InfoCatólica / La Mirada en Perspectiva / Categoría: Sin Categorías

14.12.17

(231) Necesidad urgente de buenas lecturas católicas, tradicionales y consistentes

Para comprender bien la crisis actual es necesario captar la relación que existe entre la mala formación, por un lado, y la facilidad con que el error se propaga, por otro.

La mala formación se relaciona, muy especialmente, con el tipo de lecturas que se recomiendan para formarse en doctrina católica. Porque esas malas lecturas contribuyen al aumento de la deformación doctrinal, el oscurecimiento del sentido de la fe, y el estancamiento de la vida cristiana. Lo ha explicado con detalle el P. José María Iraburu en este post.

Y es que no es suficiente recomendar buena doctrina, incluso la mejor doctrina, como es la del Aquinate, si al mismo tiempo se pone a su nivel doctrina confusa. 

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6.12.17

(228) Ráfagas e incisiones -I: ¿Una Nueva Humanidad, pero no la cristiana?

1.- Friedrich Nietzsche (1844- 1900) nunca habría imaginado contar con un prosélito en la Iglesia. Es Teilhard de Chardin (1881- 1955). Su ultrahombre cósmico es más cercano al superhombre nietzscheniano que al santo. Causa pavor que tal pensamiento haya permeado la mente católica. Su visión de una hipotética Ultrahumanidad habría gustado al nihilista. Dice Chardin:

«Zoológica y psicológicamente hablando, el hombre, fijado por fin en la integridad cósmica de su trayectoria, no está todavía más que en un estado embrionario, más allá del cual se perfila ya una amplia franja de lo Ultra-humano» (El corazón de la materia, 1950).

«En torno a nosotros, en el Mundo, no habrá solamente Hombres que se multiplican en número, sino que también está el Hombre que se forma. El hombre, en otros términos, no es todavía zoológicamente adulto. Psicológicamente, no ha dicho todavía su última palabra. Pero, bajo una u otra forma, está en marcha lo ultra-humano que, por efecto (directo o indirecto) de socialización, no puede dejar de aparecer» (Le coeur du problème, 1949)

Chardin pretende una Nueva Humanidad al margen del orden sacramental de la gracia. Propone “otro” Nuevo Hombre, un humanismo cósmico, una “ecología sobrenaturalizada” convertida en religión de la persona. Un ultrahombre en formación a partir de energías cósmicas y fuerzas ínsitas en la Tierra, con la gracia instrumentalizada en su servicio. :

“El Hombre, al mismo tiempo que un individuo centrado por relación consigo mismo (es decir, una “persona”), ¿no representa un elemento, por relación a una nueva y más alta síntesis? Conocemos los átomos, sumas de núcleos y de electrones; las moléculas, sumas de átomos; las células, sumas de moléculas… ¿No habrá, entre nosotros, una Humanidad en formación, suma de personas organizadas?… ¿Y no es ésta, por lo demás, la única manera lógica de prolongar por recurrencia (en la dirección de mayor complejidad centrada y de mayor conciencia), el curso de la moleculización universal?” (La vision del pasado, 1949).

Al leer esto, uno se pregunta cómo puede la mente católica no rechazar inmediatamente este tipo de nociones. Cómo puede la mente católica entregarse a anhelos nihilistas de este calibre con tanta facilidad. Es un drama que sólo se explica por una larga exposición al sueño antropocentrista. Es el viejo proyecto de hombre glorificado, el homo-homo-homo, el hombre uno y trino de Carolus Bovillus (1483- 1553), que sigue vivo en una mente católica secularizada, aunque con otra etiqueta: Nueva Humanidad, pero no del cielo, sino de la Tierra.

 
2.- La gracia perfecciona la naturaleza, enseña el adagio clásico. La idea de una gracia que no inhere la naturaleza, sino la voluntad de poder, está en la base del voluntarismo nihilista.

