Philip Trower, El alboroto y la verdad -4

El alboroto y la verdad

Las raíces históricas de la crisis moderna en la Iglesia Católica

por Philip Trower

Edición original: Philip Trower, Turmoil & Truth: The Historical Roots of the Modern Crisis in the Catholic Church, Family Publications, Oxford, 2003.

Family Publications ha cesado su actividad comercial. Los derechos de autor volvieron al autor Philip Trower, quien dio permiso para que el libro fuera colocado en el sitio web Christendom Awake.

Fuente: http://www.christendom-awake.org/pages/trower/turmoil&truth.htm

Copyright © Philip Trower 2003, 2011, 2017.

Traducida al español y editada en 2023 por Daniel Iglesias Grèzes con autorización de Mark Alder, responsable del sitio Christendom Awake.

Nota del Editor:Procuré minimizar el trabajo de edición. Añadí aclaraciones breves entre corchetes en algunos lugares.

Capítulos anteriores

Prefacio

Parte I. Una vista aérea

Capítulo 1. Reforma

Capítulo 2. Rebelión

Capítulo 3. El partido reformista - Dos en una sola carne

Capítulo 4. NOMBRES Y ETIQUETAS

Antes de seguir adelante, es necesario decir una palabra sobre los términos “liberal” y “conservador", “progresista” y “tradicionalista". También su uso y abuso han contribuido a la confusión. Tomados de la política, tienen que ver con el cambio. ¿Debe haber mucho, poco o nada [de cambio]?

Si “conservadorismo” sólo significara conservar lo que es bueno, y “liberalismo” sólo cambiar lo que es malo o dar la bienvenida a lo bueno en lo que es nuevo, todo hombre y mujer debería y probablemente sería tanto conservador como liberal. Pero ¿cuáles de las muchas cosas que nos ha legado la historia o nos han presentado los nuevos tiempos son buenas y cuáles malas? Aquí es donde comienzan los desacuerdos.

En los primeros días del Concilio, la aplicación de los dos términos para describir los diferentes enfoques de los participantes todavía tenía alguna relación con lo que estaba sucediendo. Las cosas instituidas o permitidas por la Iglesia bajo su autoridad para “atar y desatar” —oraciones, prácticas, métodos de gobierno o formas de presentar su enseñanza— pueden cambiar, y puede haber diferencias de opinión legítimas sobre lo que será beneficioso.

Por otro lado, la idea de que puede haber opiniones “progresistas” y “conservadoras” sobre lo que Dios ha revelado es comparable a pensar que puede haber opiniones “progresistas” y “conservadoras” sobre la mentira, la circulación de la sangre o la fecha de la muerte de Napoleón.

Cuando, por lo tanto, se hizo evidente que había dos temas de debate, no uno, el primero sobre la reforma y el segundo sobre la fe, y que una parte de los reformadores no eran reformadores sino revolucionarios religiosos, términos como “liberal” y “conservador “, “progresista” y “tradicionalista” se volvieron no sólo inadecuados sino positivamente engañosos. De hecho, los debates eran a menudo de tres, cuatro o cinco vías.

Tomemos, por ejemplo, la simplificación de las oraciones de la Misa y la introducción de la lengua vernácula. El obispo A, digamos, favoreció el cambio porque creía genuinamente que ayudaría a los fieles a comprender y participar en la Misa más fructíferamente; el obispo B porque haría que la Misa sonara más como una simple comida conmemorativa de pan y vino, que es lo que ahora había llegado a creer que es la Misa; mientras que el obispo C, aunque en principio no se oponía a la lengua vernácula y a cierto grado de simplificación, se opuso a las iniciativas del obispo B y sus seguidores porque sospechaba con razón que intentaban introducir una concepción protestante de la Misa; y el obispo D estaba en contra del cambio porque creía que la liturgia de la Misa era satisfactoria tal como era.

