(649) Ángeles, 6. -Liturgia terrena y celestial

–Hay actualmente comunidades cristianas que organizan la liturgia como si fuera una reunión puramente humana.

–Es uno de los peores efectos de la secularización del cristianismo. En los casos más desvergonzados, vienen a ser profanación y sacrilegio.

 (1)

Negándose a adorar a Jesucristo, los ángeles se hicieron demonios

La Sagrada Escritura nos revela-veladamente una gran batalla entre los ángeles malos, que niegan el culto a Dios y la adoración de su Cristo, queriendo «ser como Dios». Recuerdo los textos bíblicos más significativos sobre los ángeles caídos.

*Así Isaías (14,12-17ss) a fines del s. VIII, a. Cto.:

«¿Cómo caíste del cielo, lucero brillante [lucifer], hijo de la aurora? Has sido tirado por tierra, opresor de las naciones? Tú, que decías en tu corazón: “Escalaré a los cielos; en lo alto, sobre las estrellas de Dios, elevaré mi trono; me instalaré en el monte de la divina asamblea, en el confín del septentrión. Subiré sobre la cumbre de las nubes y seré igual al Altísimo”. Pues bien, al sepulcro has bajado, a las profundidades del abismo. Para verte mejor se detienen y te contemplan diciéndote: “¿Es éste el que hacía temblar la tierra, el que trastornaba los reinos, el que hacía del mundo un desierto, devastaba las ciudades y no liberaba a sus cautivos?»…

*Así Ezequiel (28,16-18ss) a principios del s. VI a. de Cto.:

«Fue irreprensible tu conducta desde el día de tu creación hasta que se descubrió tu culpa. Por la magnitud de tu comercio te llenaste de violencia y de pecado. Por eso te expulsé de la montaña divina como a un profano, y te hice desaparecer de entre las piedras de fuego, querubín protector. Por tu belleza tu corazón se hizo arrogante, el esplendor echó a perder tu sabiduría (…) Por eso suscité de tus entrañas un fuego que devora»…

*Así San Juan en el Apocalipsis (12) en el año 95:

El Apóstol y Evangelista describe el odio del diablo al Verbo divino encarnado. La soberbia y la envidia causa en los ángeles malos un odio al Hijo de Dios, «nacido de una mujer» (Gal 4,4), que les lleva a negarle en absoluto el culto y adoración. Es un odio que arrastra a «la tercera parte de las estrellas del cielo» (Ap 12,4). Ese tercio diabólico de los ángeles rechaza a Jesucristo como Señor suyo, y el Dragón  satánico intenta en vano devorarlo.

«Hubo un combate en el cielo. Miguel y sus ángeles combatieron contra el Dragón, y el Dragón combatió, él y sus ángeles. Y no prevaleció y no quedó lugar para ellos en el cielo. Y fue precipitado el gran Dragón, la serpiente antigua, el llamado Diablo y Satanás, el que engaña al mundo entero; fue precipitado a la tierra y sus ángeles fueron precipitados con él. Y oí una gran voz en el cielo que decía: “Ahora se ha establecido la salvación y el poder y reinado de nuestro Dios, y la potestad de su Cristo”» (Ap 12,7-10).

 

–La tradición y el Magisterio apostólico

El Catecismo de la Iglesia nos traza los rasgos fundamentales de este pecado de los ángeles diabólicos.

391    Tras la elección desobediente de nuestros primeros padres se halla una voz seductora, opuesta a Dios (Gn 3,1 5) que, por envidia, los hace caer en la muerte (Sb 2,24). La Escritura y la Tradición de la Iglesia ven en este ser un ángel caído, llamado Satán o diablo (Jn 8,44; Ap 12,9). La Iglesia enseña que primero fue un ángel bueno, creado por Dios. “El diablo y los otros demonios fueron creados por Dios con una naturaleza buena, pero ellos se hicieron a sí mismos malos” (Letrán IV,1215: Denz 800).

392    La Escritura habla del pecado de estos ángeles (2Pe 2,4: [“Dios no perdonó a los ángeles que pecaron”]). Esta «caída” consiste en la elección libre de estos espíritus creados que rechazaron radical e irrevocablemente a Dios y a su Cristo. Encontramos un reflejo de esta rebelión en las palabras del tentador a nuestros primeros padres: “Seréis como dioses” (Gn 3,5). El diablo es “pecador desde el principio” (1Jn 3,8), “padre de la mentira” (Jn 8,44)».

