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24.05.26

¿Qué es el liberalismo?

La absolutización de la libertad de elección

Definiciones insuficientes

El Diccionario de la Real Academia Española (DRAE) define el término “liberalismo” así:

“1. Doctrina política que postula la libertad individual y social en lo político y la iniciativa privada en lo económico y cultural, limitando en estos terrenos la intervención del Estado y de los poderes públicos. 2. Actitud que propugna la libertad y la tolerancia en la vida de una sociedad1“.

Estas dos definiciones sirven como una primera aproximación, pero no son muy precisas, porque no expresan claramente la noción liberal de la libertad. Si el liberalismo fuera sólo lo que dice el DRAE, ¿por qué la Iglesia Católica lo habría condenado tantas veces? ¿Y por qué, por ejemplo, en lo referente a la religión de los habitantes del Uruguay, el Censo de Población de 1908 habría registrado un 70% de católicos, un 21% de liberales, un 2% de protestantes y un 7% de otros?

Para captar la esencia del liberalismo, es necesario profundizar más. La cuestión es compleja porque hay un liberalismo filosófico, un liberalismo político, un liberalismo económico, un liberalismo social o cultural y un liberalismo teológico; y porque hay versiones diferentes de cada uno de esos liberalismos. Empero, pese a toda esa diversidad, es posible captar la esencia del liberalismo con una definición más exacta que las del DRAE.

Otra definición insuficiente del liberalismo es la que ofrece el historiador y filósofo materialista israelí Yuval Noah Harari. El autor se pregunta qué es el liberalismo y dice:

“¿Cree que la gente debe elegir a su gobierno en lugar de obedecer ciegamente a un monarca? ¿Cree que una persona debe elegir su profesión en lugar de pertenecer por nacimiento a una casta? ¿Cree que una persona debe elegir a su cónyuge en lugar de casarse con quien hayan decidido sus padres? Si responde sí a las tres preguntas, enhorabuena, es usted liberal2.”

Ésta es una mala definición del liberalismo. Si fuera verdadera, todo cristiano sería liberal, porque el cristiano no acepta la obediencia ciega en general, ni la obediencia ciega a un monarca en particular, ni la existencia de castas, y exige que el mutuo consentimiento sea libre para la validez del matrimonio.

Las definiciones de León XIII

En su encíclica Libertas Praestantissimum (de 1888), el Papa León XIII definió tres grados del liberalismo de la manera siguiente, donde “orden” significa “ley moral establecida por Dios3”.

  1. Liberalismo de primer grado: rechazo del orden natural y del orden sobrenatural, tanto en la vida privada como en la vida pública. La razón humana es la única fuente de la verdad, la moral y el derecho. El Estado es totalmente autónomo con respecto a Dios. Ésta es la posición de Rousseau, los jacobinos, Comte y los ateos en general.
  2. Liberalismo de segundo grado: aceptación del orden natural y rechazo del orden sobrenatural, tanto en la vida privada como en la vida pública. Ésta es en principio la posición de Voltaire, Kant, Jefferson y los deístas ilustrados en general.
  3. Liberalismo de tercer grado: aceptación del orden natural y del orden sobrenatural en la vida privada y del orden natural en la vida pública, y rechazo del orden sobrenatural en la vida pública. Ésta es en principio la posición de Locke, Cavour, Tocqueville, Montalembert, Mill y los liberales cristianos en general. Éstos suelen defender el principio de “una Iglesia libre en un Estado libre”.

