Mi valoración del último comunicado de la serpiente etarra
Tras casi mil asesinatos y tras dejar una estela de heridos, viudas, viudos, huérfanos y familias destrozadas, la banda terrorista ETA ha anunciado ayer el cese definitivo de su actividad armada. Y lo ha hecho mediante un comunicado en el que:
1- Mantiene absolutamente todas sus tesis sobre lo que ha ocurrido en este país desde que la banda empezó a matar gente. Es decir, se trata de un “secular conflicto político” en el que existe violencia y represión de dos estados, el español y el francés, sobre el pueblo vasco, y que ha se solucionarse mediante el “reconocimiento de Euskal Herria y el respeto a la voluntad popular” de dicho pueblo.
2- Se alaba a sí misma y homenajea a sus asesinos. Dice que la lucha ha merecido la pena y que la misma “se ha llevado a muchas compañeras y compañeros para siempre. Otros están sufriendo la cárcel o el exilio. Para ellos y ellas nuestro reconocimiento y más sentido homenaje“.
3- Advierte que a partir de ahora el camino no será fácil, pues “ante la imposición que aún perdura, cada paso, cada logro, será fruto del esfuerzo y de la lucha de la ciudadanía vasca“.
4- Al mismo tiempo que asegura el cese de su actividad armada, “ETA hace un llamamiento a los gobiernos de España y Francia para abrir un proceso de diálogo directo que tenga por objetivo la resolución de las consecuencias del conflicto y, así, la superación de la confrontación armada“.
Bien, creo que conviene aclarar algunas cuestiones:

Al leer la petición de los rabinos europeos al Vaticano para que suspenda las negociaciones con la FSSPX, pensé inmediatamente: “éramos pocos y parió la abuela". Aparte del “caso Williamson", que la propia Fraternidad se ha encargado de solucionar de forma bastante contundente, parece que les ha molestado el contenido de un artículo del superior de los lefebvristas en Francia, el P. Regis de Cuaqueray. El mismo arremetió contra el próximo encuentro de Asís, nada nuevo en el discurso lefebvrista, y al referirse a los judíos dijo: “¿Cómo puede uno imaginarse que Dios acepta con gusto las oraciones de los judíos, que son fieles a sus padres, quienes crucificaron a su Hijo, y que niegan el Dios trinitario?”
Cementerio madrileño de la Almudena, diez de la mañana. Una familia va a incinerar a su esposo, su padre, su abuelo, su tío. Como es habitual en estos casos cuando el finado es católico, un sacerdote preside las exequias. En esta ocasión, el presbítero era de origen hispanoamericano. Su discurso es agradable para los que lloran la partida de su ser querido. Pero llega un momento en que el cura afirma, sin que le tiemble la voz, que la enseñanza tradicional de la Iglesia sobre el infierno y el purgatorio ya no es válida. En otras palabras, que no existen.
De la entrevista que
En la Pontificia Universidad Javeriana de Bogotá da clases un sacerdote jesuita llamado Carlos Novoa. Licenciado en Teología y en Filosofía, con maestría y doctorado en Ética, llegó a ser el decano de la Facultad de Teología de esa Universidad. Hace unos años








