Los niños abortados, ¿van al Cielo? Sermón para el día de los Santos Inocentes

P. Javier Olivera Ravasi, SE
Parroquia Star of the sea 28 de Diciembre de 2025
En el primer domingo después de Navidad, la Iglesia recuerda hoy a los Santos inocentes, los niños que, sin haber conocido aún a Cristo, murieron en manos del inicuo Rey Herodes.
Hoy, por lo tanto, es un día para recordar a aquellos mártires, sin embargo, quería aprovechar para reflexionar acerca de lo que sucede con los niños muertos sin bautismo y, especialmente, aquellos que mueren por el aborto. Es decir, no mueren, sino que son asesinados.
¿Qué pasa entonces con ellos?¿a dónde van?¿qué dice la Iglesia?
¿Puede entrar alguien al Cielo sin el bautismo?
Veamos primero lo que dice la Sagrada Escritura.
Mc 16,15-16: “Y les dijo: «Id por todo el mundo y proclamad la Buena Nueva a toda la creación. El que crea y sea bautizado, se salvará; el que no crea, se condenará”.
Y también:
Juan 3,5: “el que no nazca del agua y del Espíritu no puede entrar en el Reino de Dios”.
¿Entonces? Si un niño muere sin el bautismo, sea porque murió antes de haber sido dado a luz o porque lo mataron, ¿puede entrar al cielo o no?
1) El documento de 2007
En el año 2007, siendo Papa aún Benedicto XVI, La Comisión Teológica Internacional (CTI), dependiente del Dicasterio para la Doctrina de la Fe, publicó un documento titulado así: “La esperanza de salvación para los niños que mueren sin bautismo”, donde se señala que hay una “ausencia de una enseñanza explícita en el Nuevo Testamento sobre el destino de los niños no bautizados”.
Es decir: en todo el Nuevo Testamento no hay algo claro acerca de qué es lo que sucede con las almas de los niños que han muerto sin haber recibido el primero y principal de los sacramentos: el bautismo.
a. Los Padres griegos
Pero entre los padres de la Iglesia, sólo uno de ellos, San Gregorio de Nisa (siglo IV), le dedica una obra al tema y dice que «la muerte prematura de los niños recién nacidos no es motivo para presuponer que sufrirán tormentos» en la otra vida. Es decir que, no porque un niño haya muerto sin el bautismo, irá al infierno necesariamente (cosa que repugna a la razón).
b. La Escolástica medieval y hasta nuestros días: el limbo de los niños
Santo Tomás de Aquino, por el contrario, planteaba que “los niños que no han alcanzado el uso de la razón y por lo tanto no han cometido pecados actuales… van a un lugar donde gozan de una plena felicidad natural y sin dolor alguno, pero no al Cielo”. Es lo que tradicionalmente se ha llamado “el limbo de los niños”.
c. La actual posición
Ahora bien, la Iglesia plantea actualmente que “hay razones teológicas y litúrgicas para motivar la esperanza de que los niños muertos sin Bautismo puedan ser salvados e introducidos en la felicidad eterna, aunque no haya una enseñanza explícita de la Revelación sobre este problema” (CTI, La esperanza de salvación para los niños que mueren sin bautismo).
Porque la Iglesia no puede inventar doctrinas, sino que transmite lo que ha recibido. Y sobre este tema, no hay nada explícito y claro en las Sagradas Escrituras o en la Tradición de la Iglesia.
2) Voy a dar entonces una posición teológica personal y esto, aclaro, no es lo que dice la Iglesia, pero tampoco va contra lo que la Iglesia enseña.
En los Evangelios, Santo Tomás Apóstol, el incrédulo, le dice a Jesús: “Señor, no sabemos a dónde vas, ¿cómo podemos saber el camino?”.
Es allí cuando Cristo le responde la famosa frase: «Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida” (Jn 14,6).
Porque Nuestro Señor no es sólo la Vida, sino el autor de la Vida.
Ahora bien: hoy muchos matan la vida de los no nacidos por comodidad, por odio a esa vida, por evitar la vida.
El hombre de hoy, al igual que la tentación de Adán, quiere ser como Dios, el autor de la vida y, por odio a la vida, matan al no nacido. Y lo hacen del modo más cobarde que exista.
