(588) Coronavirus-II. La obediencia cristiana a las Autoridades civiles (y II)

–Dejó usted sin contestar a ciertos comentaristas (587), diciendo que los respondería en un comentario último final. Y no lo hizo. Argia, M. Angels, Jordi, MªRosa Gutes, José Martínez, Veritas liberabit, Javier y Ana, estarán esperando.

Ya les he avisado que no les contestaba al final de (587), como pensaba, porque me salió largo el texto. Y que veo que es mejor dar la respuesta prometida  en un segundo artículo (588). 

Conviene que complete mi anterior artículo con estos datos y reflexiones. Y si alguno no ha leído el (587) serìa bueno que lo leyera antes que éste. 

-Indicaciones de la Conferencia Episcopal Española ante el coronavirus

La Plenaria de la CEE se reunió en Madrid del 2 al 6 de marzo de 2020, y su secretario, Don Luis Arguello, presentó algunas Indicaciones adoptadas «para prevenir la expansión de la infección por coronavirus.

«En relación a la situación señalada por el Ministerio de Sanidad, Consumo y Bienestar Social, vinculado a la expansión del coronavirus en España, el Secretario general de la Conferencia Episcopal Española ha realizado algunas indicaciones sobre esta cuestión, que son pautas compartidas por numerosas diócesis y por la Iglesia en España». Y las enumera en cuatro párrafos breves.

La Conferencia, sin embargo, entendió que una mayor concreción en las medidas a tomar no podía proponerse como única para las 14 Archidiócesis y las 56 Diócesis españolas, tan diferentes unas de otras –desde las más pujantes a las más depauperadas, desde las más castigadas por el virus hasta las menos atacadas–, y prudentemente en el último párrafo de las Indicaciones confió esa concreción a la autoridad de cada Obispo local.

«Además de estas, más generales, en algunas diócesis, templos, cofradías o parroquias podrían añadirse otras más específicas, atendiendo a los costumbres propias de esos lugares». 

–Diversidad para la unidad

Las Diócesis, efectivamente, aceptando las pautas generales de la CEE, fueron después siguiendo las indicaciones más concretas que en uno o en sucesivos comunicados iba disponiendo el Sr. Obispo local. No había, digamos, un uniforme idéntico para todas, sino que cada una tenía el vestido hecho a su medida.

Esto evitó muchas tensiones, pues ninguna Diócesis se veía frenada en sus posibilidades positivas, y ninguna agobiada en sus deficiencias y carencias. Cada rebaño era guiado por su Pastor propio. Por otra parte, las diferencias pastorales entre unas y otras se fueron aproximando, pues unas Diócesis aprendían de otras, y se veían animadas por su ejemplo. Sin embargo, lógicamente, había diferencias –gracias a Dios– entre las Diócesis más potentes espiritualmente y las más decaídas. Por ejemplo, entre aquellas abundantes en vocaciones sacerdotales y otras que en los últimos 20 o 30 años no habían tenido ninguna, o 2 o 4 solamente.

-Diversidad para querellas

Estas querellas, acusaciones, incluso insultos, no se han dado entre los Obispos, por gracia de Dios, pero sí entre algunos cristianos y grupos de fieles, justamente de los buenos. Pocos, ciertamente, pero muy ruidosos en sus durísimas intervenciones.

En este «desastre episcopal sin precedentes», debido a la «cobardía y poca fe de tantos obispos», «nos han quitado a Cristo», «nos han dejado sin Misa y sin sacramentos cuando más los necesitábamos», llevándonos a «la peor crisis de la historia de la Iglesia». «Han sido a veces más restrictivos de la vida religiosa de las comunidades que las Autoridades sanitarias del Estado. Han ido más allá del César» [¡¡Qué horror!!!]…. «Morirán en su pecado».

Diversidad para divisiones.

Los unitarios, identificados con sus propio pensamiento o, lo que es lo mismo, con el pensamiento de quienes admiran, cargan contra cierto Obispo o Diócesis. Ensalzan en cambio a otros, como diciendo: «así es como tendrían que obrar todos, como Mons. NN en su Diócesis de NN». Lo demás es cobardía y traición, infidelidad y apostasía.

Todos igual. Todas las Diócesis vestidas con un mismo uniforme, aunque a unas el vestido les venga grande y a otras les apriete por chico.

Estos atropellos son muy penosos, tanto como la macro-epidemia.

«Yo soy de Pablo, yo de Apolo, yo de Céfas, yo de Cristo» (1Cor 1,12; +3,4-5).

Y hablan con gran seguridad

En cuestión tan delicada y compleja, sin conocer apenas la situación cada una de las Diócesis, sin saber bien lo que dicen y las consecuencias que tendrían sus consejos, sin aducir nunca datos objetivos de la ciencia, ni tampoco de la documentación de la Iglesia, «pretenden ser maestros de la ley, cuando en realidad no saben lo que dicen, ni entienden lo que dogmatizan» (1Tim 1,7). No atienden a razones, aunque sean razones de pura fe y expresadas en la Sagrada Escritura.