Lo que estos tres grados del liberalismo tienen en común es el rechazo del orden sobrenatural en la vida pública, de lo que se podría deducir que el elemento esencial que caracteriza al liberalismo es la neutralidad religiosa del Estado y, por ende, su separación de la Iglesia. Sin embargo, León XIII, a mi juicio con razón, ve el núcleo del liberalismo en la pretensión de autonomía moral del ser humano:

“El núcleo esencial es el siguiente: es absolutamente necesario que el hombre quede todo entero bajo la dependencia efectiva y constante de Dios. Por consiguiente, es totalmente inconcebible una libertad humana que no esté sumisa a Dios y sujeta a su voluntad. Negar a Dios este dominio supremo o negarse a aceptarlo no es libertad, sino abuso de la libertad y rebelión contra Dios. Es ésta precisamente la disposición de espíritu que origina y constituye el mal fundamental del liberalismo. Sin embargo, son varias las formas que éste presenta, porque la voluntad puede separarse de la obediencia debida a Dios o de la obediencia debida a los que participan de la autoridad divina, de muchas formas y en grados muy diversos4.”

Los liberales de primer grado son consecuentes con su principio básico de autonomía moral, mientras que los de segundo o tercer grado no lo son.

La definición de Pablo da Silveira

El filósofo católico y liberal uruguayo Pablo da Silveira ha ofrecido una definición del liberalismo compuesta por los siguientes cinco elementos5.

1) El diagnóstico liberal sobre nuestro contexto de acción incluye los siguientes datos fundamentales:

   a) inevitabilidad de la coexistencia social;

   b) inseparabilidad entre la coexistencia social y la escasez moderada de recursos;

   c) el hecho del pluralismo: radical diversidad (ni arbitraria ni pasajera) de las convicciones morales, metafísicas y religiosas de los individuos.

2) Para organizar la coexistencia social en este contexto, los liberales optan por un Estado que:

   a) protege una serie de derechos fundamentales que benefician incondicionalmente a todos los ciudadanos;

   b) se mantiene neutro respecto de la cuestión del bien, es decir, respecto a las diferentes concepciones de la vida buena que son preferidas por los individuos.

Adelanto aquí dos de los muchos cuestionamientos que cabría plantear al liberalismo así definido.

A) ¿Puede existir realmente un Estado moralmente neutro? ¿Acaso la neutralidad moral es posible?

B) Dado que la protección de los derechos humanos fundamentales es una cuestión moral, ¿cómo podría ser moralmente neutral un Estado que cumpla esa función de protección?

La definición de Alberto Benegas Lynch (hijo)

El economista y académico católico y liberal argentino Alberto Benegas Lynch (hijo) ha dado la siguiente definición del liberalismo, que se ha popularizado mucho:

“El liberalismo es el respeto irrestricto del proyecto de vida del prójimo, basado en el principio de no agresión y en defensa del derecho a la vida, a la libertad y a la propiedad6.”

Un aspecto capital de esta definición es el principio de no agresión, que proviene de John Stuart Mill: ninguna persona o grupo tiene el derecho de iniciar el uso de la fuerza o la violencia contra la vida, la libertad o los bienes de otra persona. En otras palabras, se rechaza el daño directo, tangible y demostrable a otro que atente contra su derecho a la vida, la libertad o la propiedad. Por lo demás, la libertad liberal sería total.

Nótese que un Estado que se atuviera a ese respeto irrestricto, exceptuando el caso de daño a los derechos de otros, no podría hacer ninguna distinción o discriminación entre las personas según su estilo de vida. Tendría que legalizar las drogas, la pornografía, la prostitución y el suicidio asistido. Trataría exactamente de la misma forma al santo (o sea, a quien vive todas las virtudes humanas y cristianas en grado heroico) que a la persona cuyo proyecto de vida es obtener para sí mismo todo el dinero, el placer o el poder posibles. No estimularía ni desestimularía la humildad, la castidad, la obediencia, la avaricia, la gula, la lujuria, la mentira, el adulterio, ni ninguna virtud o vicio moral, ningún acto moralmente bueno o malo, más allá de las pocas excepciones ya indicadas: no matar, no esclavizar, no robar, etc.

La definición de Patrick Deneen7

El filósofo católico posliberal estadounidense Patrick Deneen sostiene que el liberalismo se caracteriza por haber redefinido el concepto de libertad de tal modo que su significado actual es casi el contrario del que tenía en la antigüedad grecorromana y la Cristiandad medieval.

