Sucumbíos, solución a un mal que duró demasiado tiempo
“Si el presidente no los saca, llamaremos a la guerrilla". Al parecer, esa frase salió de uno de los participantes en la última protesta de los autodenominados cristianos de base del vicariato apostólico de Sucumbíos, en la región nordeste del Ecuador. Esos “católicos” son tan peculiares que no aceptan que la Iglesia haya decidido que la pastoral llevada a cabo en dicha iglesia local debe cambiar. Y en vista de cómo son y cómo se comportan los que se oponen al cambio, es evidente que el mismo era absolutamente necesario.
El Vicariato estaba en manos de religiosos carmelitas. Y muy bien no debían de hacerlo porque Roma decidió que tras aceptar la renuncia por edad de Mons. Gonzalo López, el nuevo Administrador Apostólico no sería otro carmelita sino el P. Rafael Ibarguren, sacerdote de los Heraldos del Evangelio. El Prefecto de la Congregación para la Evangelización de los Pueblos indicaba en su carta que “el nuevo Administrador Apostólico tendrá que organizar el Vicariato e implantar de manera diferente todo el trabajo pastoral“. A buen entendedor, pocas palabras bastan. El mensaje era claro.
Pero los carmelitas se tomaron muy a mal que Roma quisiera dar un cambio al trabajo pastoral en Sucumbíos. Y tanto ellos como los que querían que todo siguiera igual, han montado un cirio que va camino de poder ser considerado como un cisma. Lo primero de todo, arremetieron contra los Heraldos de Cristo, a quienes poco menos que presentaron como siervos del Gran Imperio capitalista, como ultra-católicos peligrosos. Sinceramente creo que a los cismáticos les importa poco que el nuevo vicario apostólico sea de los Heraldos. Habrían reaccionado igual ante cualquier otro vicario que no estuviera dispuesto a seguir un modelo de pastoral que la Santa Sede quiere que cambie.

Cuando Lutero tuvo éxito en propagar por buena parte de la Cristiandad la fatal idea de que cualquier cristiano podía interpretar la Escritura al margen de la autoridad magisterial de la Iglesia, se abrió la caja de los truenos que contiene todo tipo de herejías. Como bien decía San Pío X en el artículo 129 de su Catecismo mayor, “el Protestantismo o religión reformada, como orgullosamente la llaman sus fundadores, es el compendio de todas las herejías que hubo antes de él, que ha habido después y que pueden aún nacer para ruina de las almas“.
Hoy
Cuando Benedicto XVI publicó el 7 de julio del 2007 la Carta Apostólica en forma de Motu Proprio
He intentado por un momento imaginarme cuál habría sido la reacción de mis padres si hace 30 años yo hubiera llegado a casa contándoles que en el colegio me habían propuesto analizar una revista pornográfica. Y que además me hubieran asegurado que “la masturbación es otra práctica sexual más, que se puede realizar en solitario o en pareja". Y que “no hay una edad establecida” para la primera relación sexual, la cual “depende de cada persona, cuando se sienta preparado para ello". Mi duda es si mis “progenitores", especialmente mi padre, habría salido inmediatamente en dirección al colegio con un trabuco en la mano o si habría optado por hacerlo al día siguiente con una sierra eléctrica.
La izquierda española lleva en sus genes el anticlericalismo de baja estofa. Salvo excepciones que confirman la regla, los “rojos” de este país no pueden disimular lo mucho que les disgusta la cruz y la Iglesia. La llegada de Zapatero a la dirección del PSOE y al gobierno sirvió, entre otras cosas, para que la gente de Izquierda Unida se quedara sin discurso propio y diferenciado en buena parte de las cuestiones que tienen que ver con la ingeniería social. Con un presidente de extrema izquierda en ese área, es complicado intentar ser más radical. Pero está visto que puestos a decir burradas, en la izquierda saben cómo superarse los unos a los otros.