393    Es el carácter irrevocable de su elección, y no un defecto de la infinita misericordia divina, lo que hace que el pecado de los ángeles no pueda ser perdonado. “No hay arrepentimiento para ellos después de la caída, como no hay arrepentimiento para los hombres después de la muerte”» (S. Juan Damasceno, Expositio fidei 18)».

 

(2)

Los ángeles celestiales, adorando a Jesucristo, inician la Liturgia de la Iglesia

En contraposición a los demonios, los ángeles suscitaron entre los hombres los primeros adoradores de Jesús. Ellos fueron, con María, con José y con los pastores de Belén, los primeros creadores de la Liturgia glorificadora de Jesucristo: «¡Gloria a Dios en el cielo, y en la tierra paz»… Y ellos la prosiguen en el cielo, como nos consta por las revelaciones del Apocalipsis, que describen el esplendor fascinante, inefable y continuo de la Liturgia celestial en torno al Cordero sacrificado, Salvador del mundo (Ap 4-6).

Es el mismo Cristo, el Señor, como Sumo Sacerdote eterno y santo, quien preside la Liturgia celestial y la terrena, que están unidas, y que juntan a los ángeles y los hombres, a vivos y difuntos, al cielo y a la tierra, en una adoración única. Por eso la Liturgia sagrada de la Iglesia es al mismo tiempo celestial y terrena, como con gran verdad declaró el Concilio Vaticano II (Sacrosanctum Concilium 8):

«En la liturgia terrena pregustamos y tomamos parte en aquella liturgia celestial que se celebra en la santa ciudad de Jerusalén, hacia la cual nos dirigimos como peregrinos y donde Cristo está sentado a la derecha de Dios como ministro del santuario y del tabernáculo verdadero. Cantamos al Señor el himno de gloria con todo el ejército celestial [de los ángeles]. Venerando la memoria de los santos, esperamos tener parte con ellos y gozar de su compañía. Aguardamos al Salvador, nuestro Señor Jesucristo, hasta que se manifieste El, nuestra vida, y nosotros nos manifestemos también gloriosos con Él [Flp 3,20; Col 3,4]».

 

Los ángeles, por tanto, concelebran con nosotros la Liturgia de la Iglesia en la tierra. Si afirmamos que la Liturgia terrena toma parte en la Liturgia celestial, hemos de afirmar igualmente que la Liturgia celestial toma parte siempre en la Liturgia terrena de la Iglesia. Es, pues, muy importante que la presencia de los ángeles en la Eucaristía y en los Sacramentos sea captada por los cristianos con fe viva y gozo lleno de esperanza y gratitud.

Durante siglos el arte religioso de la Iglesia ha representado a los ángeles en torno al altar de la Eucaristía, con pinturas en el ábside, con imágenes aladas que sostienen lámparas o de otros modos semejantes, queriendo hacer visible a los fieles la presencia de los ángeles en el centro y fuente de toda la liturgia terrena de la Iglesia.

 Recordaré algunos momentos principales en que la Iglesia confiesa claramente esa presencia de los ángeles en su Liturgia.

 

(3)

En la Eucaristía

*Acto de contrición. «Yo confieso ante Dios todopoderoso y ante vosotros hermanos, que he pecado mucho de pensamiento, palabra, obra y omisión; por mi culpa, por mi culpa, por mi gran culpa. Por eso ruego a Santa María, siempre Virgen, a los Ángeles, a los Santos, y a vosotros hermanos, que intercedáis por mí ante Dios nuestro Señor».

Dicho sea de paso que esta oración es incomparablemente más idónea para suscitar y expresar el arrepentimiento que las otras formas alternativas, muy breves y pobres, ofrecidas por el Misal renovado.

*En el Gloria. El himno del Gloria a Dios en el cielo es llamado por la tradición el himno angélico, pues evoca y desarrolla el coro de los ángeles que anunció a los pastores la encarnación del Hijo divino único y eterno. Recemos siempre el himno angélico en compañía de los ángeles. «Bendecid al Señor, ángeles suyos… Bendice, alma mía, al Señor» (Sal 102,20.22).

*En el Credo. Confesamos en su principio, a «Dios, Padre todopoderoso, creador de todo lo visible e invisible», etc. uniendo así la tierra con el cielo, la criatura humana corporal y visible con la criatura angélica puramente espiritual e invisible.