Hay que ver la prepotencia con que estos críticos a veces juzgan y hablan de los Obispos «cobardes», como si, por el contrario, las medidas anti-epidémicas y pro-cristianas que ellos mismos y sus Obispos admirados promueven fueran las ÚNICAS capaces de mantener fielmente la vida cristiana personal y comunitaria, y al mismo tiempo de librarnos del Monstruo viral.

Líbranos, Señor, de las tinieblas del error y guárdanos en el resplandor de la verdad.

Dos buenos textos finales:

* * *

Mons. José Mazuelos, Obispo de Asidonia-Jerez

Carta, 20-III-2020, fragmento.

«Como sabéis, en estas circunstancias todos los fieles están dispensados de la asistencia a Misa, de ahí que he dejado a cada Párroco la libertad de discernir ante Dios, según las circunstancias de cada uno, qué medidas han de tomar en relación a la celebración de la Eucaristía y a la disponibilidad pastoral. No he querido dar ningún mandato de cierre de templos, teniendo en cuenta que la propia autoridad competente no ha prohibido “la asistencia a los lugares de culto y a las ceremonias religiosas», siempre y cuando se cumplan las medidas pertinentes” (cf. Art. 11 del Real Decreto).

«Considero que la Iglesia debe seguir actuando como un “Hospital Espiritual de Urgencias” para poder atender a las personas que necesiten alguna atención espiritual y sacramental. Las puertas abiertas de nuestros templos quieren ser un signo de que Dios y la Iglesia están presentes en medio del pueblo que sufre y pasa por malos momentos. … La Iglesia sigue celebrando exequias por los difuntos, reza por ellos y acompaña a sus familiares. La Iglesia es también lugar donde se sigue celebrando la Eucaristía, incluso cuando la celebra el sacerdote sin pueblo, intercediendo ante Dios por la salvación de las almas y por la terminación de esta pandemia.

«Desde aquí os pido responsabilidad y fortaleza para que permanezcáis en vuestras casas y que sigáis las indicaciones que las autoridades sanitarias nos están dando…. Quisiera que sólo acudierais a la Iglesia cuando tengáis una urgencia espiritual; mientras, quedaros en casa….»

* * *

Mons. José Rico Pavés, Obispo auxiliar de Getafe

El viernes 13 de marzo, se decidió en en la diócesis de Getafe cerrar los templos, suspender las Misas con público. Y el martes 17, a la vista de las críticas recibidas, el obispo auxiliar de Getafe publicó una carta. para responder a esas críticas o mejor dicho, para fundamentar el valor de las Misas privadas y para afirmar la prudencia de aquellas medidas diocesanas “que iban más allá de lo permitido por las autoridades civiles“. La Carta se titula Pensar y vivir la Eucaristía como miembros de la Iglesia. Transcribo un fragmento de su comienzo. 

  «Las sucesivas disposiciones que se están adoptando desde la Conferencia Episcopal y las Diócesis españolas, en sintonía con las autoridades sanitarias, están generando todo tipo de reacciones dentro de la comunidad eclesial. La Diócesis de Getafe, yendo más allá de lo dispuesto de forma general por el Gobierno de la Nación, ha decretado el cierre temporal de lugares de culto, templos parroquiales, iglesias y capillas. Muchos sacerdotes, religiosos y fieles laicos, sobre todo de las zonas de la diócesis más afectadas por la pandemia, han reaccionado con alivio y agradecimiento. Otros, viendo el problema desde una relativa distancia, han reaccionado manifestando su profundo desacuerdo. Quienes han reaccionado así argumentan invocando el ejemplo de otras diócesis donde las disposiciones adoptadas, respetando las medidas del Estado de alerta, quieren garantizar ante todo las celebraciones de la Eucaristía y los templos abiertos.

«No es necesario detenerse mucho para advertir la confusión que genera este tipo de reacciones entre los que nos miran desde dentro y desde fuera de la Iglesia. Es evidente que las medidas que se están adoptando en cada diócesis dependen de la percepción que se tiene en cada lugar del problema. No deberíamos olvidar que en la Diócesis de Getafe se encuentra uno de los municipios (Valdemoro) donde el contagio se está produciendo con más agresividad. Si atendemos a lo que ya ha sucedido en Italia, no es difícil adivinar que, en virtud de la fuerza de los hechos, todas las diócesis acabarán asumiendo las medidas extraordinarias más exigentes, como las adoptadas por nuestra diócesis de Getafe. ¿Significará esto que habremos reaccionado con la actitud mediocre de quien aprecia más la salud corporal que el bien espiritual del pueblo fiel?» 

La Carta se extiende recordando importantes doctrinas, como la Misa privada, el ayuno eucarístico, la comunión espiritual, el gnosticismo actual y el pelagianismo actual. Y en el párrafo penúltimo añade: “En una situación como la actual se percibe aún con más claridad la necesidad de mantenernos unidos. Evitemos todo lo que quiebra la comunión. Superemos el discurso tramposo que enfrenta a “los que tienen fe” con “los que tienen miedo”. 

 

José María Iraburu, sacerdote

Índice de Reforma o apostasía

 

 

 

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