversidades, dice el hijo de san Francisco de Borja, pues el que supiere aprovecharse de ellas, como lo hace el justo, no le durará para siempre la tormenta» (pág. 286, ed. de Bruselas, 1680).

¿Cómo aprovecharemos el actual desastre? Profundizando en la doctrina de siempre, sintiendo con la Iglesia de siempre, calmando la tempestad con la autoridad de siempre, que es la de Cristo, no la del mundo. Lo haremos con una renovada infusión de providencialismo; no del moderno, ni del progresista ni del moderado, sino del de siempre.

Tiempos vendrán, en esta o la otra vida, en que la verdad podrá resplandecer más claramente. Entonces Dios Todopoderoso hará justicia y pondrá los puntos sobre las íes. A los justos arrimará al buen puerto de su fin último, y Cristo se mostrará del todo en todo, para gloria de sus elegidos. A los injustos castigará, y conducirá al abismo de la pena, en que será eterno el rechinar de dientes.

Hasta entonces, será preciso demandarle humildemente, cual importuno e insistente amigo, gracia sobre gracia; será urgente acudir, con temor y temblor, a Quien domina tempestades.