Esto explica en parte el tenor desparejo de muchos pasajes de los decretos conciliares. Es normal que haya diferentes escuelas de pensamiento y conflictos en un concilio general. Es diferente cuando la integridad de la fe se convierte en un problema.

Entre los que se llaman a sí mismos católicos hoy en día, hay de hecho no dos, sino tres cuerpos reconocibles de creencias u opiniones. Primero, hay católicos en el sentido reconocido universalmente hasta ahora; ellos aceptan todas las doctrinas de la Iglesia. Luego vienen los modernistas o semi-modernistas dedicados a alterar algún aspecto de la fe o la moral. También podemos llamarlos innovadores o disidentes. Parece el nombre más cortés consistente con la precisión. Finalmente, están los seguidores del arzobispo francés Marcel Lefebvre.

Circulando alrededor, entre o dentro de estos grupos más consolidados, hay un gran número de clérigos y laicos, sin duda católicos en la intención, pero cuyas creencias inciertas y lealtades vacilantes los hacen, al menos en lo que respecta a la fe, difíciles de clasificar. Después de casi 35 años de instrucción religiosa a la carta, muchos se han convertido en neo-episcopalianos (se conserva el gusto por el culto digno, pero cada uno cree tanto o tan poco como quiera); en protestantes que rezan y leen la Biblia; en activistas secularizados y “democratizados"; en adeptos de una religión psicologizada y trivializada de convivencia con sólo dos doctrinas: —"Dios te ama” y ” todos son básicamente amables"—; o una mezcla de dos o más de estas “fes” diferentes1.

Los católicos en el sentido reconocido pueden ser conocidos por su disposición a seguir la enseñanza del sucesor de San Pedro. ¿Por qué Cristo dio a San Pedro y sus sucesores su posición especial si no precisamente para tal situación? Pero aunque son uno en la fe y la obediencia, a menudo están divididos acerca de cómo se debe aplicar las reformas en la práctica, cuando esto no ha sido establecido claramente por Roma; o acerca del tipo de adaptaciones a los tiempos que son prudentes o posibles. También pueden sentir diferentes grados de entusiasmo por las reformas. Los desacuerdos de este tipo pueden ser en parte una cuestión de temperamento2.

En esta área, hablar de “progresistas” y “conservadores” todavía tiene algún sentido.

Sin embargo, mientras que algunos de los que los medios describen como “conservadores” pueden estar motivados en gran medida por la aversión al cambio, la mayoría está preocupada principalmente por evitar que el cambio sea utilizado para alterar la fe.

Al mismo tiempo, sacerdotes ansiosos por implementar la enseñanza del Concilio tan completamente como puedan son a veces llamados “progresistas", con la posible implicación de que son heterodoxos, cuando no lo son.

La dificultad aquí es que párrocos vecinos que hacen los mismos cambios, y por lo tanto son todos llamados “progresistas", pueden tener motivos diferentes. El primero puede haber quitado las barandillas del altar porque quiere hacer menos marcada la distinción entre el clero y los laicos, y el segundo porque ya no cree que haya ninguna distinción. Las actividades de un tercero pueden ser una mezcla de implementaciones auténticas de las reformas y de iniciativas inspiradas inconscientemente por influencias heterodoxas. Entonces, incluso en relación con católicos creyentes, las palabras “progresista” y “conservador” tienden a ser ambiguas.

En el campo modernista o innovador —el segundo cuerpo de creencias u opiniones— no existe una unidad absoluta de creencias. Los únicos factores unificadores son la oposición a Roma y la convicción de que muchas de las doctrinas de la Iglesia ya no pueden significar lo que parecen significar y deben ser modificadas en consecuencia.

