Trump, León XIV y la guerra justa
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Ahora bien, cuando el agresor no es un individuo sino un régimen que tortura, mata o persigue a los suyos, entonces afinamos muchísimo más el lenguaje. De pronto aparecen matices, equilibrios, cautelas… y un recurso casi litúrgico al derecho internacional, como si nombrarlo bastara para convertir la pasividad en prudencia.
Que sí, que los contextos no son idénticos —ni simples— y que las consecuencias de actuar a gran escala son infinitamente más complejas. Pero cuesta no ver cierta contradicción en aceptar sin titubeos la intervención cuando el mal es cercano y concreto, y problematizarla hasta la parálisis cuando es masivo y sostenido. Además de no ver ambas situaciones desde una espiritualidad providencial.
Quizá la cuestión de fondo no sea solo jurídica, sino también moral: si lo intolerable deja de serlo en función de la escala o de quién firma la orden. Y ahí, por muy fino que queramos hilar, hay preguntas incómodas que siguen sin respuesta convincente.
2. El pacifismo no puede ser jamás la postura moral de la Iglesia Católica -aquí Trump tendría razón si va en esa línea él y León XIV-, porque al ir contra la Tradición se va contra la Escritura, el Evangelio, y la Doctrina Apostólica, contra el Depósito de la Fe católica.
3. Si escuchamos del Papa o de la jerarquía que la violencia no es cristiana y que, si se produce “en el nombre de Dios” es terrible, inicua, una profanación y una herejía, que no hay nada peor que la confrontación, que Jesucristo predicaba la no violencia, que la guerra, cualquier guerra, es una masacre inútil o que debe prohibirse el comercio de armas, es una pastoral hereje porque va contra la Doctrina católica.
4. Pues, la pastoral que predica la ideología pacifista cambia la seriedad de la Fe y la Doctrina católica por frases vanas y vacías que suenan bien a los oídos amorales de la ciudad del mundo, pero no están al servicio de la Ciudad de Dios. El católico pacifista no es ciudadano del Cielo.
5. En su día, el Presidente del Pontificio Consejo de Justicia y Paz, el Cardenal Turkson, nos aseguraba que hay que abandonar la “teoría” de la guerra justa y que eso es lo que quería el Papa Francisco. Si el Papa León XIV va en esta línea, mal vamos, al igual que otros "hippies" de la jerarquía que dicen que de hecho la Iglesia ya la ha abandonado y solo tiene que indicarlo formalmente.
6. Es curioso que los mismos que rechazan Veritatis Splendor por el mal intrínseco, apoyan Amoris Laetitia (AL) y Fiducia Supplicans (FS) con la moral situacional, y dicen que la guerra sí es un mal intrínseco, olvidando el hecho de que hay guerras buenas precisamente porque hay guerras malas. Esto es, hay agresores injustos a los que se debe hacer frente. Esta es la Doctrina católica tradicional de la guerra justa (CIC 2309) y no la “teoría” de la guerra justa como dicen los sopleros primaverales.
7. Contra el agresor injusto debe oponerse la justa defensa y defensa en el sentido más amplio, que no solo implica defenderse uno mismo, sino también defender a otros, injustamente atacados, oprimidos o perseguidos. Así, pues, lejos de ser un mal moral intrínseco, la guerra, cuando es justa, se convierte en un derecho (CIC 2308) y un deber moral (CIC 2310). En ese sentido, los militares son colaboradores del bien común y defensores de la paz (CIC 2310). Como dice Santo Tomás de Aquino, citando la tradición de la Iglesia, “entre los verdaderos adoradores de Dios, las mismas guerras son pacíficas, pues se promueven no por codicia o crueldad, sino por deseo de paz, para frenar a los malos y favorecer a los buenos”. 8. Eso implica, por supuesto, multitud de limitaciones para que una guerra pueda considerarse justa (CIC 2309).
9. El soplo primaveral de la idea "la mera violencia es intrínsecamente mala o la violencia en nombre de Dios es de por sí una blasfemia o una profanación" no encaja ni en la Escritura, ni en la Tradición ni en el Magisterio, porque han mostrado siempre que en algunas circunstancias la opción correcta y moralmente buena es la de la violencia. Por supuesto, lo intrínsecamente malo no se debe hacer en ninguna circunstancia, aunque lo diga AL, FS o Agamenón. Por tanto, la idea primaveral de que la violencia es intrínsecamente mala sería una sorpresa para los innumerables santos que fueron soldados, capellanes castrenses, encabezaron ejércitos, predicaron cruzadas o castigaron duramente a criminales. Igualmente quedarían sorprendidos los miles y miles de católicos que trabajan como soldados -incluso la Guardia Suiza-, militares, policías o guardias de seguridad, considerando que hacen la voluntad de Dios al empuñar las armas en su nombre, siguiendo con sencillez lo que siempre ha enseñado la Iglesia y lo que manda la Palabra de Dios: Todo lo que hagáis, sea de palabra o de obra, hacedlo todo en nombre del Señor Jesús.