Pico de la Mirandola (1463- 1494), tan admirado por el personalismo teológico, fundamenta la dignidad humana en una supuesta falta de esencia definida, modificable a capricho:

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15.11.17

(225) Genealogía de lo político-teológicamente correcto, II: diálogo sin tradición, diálogo sin sentido

1.- Sobrevaloración del diálogo.- Hoy día apelar al diálogo es políticamente correctísimo, también en teología y filosofía, también en pastoral. Todos invocan al dios diálogo como panacea y medicina. ¿Creerán tal vez que el diálogo sustituye a la gracia? ¿Creerán tal vez que es la triaca milagrosa, y no hay veneno que se le resista? ¿Esta pelagianada de órdago, esta concepción experiencialista del diálogo, no será más bien el disfraz de una pastoral pirronista?

¿Serán los signos de interrogación la marca del apocalipsis? ¿La contraseña de la bestia liberal, en la frente y en la mano?

Este pensamiento itinerante que pregunta sin querer respuesta, y que nunca descansa porque odia la certezas, ¿será tomado con el tiempo como lo propiamente catolico? Dios no lo quiera. Pero lo cierto es que se ha constituido alternativa contra la apologética, testimonio sin predicación, encuentro que renuncia a hacer prosélitos, alternativa personalista a la doctrina. La fe teologal, ¿acaso ha dejado de ser asentimiento a verdades reveladas, para hacerse diálogo? ¿Es convertirse, ahora, conversar con Dios de tú a tú, de causa primera a causa primera?

Es tal la sobrevaloración del interrogativismo mutuo, que ha vuelto innecesario el derecho penal, las condenas del Magisterio, el anatema y la plegaria. ¿Todo se puede conseguir dialogando? ¿Será que para muchos es fin y no medio?

 

2.- Pero no es un diálogo tradicional.- Más bien es rey desnudo y espada sin filo; un diálogo que no busca el convencimiento, ni confesión a la limón de la fe; sino favorecer intercambios y encuentros, y acaso prologar comisiones y programas y comisiones y programas y comisiones y programas de buena voluntad intraeclesial, o ecuménica, o interreligiosa, o interdoctrinal, pero poco más. Se queda siempre en monólogo, poco más que un cruce de autobiografías que blablean unas a otras, sin más traza que un garabateo de comunicación. 

 

3.- ¿Sócrates sí, mayéutica no?.- Lo que hoy día se considera político-eclesialmente correcto, se sintetiza en su noción-talismán: diálogo. En el pensamiento católico tradicional, sin embargo, esta palabra se reserva en exclusiva para el método socrático, figura natural de la escolástica apologética: mediante preguntas y respuestas sanadoras, el maestro removía los problemas y obstáculos que trababan la mente de su interlocutor, dejando en evidencia la inconsistencia de sus prejuicios mediante la ironía y la argumentación guiada.

Todo el diálogo estaba encaminado a que el otro descubriera la verdad y la razón preambulara su fe. Platicar de Dios era labor de cirujano y Sócrates era su Hipócrates. Trabajo mundano era chamuyar a diestro y siniestro. ¿Para qué tanto hablar, si no se va a llegar nunca a nada? ¿Hay meta o no hay meta? ¿Es el discurso propio un fin en sí mismo, o un instrumento de Dios, según la Escritura: «Somos, pues, embajadores de Cristo, como si Dios os exhortase por medio de nosotros» (2 Cor 5, 20)?

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8.11.17

(223) Genealogía de lo político- teológicamente correcto, I

Tópicos, tópicos y más tópicos, conforman la mente en crisis eclesial de hoy. Hay tantas cosas que reformar, para que brille en todo su esplendor la Iglesia, que es casa del Dios vivo, columna y fundamento de la verdad (1 Tim 3, 15).

Vamos en busca de la identidad católica perdida, a través de una densa niebla de conceptos y prejuicios que hemos de clarificar.

Lo político-eclesialmente correcto es ante todo una declaración de paz frente al modernismo, que no quiere la paz, sino la guerra. Bebe de sus fuentes, porque surgió de él. 

El modernismo es el enemigo. Presentarle batalla con una espada sin filo (el personalismo) forjada en sus propias herrererías, no tiene sentido.

La primera víctima de esta crisis ha sido la teología moral. Habría que clavar Veritatis splendor en las puertas de las catedrales.

 

1.- Personalismo y luteranismo.- Es eclesialmente correcta una visión irreligiosa de la ley natural.- Los personalistas han proyectado la pretensión naturalista de Bonhoeffer (1906  -1945) —una “interpretación no religiosa de los conceptos teológicos” (Resistencia y rendición, p. 248-49)— al activismo provida, como si fuera posible una interpretación aconfesional de la ley natural. ¿Olvidan que la ley natural es católica?