El conflicto crucial es entre estos dos primeros grupos, los católicos y los innovadores teológicos, sobre la sustancia misma de la fe católica, no sobre formas legítimamente diferentes de interpretar e implementar el Concilio. Es una lucha que varía en intensidad de una región a otra. Donde los obispos y clérigos ortodoxos tienen las de ganar, puede ser apenas perceptible. Pero dondequiera que se desarrolle, aunque sea de forma confusa y oscura, tiene lugar en todos los niveles: parroquia, escuela, universidad, diócesis, orden religiosa, incluso dentro de la curia romana.

Nuestro tercer grupo de creencias u opiniones, los seguidores del difunto arzobispo francés Lefebvre, representa, en comparación, una especie de escaramuza en el perímetro. Comenzando como un intento justificable de resistir al modernismo, el lefebvrismo se descarriló, en gran parte, diría yo, porque tantos guardianes autorizados de la fe hicieron poco o nada para protegerla.

Escandalizada por su negligencia, la reacción lefebvrista se podría resumir así: “Dado que el cambio y la herejía vinieron juntos, no cambies nada. Atente a la tradición". Sin embargo, [los lefebvristas] incluyen como “tradición” no sólo lo que siempre se ha creído o fue instituido por Cristo (Tradición en sentido estricto, o con T mayúscula, que en verdad es inmutable), sino mucho de lo que, por más bueno que sea en sí mismo, la Iglesia tiene poder para modificar o adaptar (tradición en el sentido más amplio: tradición con t minúscula). La fidelidad a la antigua liturgia se convirtió en el foco de su oposición al cambio, porque los innovadores se apropiaron instantáneamente de la nueva liturgia como su instrumento principal para alterar la fe en el nivel parroquial.

El hecho de que el Papa Pablo señalara al Arzobispo Lefebvre para una acción disciplinaria mientras dejaba sin censura a cardenales y obispos que toleraban herejías desenfrenadas, inevitablemente aumentó las sospechas de los tradicionalistas, endureció su oposición y los llevó cada vez más a cuestionar al Concilio como tal3.

Sin embargo, la idea de que, como “rebelión de la derecha” cismática, el lefebvrismo es un peligro para la Iglesia comparable en tamaño e importancia a la “rebelión de la izquierda” modernista no se corresponde ni siquiera remotamente con los hechos.

La confusión se ve agravada por el uso del término “tradicionalista". Los lefebvristas se consideran o se denominan a sí mismos “tradicionalistas". Pero también lo hacen a menudo católicos que siguen siendo obedientes al Papa pero están apegados a la antigua liturgia y dudan acerca de la sabiduría o necesidad de la mayoría de las reformas.

En estas circunstancias, hablar de “liberales” y “conservadores", “progresistas” y “tradicionalistas", aunque es difícil de evitar por completo, ha funcionado casi exclusivamente en beneficio de los innovadores.

Dando la impresión, como lo hacen, de que sólo hay un tema en debate (la reforma), con sólo dos partidos en él, los innovadores son capaces de hacerse pasar por una mera “extrema izquierda” del partido reformista cuyos intentos de alterar el significado de la fe son una contribución legítima al aggiornamento, al tiempo que tildan de “conservador” a cualquiera que se oponga a esos intentos, incluido el Papa. ¿Qué otra cosa puede ser el Papa sino un “conservador” si ellos son simplemente “liberales"? Lo que la Iglesia ha enseñado durante veinte siglos, por un lado, y lo que el modernismo dice ahora que esas enseñanzas significan, por el otro, son presentados como versiones igualmente válidas de la fe católica, a cualquiera de las cuales los católicos pueden asentir. Defender el significado tradicional de las enseñanzas de la Iglesia es simplemente la peculiaridad de una marca de católicos, la marca “conservadora", mientras que alterar su significado es una alternativa legítima “liberal” o “progresista".

Por lo tanto, haré el menor uso posible de estos términos. La palabra “liberal", cuando aparezca, tendrá su sentido establecido desde hace mucho tiempo. Se referirá a los católicos que desde principios del siglo XIX han estado ansiosos de que la Iglesia apruebe todo lo que pueda en la vida contemporánea y permita el mayor grado de libertad compatible con la conservación de la fe. Para aquellos que quieren alterar la fe, usaré principalmente el término “disidentes".

