7.10.19

(385) La Era del Subjetivismo

1. La fractura de la mente occidental

Tras la crisis de la Sagrada Escolástica, suscitada por los nominalistas, la llamada via moderna sembró en la mente occidental anhelos antropocéntricos. Un deseo irrefrenable de potentia absoluta, de libertad desordenada, de independencia radical, se apoderó de los espíritus.


La filosofía reivindicaba su independencia del dato revelado, y la teología se rebelaba contra el dato metafisico. Se había sembrado desavenencia entre la fe y la razón, y con ello, entre la vida política y el orden de la gracia.


En este contexto, la subordinación del entendimiento a la voluntad tiene una consecuencia: el deseo de independencia respecto de la autoridad del que sabe. Este anhelo de autonomía, que los nominalistas plantean de la filosofía respecto de la teología, se proyecta ahora sobre quien tiene la autoridad y la potestad para enseñar la verdad objetiva natural y sobrenatural, es decir, la Iglesia.

Esta proyección reviste dos formas: por un lado, se introduce el subjetivismo en la fe, y es el protestantismo. Por otro lado, se introduce el subjetivismo en la razón, y es la filosofía moderna. Ambas formas constituyen un potente principio secularizador, que romperá definitivamente la Cristiandad.

Es el momento en que la Hispanidad se rinde a la evidencia de los hechos: la Cristiandad ha medio caído con la caída de la síntesis católica, con la fractura de la Veterum sapientia, la antigua sabiduría clásica y cristiana. La Cristiandad ha medio caído con la caída del conocimiento objetivo.

Pero, aunque Occidente se había partido en dos nuevas mentalidades, protestantismo y humanismo renacentista, la Cristiandad sobrevivía, aún, de alguna forma, en Las Españas.

 

2. El virus nominalista a través de la Modernidad

El voluntarismo nominalista inyecta su escepticismo en la filosofía cartesiana, distorsiona el papel de la Causa Primera en Malebranche, desactiva el papel de las causas segundas en Lutero y su sola gratia; transmite su principio de autonomía a la moral kantiana, inocula el movimiento dialéctico en la filosofía de Hegel, introduce el distingo entre razón y pensar en la fenomenología de Husserl y de Heidegger, suscita la distinción entre individuo y persona en el personalismo de Maritain y el antropologismo de Rahner.

El virus terminista se difunde por la mente occidental y a partir de su doble vía, protestantismo y humanismo, teje una tela de araña de múltiples ramificaciones que llegan hasta hoy. Multitud de ismos se entrelazan y enmarañan. Es la nueva Torre de Babel subjetivista.


3. Babel humanista y protestante

Pico de la Mirandola (1463-1494) privilegia lo subjetivo frente a lo esencial con su concepto de dignidad humana. Exalta la posibilidad de autodeterminación del hombre, y la sustenta en la ausencia de límites definidos. Es uno de los primeros intentos explícitos de fundamentar la dignidad humana en lo que Danilo Castellano denomina, con cabal insistencia, libertad negativa:

«Tomó por consiguiente al hombre así construido, obra de naturaleza indefinida, y habiéndolo puesto en el centro del mundo, le habló de esta manera: Oh Adán, no te he dado ni un lugar determinado, ni un aspecto propio, ni una prerrogativa peculiar con el fin de que poseas el lugar, el aspecto y la prerrogativa que conscientemente elijas y que de acuerdo con tu intención obtengas y conserves. La naturaleza definida de los otros seres está constreñida por las precisas leyes por mí prescritas. Tú, en cambio, no constreñido por estrechez alguna te la determinarás según el arbitrio a cuyo poder te he consignado».

Es la idea del ser humano como proyecto de la subjetividad.

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29.09.19

(384) Doctrina escamondada

23.- Frescor gratísimo.— Blancor de doctrina pasada por lejía, frescor gratísimo. Esto es para el alma la buena filosofía, el recto teologar según el numen tradicional, el clásico sentir. La recta doctrina es fuerza y honor de Cristo, contra la mala, debilidad y suciedad del siglo. Centrada en lo esencial, aislada de todo bochorno doloso, la recta doctrina es frialdad de manantial y remedio de tibios. El acaloramiento revolucionario no la dilata.