Así entonces, esos niños, a mi parecer, están siento matados, aun sin conocer a Cristo, por odio al Creador y Señor; por odio a la vida, por odio al autor de la vida. Y por eso, se convierten también ellos en otros santos inocentes, como los que masacró Herodes, recibiendo en los propios vientres de sus madres, un bautismo: el bautismo de sangre que les abre las puertas del Cielo.
Y así, sin haber recibido el bautismo sacramental, reciben ese bautismo de sangre como sucede con los mártires. Aún sin saberlo ellos explícitamente y aún sin quererlo directamente quienes matan en un sacrificio diabólico, a los niños aún no nacidos.
Finalmente; en este día entonces, debemos rezar por aquellos que promueven y cometen el pecado del aborto: por su conversión y, especialmente, por aquellas mujeres que, lamentablemente, en un momento de desesperación, han caído en este pecado; un pecado que es perdonado por Dios pero que deja huellas muy profundas y que sólo la misericordia de Dios y la ternura de Nuestra Señora, la Virgen María, pueden curar con el tiempo.
P. Javier Olivera Ravasi, SE
San Francisco, 28 de Diciembre de 2025
39 comentarios
También pienso, y aquí es también razonamiento propio, sin base en enseñanzas claras, que los hijos de los católicos que mueren antes de nacer podrían participar de una suerte de bautismo de deseo, pues sus padres los habrían bautizado de hacer podido. Y si la fe de los padres sirve para que sean bautizados una vez nacidos, digo yo que algo contará aunque no hayan nacido.
Que de estas cosas poco sé y cuando he investigado no sé encuentran respuestas seguras, pero es cierto que la idea de que se condenen repugna a la razón. Sería un mal incomprensible que no les quedara otra vía que la condenación, en base a un mal cometido por otros (o un suceso involuntario cuando no hablamos de aborto provocado).
Veo algún problema con esa posición... (que, por lo que entiendo, no se aplicaría a su hermanito, sino sólo a los asesinados).
1) Las mujeres que abortan y las empresas que abortan, ¿lo hacen mayoritariamente por "odio a la vida" o, más bien, por evitar la incomodidad de un hijo y por interés económico, respectivamente? Cualquier mujer que aborta hubiera preferido no quedar embarazada. Lo que hay ahí en el aborto, por el lado de la intención de la madre (y del padre, cuando también interviene), es prácticamente lo mismo que en la anticoncepción. Así como en esta se procura no concebir, en el aborto se procura deshacerse de lo concebido. Y así como en lo primero no hay odio a la vida, sino lujuria, pues parece que lo mismo en lo segundo, por el lado del sujeto, en este caso. Dice santo Tomás: "luxuriosus non intendit generationem humanam, sed delectationem veneream" (II-II, q. 154, a. 11, ad 3).
2) El aborto procurado o filicidio prenatal (incluso postnatal) existía en la Antigüedad, como lo testimonian textos antiguos cristianos. Y ningún Padre ni Teólogo, hasta donde sé, consideró nunca que tales niños fueran mártires o santos inocentes. Es decir, la cantidad (que hoy se asesine a notablemente muchísimos más) no cambia la cosa.
3) Por lo mismo, cualquier asesinado debería ser mártir, se trate de un niño o de un adulto, en cuanto se lo mata por odio a la vida, ¿no? Lo cual ampliaría sobremanera el catálogo de mártires...
(Por lo demás, el aborto estaría llenando las moradas celestiales, muy a pesar de los demonios, a quienes, por tanto, más bien no les convendría fomentar este genocidio).
En cuanto al limbo de los niños, allí, según la doctrina de santo Tomás, no se goza de una plena felicidad natural, sino sólo en cierto sentido, pues se poseería el pecado original, in aeternum.
Cordial saludo y feliz Navidad de Nuestro Señor.
