No creen, no entienden, no conocen
Aunque por lo general no suelo mantener debates en la zona de comentarios de las noticias, de vez en cuando surge la ocasión de hacerlo. Y en estos últimos días he debatido con ateos/agnósticos sobre la “racionalidad” de la fe y sobre la realidad de los milagros.
Entre los ateos y agnósticos existen multitud de opiniones y actitudes ante el mundo de la fe y la espiritualidad. Unos son manifiestamente indiferentes. Ni creen ni les interesa gran cosa en hablar con los que creen. Otros, no pocos pero supongo que minoritarios, no creen pero les gustaría creer. Hace no mucho me encontré con uno de ellos. Por respeto a su persona no diré quién es ni lo que me dijo, pero en su actitud vi una semilla de la fe. Quien “quiere” creer es porque Dios ha puesto en su alma ese deseo y es fácil que acabe recibiendo y acogiendo el don de la fe. Y por último, está el grupo de los ateos/agnósticos a los que les encanta debatir con los creyentes para intentar demostrarles la irracionalidad de su creencia.

La Iglesia celebra hoy la memoria del Martirio de San Juan el Bautista. Quien, sin duda, no es cualquier santo, pues de él dijo el Señor Jesucristo: “En verdad os digo que no ha surgido entre los nacidos de mujer uno mayor que Juan el Bautista” (Mt 11,11a); aunque también dijo que “sin embargo, el más pequeño en el Reino de los Cielos es mayor que él” (Mt 11,11b), lo cual puede interpretarse de diversas maneras, siendo una de ellas la de la “superioridad” del Nuevo Pacto, establecido por Cristo, sobre el Antiguo, al que todavía pertenecía el Bautista.
Se dice que Francia es la hija primogénita de la Iglesia. Puede ser que así sea. Pero lo que no es una posiblidad sino ya una realidad, es que esa hija se está convirtiendo al Islam. Marco Tosatti lo cuenta en Vatican Insider y lo reproducimos hoy tanto en
La Iglesia nos pide que evangelicemos. El Papa nos pide que evangelicemos. Varios cardenales y obispos nos piden que evangelicemos. Y, de hecho, Jesucristo nos pidió que evangelizáramos, que hicieramos discípulos en todas las naciones. Por no hablar de que San Pablo fue quien afirmó aquello de “Ay de mí si no evangelizara” (1ª Cor 9,16).
Lo que está ocurriendo con la Pontificia Universidad Católica del Perú (PUCP) es un espectáculo dantesco en el que un rector despechado parece dispuesto a llevar a toda su comunidad universitaria hacia una especie de suicidio académico. El sentido común dictamina que si una universidad es Pontificia y Católica, la Iglesia tendrá mucho que decir sobre su funcionamiento, sobre sus estatutos y sobre la forma en que puede reflejar adecuadamente su condición confesional.