Una doctrina escamondada alegra la vida. Sin conceptos extraños, dudosos; sin nociones alienígenas. La mente se recrea en precisiones, se reconforta y descansa en claridades del Verbo. La mala teología cansa sin remedio. Por eso consuela, y descansa mucho, conocer sin obstáculos la verdad, lavada de teorizaciones extrañas añadidas, y fresca, sin sudores de acomodamiento.

 

24.- Procedencia y precedencia.— El abuso teológico, que es indicio de esclavitud y no de libertad, procede del giro moderno de la pastoral posconciliada. Y se remonta sobre la Casa del Dios vivo para vivir entre nubes de lo ideal, en el orden heideggeriano de la posibilidad, como demandan, imprudentes, los existencialistas católicos.

Se adultera con el Leviatán para vivir entre algodones, que en eso consiste sentir con el Maelstrom, en vez de con la Iglesia. Siendo la libertad negativa el origen de la crisis, y su ejercicio la tónica del día, es lógico que la Bestia tenga la supremacía, aunque no podrá hasta el final.

 

25.- Se ha de recomendar cautela.— Insiste en ello nuestra tradición local, la hispánica, emblemática y cervantina: «más difícil es conservar lo propio que adquirir lo ajeno», enseña Francisco Gómez de la Reguera en sus Empresas de los Reyes de Castilla y de León; porque «cuanto más se adquiere [de lo ajeno] más se desea». Es obra de la gracia, y de su sana ascética, conservarse católico, y esto demanda heroísmos sin cuento. Lo fácil, facilísimo, es perder la propia identidad y enajenarse en otra. Cuanta más filosofía moderna se aplique a la función docente de la Iglesia, menos será de la Iglesia, y más será del espíritu de esta época; con el mundo presente, como demanda la Escritura, no hay que enredarse en coqueterías (Cf. Rom 12, 2).

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23.09.19

(383) Desde lo alto siempre

18.- Dios no da puntada sin hilo. Hasta la permisión del error premeditado pretende el bien común, aunque suponga la condenación de los obstinados.

 

19.- Desde lo alto siempre. No defender la verdad a ras del suelo, sino desde lo alto de una tapia, como decía el Beato Diego. Que haya que aceptar con todo su peso la verdad, como a Cristo en el Descendimiento. Que Dios socorrerá para el esfuerzo infinito, cuyo laurel es el Cielo.

 

20.- Por eso no agrada a Nuestro Señor que evitemos el calvario, antes bien nos da ejemplo. No hay que esperar, la cruz empieza ahora, en el primer error que escuchas y que has de refutar, con caridad y con razón, que no es poco, sino sustancia de santos. No desperdicies la ocasión, que la sangre de Cristo no es en vano. Ha de empapar tu boca, tu apostolado, tu silencio y tu indignación también, cuando los mercaderes profanan el templo. Guardar silencio, entonces, no es decoroso, dice la Pascendi.

 

21.- No sólo no se extingue por sí solo, sino que engorda y vuelve promiscuo. El error, o se combate o se endiosa, no hay otra. Ni se deshace solo, ni se disuelve en miel; que la verdad no es obra de reposterías, sino de sufrimientos. No hay forma humana de endulzar errores sin ceder al endemoniamiento.

 

22.- Nada hay peor que el yerro voluntario, cuando aparenta ambigüedad inadvertida, y es disfraz de apostasía. La Gorgona del mundo es insistente, no cesa de petrificar, no sólo voluntades, también entendimientos. Quien yerra mucho a sabiendas, peca mucho queriendo, y se hace piedra que cae en el Maelstrom, donde se pierde para siempre y llega al fondo, en que reposa el Leviatán. La hambruna de herejías es indicio del infierno. Que Dios conceda empuje contra modernismos, a contracorriente siempre.