Volviendo por un momento a los católicos plenamente creyentes, la debilidad de su oposición a las doctrinas falsas ciertamente ha sido otra razón de los éxitos de la rebelión. En muchos casos, esto puede deberse a la falta de interés. Pero creo que también debe ser explicado por el hábito, el entrenamiento y la fe.

Ellos saben que la obediencia a la autoridad legítima es una virtud. Su religión también les dice que sean caritativos y que no juzguen. Todo esto los hace temerosos de pecar contra estas virtudes. El “otro lado” juega con estas susceptibilidades para socavar su resistencia. Ellos también quieren, como dice el refrán, “pensar con la mente de la Iglesia". Reconocen de una manera general las posibilidades para el bien en las reformas. Pero en la confusión que prevalece, a menudo es casi imposible para ellos descubrir con precisión cuál es la mente de la Iglesia; distinguir entre interpretaciones genuinas y espurias de los decretos; o, cuando se enfrentan a algún cambio, determinar si realmente tiene el respaldo de Roma o no. La prensa católica no los iluminará. La mayor parte ha aceptado la interpretación del Concilio de los disidentes, o realiza un acto de malabarismo, tratando de complacer a todos los interesados.

Tales son las circunstancias en las que la Iglesia, durante 35 años, ha tratado de aplicar los decretos del Concilio Vaticano II.

Por ahora, todo lo que se considera que se puede hacer por medios externos se ha hecho. Se han realizado las adaptaciones prácticas. Y entre los católicos ortodoxos dispersos por el mundo —aunque no suelen ser los que más hablan de reforma o renovación— hay señales de que la verdadera obra del Concilio está comenzando a dar frutos. Un renacimiento espiritual genuino parece estar en marcha. Los signos se notan principalmente en las nuevas comunidades religiosas laicas (o laicas y sacerdotales) fundadas en el siglo XX, algunas antes del Concilio, pero también en número creciente desde entonces. También hay muchas conversiones en África y en países como Corea.

Pero en la mayor parte de Occidente, estos nuevos comienzos son como los primeros brotes de la vida vegetal a principios de la primavera, frenados por las heladas persistentes y por los escombros que ensucian el suelo después de una sucesión de huracanes. El número de personas ajenas que las reformas han logrado atraer a la Iglesia es aún pequeño comparado con el número de fieles a los que la revolución y la disidencia han apartado de la fe católica.

Para cualquier Papa, la situación claramente requeriría el manejo más delicado. La estimación de Juan Pablo II al respecto, al igual que la de Pío XII sobre Hitler y los judíos, parecería ser que las medidas fuertes —por mucho que aparenten ser lo correcto— en este punto sólo empeorarían las cosas. Durante casi 35 años la Iglesia ha estado viviendo con los comienzos de una segunda reforma. ¿[El Papa] Puede desactivar la bomba sin detonarla? ¿Puede separar a los obispos descarriados de los teólogos rebeldes, de los que tantos de ellos parecen estar enamorados? ¿Puede atraer de nuevo a los teólogos rebeldes antes de rupturas irrevocables con Roma?

Además, ¿a cuántos de los laicos extraviados puede recobrar? ¿A cuántos puede persuadir para que lo escuchen a él en lugar de a los rebeldes? El propósito principal de sus muchos viajes al extranjero parecería ser llegar a la gente, donde sea necesario, por encima de los jefes del poder teológico local establecido.