10. San Pablo indicó que la autoridad no en vano lleva espada: pues es un servidor de Dios para hacer justicia y castigar al que obra el mal y los soldados que se presentaron a Jesús o a San Juan Bautista no fueron exhortados a dejar el ejército. También explicó Santo Tomás que, del mismo modo que los gobernantes defienden su patria “lícitamente con la espada material contra los perturbadores internos, castigando a los malhechores, […], les incumbe también defender el bien público con la espada de la guerra contra los enemigos externos” y que así cumplen el mandato bíblico de liberar al pobre y proteger al desvalido de las manos del pecador.
11. La ideología del pacifismo como postura moralmente superior es propia del Socialismo cuando recibe los puñetazos, porque cuando da los puñetazos al prójimo entonces si es guerra justa. Y la base buenista del pacifista -todos los gobernantes que han apoyado a León XIV frente a Trump-, con superioridad moral, fue la punta de lanza de la destrucción de la familia y del verdadero amor matrimonial -"haz el amor y no la guerra", y puso las bases de la mayor masacre de la historia de la humanidad: 70 millones de niños asesinados cada año por su padre, madre, sanitario, juez y gobernante. Es decir, los mismos que apoyan al Vicario de Cristo están contra Cristo. Pues, las mismas personas que deberían estar encargadas de proteger al inocente en Paz, hacen la guerra fría de Satanás. Y están ciegos ante el terrorismo islámico, +50 años sufrido por Israel, guerras y atrocidades causadas por gobiernos y movimientos comunistas o revolucionarios (La Vendèe). Por tanto, la ideología pacifista debe ser combatida, pues es enemigo de la moral, la fe y la razón católica, porque si son muchos los sopleros primaverales el vendaval del espíritu del Concilio se lleva a muchas almas por el peor vicio que trae consigo: la sustitución de la salvación cristiana por una pseudosalvación terrenal y pelagiana basada en la buena voluntad humana y sus esfuerzos. No Santidad, la teoría de que no haya guerra ni violencia no es católico, porque no podemos solucionar nuestros problemas prohibiendo la guerra y las armas, porque rechazaríamos al Salvador, la naturaleza caída del ser humano y el pecado original. El mal no está en las armas, ni en las leyes, sino en el corazón de los hombres, inclinado al mal desde el pecado original. Por eso, la Iglesia no puede dejar de anunciar al mundo que la verdadera paz no viene de la buena voluntad humana, sino de Dios. Necesitamos ser redimidos por Dios y todo intento de construir una paz duradera al margen de Él está condenado al fracaso. Toda paz que no tenga a Dios en su centro será una falsa paz. La Escritura lo dice con total claridad: Cristo es nuestra Paz. No hay otra. Él derribó el muro que nos separaba, el odio […] para crear en sí mismo un solo hombre nuevo. ¿Queremos verdaderamente la paz? Convirtámonos a Cristo.
12. El emperador actual con el que convive el Papa es anticristiano, ateo, cismático, apóstata y/o hereje: China, EE.UU., Rusia y Unión Europea. La fotito de Trump: cosas de la IA, del ego, blasfemia. Y las palabras de Trump en forma arrogante, en su estilo. En el ius ad Bellum, Trump debería explicar el conjunto de reglas que han determinado las razones legítimas y legales por las que EE.UU. ha recurrido al uso de la fuerza armada contra Irán. Y en el ius in Bello, explicar el derecho internacional humanitario que rige la forma en que está conduciendo el conflicto armado ya comenzado. Aquí la crítica es loable al Papa por interferir en asunto que no le compete, si no hace de Papa. Al mismo rango están los que buscan la paz y la justicia en el Sermón del monte: no puede haber paz sin justicia. No he venido a traer la paz, sino la espada (Mt 10,34-36). Por eso, es de risa quienes están contra Cristo (masones, marxistas, aborteros, eutanásicos, arcoíris, musulmanes, etc.) y estén con el Vicario de Cristo. Algo está mal: el que no está conmigo, está contra Mí (Mt 12,30).
Dios proteja a nuestro Papa que, por convertirse en "Apóstol de la Paz", se puede convertir en "Mártir", también.
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