Pero si queremos evitar esta contradicción, pensando que el bautismo de sangre no es verdadero bautismo, y el niño no nacido va al infierno con toda seguridad. estamos en otra contradicción porque el niño no nacido, no ha hecho ABSOLUTAMENTE NADA que pueda llamarse pecado. ¡No ha tenido la menor oportunidad de pecar todavía! El hecho de existir no puede ser considerado un pecado, en principio. Sin embargo, debido a que no está bautizado, el niño está en pecado original, que es pecado mortal aunque no haya sido cometido y por tanto el niño abortado va al infierno con todas seguridad: 100% de seguridad. La madre que aborta pasará el resto de su vida viviendo on el dolor de saber que su hijo está en el infierno. Pero lo más asombroso es que ella puede salvarse todavía, arrepintiéndose y confesándose. Por tanto, ELLA SÍ PUEDE IR AL CIELO a pesar de haber enviado a su hijo al infierno. Extraño, ¿no? Por tanto hay dos extremos: el niño va al cielo con toda seguridad o el niño se condena con toda seguridad. No hay término medio: salvación eterna o condenación eterna. Y en ambos casos la doctrina católica queda mal. Entonces, la pregunta queda hecha: ¿El niño abortado se salva o se condena? Insisto: tanto si van al cielo como si van al infierno, la doctrina católica colapsa. No hay posible solución.
Y, me pregunto Padre Olivera que solución se puede dar al problema.
——
1) No se puede hacer un mal para que venga un bien
2) El pecado a sabiendas que “luego uno se confesará” difícilmente quede absuelto
3) Santo Tomás, con ese equilibrio que siempre lo caracteriza, habla del limbo de los niños justo por esto
La solución es fácil: no abortar. Bendiciones
PJOR
Respecto a lo de la Iglesia católica, el caballero Rubén no sabe, pues no lo sabemos nadie, cómo hace Dios con quienes no tienen propia culpa. Caminos misteriosos para llevar Almas al seno de la Salvación, a Cristo (a Su Iglesia y gracias a Ella). Tampoco sabe en qué estado se encuentran quienes fueron bautizados. A lo mejor nos llevamos sorpresas. A lo mejor descubrimos apostasías en aparentes bautizados y limpiados por el Redentor, del pecado original y de sus pecados personales, en personas que parecen alejadas. El acceso a la mente dará lugar a descubrimientos interesantes. También a nuevos modos de tortura. Dios nos asista. Dios nos proteja. Dios nos guíe.
Un grave problema de la actualidad es que la doctrina del pecado original es no poco desconocida por muchos católicos...
Hay que leer el Decreto sobre el pecado original del Concilio de Trento, en el que se dice, entre otras cosas:
"Si alguno afirma que la prevaricación de Adán le dañó a él solo y no a su descendencia; que la santidad y justicia recibida de Dios, que él perdió, la perdió para sí solo y no también para nosotros; o que, manchado él por el pecado de desobediencia, sólo transmitió a todo el género humano la muerte y las penas del cuerpo, pero no el pecado, que es muerte del alma: sea anatema..." (Dz. 789).
"Si alguno afirma que este pecado de Adán que es por su origen uno solo y, transmitido a todos por propagación, no por imitación, está como propio en cada uno, se quita por las fuerzas de la naturaleza humana o por otro remedio que por el mérito del solo mediador, Nuestro Señor Jesucristo, el cual, hecho para nosotros justicia, santificación y redención (1 Cor. 1, 30), nos reconcilió con el Padre en su sangre; o niega que el mismo mérito de Jesucristo se aplique tanto a los adultos, como a los párvulos por el sacramento del bautismo, debidamente conferido en la forma de la Iglesia: sea anatema" (Dz. 790).
En cualquier caso, mientras la Iglesia no proclame como verdad indiscutible que esas almas están en el cielo por Bautismo de sangre y mientras siga diciendo generalidades como "quedan encomendadas a la misericordia de Dios", a mi juicio lo más correcto es:
- Desde el punto de vista personal, que los cristianos recemos por ellas sobre todo en el sacrificio de la Misa.
- Desde el punto de vista de la Iglesia Católica, proclamar el 28 de diciembre como "Día de los Santos Inocentes y de las víctimas del aborto provocado". Eso sí que sería "hacer lío" como dijo el anterior papa. Lío y del bueno. Las conseciencias ciertamente serían terroríficas para la Iglesia y para los católicos, pero los beneficios en cuando a concienciación de muchos serían también inmensos.
Desgraciadamente me temo que no lo hará nunca.