Al mismo tiempo [el Papa Juan Pablo II] está claramente decidido a dejar ver que combatir los abusos y las doctrinas falsas no significa poner al Concilio en el trastero. Esto no es sólo una cuestión de táctica. Él es en todos los sentidos un “hombre del Concilio", con lo que quiero decir un creyente indiscutible en su valor e importancia, como se da cuenta cualquiera que conozca el papel que desempeñó en el Concilio o que haya leído su [libro] Sources of Renewal [Fuentes de renovación], escrito para guiar a sus sacerdotes cuando era Arzobispo de Cracovia. No se conoce a ningún otro obispo que haya hecho esfuerzos tan concienzudos para entender lo que Dios quería del Concilio y para aplicarlo.

Sus numerosos sermones y discursos pueden ser vistos como un curso de catecismo para toda la Iglesia, que ancla las nuevas orientaciones e iniciativas en los cimientos de la fe católica tradicional para que dejen de flotar en un océano de ambigüedades modernistas y semimodernistas4.

El Catecismo de la Iglesia Católica (CICa) tiene el mismo propósito. Solicitado por el Cardenal Law al final del Sínodo de 1985 para conmemorar el vigésimo aniversario de la clausura del Vaticano II, apareció por primera vez en francés en 1992, seguido de una versión latina oficial en 19975. Desde el Concilio, los modernistas siempre se habían opuesto a la composición de un catecismo así. Un catecismo, por su propia naturaleza, limita la interpretación privada.

Aunque el conflicto está lejos de terminar, se podría decir que con la publicación del Catecismo la Iglesia ganó el segundo round en su lucha contra el modernismo.

La pregunta que ahora nos enfrenta es por qué un gran número de fieles se rindió tan rápidamente a los cantos de sirena de los innovadores. (CONTINUARÁ).

Notas

1. ¡Según una encuesta alemana de mediados de la década de 1980, el 23% de los católicos alemanes consideran vinculantes las decisiones papales, y se dice que el 64% las considera vinculantes cuando están de acuerdo con ellas! (Encuesta del Instituto Allensbach, citada por The Tablet, 7 de diciembre de 1985).

2. [Algunas] prácticas que son modificables en principio pueden, no obstante, ser salvaguardas importantes de la fe. El abandono en la mayor parte de Occidente, por ejemplo, de las procesiones de Corpus Christi y de mayo —a menudo denominadas de manera bastante pedante “devociones populares"— ha contribuido al debilitamiento de la fe en la Presencia Real y en el poder de intercesión de Nuestra Señora.

3. En 1976 el Papa Pablo suspendió al Arzobispo a divinis, es decir del ejercicio de sus poderes sacerdotales y episcopales, por ordenar a más sacerdotes después de haber recibido la orden de cerrar su seminario. Ya era bien conocido por su oposición a las reformas litúrgicas y el cuestionamiento del decreto conciliar sobre la libertad religiosa. Su excomunión en el verano de 1988 fue el resultado de su consagración ilegal de cuatro obispos para continuar su obra después de su muerte. Según el derecho canónico, cualquier obispo que consagre a otro obispo en contra del mandato del Papa reinante es excomulgado automáticamente. La animosidad modernista hacia el arzobispo se debe a que él fue responsable durante el Concilio de obstruir algunas de sus iniciativas más cuestionables. Él también representó una tradición sociopolítica francesa de derecha opuesta a las opiniones sociopolíticas de inclinación izquierdista de los reformadores franceses.

4. En enero de 1985 comenzó su extensa serie de discursos sobre el Credo, ahora publicado en forma de libro (seis volúmenes) por Pauline Press, Boston, Massachusetts.

5. El Cardenal Law parece haber respondido a los deseos del Papa. Según el editor jesuita de una publicación periódica estadounidense, hubo solicitudes de un nuevo catecismo que incorporara las enseñanzas del Vaticano II en cada sínodo episcopal en Roma desde 1974. Pero no fue hasta 1985 que Roma sintió que tenía suficiente apoyo episcopal para actuar. El editor en cuestión había informado sobre todos los Sínodos desde 1974.