Para éstas la libertad, tanto en el nivel individual como en el colectivo, era el autodominio alcanzado mediante un arduo ejercicio de autodisciplina, a fin de someter la fuerza de los apetitos y las pasiones y adquirir las virtudes morales. Según esa visión, que sigue siendo la visión cristiana, la verdadera libertad del hombre es su acción conforme a su propia naturaleza de animal racional, espiritual, social y político.

En cambio, para el liberalismo la libertad es esencialmente la ausencia de restricciones externas que impidan al ser humano realizar sus deseos, cualesquiera que sean, salvo los casos de daño directo a otros.

Este cambio del concepto de libertad fue acompañado por un cambio en la visión de la ciencia, que ya no es concebida como una búsqueda racional y sistemática de la verdad, sino como un esfuerzo para someter la Naturaleza, a fin de que el ser humano pueda hacer su voluntad en el mayor grado posible. De hecho, Thomas Hobbes, el pensador que, sin ser liberal, sentó las bases del liberalismo, fue secretario de Francis Bacon, el primer filósofo que expresó la visión de la ciencia como una guerra contra la Naturaleza, típica de la modernidad.

Mi definición

Pienso que las definiciones del liberalismo dadas por León XIII, da Silveira, Benegas y Deneen son sustancialmente coincidentes entre sí. A modo de síntesis de lo dicho hasta aquí, propongo la siguiente definición.

La esencia del liberalismo es una concepción del ser humano y de la sociedad humana que atribuye a los individuos una autonomía moral casi absoluta, no limitada por la ley moral, natural o sobrenatural, salvo el caso de daño directo, tangible y demostrable a la vida, la libertad o los bienes de otra persona. Aparte de esa excepción, no existirían más obligaciones morales que las que el individuo elija libremente. Ahora bien, en el fondo esto implica que el individuo no tiene ninguna otra obligación moral, ya que, así como eligió libremente asumir una obligación moral, en cualquier momento, si quiere, puede revocar esa decisión, eligiendo libremente no seguir atado a esa obligación. Por ejemplo, la obligación moral de fidelidad conyugal asumida por los esposos en el día de su boda no tendría ningún sentido si hoy cualquiera de ambos pudiera dispensarse de esa obligación por su sola voluntad.

En el ámbito político y económico, dicha autonomía moral se traduce en una concepción del Estado y del mercado como entes neutrales en cuanto a la religión y la moral. Según la filosofía liberal, sólo esa neutralidad religiosa y moral podría sustentar la autonomía moral del individuo. Además, en el ámbito cultural, dicha autonomía moral se traduce en una liberación del individuo con respecto a las tradiciones, mentalidades y costumbres de las comunidades (familiares, locales, religiosas, nacionales, etc.) a las que pertenece. Según la filosofía liberal, el Estado debería apoyar esa liberación.

Daniel Iglesias Grèzes

Notas

1) https://dle.rae.es/liberalismo

2) Yuval Noah Harari, Los cerebros ‘hackeados’ votan; en: El País, Montevideo, 06/01/2019.

3) Cf. León XIII, carta encíclica Libertas Praestantissimum sobre la libertad y el liberalismo, nn. 11-14.

4) Ibídem, n. 24.

5) Cf. Pablo da Silveira-Ramón Díaz, Diálogo sobre el liberalismo, Taurus, Montevideo, 2001, pp. 119-125 (páginas escritas por Pablo da Silveira).

6) https://www.emol.com/noticias/Internacional/2023/08/16/1104227/alberto-benegas-lynch-referente-milei.html

7) Cf. Patrick J. Deneen, Why Liberalism Failed? [¿Por qué fracasó el liberalismo?], Yale University Press, New Haven y Londres, 2018, Cap. 1.