___________
En primer lugar, NSJ no hace nada sin la Iglesia, dicho con otras palabras, NSJ en todo hace lo que dice la Iglesia. Dicho esto, si el magisterio dice que con el pecado original no se entra en el Cielo, no se entra en el Cielo. Pero además esto es lógico, no puede entrar nada sucio ni manchado en el Cielo, porque cualquier persona con la más mínima mancha de pecado no puede ser enfrentada a la Santidad de Dios, no lo resistiría, por tanto con el pecado original no puede entrar en el Cielo. Pero además, en Apocalipsis 21, 27 nos dice claramente:
"Nada manchado entrará en ella". (Ap 21, 27)
Feliz y Santa Navidad, P. Ravasi
Feliz y Santa Navidad para todos.
El razonamiento de que matarlos es consecuencia de odio a la vida, siendo Cristo su autor, puede encajar.
El no nacido sacrificado expresamente a Satanas, o la bruja que haciendo de partera sacrificaba al recién nacido para satanas, mueren por Cristo? Si es por odio a Dios.
La Igledia se ha pronunciado alguna vez sobre el destino de los inocentes sacrificados a satanas?
El principal motor del aborto, como en casi todo, es el egoísmo. Para satanas es un crimen favorito porque es el más puro, inocente, el más cercano a la pureza de Dios. Pero la madre que lo mata no parece que sea odio lo que destila.
Vamos, que la Iglesia ni afirma ni niega, así que, de momento, se pueden mantener individualmente ambas posiciones.
No confundamos, por favor.
Si el niño que muere, es bautizado, en virtud de qué méritos propios se salva, si no los tiene? Se salva por la sola misericordia de Dios, que no le exige lo que no ha podido dar.
Así como al niño difunto bautizado, se le da la salvación, sin haber hecho profesión de Fe, así será con aquellos que no fueron bautizados.
No se le puede pedir a uno, lo que no se le pidió al otro.
En todo caso, EL CATECISMO (recogiendo el Magisterio del Concilio Vaticano II) nos enseña que Dios da su Gracia a todo hombre sin excepción y tiene modos EXTRAORDINARIOS (extrasacramentales) para conducir a la Salvación a quienes, sin culpa, han desconocido el Evangelio.
«En cuanto a los niños muertos sin Bautismo, la Iglesia sólo puede confiarlos a la misericordia divina, como hace en el rito de las exequias por ellos. En efecto, la gran misericordia de Dios, que quiere que todos los hombres se salven (cf. 1 Tm 2, 4) y la ternura de Jesús con los niños, que le hizo decir: "Dejad que los niños se acerquen a mí, no se lo impidáis" (Mc 10, 14), nos permiten confiar en que haya un camino de salvación para los niños que mueren sin Bautismo. Por esto es más apremiante aún la llamada de la Iglesia a no impedir que los niños pequeños vengan a Cristo por el don del santo Bautismo».
¿De qué modo puede Dios salvar a los niños no bautizados? Él sabrá. Es tradición de la Iglesia que san Juan Bautista fue purificado del pecado original en el seno de su madre, santa Isabel, cuando ésta recibió la visita de la Virgen María (cf. Lc. 1, 39-45). De ser así realmente, independientemente de su martirio, san Juan Bautista pudo alcanzar el Cielo sin necesidad de bautismo sacramental incluso antes de la muerte redentora de Cristo. ¿No puede Dios haber dispuesto de algún otro medio extraordinario, en su infinita misericordia, para que puedan salvarse otros niños?
Me planteo, por otra parte, si sería válido, en caso de extrema gravedad, administrar el sacramento del bautismo en el propio seno materno. Lo esencial del rito es la inmersión del catecúmeno en el agua bendecida al tiempo que el ministro (cualquiera que tenga la intención adecuada, en caso de necesidad) dice la fórmula trinitaria («N. Yo te bautizo en el nombre del Padre...»). Al fin y al cabo, «bautizar» es, etimológicamente, «sumergir» y, desde luego, el bebé está sumergido en el líquido amniótico, que es esencialmente, agua. Se contaría, pues, con la materia, la forma y el ministro requeridos para que hubiera verdaderamente sacramento.
Me planteo, por otra parte, si sería válido, en caso de extrema gravedad, administrar el sacramento del bautismo en el propio seno materno.