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8 comentarios

  
Alvar
A ver si no nos hemos vuelto locos aún:
La misa nueva fue ideada por Bugnini.
Bugnini era masón.
Un masón está fuera de la Iglesia (aunque esté materialmente dentro).
Luego, la misa nueva tiene que declararse nula.
Sí, no, por qué?
Funciona aún la lógica?

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DIG: 1) La Misa fue instituida por Nuestro Señor Jesucristo.
2) El dogma de la indefectibilidad de la Iglesia asegura la validez de la Misa según cualquier rito aprobado por la máxima autoridad de la Iglesia.
3) La Misa del Novus Ordo pertenece al rito romano, de antigüedad multisecular, reformado según las indicaciones generales del Concilio Vaticano II, un concilio ecuménico aprobado por el Papa (muchos Papas, en realidad) y por tanto válido.
4) Los detalles de la reforma fueron propuestos por un Consejo formado por muchos miembros y fueron aprobados por el Papa. Por lo tanto la Misa del Novus Ordo es válida.
5) Bugnini era el Secretario de ese Consejo. Según algunos, era masón. Sin embargo, no fue excomulgado sino trasladado al servicio diplomático. Sea como sea, aunque Bugnini fuera masón (lo que no consta) es absurdo y quizás blasfemo concluir que, como Bugnini estuvo involucrado en su reforma, la Misa del Novus Ordo (la Misa que casi toda la Iglesia latina celebra desde hace más de medio siglo) es inválida.

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Segundo punto, para cambiar algo, habrá que demostrar que lo anterior es falso, erróneo o malo. ¿Se ha demostrado que la Iglesia necesitara cambios? ¿Cuáles y por qué?

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DIG: Simplemente porque en su parte humana no es perfecta. Piense en la Iglesia Católica en Holanda o en Quebec hacia 1950. Parecía sumamente fuerte y próspera. Treinta años después estaba devastada. Si realmente hubiera sido tan fuerte y próspera eso habría sido imposible.

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Tercer punto, el conflicto en la Iglesia no es solamente entre conservadores e innovadores, en sus distintas variantes y temperamentos. El conflicto es entre una iglesia con voluntad de fidelidad y una anti iglesia, que odia la Iglesia, una sinagoga de Satanás que se infiltra en la Iglesia y usa su autoridad para dañarla y destruirla desde dentro, estos últimos se visten de modernos, innovadores... pero odian a Cristo y a su iglesia, celebran misas negras, y se afilian a la masonería.
Por qué se silencia esto?

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DIG: Trower quiso escribir una historia seria y no tenía elementos sólidos para escribir una historia seria sobre la influencia masónica en la Iglesia. Él reconoció lo insatisfactorio de la situación: dijo algo así como que escribir una historia de la crisis moderna de la Iglesia sin hablar de la Masonería es como escribir una historia de Inglaterra desde el siglo XVI sin mencionar a la Iglesia Anglicana. Pero de momento no hay mucho remedio, salvo que uno se deje llevar por infinitos rumores no confirmados e inconsistentes entre sí de que tal o cual eclesiástico fue Masón y/o celebraba misas negras (!!!).

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Quién es más católico ¿Uno que defiende la verdad o uno que defiende a un papa que se aparta de la verdad? Por qué ya no somos iglesia militante, ya no existe la lucha contra el mal? ¿Luchamos los católicos contra el mal o no? ¿Somos iglesia militante entonces o no? ¿Si una jerarquía dice que ahora somos iglesia peregrina, ya no luchamos contra el mal? ¿Ahora colaboramos con el mal en nuestro peregrinaje?
La tibieza no casa con Cristo ni con su Iglesia, lo que esta bien está bien, y lo que está mal está mal, y estas categorías las define Dios, no la masonería ni el Foro de Davos ni el Consejo Interreligioso Mundial, ni la Conferencia de Yalta.