 

10.05.26

Hacia un futuro posliberal (4/4)

Reseña de un libro de Patrick J. Deneen

Daniel Iglesias Grèzes

Recientemente publiqué las tres primeras partes de mi reseña del libro: Patrick J. Deneen, Regime Change: Toward a Postliberal Future [Cambio de régimen: Hacia un futuro posliberal], Sentinel, New York, 2023. Véase aquí, aquí y aquí. Esta es la cuarta y última parte. Las citas incluidas a continuación provienen de la edición Kindle en inglés. Las traducciones son mías.

En el Capítulo 7, titulado “Hacia la integración”, Deneen afirma lo siguiente:

“Para superar la desintegración que es tan fundamental para el liberalismo, lo que se necesita es una forma generalizada de integración posliberal” (p. 187).

En primer lugar, el autor analiza el problema de la desintegración liberal, siguiendo al filósofo político francés Pierre Manent:

“[Manent] considera que tanto el éxito como los peligros de la democracia liberal surgen de su tendencia a generar un número creciente de ‘separaciones’ en todos los ámbitos de la vida. Entre las separaciones que enumera como más distintivas y generalizadas se encuentran estas seis:

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6.05.26

Hacia un futuro posliberal -3

Reflexiones a partir de un libro de Patrick J. Deneen

Daniel Iglesias Grèzes

Recientemente publiqué la primera parte y la segunda parte de mi reseña del libro: Patrick J. Deneen, Regime Change: Toward a Postliberal Future [Cambio de régimen: Hacia un futuro posliberal], Sentinel, New York, 2023. Esta es la tercera parte de mi reseña. Las citas incluidas a continuación provienen de la edición Kindle en inglés. Las traducciones son mías.

En el Capítulo 4, titulado “La sabiduría del pueblo”, Deneen argumenta en contra de un gobierno de los expertos y a favor de un gobierno del pueblo. Al igual que Edmund Burke, el autor expresa “confianza en la sabiduría de la gente común construida… en las prácticas, instituciones y tradiciones que ganaron popularidad gracias a la experiencia a lo largo del tiempo y en el lugar” (p. 111). 

Deneen sostiene que la mayor desventaja del conocimiento de los expertos es su tendencia a la especialización excesiva, que a menudo conduce a una pérdida de visión del conjunto y a una declinación de la comprensión integral. El autor ejemplifica esto con la actual tendencia de los profesores universitarios a dialogar solo con sus colegas de la misma disciplina o de la misma área especializada de esa disciplina, en contraste con la antigua práctica universitaria de un amplio y continuo intercambio de ideas entre profesores de las más diversas disciplinas.

Deneen afirma: “Una sociedad basada en la continuidad, por un lado, o en la transformación revolucionaria, por otro, necesariamente valorará y buscará cultivar un conjunto determinado de atributos en la ciudadanía. En el segundo caso beneficiará a un número relativamente pequeño de ‘progresistas’: los inconformistas, emprendedores y personas sin ataduras de Mill. Un orden social basado en la tradición y la continuidad, en cambio, busca fortalecer lo promedio y lo ‘ordinario’, y especialmente acentuar las virtudes más ‘domésticas’ que surgen de los ritmos cotidianos de un mundo predecible y son útiles para ellos” (pp. 122-123).

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30.04.26

Hacia un futuro posliberal -2

Reflexiones a partir de un libro de Patrick J. Deneen

Daniel Iglesias Grèzes

Hace unos días publiqué la primera parte de mi reseña del libro: Patrick J. Deneen, Regime Change: Toward a Postliberal Future [Cambio de régimen: Hacia un futuro posliberal], Sentinel, New York, 2023. Esta es la segunda parte de mi reseña. Las citas incluidas a continuación provienen de la edición Kindle en inglés. Las traducciones son mías.

En la Introducción del libro, Deneen escribe: “Lo que estamos presenciando en Estados Unidos es un régimen agotado. El liberalismo no solo ha fracasado, como argumenté en mi libro anterior [¿Por qué ha fracasado el liberalismo?], sino que su doble compromiso con el ‘progreso’ económico y social ha generado una forma particularmente virulenta de esa antigua división que enfrenta a ‘los pocos’ [la élite] contra ‘los muchos’ [el pueblo]” (pp. ix-x).

