16.07.19

(371) Apego insensato

7.- Afición ciega razón, asegura el refranero.— Cincuenta años de apegos teológicos creados nublan la vista del católico. Malas aficiones doctrinales no pasan en vano; ni sin daño, si duran decenios. Don Gonzalo Correas, en su Vocabulario de refranes y frases proverbiales, de 1627, cita un refrán sinónimo: corazón apasionado no quiere ser aconsejado. El entusiasmo que, en tantos católicos, suscita el existencialismo francoalemán, no quiere atender razones.

—Y no nos referimos al existencialismo evidente, al de Sartre, que ese es fácil rechazarlo; sino al discreto, que se dice sólo existencial, como no queriendo serlo. Nos referimos a ese afecto insensato, que consejo no quiere, por la escuela de franceses y alemanes, por el espiritualismo liberal de tercer grado, el de la suave laicidad y la nueva cristiandad laica, el del sujeto partido en dos, individuo y persona, el del método de inmanencia y el positivismo religioso como un derecho humano. Se precisa, como la de Bloy, una exégesis de lugares comunes. Se necesita que caiga el paradigma humanista, como un castillo de naipes o una renovación de humo. Se necesita una vacuna, una triaca, una mano que no dude y quite la venda de los ojos, para que vean lo de siempre.

 

8.- Dabit fructum in tempore suo, dará fruto en su momento.Reza el mote 44 del segundo libro de los Emblemas morales de Don Juan de Horozco y Covarruvias, de 1604. Lo representa con un árbol vigoroso, que de seco, junto al agua, pasa a luminoso; de muerto a lozano y de infértil a frondoso. Dio fruto a su tiempo por la gracia, pero no a ciegas, sino sabiendo que «ni el que planta ni el que riegan valen algo, sino Dios, que da el crecimiento» (1 Cor 3, 7).

Iluminar las tinieblas, plantarse, de nuevo, junto al agua recibida de generación en generación. La luz dará fruto. Desbrozando, desembarrando caminos, buscando la perla luminosa bajo tierra, con manos de hierro si es preciso.

—Comienza Subida San Juan de la Cruz dando avisos y doctrina «para que sepan desembarazarse de todo lo temporal» y no tropezar ni enredarse con lo espiritual, para «quedar en suma desnudez y libertad de espiritu». Diríase que en esto consiste estar plantado a la vera de Cristo, como el árbol viviente de la pictura de Horozco.

Lo temporal, para nosotros, es el embrollo del Subjetivismo.  Lo temporal, para nosotros, es el enredo existencial. Porque no quiere la Bestia, que habita este Mundo Caído, que recuperemos lo esencial, la claridad heredada, el acervo cristalino. Pero si hay que salir del agua torrencial, y ser transplantados al arroyo vivo, es el momento ahora. El desapego necesario dará fruto a su hora, para que brille el legado. 

 
La Iglesia en el Maelstrom, III: Apego insensato
 

(Dedicado a la Santísima Virgen del Carmen. Sea su escapulario nuestro escudo. Laus Deo Virginique Matri)

13.07.19

(370) Sol faciado

4.- Non confundar.— «Dios quiere que todo el mundo se salve y llegue al conocimiento de la verdad» (1 Tim 2, 4), o sea, que no nos quiere confundidos. No se desaliente, nunca, la confianza en la Iglesia. Porque hasta los errores más pequeños podrán ser esclarecidos, pues «cuando viniere aquél, el Espíritu de verdad, os guiará hacia la verdad completa» (Jn 16, 13).

 

5.- Infima perlustro, ilumino las cosas más humildes, reza el emblema de don Juan Baños de Velasco, en su Séneca Ilustrado, 1670. En la pictura que ilustra la glosa, un sol faciado ilumina un valle, dando detalle a todo. No merma la grandeza de Dios que su doctrina sirva para iluminarlo todo, hasta lo más pequeño e insignificante, que a todo saque lustre y dé sentido, para que se cumpla la Escritura: «El que es fiel en lo poco, también es fiel en lo mucho» (Lc 16, 10). Sol faciado, que es Cristo, Cabeza del Cuerpo que es la Iglesia.