*En el Prefacio. Todos los prefacios, siempre luminosos, alegres y grandiosos, culminan en su última estrofa uniendo la liturgia terrana con la celestial: «Por eso con los ángeles y arcángeles y con todos los coros celestiales, cantamos sin cesar el himno de tu gloria».

*En el Sanctus. El Prefacio culmina en la triple aclamación de los serafines, tal como la refiere Isaías (6,3): «¡Santo, Santo, Santo, Yavé Sebaot! ¡Llena está toda la tierra de tu gloria!». Y según revela San Juan en el Apocalipsis (4,8-9):: «los cuatro vivientes tenían cada uno de ellos seis alas… y no se daban reposo día y noche, diciendo: “Santo, Santo, Santo es el Señor Dios todopoderoso, el que era, el que es y el que viene”. Siempre los vivientes [ángeles] daban gloria, honor y acción de gracias al que está sentado en el trono, que vive por los siglos de los siglos» (Ap 4,8-9).

*En la epíclesis. El Canon Romano de la Misa, en su segunda invocación al Espíritu Santo (epíclesis), suplica a Dios el servicio de los ángeles: «Te pedimos humildemente, Dios todopoderoso, que esta ofrenda sea llevada hasta el altar del cielo por manos de tu ángel», etc.

Los ángeles no pueden celebrar la eucaristía, sólo el hombre creyente que ha recibido el sacramento del Orden. Pero está claro que los ángeles asisten a la Eucaristía, oran con nosotros, interceden por nosotros, y presentan ante el altar celestial de Dios nuestra ofrenda sacrificial.

 

(4)

En el Te Deum

Todos los domingos, en la Liturgia de las Horas, y en ciertas fiestas y solemnidades litúrgicas, se reza o canta el Te Deum, uno de los más preciosos himnos de glorificación de Dios y de su enviado Jesucristo. Y en él, ya en las primeras estrofas, nos unimos expresamente al coro litúrgico de los ángeles:

«…A ti, eterno Padre, te venera toda la creación. Los ángeles todos, los cielos y todas las potestades te honran. Los querubines y serafines te cantan sin cesar: Santo, Santo, Santo es el Señor, Dios del universo. Los cielos y la tierra están llenos de tu gloria»…

 La liturgia de la Iglesia terrena, para ser grata a Dios, para ser sagrada, debe revestirse de la dignidad y belleza del culto angélico celestial. Toda vulgaridad, torpeza, error o fealdad profanan la Liturgia terrena, pues en ésta «pregustamos y tomamos parte en la liturgia celestial» (SC 8).

 

(5)

–En la Liturgia de las Horas

Lo dicho del Te Deum ha de aplicarse al rezo de la Liturgia de las Horas. Celebramos las Horas asistidos ciertamente por los ángeles de Dios y por todos los santos del cielo. «Te doy gracias, Señor, de todo corazón; delante de los ángeles tañeré para ti. Me postraré hacia tu santuario, daré gracias a tu nombre» (Sal 137,1-2). Recordaré sólo algunos lugares de la Hora de Completas.

Los domingos y solemnidades rezamos el salmo 90, lleno de confianza y de majestad: «Tú que habitas al amparo del Altísimo, que vives a la sombra del omnipotente… No se te acercará la desgracia, ni la plaga llegará hasta tu tienda, porque a sus ángeles ha dado órdenes, para que te guarden en tus camino; te llevarán en sus palmas, para que tu pie no tropiece en la piedra»…

Y en la oración final de Completas, la que se reza en las solemnidades que no coinciden con el domingo: «Visita, Señor, esta habitación: aleja de ella las insidias del enemigo; que tus santos ángeles habiten en ella y nos guarden en paz, y que tu bendición permanezca siempre con nosotros».

* * *

En los Sacramentos

Los Sacramentos son irradiaciones de la Eucaristía, y si los ángeles están presentes a ella, como hemos visto, también lo están en todos los sacramentos. Pero renuncio a ilustrar esta afirmación con los ejemplos y citas correspondientes por no cansar a los lectores… y por no cansarme yo.

José María Iraburu, sacerdote

Post post.-En la imagen que encabeza el artículo, el retablo del ábside y la realización de sus imágenes son obra de la escultora Diana García Roy, licenciada en Bellas Artes, 1999, en la Universidad Complutense, Madrid.

