El proceso jurídico de Cristo 15. Lugar de la ejecución y el final
El lugar de las ejecuciones, el Gólgota o monte de calaveras[1], estaba fuera de la ciudad, pero no muy lejos (Jn 19,20). En el Derecho Romano, todas las penas –y en particular la de la crucifixión, en la que el condenado era expuesto en un lugar público junto a las murallas hasta consumirse en la cruz- tenía además de un carácter punitivo, una función de escarmiento hacia aquellos que se hubiesen sentido tentados de cometer el mismo delito.


Las santas mujeres en el via crucis
Cristo, con el traje de rey más parecía un payaso que un criminal. Pilato permitió el juego de locos de la soldadesca, en sí injustificado, porque esperaba convencer a la masa de la inocencia de Jesús; “los sumos sacerdotes y sus servidores” (el evangelio sólo nombra a éstos, o que da a entender que el pueblo ya estaba parcialmente conmovido) gritaron: ¡Crucifícale!
Respecto de la lengua utilizada en el proceso, creemos con Messori que debió desarrollarse en griego pero que, como quizás muchos de los del pueblo no entendían dicha lengua, Pilato hizo llevarse el fatídico jarro de agua para mostrar su “inocencia” ante el caso (Sal 25,6: “Yo lavaré mis manos en la inocencia…”). También puede tenerse en cuenta que, lo del jarro, debió haber sido un signo para hacerse entender ante esa multitud enfurecida que apenas si permitía hacerse oír.
