En defensa de mis padres contra las mentiras de un sectario
Bien sabe el Señor la tristeza que tiene mi alma por tener que escribir este post. Rompo la promesa que me hice a mí mismo, pero es de justicia que lo haga. Y es que, señores, he de hablar de nuevo del sectario empeñado en convencer a sus lectores y oyentes de que el catolicismo, a diferencia del protestantismo, es condescendiente con la mentira y con el robo. Así lo explica:
Se alegará – con razón – que hay españoles serios, cabales, formales, honrados y es verdad, pero no puede negarse que la sociedad española, como todas las católicas, es indulgente con la mentira. En esta cuestión, como en tantas otras, la moral católica es más heredera de ciertas concepciones procedentes del paganismo que de las páginas de la Biblia.
En las naciones donde triunfó la Reforma, el respeto por la propiedad privada quedó firmemente afianzado fundamentalmente porque la Biblia no sólo no tiene nada en contra de ella sino que la considera digna de protección.
Si hubiera de hacer caso a lo que ese odiador profesional de la Iglesia dice, llegaría a la conclusión de que mis padres no fueron católicos sino protestantes. ¿Por qué lo digo? Fácil. Resulta que a mí me enseñaron que mentir es pecado siempre. Y robar, también.

Tal y como cuenta el periodista Jordi Llisterri en el
Veo que son cada vez más los blogueros que escriben posts acerca de la serie de artículos publicados en Libertad Digital por César Vidal, que está empeñado en intentar demostrar al personal que España es un desastre absoluto debido a que decidió mantenerse como católica y no seguir el camino de la Reforma protestante. Su tesis es que si en vez de católicos, los españoles fuéramos mayormente luteranos, calvinistas, anglicanos, bautistas, metodistas, pentecostales, menonitas, cuáqueros o de cualquier otra de los centenares de denominaciones protestantes, este país iría de fábula.
El 28 de enero
En repetidas ocasiones he dicho que pasar de ser protestante a católico no es algo que pueda alcanzarse sin la gracia de Dios operando en el alma. Y no lo digo solo porque yo mismo haya recibido ese regalo de lo alto. Basta con leer los relatos de los grandes conversos, como el del Beato Newman, para captar que dicho “cambio” no se produce sin intervención divina. A muchos les puede parecer raro que se hable de conversión debido a que en esos casos el converso ya era cristiano. Es decir, no hablamos de personas que antes no tuvieran fe cristiana y pasen a tenerla. Hablamos de aquellos que siendo ya creyentes en Cristo pasan a ser verdaderos discípulos de su Iglesia.








