InfoCatólica / Reforma o apostasía / Categoría: Santos

19.03.17

(311) San José, custodio de Jesús y de su Cuerpo, la Iglesia

San José y el Niño JesúsSan José, custodio amante, / de Jesús y de María, / enséñame a vivir siempre / en tan dulce compañía.

Sé mi maestro y mi guía / en la vida de oración; / dame paciencia, alegría / y humildad de corazón.

No me falte en este día / tu amorosa protección, / ni en mi última agonía / tu piadosa intercesión.

Esta preciosa oración a San José me la dio hace bastantes años en una estampa una religiosa carmelita, que como todas las del Carmelo había heredado de Santa Teresa de Jesús una devoción muy grande al glorioso patriarca San José. Dios le pague el precioso regalo que me hizo. Llevo siempre esa oración en el Breviario, para rezarla todos los días.

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La exhortación apostólica Redemptoris Custos, de San Juan Pablo II (15-VIII-1989) es uno de los más grandes documentos que el Magisterio apostólica nos ha dado sobre San José. En el día de su solemnidad litúrgica quiero recordarla, tomando de ella aquellos textos en los que, continuando una larga tradición, enseña cómo San José, habiendo sido elegido por Dios para custodiar la vida de Jesús, recibió al mismo tiempo la misión de custodiar la vida del Cuerpo de Jesús, que es la Iglesia.

El texto que sigue recoge, pues, algunos fragmentos de la Redemptoris Custos.

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15.03.17

(424) La muerte cristiana, 9. –en San Esteban

S. Esteban - José de Churriguera, 1707

–¿Tan peligroso es decir en el mundo la verdad de Dios?

–Pruebe a hacerlo y podrá comprobarlo.

–La muerte de Cristo en la cruz es evidentemente el modelo supremo de la muerte cristiana, como ya lo expuse en el artículo anterior (423). Pero también la muerte de los santos, al ser imágenes de Cristo muy perfectas, son para nosotros revelación y estímulo para conocer y vivir la muerte cristiana. Contemplaremos, pues, la muerte en algunos discípulos de nuestro Señor Jesucristo.

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20.02.17

(420) Levantemos el corazón. –Lo tenemos levantado hacia el Señor

S. Gregorio de Nisa

–Perdone, pero lo que dice al principio ya lo dijo en el comienzo del artículo anterior (419).

–Cierto. Pero piense que, aunque sea muy improbable, puede darse el caso de que alguien no lo leyó… o lo leyó sin enterarse bien de lo que dije.

 

La Iglesia es una y única, aunque existe en tres estados diferentes: cielo, purgatorio y tierra. El concilio Vaticano II así lo enseña (LG 49).

Los cristianos imperfectos tendemos a pensar principalmente en la Iglesia de la tierra, que es la única visible para nosotros, y no la conocemos suficientemente en su relación con la Iglesia del cielo y la del purgatorio. Nos falta la visión espiritual de un San Pablo: «nosotros no ponemos los ojos en las cosas visibles, sino en las invisibles; pues las visibles son temporales; las invisibles, eternas» (2Cor 4,18). Y esta miopía espiritual tiene no pocas consecuencias negativas. Señalo dos:

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5.01.17

(414) El P. Arnaiz, S.J. y las Misioneras de las Doctrinas Rurales

P. Arnaiz, S. J.

–¿Algún santo?

–De momento, Venerable. Pero Dios quiera que pronto Beato y Santo.

 Las Misioneras de las Doctrinas Rurales son conocidas mías muy apreciadas desde hace bastantes años. Con ocasión sobre todo de su relación con la Fundación GRATIS DATE (1988-) y la Fundación InfoCatólica (2009-) he tratado con ellas bastantes veces, alegrándome siempre su bondad, sencillez y espíritu apostólico. Una vez al año, por el tiempo de Navidad, nos envían a sus amigos y bienhechores «el periodiquito», un boletín de 8 páginas muy simpático, en el que nos comunican su vida y milagros. En el último que me llegó, hace unos días, nos comunicaban:

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29.12.16

(413) Santo Tomás Becket: el martirio es malo para la salud

Santo Tomás Becket +1170

–¿Pero qué está usted diciendo?

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 Hoy, 29 de diciembre, en su memoria litúrgica, el santo Obispo-mártir Becket nos conforte con su ejemplo y con su intercesión.

–Biografía

Tomás Becket nace de unos padres burgueses en Londres (1118) y muere en Canterbury (1170). Un amigo de su padre, que se sentía atraído por las hermanas de Tomás, le enseñó las buenas maneras, y lo inició en la equitación y la caza, lo que le permitió participar en justas y torneos. Hizo en la abadía de Merton estudios jurídicos civiles y canónicos, y estudió teología en París y Bolonia. Al regresar a Inglaterra, el arzobispo de Canterbury, apreciando sus cualidades, lo tomó a su servicio, encomendándole varias veces gestiones en la Santa Sede. En 1154 fue nombrado Arcediano de Canterbury y en 1155 Enrique II de Inglaterra lo nombró Canciller del reino, teniendo Tomás 37 años.

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