_______________________________
Es una reflexión interesante y comprensible en situaciones límite. No obstante, desde la teología sacramental clásica, si el padre y la madre tenían la intención firme de bautizar al hijo en cuanto naciese, pero el niño muere antes de poder recibir el sacramento, la Iglesia entiende que existe legítimamente un “bautismo de deseo”, aplicado por la intención de los padres.
En ese sentido, no sería estrictamente necesario plantear un bautismo intrauterino, ya que Dios no está atado a los sacramentos, y la misericordia divina suple aquello que humanamente no pudo realizarse. La intención recta, unida al deseo explícito del bautismo, basta para confiar al niño a la gracia de Dios.
Además, el bautismo es un sacramento eclesial que ordinariamente se celebra tras el nacimiento, cuando el niño ya es sujeto visible dentro de la comunidad. Por eso, más que forzar soluciones extraordinarias, la tradición cristiana invita a confiar serenamente en la justicia y la misericordia de Dios en estos casos.
--------
Me parece que no. Hay un equívoco con eso del "bautismo de deseo". El "deseo" es de quien lo desea recibir conscientemente pero no puede por causas ajenas (está en un país donde hay persecución religiosa, está imposibilitado de que alguien se lo administre, etc.). No correría para quienes no tienen uso de razón (muchos tienen esa confusión hoy en día). Bendiciones. PJOR
Me dirán que uno recibió el Sacramento y el otro no.
Tengamos presente que, al que recibe el Sacramento, Dios le da la Salvación por un ACTO GRATUITO DE SU AMOR, sin mérito alguno de parte del niño en cuestión. Por qué le va a negar esa misma Gracia al que no tuvo la oportunidad de recibir el Sacramento? Es que la ausencia del Sacramento condiciona el Amor de Dios?
En todo caso, la Iglesia nos enseña hoy que, Dios tiene medios Ordinarios (Sacramentos) y medios Extraordinarios para salvar a los hombres; su Gracia actúa más allá de los Sacramentos (Cf. El Concilio Vat. II y el Catecismo).
Se estima que entre el 30 y el 50 por ciento de todas las concepciones terminan en un aborto espontáneo, es decir, natural. Es decir, se acercan a la mitad las personas que, concebidas, morirán antes de nacer y por tanto de poder bautizarse. Y estos abortos no son consecuencia de ningún crimen ni de odio a Dios.
Papa Eugenio IV, Concilio de Florencia, “Exultate Deo”, 22 de noviembre de 1439 ex cathedra: “El primer lugar entre los sacramentos lo ocupa el santo bautismo, que es la puerta de la vida espiritual pues por él nos hacemos miembros de Cristo y del cuerpo de la Iglesia. Y habiendo por el primer hombre entrado la muerte en todos, ‘si no renacemos por el agua y el Espíritu’, como dice la Verdad, ‘no podemos entrar en el reino de los cielos’ (Juan 3, 5). La materia de este sacramento es el agua verdadera y natural”.
Papa Paulo III, Concilio de Trento, sesión 7, can. 5 sobre el sacramento del bautismo, ex cathedra: “Si alguno dijere que el bautismo [el sacramento] es libre, es decir, no necesario para la salvación (Juan 3, 5), sea anatema”.
Papa Paulo III, Concilio de Trento, del pecado original, sesión V, ex cathedra: “Por un hombre entró el pecado en el mundo, y por el pecado la muerte (…) para que en ellos por la regeneración se limpie lo que por la generación contrajeron. ‘Porque si uno no renaciere del agua y del Espíritu Santo, no puede entrar en el reino de Dios (Juan 3, 5)”.
Gravísimo pecado es el aborto, así como el retrasar el bautismo de los niños, pues no solo priva a la víctima de la vida natural, sino que le impide alcanzar la Vida sobrenatural que solo el bautismo en agua puede dar.
En el credo decimos "creo en UN solo bautismo para el perdón de los pecados ", no tres.
El modernismo tiende a minimizar la gravedad del pecado y a oponer la Justicia con la Misericordia de Dios.
Sabe alguien en que texto doctrina De la Iglesia se sustenta esto?
“ No obstante, desde la teología sacramental clásica, si el padre y la madre tenían la intención firme de bautizar al hijo en cuanto naciese, pero el niño muere antes de poder recibir el sacramento, la Iglesia entiende que existe legítimamente un “bautismo de deseo”, aplicado por la intención de los padres.”