 

Índice de Reforma o apostasía

 

 

5 comentarios

  
Maria del Carmen
¡¡¡ Alabado sea Dios Padre Todopoderoso ; qué está sentado en el Trono . Y alabado sea el Cordero qué fue degollado ; y con su Sangre nos ha redimido .Y alabado sea el Espíritu Santo qué procede de Dios Todopoderoso ; que está sentado en el Trono y del Cordero. !!!


¡¡¡ Alabada sea la Santísima Virgen Maria , Esposa de Dios Padre todopoderoso ; y Madre del Cordero ; qué fue degollado para nuestra redención !!!

¡¡¡ Alabada sea la Esposa del Cordero ; ataviada cómo una Novia qué baja del cielo !!!

¡¡¡ Alabada sea la Santísima Trinidad : Tres Personas distintas y un Sólo Dios Verdadero !!!

Todos los Ángeles y Arcangeles alaban a Dios diciendo : Santo , Santo ; Santo es el Señor Dios Todopoderoso ; Creador del Universo ; de Quién proceden todas sus criaturas .Y Santo es El Señor ; por medio del Cuál son todas las cosas .Y Santos son todos los demás hijos de Dios ;qué han sido engendrados por medio de Jesucristo ; El Señor !!!

Infinitas Gracias padre Iraburu ; porque por medio de usted ; somos iluminados , e inducidos a ser inspirados por Dios.
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JMI.-Adorado sea nuestro Señor y Salvador Jesucristo en la Eucaristía, y siempre, en todo lugar, con los ángeles y los santos.
Bendción +
04/07/21 12:45 PM
  
Juan José Acebal
Gracias P. Iraburu por sus catequesis.
Respecto del demonio se suele decir que lo mismo se le ignora, no se habla de él, no se cree en su existencia, que se le "ve" por todas partes. Para mí, las palabras más certeras, más claras, sobre esta terrible realidad, fueron las pronunciadas por el Papa S. Pablo VI en la homilía pronunciada en la Basílica de San Pedro en la solemnidad de San Pedro y San Pablo el 29 de Junio de 1972 y en la audiencia general del 15 de Noviembre de 1972 y que fueron publicadas por Infocatólica en un artículo del P. Alberto Royo Mejía el 05.12.09 titulado "La Reforma litúrgica (VI): Pablo VI y el humo de Satanás".
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JMI.- Si mira al final de mis artículos el Índice de todo el blog, verá tres artículos sobre el demonio (16, 17 y 18), con enlace, que quizá le interesen.
Bendición +
06/07/21 12:17 AM
  
Julio
Ud .Padre Iraburu si que instruye a los fieles en la Recta Doctrina
Realmente su lectura es como un rezo a IHS y a la verdadera IGLESIA
Sus conocimientos y sus solidos argumentos son invalorables
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JMI-Gracias por su gratitud.
Yo no hago más que exponer lo que nos enseña la Iglesia en Escritura y Tradición.
Pero eso es, efectivamente, "invalorable".
Bendición +
10/07/21 2:18 AM
  
María del Carmen
Es muy preocupante padre Iraburu : Porqué dice usted qué exponer lo que nos enseña la Iglesia en Escritura y Tradición ; es efectivamente " INVALORABLE " ? .... ..

Me parece muy preocupante !!!
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JMI.-Digo "invalorable" como eco de lo que dice la comentarista anterior, Ángeles. En el sentido de "inapreciable" = valiosísimo.


10/07/21 9:07 PM
  
María del Carmen
Ya ; entiendo : Exponer la Doctrina y Tradición de la Iglesia ; seguramente era absolutamente normal hasta la primera mitad del siglo XX .Yo nací en el 1.952 ; y prácticamente no me enteré muy bien de todo ésto.

Recuerdo al sacerdote de mi pueblo la preguntá que me hizo durante la catequesis de la primera comunión : " A ver ; cómo se llama el Papa ? Yo le respondí muy contundente : Pío XiI .Me respondió : No : Juan XXIII.

Ahora comprendo ; que hoy día exponer la Doctrina y enseñanzas de los Santos Padres de la Iglesia Tradicional : es algo cómo encontrar un Diamante de gran valor ; o una obra de orfebrería de un valor incalculable , o
" invalorable "

Un cordial saludo padre Iraburu.
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JMI.- Así es.
Bendición +
11/07/21 11:11 AM

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