 

6.- Quid enim dare maius habebat, qué tenía más que darle, traduce Sebastián de Covarrubias para coronar el segundo de sus Emblemas morales, de 1610. En el primero, que titula con su misma luz se encubre, circunscribe el anagrama de Cristo dentro de un sol destellante. El epigrama es elocuente:

«Después que Dios al hombre le hubo dado

el ser a imagen suya y semejanza

y héchole Señor de lo criado

sino cayera de esta buena andanza

vistió su carne, desterró el pecado,

murió por él, pagando la fianza

que hizo al  Padre eterno, y en comida

se le da por señal de eterna vida.»

Además de la verdad, Dios tenía más que darnos, que es Aquel que es la verdad misma y la vida, en prenda de esclarecimiento.

Pues teniendo por señal de vida eterna a Cristo Nuestro Señor Sacramentado, ¿quién temerá la confusión final?  En la figura del emblema de Covarrubias, un cáliz cubierto por bella patena,  coronado por la sagrada Forma, es centro del sol.

La Iglesia, «Casa del Dios vivo, columna y fundamento de la verdad» (1 Tim 3, 15), es Cuerpo del fulgor faciado, que es Cristo. La confianza en ella no puede faltar, porque tiene al Sol por Cabeza.

 

David Glez.Alonso Gracián

 
La Iglesia en el Maelstrom, II: Sol faciado
 
 
(Fuente bibliográfica, Biblioteca digital de Emblemática Hispánica, Biblioteca del Siglo de Oro, Departamento de Filología Española y Latina - Universidad de La Coruña).
 

11.07.19

(369) Problemas de la escisión personalista de individuo y persona. Guardini

La división del sujeto humano en individuo y persona, establecida por Jacques Maritain, como distinción fundante del personalismo, es desarrollada por Romano Guardini en términos de individualismo antropológico o existencialismo individualista. Creemos que Guardini quería evitar este individualismo, pero en nuestra opinión no lo consigue.

La propuesta guardiniana parece ubicarse confusamente en el ámbito del existencialismo (recordemos que la Humani generis,n.3, lamenta del existencialismo que «rechaza las esencias inmutables de las cosas y sólo se preocupa de la existencia de los seres singulares». 

No es que Guardini rechace explícitamente las esencias inmutables, sino que las considera conceptos cosistas inaplicables al concepto de persona. No dudamos de sus intenciones intelectuales piadosas, sino del sistema intelectual que elige (el heideggeriano), que nos parece inadecuado.

Las categorías existencialistas, procedentes del nominalismo, son un inconveniente para el pensamiento católico actual. La razón es que, al ser dependientes del pensamiento moderno, contienen los mismos gérmenes de subjetivismo y anti-metafisicismo.

Los presupuestos teóricos de Guardini, que son los de la escuela personalista, aunque lo pretendan, no superan la órbita conceptual del existencialismo. Por ello, nos parecen inadecuados para elaborar un discurso católico que sirva para sanear la mente occidental, y liberarla del positivismo de género. Porque aunque evidentemente rechace sus conclusiones, parece partir de algunas de sus premisas, como el rechazo de la metafísica y la sobrevaloración de la subjetividad.

Para comprobarlo, citaré sólo algunos pasajes, a modo de ejemplo, de Cristianismo y sociedad, Ediciones Sígueme, Salamanca, 1982.

 

Primero, su concepto de lo personal, si se extrema, puede servir para justificar el error situacionista, a la manera de Amoris laetitia:

«Ser persona significa autoposeerse en el plano de lo cualitativo: yo soy éste; soy sólo éste. No puedo ser imitado, no se me puede convertir en un “caso”»[1]

Para Guardini, la persona, mediante la autoposesión, se autoconvierte en un mundo espiritual autónomo que está más allá del orden de la naturaleza:

«La persona es, además, autoposesión en la conciencia, en la libertad y en la acción. El conocer, el decidir y el obrar no son todavía de por sí persona: ésta sólo aparece cuando, al conocer, al decidir y al obrar, soy dueño de mí. Mediante esto la persona se funda y se afirma como mundo propio, como mundo espiritual y referido al espíritu, que escapa al contexto de la naturaleza»[2]

(Esto puede confundir, porque, un feto, que ni se autoposee en libertad ni en acción ni en conciencia, ni es dueño de sí ¿no sería entonces persona?)