Esto es muy importante porque si fuera cierto se podría sustituir a los padres por un tercero. Me explico, yo los bautizaba así cuando veía entrar a las madres en el abortorios pero un sacerdote me dijo que no era válido por falta de materia
2. En el vientre de mi madre fui concebido pecador reza el Salmo de arrepentimiento atribuido al rey David, donde se expresa la conciencia de la naturaleza pecaminosa heredada desde el nacimiento, no un pecado actual -personal- de concepción literal, sino la condición humana caída de la que solo Dios puede limpiar y restaurar en la Nueva Creación mediante Su Cristo en el Sacrificio del Calvario.
3. Y sabemos que antes de Cristo no había Bautismo posible que quite el pecado original y personal. Luego, el Sacrificio del Calvario es para todo el género humano.
4. Sabemos seguro que tras la muerte humana hay Juicio divino: Cielo, Purgatorio e Infierno. Y que para acceder al Cielo es necesario el Bautismo de agua, sangre o deseo y el fuego del Espíritu Santo; y tener fe.
5. Así, pues, todo el que muere cuando es llamado por Dios, nonato, de bebé, niño, adolescente, joven, adulto o anciano es por Voluntad Suya en Su Providencia en el tiempo y camino que le ha trazado por su santificación.
6. El Bautismo del Señor Jesús es para suplir a todo aquel que recibe el Bautismo de sangre y de deseo. Pero, falta la fe, la respuesta humana: sea según vuestra fe.
7. Por la Encarnación, Pasión, Muerte y Resurrección de Jesús el género humano ha sido elevado al Cielo con la misma dignidad del Ángel: a San Juan evangelista y apóstol se le prohíbe adorar al Ángel y le dice: "Soy consiervo tuyo y de tus hermanos". Por tanto, no todo lo podemos saber y conocer porque somos creaturas. A la Virgen María Inmaculada Concepción, Llena de Gracia; a Jeremías lo bautiza en el vientre de su madre; los que estaban en el Limbo de los justos no habían sido bautizados y nadie duda que San Juan bautista esté en el Cielo y los demás, con su Purgatorio si es necesario. Por tanto, la respuesta de a dónde van los que mueren nonatos y de bebé no lo sabremos hasta el Juicio final universal. Y lo más sensato sea un Limbo de espera. Lo que si sabemos seguro por los Mandamientos y el Evangelio del reino es que el odio es equiparable al homicidio (Mt 5,21-30) como lo es mirar con lujuria al adulterio. Y de la fornicación lujuriosa viene la causa del odio al nonato. Ya nos advertían también los Apóstoles en la Didajé con el infanticidio, que el aborto no es de ahora algo nuevo, pues el hombre viejo es el mismo. Y lo seguro es que el adulterio, la fornicación y el homicidio es pecado mortal y es inocente siempre Abel. Porque el Pecado va siempre contra la santidad del hombre nuevo directa o indirectamente.
Los santos inocentes dieron la vida en testimonio de Jesucristo siendo inconscientes de ello?
Oscar
yo los bautizaba así cuando veía entrar a las madres en el abortorios pero un sacerdote me dijo que no era válido por falta de materia
______________________
Catecismo Mayor punto 1258. Este Bautismo de sangre como el deseo del Bautismo, produce los frutos del Bautismo sin ser sacramento.
La intención de los padres en la teología sacramental clásica
En la teología escolástica, especialmente en Santo Tomás de Aquino, se afirma que:
Los sacramentos actúan ex opere operato (por la acción de Cristo),
pero la intención es relevante cuando el sacramento no puede realizarse.
Santo Tomás enseña (STh III, q. 68, a. 2) que:
El deseo del Bautismo puede suplir el sacramento en quien es capaz de deseo personal,
y que los niños reciben la gracia a través de la fe de la Iglesia.
Esto permite a la teología posterior extender analógicamente el principio al deseo de los padres, no como certeza sacramental, sino como fundamento de esperanza.