Deneen afirma que los primeros liberales (los liberales clásicos) impulsaron un mercado cada vez más libre a fin de lograr, a través de un proceso continuo de destrucción creativa, un progreso económico que compensara las desigualdades con prosperidad para todos; y más tarde otros liberales (los progresistas), además de reclamar una mayor igualdad económica, buscaron la liberación de la humanidad principalmente por medio de transformaciones sociales tales como el desplazamiento del matrimonio, la familia y la identidad sexual naturales. Lo que está ocurriendo ahora es que las élites gobernantes están apostando a una aceleración del liberalismo económico y social, mientras gran parte del pueblo se opone a ello cada vez más, debido a las consecuencias negativas del “progreso” económico y social irrestricto (cf. pp. x-xi).

“Ya sean liberales ‘clásicos’ o ‘progresistas’, su temor y desconfianza inherentes hacia el demos [pueblo] se manifestaron y siguen manifestándose en un pánico compartido ante el auge del populismo. Hoy se realizan intensos esfuerzos para evitar una reconfiguración política que dé lugar a un partido popular opuesto al proyecto liberal progresista” (p. xi).

Deneen no se limita a una mera crítica del liberalismo, sino que propone una alternativa, que él llama “conservadorismo del bien común”. En mi opinión, esa alternativa es sustancialmente consistente con la visión cristiana del hombre y de la sociedad.

El autor considera que, aunque el posliberalismo atravesará los distintos partidos políticos existentes, hoy su mayor esperanza radica en una “nueva derecha”. El motivo es simple: es más fácil que un derechista renuncie al liberalismo económico que que un izquierdista renuncie al liberalismo social y al marxismo (cf. pp. xiv-xv).

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28.04.26

Hacia un futuro posliberal

Reflexiones a partir de un libro de Patrick J. Deneen

Daniel Iglesias Grèzes

En 2025 publiqué en dos partes una reseña del libro: Patrick J. Deneen, Why Liberalism Failed?, Yale University Press, New Haven & London, 2018. Véanse la primera parte y la segunda parte de esa reseña. Ese libro fue publicado en español por Ediciones Rialp en 2018 con el título ¿Por qué ha fracasado el liberalismo? como parte de su colección Pensamiento Actual. Hay una segunda edición de esta obra, de 2025. Existe otra edición en español, publicada en Chile en 2019 por el Instituto de Estudios de la Sociedad (IES). 

Deneen es un filósofo católico estadounidense, profesor de ciencia política en la Universidad de Notre Dame y uno de los principales integrantes de la corriente de pensamiento político llamada “posliberalismo”, que busca una superación del liberalismo.

En esta ocasión comentaré un libro del mismo autor que es la continuación natural de ¿Por qué ha fracasado el liberalismo?  Me refiero a: Patrick J. Deneen, Regime Change: Toward a Postliberal Future, Sentinel, New York, 2023. También este libro cuenta con una edición en español: Cambio de régimen: Hacia un futuro posliberal, Homo Legens, Madrid, 2023. Las citas incluidas a continuación provienen de la edición Kindle en inglés. Las traducciones son mías.

Deneen constata que la filosofía política clásica, representada por pensadores tales como Aristóteles, Cicerón y Tomás de Aquino, tuvo como una de sus preocupaciones centrales la conciliación de los intereses de las dos clases principales en las que en general se dividen las sociedades humanas: “los pocos” (la aristocracia, típicamente más rica, poderosa y culta) y “los muchos” (el pueblo, típicamente más pobre y menos poderoso y educado). El medio principal para lograr esa conciliación era una “constitución mixta”, una forma de integración entre ambas clases en procura del bien común de toda la sociedad.

Me detendré en primer lugar en el esquema que Deneen utiliza en el Capítulo 3 del libro para describir la situación política actual. Según Deneen, las tres ideologías políticas principales de nuestra era son el liberalismo clásico, el liberalismo progresista y el marxismo.

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