 

 

La Iglesia en el Maelstrom, I: Contracorriente

La Iglesia en el Maelstrom, II: Sol faciado

La Iglesia en el Maelstrom, III: Apego insensato

La Iglesia en el Maelstrom, IV: Cruz en el Maelstrom

La Iglesia en el Maelstrom, V: Contra las aguas corruptas

La Iglesia en el Maelstrom, VI: Desde lo alto siempre

8.09.19

(382) Contra las aguas corruptas

13.- Conocimiento viciado.— El movilismo pone en movimiento la doctrina y la sumerge en la trituradora del Maelstrom, para que sufra mutaciones y se adapte al siglo. Su objetivo es claro: que no haya certezas, que se disipen las seguridades, que queden anegados de 1789 los conceptos. El mutacionismo ha penetrado la Nueva Teología y el personalismo, descuajándolos del orden de las esencias. Ha puesto fecha de caducidad al derecho natural. Ha sometido al hombre al estro moderno y sus afanes de autodeterminación. Ha criminalizado la sagrada escolástica, con grave daño. —Contra esto, la romanitas católica: contemplarlo todo sub specie aeternitatis. Fundir en bronce la doctrina cristiana para que sea para siempre.

 

14.- Entre dos aguas.— Hay un movimiento bueno y otro malo. El primero es perfectivo, de vida y gracia, de virtud; del agua viva, que salta hasta la eternidad  (Cf. Jn 4, 14); del crecimiento que sólo Dios concede (Cf. 1 Cor 3, 6) y nunca el hombre. Pero el segundo es de la corrupción, de la disipación de la verdad en anfibologías, en el espíritu perverso de la ambigüedad; en el ardid con que el pecado ha sometido al mundo (Cf. Rom. 8, 21). —Contra esto, la precisión escolástica y la estabilidad sacramental, la armonizacion jerárquica de los saberes contra todo sinfonismo, contra todo situacionismo pastoral, contra toda destemplada relacionalidad.

 

15.- Agua estancada, agua envenenada.— Al movimiento bueno le aplicamos el refrán y el lema: capiunt vitium, ni moveantur, aquaese corrompen las aguas si no se mueven. Justiniano, en Digesto, 1, 8, 2, enseña que el agua buena es de justiciaaqua profluens iure naturali communis, agua que corre es común a todos por derecho natural. La recta doctrina ha de ser común a todos. Dar agua mala es acto de injusticia.

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6.09.19

(381) No es primacía, sino soberanía

Para la doctrina de Nuestro Señor Jesucristo no guardarse la vida, para no perderla querenciando herejías o destemplándose. Quien pretenda ganarse perdiendo doctrina, perderá ambas, conforme a la Palabra de Dios, que advierte:

«quicumque quaesierit animam suam salvare perdet illam et qui perdiderit illam vivificabit eam», quien trate de guardar su vida la perderá, y quien la pierda la conservara (Luc 17, 33). Antes bien plantarle rostro al error y así arrostrar disgustos y tribulaciones si fuera menester.

 

No guarda forma de ocaso sino de renacimiento: se muere en las aguas del bautismo para nacer en la cruz, y así tener futuro, confesión tras confesión.

 

No darle a Dios la primacía, que es noción relacional, un mero privilegio entre pares; sino en verdad la mayor, la supremacía, la preeminencia y la soberanía, que es la virtud del superior jerárquico. Porque la Causa Primera es soberana, no un tú a tú, sino el todo frente a la nada.

 

No arrejuntar el propio anhelo con la voluntad de Dios, sino antes bien apercibirse de lo hondo y someterse al Salvador del mundo. Conforme al niéguese a sí mismo (Lc 9, 23).

 

No demandarle al Señor derechos ni mercedes, sino antes bien regalos y crucifixiones, como si fueran migajas o mendrugos de ese pan que hurtan los perros, y pordiosean lazarillos.

 

Pedir a Dios Nuestro Señor la fe para el que no la tiene, y que se vaya a confesar y a recibir la gracia.

 

Y andar pidiendo por quien se encuentra al paso, encomendando al conocido, al que se cruza, al que se espera y al que nos es desconocido. No hay que dejar de hacerlo, porque probablemente nadie lo hará.

 
Rogar por tanta, tanta gente alejada de Dios que encuentras en el tren, en la compra, en el paseo, por las calles, por las plazas, en el trabajo, en todos los rincones del mundo de ahora y de siempre, pero sobre todo de ahora.
 

La voluntad, para elegir el bien libremente, natural o sobrenatural, no puede moverse por sí sola. Dependemos de Dios que mueva, natural o sobrenaturalmente.

 

Sufrir por Cristo dolor y vergüenza.

 

David Glez.Alonso Gracián