Desarrollo teológico reciente (Comisión Teológica Internacional)
En 2007, la Comisión Teológica Internacional (con aprobación de la Santa Sede) publicó La esperanza de salvación para los niños que mueren sin Bautismo, donde se afirma que:
La voluntad salvífica universal de Dios,
la oración de la Iglesia,
y la intención bautismal de los padres cristianos
son razones teológicas serias para confiar la salvación de esos niños a Dios.
NOTA.- Mi Padre es ginecólogo y siempre me ha dicho que él ha bautizado a todos los niños que al nacer iban a tener una muerte muy prematura (horas o días)
Enrique González, el párroco de la primera, puntualiza que este libro de Bautismo de deseo «propiamente no es un libro sacramental, porque el Bautismo de deseo no es sacramento, si bien produce los mismos frutos que el sacramento». En este caso, al igual que cuando se bautiza a un niño se hace «en la fe de los padres», en el de deseo también. «No hay un Bautismo, sino un reconocimiento del deseo de los padres, que es suficiente para decir con total confianza que produce los mismos frutos que el Bautismo».
https://alfayomega.es/dos-parroquias-de-madrid-abren-un-libro-de-bautismo-de-deseo/
Los santos inocentes no entraron al Reino de los Cielos hasta después que Cristo bajó a los infiernos. Dieron su sangre para que se cumplan la profecías y no fueron concientes de ello. La Iglesia los considera testigos de Cristo porque su muerte, aunque no buscada, se produjo por causa de Él. Pero aunque no hubieran tenido el bautismo de sangre, se hubieran salvado como se salvaron todos los justos del Antiguo Testamento, que antes de la venida de Cristo purgaban su espera en el Seno de Abraham (también una especie de Limbo, en donde carecían de la visión beatífica PERO, y esta es una gran diferencia con el Limbo, tenían la esperanza de ser liberados, aguardaban la liberación por parte del Salvador) y que Cristo con su muerte, les abrió las puertas del cielo, hasta entonces cerradas para ellos.
Pero eso que pasó allá en los comienzos de nuestra era, no tiene nada que ver con el caso de los niños abortados hoy. Ahora está constituida la Iglesia de Cristo (en aquel tiempo no), ahora hay dogmas de fe que exigen la pertenencia a la Iglesia Católica como condición sine qua non para ser salvado (en aquel tiempo no), ahora hay dogmas de fe que exigen el bautismo para ser salvado (en aquel tiempo no). Entonces no puedes extrapolar linealmente lo que aconteció con la matanza de Herodes con lo que pasa ahora. Lo más triste de todo esto es que:
1) La Iglesia está renegando de su Tradición y su pasado (cada vez entiendo más el pasaje del mensaje a la Iglesia de Laodicea en el Apocalipsis y la profecía de la gran apostasía que San Pablo hace en 2 Tes 2).
2) Se engaña a los fieles haciéndoles creer que sin bautismo podría ser posible la salvación. Ninguna posibilidad; la Iglesia ya se expidió infaliblemente sobre ello. Sostener lo contrario es sostener una herejía (y de las peores).
Que semejantes afirmaciones se repitan sin corrección ni límite no es un signo de apertura, sino de grave irresponsabilidad doctrinal. La libertad de expresión no ampara la difusión sistemática de errores que confunden a los fieles y socavan la unidad de la Iglesia. Quienes permiten, justifican o normalizan este tipo de comentarios no son neutrales: comparten la responsabilidad moral del daño causado, porque tolerar el error persistente cuando se tiene el deber de corregirlo no es prudencia, sino omisión culpable. En materias de fe y moral, el silencio ante el error nunca es inocente.
El esquema es sencillo y eficaz: Rubén escribe como si existieran dos Iglesias. Una invisible, pura, impecable y —qué casualidad— perfectamente alineada con sus opiniones; y otra visible, histórica, con concilios, papas santos y enseñanza constante, que habría estado décadas enseñando cosas falsas sin que nadie lo notara. Ni obispos, ni teólogos, ni mártires, ni doctores de la Iglesia. Todos despistados. Rubén, no. Rubén atento.
Lo verdaderamente admirable no es ya la tesis, sino que se permita su repetición ininterrumpida como si fuera una variante más del pluralismo católico, cuando en realidad es una demolición sistemática de la noción misma de Magisterio. Porque una cosa es debatir, y otra muy distinta es insinuar alegremente que la Iglesia ha fallado de forma habitual y prolongada justo en aquello que Cristo prometió custodiar. Eso no es espíritu crítico: es reconstrucción doctrinal “hágalo usted mismo”.
