¿Desde cuándo el mensaje del evangelio es el de la izquierda abertzale?
Mons. José Ignacio Munilla concedió hace un par de días una entrevista de media hora a Euskadi Irratia. La misma tuvo lugar en euskera, pero alguien debió traducir parte de la misma al castellano, de forma que a las pocas horas teníamos en las agencias -sobre todo Europa Press- algunos titulares. En InfoCatólica dimos uno bien distinto. El que creímos oportuno.
Como suele ocurrir en estos casos, los medios se fijaron en las palabras del obispo que más polémica podrían causar. Mons. Munilla habló del perdón a los etarras arrepentidos. Pero en ningún caso dijo que dicho perdón implique su salida de la cárcel. Y sin embargo, tanto sindicatos policiales como, desgraciadamente, la presidenta de la Asociación de Víctimas del Terrorismo, se han lanzado a acusar al obispo de pedir poco menos que la impunidad de los criminales.
Unos y otros han optado por fijarse en lo que el obispo dice del perdón, que no es otra cosa que lo que aparece en el evangelio, en vez de valorar el hecho de que advirtiera que “no es suficiente con reconocer el daño causado sin que exista arrepentimiento“, y “el fin de la violencia no debe responder a intereses políticos del momento, porque sería pura estrategia“. También pidió a los presos de ETA que “se alejen de la estrategia” de la banda terrorista y “piensen en ellos“, ya que, “bajo la estrategia de otro, nunca se es libre“.

Todos sabemos que la adolescencia y los primeros años de la juventud es un tiempo complicado por la sencilla razón de que la personalidad se está terminando de forjar. Como dice el Catecismo “el dominio de sí es una obra que dura toda la vida. Nunca se la considerará adquirida de una vez para siempre. Supone un esfuerzo reiterado en todas las edades de la vida (cf Tt 2, 1-6). El esfuerzo requerido puede ser más intenso en ciertas épocas, como cuando se forma la personalidad, durante la infancia y la adolescencia“.
A falta de saber en qué se sustancia la “revolución” del papado de Francisco, son muchos los que están escribiendo artículos sobre los posibles cambios que el Santo Padre va a introducir en la doctrina y la moral de la Iglesia. Parece que hay quienes creen que, en vez de su custodio, el Papa es el amo de la fe, de la doctrina y de la moral, pero intentar explicarles a estas alturas que eso no es así, me parece una pérdida de tiempo.
“Creo que las indicaciones de dirección para el futuro, que los obispos estén revisando nuestros materiales, nuestras publicaciones y dirigiendo la asamblea es inaceptable“. Así de claro se expresa Sor Pat McDermott, superiora del Instituto de las Hermanas de la Misericordia, congregación religiosa a la que pertenecen once mil consagradas.
Si hay un término que este Papa está usando continuamente es el de “periferias existenciales”. En la última vigilia de Pentecostés, lo explicó así: “Una Iglesia cerrada es una Iglesia enferma. La Iglesia debe salir de sí misma. ¿Adónde? Hacia las periferias existenciales, cualesquiera que sean, pero salir“.