 

De nuevo, lo personal no es reductible a caso:

«Puedo contar abejas porque éstas son “ejemplares de la especie”. Los numero como casos de realización de la especie. Pero, por su esencia, la persona no es un caso, no es una realización de la especie, sino que es una unicidad. Así pues, si quiero realmente “contar”, tengo que prescindir de la persona»[3]

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8.07.19

(368) Confuso concepto de revelación de von Balthasar

La Revelación desdibujada

En pleno posconcilio, azotado el Cuerpo de Cristo por las heterodoxias, herido por las disensiones y la fragmentación doctrinal, von Balthasar defiende que «la verdad cristiana es sinfónica», es decir, plural, y que proclamar esta pluralidad de la verdad cristiana es «la tarea más necesaria del momento actual.» ¡! (La verdad es sinfónica. Aspectos del pluralismo cristiano. Ediciones Encuentro, Madrid, 1979, pág.10).

Pero, ojo, que lo mismo dice de la filosofía: «El pensamiento humano es sinfónico, polifónico» (pág. 46).

Le parece además que esta pluralidad implica un dramatismo, una «acumulación y una resolución (a un nivel más elevado) de tensiones, de conflictos». Pero esto no le parece inconveniente, porque «la disonancia no tiene nada que ver con la cacofonía» (pág. 10).

Le parece que el Depósito, es decir, la verdad cristiana, la Revelación, constituyendo «"la profundidad de las riquezas de Dios” en Jesucristo», se expande como una «pluralidad inagotable, que fluye inconteniblemente».

En línea con el antiobjetivismo, anticosismo y antiextrinsecismo característicos de la escuela personalista, afirma: 

«La verdad no es una cosa ni un sistema. Es Uno, mejor dicho, el Uno por antonomasia, que, en su infinita libertad, se posee y se determina a sí mismo. Y se autodetermina realmente, de tal manera que mantiene siempre su cohesión y no se funde en lo ilimitado de un mar sin contornos. […] Es totalmente ridículo pensar que una libertad de esta naturaleza se deja reducir a fórmulas o encerrar en ellas» (Pág. 15)

(Nótese cómo, una y otra vez, el concepto de autodeterminación se hace presente en la literatura personalista, esta vez aplicado a Dios mismo, en clave de potencia absoluta nominalista).

Von Balthasar concibe la Revelación como «irrepresentable (por soberanamente libre)», esto es, informulable inequívocamente en proposiciones. De este núcleo misterioso y oculto es lógico que surjan perspectivas disonantes y disidentes.No hay que preocuparse. La Revelación tiene un carácter prismático.

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6.07.19

(367) La Iglesia en el Maelstrom, I: contracorriente

1.- Ferendo vincam, sufriendo venceré.— El lema de Don Juan de Borja, tan clarividente, tiene sustancia. La pictura es elocuente: una roca que enfrenta la corriente y la resiste, sufriendo la potencia de sus olas. Tal es la situación de muchos católicos hoy día.

La solidez le viene a la roca de su densidad; para el cristiano, de la gracia, de la doctrina de siempre, de la ascética y la mística tradicionales.

La roca resiste la pujanza del Maelstrom, pero no por sí sola. La imaginamos con raíces, cual árbol pétreo, calando hasta lo profundo, cual causa segunda consciente de su papel, que es depender por completo de su Causa Primera. 

Ferendo vincam. Nos toca enfrentar la corriente, para no estar a su merced.

 

2.- Del acto principal.— De los dos actos que componen la virtud de la fortaleza, atacar y resistir, el principal y más difícil es resistir. Porque, contra lo que comúnmente se cree, «es más penoso y heroico resistir a un enemigo que por el hecho mismo de atacar se considera más fuerte y poderoso que nosotros» (Royo Marín, Teología de la perfección cristiana, §325).

Resistir o soportar la muerte antes que abandonar el bien, de hecho, es el acto principal de la fortaleza (Cf. Santo Tomás, II, II, 124).

Nos interesa el aguante de la roca, que quiere prevalecer, permanecer en sí misma contra las fuerzas disolventes. Nos interesa la virtud del escollo que enfrenta al mundo, para que el mundo moderno tropiece contra su propio mal, que es su subjetivismo, su vértigo de muerte. Nos interesa, pues, no un principio de bienestar, sino de contradicción. No lo obtendremos de las fuerzas solas, sino del orden sobrenatural.

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