Y aquí entra el detalle más pintoresco: los que lo permiten. Porque siempre hay quien confunde paciencia con neutralidad, y apertura con barra libre. Pero permitir que se siembre confusión doctrinal de manera reiterada no es un acto de tolerancia heroica, sino una forma bastante cómoda de lavarse las manos. Eso sí, luego no nos sorprendamos si el lector medio sale creyendo que el Magisterio es opcional, los papas santos son discutibles y la fe católica funciona por suscripción mensual.
En fin, que Rubén seguirá escribiendo, probablemente con más entusiasmo cada vez. Y quienes le dan el altavoz seguirán pensando que no pasa nada. Hasta que pasa. Porque en cuestiones de fe y moral, el error tolerado con aplauso termina pasando factura… y suele hacerlo en grupo.
Padre, con el debido respeto, quisiera señalar una preocupación que considero seria. En este blog se vienen publicando de manera reiterada comentarios que cuestionan abiertamente doctrinas pertenecientes al ámbito de la fe y la moral tal como han sido enseñadas de modo constante por el Magisterio ordinario universal de la Iglesia. No se trata de simples opiniones teológicas ni de debates legítimos, sino de afirmaciones que, de hecho, ponen en duda la fiabilidad doctrinal de la Iglesia y de pontificados concretos, incluidos los de papas canonizados.
En este contexto, resulta problemático que tales comentarios se difundan de manera continuada sin aclaración, corrección o delimitación alguna. La neutralidad ante errores persistentes en materias nucleares de fe y moral no es, en la práctica, una posición neutral. Más aún cuando, hasta la fecha, no consta amonestación alguna al autor por cuestionar de forma reiterada el Magisterio ordinario universal precisamente en aquellos ámbitos en los que la Iglesia exige asentimiento. La ausencia de corrección pública o privada acaba siendo interpretada, razonablemente, como consentimiento implícito.
Permitir la publicación de este tipo de contenidos en un espacio vinculado a un sacerdote —y, por tanto, investido de una responsabilidad pastoral objetiva— puede inducir a confusión grave entre los fieles, que tienden a identificar el silencio del moderador con una forma de validación. No se trata aquí de restringir la libertad de expresión, sino de ejercer el necesario discernimiento pastoral cuando se ofrece una plataforma pública asociada al ministerio sacerdotal.
En materias de fe y moral, la prudencia no consiste en callar ante el error reiterado, sino en impedir que se normalice. Por ello, la continuidad de estas publicaciones sin corrección explícita o amonestación clara termina situando al responsable del espacio en una posición que, aunque quizá no pretendida, deja de ser neutral.
Escuchar sin corregir, publicar sin amonestar y permitir sin delimitar no mantiene el equilibrio: inclina la balanza. Porque en este punto solo hay dos opciones posibles, y no una tercera vía cómoda. O bien la Iglesia ha enseñado fielmente la fe y la moral bajo la asistencia del Espíritu Santo —y entonces las tesis de Rubén son falsas y deben ser corregidas—, o bien habría que aceptar que la Iglesia, incluidos pontificados santos, ha engañado de manera reiterada al pueblo de Dios en materias esenciales. No hay término medio, y fingir que lo hay es una forma de eludir la responsabilidad.
Por eso, ante una polarización tan aberrante como la que se plantea, usted no puede permanecer sin mojarse. No porque se le exija tomar partido en una discusión privada, sino porque está en juego la credibilidad misma del Magisterio y la comunión eclesial. Cuando se da voz repetida a quien niega en la práctica la fiabilidad doctrinal de la Iglesia, el silencio del responsable no se percibe como prudencia, sino como una toma de posición tácita.
Llegados a este punto, seguir permitiendo que se difundan estas afirmaciones sin corrección clara equivale a aceptar que la confusión se normalice. Y eso ya no es una cuestión de estilos pastorales ni de sensibilidades: es una cuestión de verdad y de fidelidad. Ante dos opciones mutuamente excluyentes, no decidir también es decidir.
Los comentarios están cerrados para esta publicación.