—El activismo provida aconfesionalista está conectado con la teología luterana.

 

2.- Personalismo y anglicanismo.- Es eclesialmente correcta una visión antropocéntrica del cristianismo.- Toda la religión cristiana gira en torno a la persona humana —dice el personalista—. ¿Acaso creen, como asegura Delante de Dios, ese librillo del obispo anglicano inglés John A.T. Robinson (1919- 1983), que la búsqueda de Dios es sinónima de la búsqueda del hombre? O como dice, retratándolo, Abbagnano: «El problema de Dios es simplemente el de reconocer lo que hay de más verdadero, de más auténtico en la experiencia humana» (Historia de la Filosofía, vol.3, p. 795).

¿Olvidan que el cristianismo no es humanismo, porque el hombre se ha hecho inmundo a ojos de Dios? ¿Olvidan que el hombre se cayó de la gracia, y es hijo de la ira divina por naturaleza?, puesto que «habiendo perdido todos los hombres la inocencia en la prevaricación de Adán, hechos inmundos, y como el Apóstol dice, hijos de ira por naturaleza» (Concilio de Trento, ses. VI, cap. I) necesitaron de un Redentor?

—El naturalismo personalista en la evangelización está conectado con la teología liberal del anglicanismo.

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7.11.17

(222) Personalismo, VII: sus problemas con la teología moral

El personalismo, si radicaliza sus principios fundacionales, da muchos problemas a la teología moral. Lo hemos comprobado con la heterodoxia situacionista de Bernhard Häring. 

Lo hemos comprobado también recientemente, a causa de la crisis de Amoris lӕtitia. Pues aunque haya personalistas que han alertado de su ambigüedad doctrinal, otros la han intentado encubrir y justificar acudiendo a tópicos y perspectivas personalistas, como es el caso del filósofo Rodrigo Guerra —en este artículo cuya incoherencia interna denunció Infocatólica con este gran post de Bruno M. Y yo mismo con este otro.

El personalismo debe hacer autoexamen, y preguntarse si contiene o no alguna toxina subjetivista que tienda a radicalizarse. Me refiero al principio de primacía de la voluntad y el sentimiento.

 

UN PRINCIPIO FUNDACIONAL

Según la Asociación Española de Personalismo,  el personalismo defiende explícitamente que «la cualidad más excelsa de la persona no es la inteligencia sino la voluntad y el corazón». 

Durante los últimos cincuenta años, laicado y clero han sido educados en este principio, extrapolado a la filosofía en general, y a la teología moral en particular —y creemos que con resultados catastróficos: nunca la razón, la ley natural, los mandamientos han sido tan mal vistos. La Teología de la Anomia está de fiesta.

 

La recepción acrítica de este tópico ha producido en la mente eclesial una atmósfera antiescolástica, y un rechazo de la formación doctrinal. Es frecuente escuchar burlas o comentarios antitomistas, como si un poco de fenomenología fuera suficiente para callar la boca al Aquinate.Tampoco falta un menosprecio experiencialista de lo dogmático, como si creer no consistiera en asentir verdades reveladas, ni formulaciones preceptivas de ley natural.

Esta mala comprensión, en general, de la noción de libertad moral tiene consecuencias muy graves: por un lado, la aproximación teológica al luteranismo. Por otro, la subjetivización de la moral cristiana. Y es que cualquier tipo de sometimiento, en teología moral, de la inteligencia al sentimiento, es contrario a la doctrina de la Iglesia, y signo claro de modernismo. Releamos la Pascendi. En definitiva: no se es más libre por sojuzgar la razón. No se es más libre por poner en segundo término la verdad. Todo lo contrario. La voluntad ciega conduce a la esclavitud de las pasiones. No hay mejor auriga para el carro de los sentimientos, que la recta razón iluminada por la fe.

La Encíclica Libertas praestantissimum de León XIII, de 1888, llega incluso a afirmar en su punto 5:

«La libertad es, por tanto, como hemos dicho, patrimonio exclusivo de los seres dotados de inteligencia o razón

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