26.03.17

(168) Predestinación VIII: la aceptación libre de la gracia como fruto de la predestinación

A continuación expongo en doce aforismos un resumen de los expuesto sobre este tema en los anteriores posts sobre Predestinación. No cito Magisterio, pues ya fue citado en ellos anteriormente. Me limito, pues, a recordar y re-exponer las nociones fundamentales ya exlicadas, como síntesis de la doctrina católica tal y como la exponen santo Tomás y San Agustín y nosotros la hemos expresado.

 

1.- No se puede aceptar la gracia sin auxilio de la gracia. Aceptar libremente la gracia es fruto de la gracia. El ser humano no puede aceptar la gracia POR SÍ SOLO (herejía pelagiana) ni por sí solo con la suma de la gracia (herejia semipelagiana), sino por gracia. La acepta POR SÍ MISMO gracias a la gracia. Es la doctrina católica.

 

2.- Es semipelagianismo entender que depende primero del ser humano aceptar la gracia, entendida cual sumando en una suma, como si por sí solo pudiera aceptarla si se le añade un auxilio extra. Porque para aceptar libremente la gracia se precisa del influjo de la gracia.

 

3.- Es vital, para entender el misterio de la predestinación, comprender la diferencia que existe entre que el hombre actúe por sí solo y que actúe por sí mismo. El hombre no se salva por sí solo (herejía pelagiana/semipelagiana) ni sin él (herejía quietista/luterana) sino POR SÍ MISMO, como fruto de la segura transformación que la gracia eficaz opera en su voluntad.

4.- La predestinación significa que el ser humano no se salva por sí solo, pero sí por sí mismo, como efecto de la gracia. La eficacia del auxilio divino consiste, pues, en custodiar y defender del mal, por así decir, la libre elección del bien, que ha sido suscitada y mantenida por Dios hasta su término. Nuestro Señor siempre tiene la iniciativa.

 

5.- La predestinación significa que Dios mueve eficaz y gratuitamente al ser humano a moverse por sí mismo hacia su salvación, de forma infaliblemente libre.

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19.03.17

(167) Las tres advertencias de la Pascendi

El 8 de septiembre de 1907, año quinto del pontificado de San Pío X, fue una fecha importante para la Iglesia: es el día de la carta encíclica Pascendi, un profético documento magisterial. En ella no sólo se condenaban con claridad conceptual y precisión luminosa las doctrinas de los modernistas.También se daba voz de alarma contra los males que iban a venir, y se lanzaban tres advertencias fundamentales.

 

1.- La primera advertencia de la Pascendi.- Todo obispo debería tener muy en cuenta su primer deber, según la encíclica. Primera obligación, primer imperativo, primera misión de pastoreo: proteger el Depósito. Responsabilidad primigenia y primordial de la Iglesia jerárquica. Y es que el papel de los pastores, en el combate contra el error, es el papel protagonista. Así lo enseña, sin timidez ni eufemismos, en la primera frase: 

«(Pascendi Introducción) Jesucristo señaló como primer deber el de guardar con suma vigilancia el depósito tradicional de la santa fe, tanto frente a las novedades profanas del lenguaje como a las contradicciones de una falsa ciencia.».

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15.03.17

(166) En el laberinto progresista: el modernismo como Minotauro

¿Va ud. a hablar ahora del modernismo?

—Claro, es que si hablo del progresismo tengo que hablar del modernismo.

No entiendo. ¿Cuál es su tesis?

Mi tesis es que el progresismo eclesial, aun en sus dos vertientes, no es más que la forma posmoderna del modernismo.

—¡Toma ya! ¿No le parece un poco desfasado hablar, todavía, de modernismo, en plena posmodernidad? Hay evangelizadores que afirman lo contrario que ud.: que el catolicismo sigue empeñado anacrónicamente en una lucha contra el modernismo, sin entender que cambiaron las coordenadas, y que estamos inmersos en otra época: la muy líquida y delicuescente posmodernidad. Dicen que el modernismo pasó.

El modernismo no ha caducado, ni para la mente occidental en general, ni para la mente católica en particular. No ha pasado porque está inmersa en su laberinto, que se confunde con la cultura posmoderna. El progresismo es el laberinto con que el modernismo mantiene extraviadas muchas mentes católicas actuales. 

—Entonces, según eso, el modernismo es el señor del laberinto, su Minotauro.

Es lo que pienso.

—¿Y quién será Teseo?

El catolicismo autentico, bíblico-tradicional, sacramental, con buena doctrina de la gracia, con buena metafísica, con buena doctrina, sacral, adorador, venerador dúlico e hiperdulico.

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9.03.17

(165) Dichas y desdichas del progresismo católico

I.- PROGRESISMO TEOLÓGICO COMO HOSTILIDAD A LA TRADICIÓN

¿Ve ud. progresismo por todas partes?

—Hombre, por todas partes no, jeje

¿Cree ud, entonces, que hay un progresismo católico?

Obviamente. Claro que lo hay. Hay una tendencia del catolicismo cuya convicción es el marxismo cultural. Y digo convicción, porque es mucho más que una afición o un hobby. Es toda una forma de conformarse con el mundo. Es como una gran sombra de catolicismo, un simulacro, un arte de imitación, una impostura teológica. Una sombra que acompaña a la Iglesia, que hay que iluminar con el sol que viene de lo alto, que es la sana doctrina bíblico-tradicional. 

Y, ¿cómo calificaría ud. la esencia de ese supuesto progresismo católico?

—La definiría con esta expresión, un tanto belicosa, lo reconozco: hostilidad latente o manifiesta contra la Tradición y, por tanto, contra la ley natural. Incluyo aquí las buenas tradiciones, es decir, aquellas que conservan y refuerzan la ley natural, mediante la cultura, la leyes, las instituciones, etc. Por ejemplo, la tradición grecolatina y judeocristiana de Europa.

Es una definición muy extraña, jeje.

—Sí, pero se la puedo explicar, si le interesa.

No sé que decirle…

 

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26.02.17

(164) Progresismo eclesial

1.- La esencia del progresismo eclesial.-  Se sustenta teológicamente en uno de los errores condenados en 1864 por el Syllabus, V con toda precisión: «La revelación divina es imperfecta, y está por consiguiente sujeta a un progreso continuo e indefinido».

 
2.- El progresismo cree que la ley moral natural debe cambiar a mejor.-  Que las verdades reveladas, que la incluyen, deben avanzar con el avance del tiempo, mutar en algo mejor, alcanzado por el puro movimiento antropocéntrico. —Porque, bajo esta perspectiva, cambiar es bueno, y reposar en algo que no cambia, que no se mueve, es malo. Ya lo expuso Gotthold Ephraim Lessing († 1781), en Nathan el sabio: si hay que elegir entre hallar la verdad, y buscarla indefinida e interminablemente, es mejor escoger lo segundo. Porque reposar en la verdad, para la mente progresista, estanca y paraliza.
 

3.- La forma actual del modernismo es el progresismo y sus obsesiones: el sentimentalismo buenista, la supuesta maldad legalista de la ley, la primacía de la conciencia subjetiva, el rigorismo de toda condena del error, la inconveniencia del ejercicio de la autoridad, reconvertida en mero servicio; la no esencialidad del ser humano, que puede y debe llegar a ser lo que quiera, sin límite alguno; la supuesta irreligiosidad del derecho penal de la Iglesia, etc, etc. —Tarea urgente para el catolicismo de hoy, sería elaborar un catálogo de tabúes progres, a la manera de León Bloy († 1917), que lo hizo con los prejuicios burgueses.

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