14/03/23 2:35 PM
  
Néstor
"La palabra “liberal", cuando aparezca, tendrá su sentido establecido desde hace mucho tiempo. Se referirá a los católicos que desde principios del siglo XIX han estado ansiosos de que la Iglesia apruebe todo lo que pueda en la vida contemporánea y permita el mayor grado de libertad compatible con la conservación de la fe."

Ambiguo. Así definido el liberalismo no tiene nada de malo, mientras que en la realidad sí que lo tiene.

Saludos cordiales.

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DIG: "Liberal" es una palabra con más de un sentido. Para el catolicismo liberal en sentido clásico, Trower utiliza otros nombres.
14/03/23 6:39 PM
  
Néstor
"Por ahora, todo lo que se considera que se puede hacer por medios externos se ha hecho. Se han realizado las adaptaciones prácticas. Y entre los católicos ortodoxos dispersos por el mundo —aunque no suelen ser los que más hablan de reforma o renovación— hay señales de que la verdadera obra del Concilio está comenzando a dar frutos. Un renacimiento espiritual genuino parece estar en marcha. Los signos se notan principalmente en las nuevas comunidades religiosas laicas (o laicas y sacerdotales) fundadas en el siglo XX, algunas antes del Concilio, pero también en número creciente desde entonces. También hay muchas conversiones en África y en países como Corea."

Claro, esto fue escrito en el 2003, no?

Saludos cordiales.
14/03/23 6:41 PM
  
Néstor
"Para cualquier Papa, la situación claramente requeriría el manejo más delicado. La estimación de Juan Pablo II al respecto, al igual que la de Pío XII sobre Hitler y los judíos, parecería ser que las medidas fuertes —por mucho que aparenten ser lo correcto— en este punto sólo empeorarían las cosas. Durante casi 35 años la Iglesia ha estado viviendo con los comienzos de una segunda reforma. ¿[El Papa] Puede desactivar la bomba sin detonarla?"

La detonación ha sido muy fuerte, cierto, todavía se oye.

Saludos cordiales.
14/03/23 6:42 PM
  
Mª Pilar
Muy interesante pero esta claro que este libro no se ha escrito durante este papado.
Es interesante para ver los antecedentes de la situación actual.
14/03/23 11:14 PM
  
Alvar
Gracias por contestar. Solo quiero hacer una precisión: yo no afirmo que en la misa nueva no haya transustanciación ni digo que no sea válida, lo que digo es que según la lógica, si en la confección de la misa nueva se han colado elementos insanos (podemos estar ahora años discutiendo si Bugnini era masón o no, si se puede demostrar... usted qué piensa a la luz de los hechos?) no deseados, perjudiciales, lo sensato, lo inteligente, lo natural, es deshechar eso y volver a hacerlo bien, o quedarse con lo que había y servía, no?
15/03/23 7:42 PM
  
Alvar
Qué me dice de la Instrucción Permanente de la Alta Vendita? Pío IX certificó su autenticidad, parece que sí es una cosa muy seria la infiltración masónica en la Iglesia, otra cosa es la disponibilidad de documentación.
15/03/23 8:09 PM
  
Néstor
El mismo Bugnini reconoce en su libro sobre la reforma litúrgica que la razón por la que fue trasladado a esas lejanas regiones fue la acusación de ser masón, que él niega, naturalmente.

Es que otra razón no parece posible para una caída tan súbita y espectacular como la suya, de ser el "número 1" de la reforma litúrgica a ir a ejercer su ministerio en aquellos lugares de un día para el otro.

O sea que Pablo VI se creyó esa acusación o al menos se la tomó en serio.

Saludos cordiales.

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DIG: Sí, pero no es lo mismo sospechar que tener pruebas. Si el Papa Pablo VI hubiera tenido pruebas de que Mons. Bugnini era masón, habría sido muy irresponsable de su parte nombrarlo nuncio, aunque fuera en Irán. Simplemente tendría que haberlo excomulgado.
16/03/23 11:46 AM

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