Dejen de alimentar e hidratar a mi madre
Ya tenemos el primer caso de un paciente en el que el Estado -la Junta de Andalucía lo es- ordena a los médicos que dejen de alimentarle e hidratarle para que muera. Ocurre en un hospital onubense, con nombre de advocación mariana. Una mujer está en coma y su hijo ha decidido que no debe seguir viviendo más. Él dice que su madre había advertido antes que no quería que la mantuviesen viva en esas condiciones. No sabemos si dice la verdad o no, pero es lo mismo. El caso es que esa señora va a morir en breve por deshidratación. O sea, de sed, aunque posiblemente no llegue a sentir esa sed. Digo posiblemente porque no hay manera segura de saber que un enfermo de coma no siente nada. No sería la primera vez que alguno de ellos se ha despertado tras vivir varios años en esa condición y ha dicho que se enteraba de todo.
Lo primero que me pregunto es qué sentido tiene que la retiren la sonda nasográstica. Ya que han ordenado su muerte, que le pongan una inyección para acabar antes. Para el caso, es lo mismo. Fuera hipocresías. Pensar que alimentar e hidratar a un enfermo es un encarnizamiento terapéutico es tal salvajada, que no veo manera de que se pueda argumentar que no estamos ante un caso de eutanasia. Hay muchos enfermos irreversibles que no se valen por sí mismos y que morirían si no se les ayudara a comer y beber. Por ejemplo, los ancianos con Alzheimer o demencia senil. ¿Cuánto tardaremos en asistir al primer caso en que se les deje morir de hambre y de sed, sedándolos para que no sufran?

Hasta el día de ayer nunca había visto “en vivo y en directo” un acto del Camino Neocatecumenal. A Kiko Argüello y Carmen Hernández les he contemplado en vídeos y les he leído discursos, pero creo que las sensaciones que causa el verles en tiempo real son “diferentes".
Se acabó. El Papa ya se fue a Roma. La JMJ ha llegado a su fin, aunque hoy quedan todavía algunos actos interesantes. Es hora ya de hacer balance aunque me parece evidente que para conocer los frutos de estas jornadas deberá pasar bastante tiempo. Lo que ya sí podemos decir es que ha sido un éxito palpable, evidente. No sólo por la enorme cantidad de jóvenes que han asistido -nunca ha habido una Misa tan multitudinaria en España como la de ayer en Cuatro Vientos-, sino por su comportamiento, por su testimonio de alegría y de fe incluso en medio de las dificultades que han tenido que arrostrar. Por ejemplo, la de los radicales de extrema izquierda cuyo comportamiento ha estado a la altura de su catadura moral. Pero también durante la tormenta de la Vigilia del sábado. El Papa les felicitó porque era de justicia.
Cielo y tierra se han encontrado hoy en Madrid, en el aeródromo de Cuatro Vientos. La adoración que tiene lugar ante el trono de Dios ha tenido eco en la adoración de más de un millón de jóvenes en comunión con el Vicario de Cristo. Todos arrodillados ante Cristo presente en la Hostia consagrada. Cielo y tierra unidos en adoración al Cordero de Dios. Santo silencio mientras los corazones se derramaban en adoración. Lágrimas caían en el rosto de muchos jóvenes. Qué bella es la Iglesia cuando adora a su Señor.
La JMJ en Madrid está siendo un gran éxito se mire por donde se mire. El Papa está en su salsa, feliz como pocas veces se le ha visto. Su magisterio es de un nivel extraordinario -eso ya no me sorprende- y los jóvenes están dando un gran ejemplo de civismo y amor por el Santo Padre. A eso hay que añadir el derroche continuo de la gracia del perdón que está teniendo lugar en el Retiro.


