(433) Necesidad personal y social de Cristo

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La doctrina católica enseña que el hombre «es una criatura racional compuesta de alma y cuerpo» (Catecismo de San Pío X, núm. 50), la «más noble que Dios ha puesto sobre la tierra» (n. 49), «libre en sus acciones» (n. 54), «creado a imagen y semejanza de Dios» (n. 56).

El hombre fue creado en el orden natural elevado al orden sobrenatural, y con ello ordenado a la visión beatífica, que es su fin último.

La parte más noble del hombre es su alma, «porque es sustancia espiritual dotada de entendimiento y de voluntad, capaz de conocer a Dios y de poseerle eternamente» (Ibid., núm. 51), y porque «el alma humana no muere jamás; la fe y la misma razón prueban que es inmortal.» (n. 53).

 

52

El hombre, tras su Caída de la gracia, se encuentra en estado de enemistad personal y social con Dios; esto repercute en su relación con la sociedad, con la familia y con su prójimo; privado del orden sobrenatural al que fue elevado gratuitamente al ser creado (se dice gratuitamente, pues Dios no estaba obligado a elevarle, ni la naturaleza creada del hombre lo demandaba como exigencia para completarse), vive acuciado por las fuerzas del mal, y aunque su libertad sobrevive, no estando extinguida su bondad original, está a merced, también, de las sombras del pecado, necesitado del auxilio de un Salvador sin el cual no puede hacer nada (Cf. Jn, 15, 5).

PÍO XII, en Humani generis, núm. 20, del 12 de agosto de 1950, condena las doctrinas personalistas y neoteológicas que, modernamente, «desvirtúan el concepto del carácter gratuito del orden sobrenatural, pues defienden que Dios no puede crear seres inteligentes sin ordenarlos y llevarlos a la visión beatífica».

Estas doctrinas se basan en la filosofía de la acción de Blondel, en hibridaciones del orden natural y sobrenatural, en las conclusiones subjetivistas de la filosofía moderna, (que pretenden compaginarse con los principios católicos, como si ello fuera posible); son tesis “anticosistas” y “antiextrinsecistas”, como las del existencialismo personalista de De Lubac, Maritain, Rahner y otros, cuyo fin es amalgamar lo que el hombre tiene de creado con lo que tiene de elevado.

El resultado es un sobrenaturalismo que suprime lo natural, y que, lógicamente, conduce a naturalizar lo sobrenatural, por ser éste considerado parte integrante de lo natural.

Esta perspectiva sobrenaturalista, que en el fondo procede del pensamiento moderno, sirve a doctrinas políticas liberales para suprimir el orden sobrenatural explícito, e introducirlo en el orden natural, secularizando al hombre y la sociedad.

 

53

Y es que, como explica Trento, ses. VI, cap I, con precisión,

«habiendo perdido todos los hombres la inocencia en la prevaricación de Adán, hechos inmundos, y como el Apóstol dice, hijos de ira por naturaleza, según se expuso en el decreto del pecado original; en tanto grado eran esclavos del pecado, y estaban bajo el imperio del demonio, y de la muerte, que no sólo los gentiles por las fuerzas de la naturaleza, pero ni aun los Judíos por la misma letra de la ley de Moisés, podrían levantarse, o lograr su libertad; no obstante que el libre albedrío no estaba extinguido en ellos, aunque sí debilitadas sus fuerzas, e inclinado al mal

 

54

El estado de enemistad, es decir, el estado caído o adámico, afecta no sólo a los individuos, sino también a las sociedades y las familias, por ser la sociedad un conjunto de éstas.

Las personas viven en familias, y las familias constituyen la sociedad. Consiguientemente, el estado de enemistad personal es también familiar y social, pues el estado de los miembros repercute en el estado del cuerpo, el estado de cada parte en el estado del todo.

(Minusvalorar, como ocurre en ciertas pastorales familiaristas, los efectos del pecado original y personal en la familia es absurdo pelagianismo; porque está caída por el pecado, necesitada de redención, necesita a Cristo, está oscurecida por el pecado, necesitada de la gracia y de los sacramentos, y también, no lo olvidemos, de la pedagogía de las leyes, del amparo de las instituciones, de la cobertura de un orden social justo. La familia, como sociedad imperfecta que es, no es autosuficiente para cumplir sus fines).

Y ello es lógico, puesto que los pecados personales afectan a la sociedad y dan lugar, al difundirse e incluso institucionalizarse, a estructuras de pecado. Estas estructuras, tradicionalmente, se han denominado mundo, y son, junto con la carne (el cuerpo en estado de enemistad) y el diablo (el enemigo de Dios y del hombre), uno de los tres enemigos del alma.

Sabemos, por tanto, que «los hombres y las naciones, alejados de Dios, corren a la ruina y a la muerte por entre incendios de odios y luchas fratricidas» (PÍO XI, Quas primas, núm. 4, 11 de diciembre de 1925)

 

55

El único remedio posible lo pedimos a Dios en el Padre Nuestro: venga a nosotros tu Reino. Por eso, solicitar a Cristo que reine en el hombre y en la sociedad, es el principal remedio para transformar el estado de enemistad personal y social en estado de amistad.

Cristo es la única solución posible. Porque sólo Cristo puede salvar al ser humano y al mundo.

«¡Oh, qué felicidad podríamos gozar si los individuos, las familias y las sociedades se dejaran gobernar por Cristo! Entonces verdaderamente —diremos con las mismas palabras de nuestro predecesor León XIII dirigió hace veinticinco años a todos los obispos del orbe católico—, entonces se podrán curar tantas heridas, todo derecho recobrará su vigor antiguo, volverán los bienes de la paz, caerán de las manos las espadas y las armas, cuando todos acepten de buena voluntad el imperio de Cristo, cuando le obedezcan, cuando toda lengua proclame que Nuestro Señor Jesucristo está en la gloria de Dios Padre» (PÍO XI, Quas primas, núm. 19).

 

LA CLAVADURA, Primera Parte: Cuando la fe ya no consiste en creer.

 
LA CLAVADURA, Segunda Parte
X: Necesidad personal y social de Cristo
 

4 comentarios

  
Pedro L. Llera
El activismo voluntarista del "otro mundo es posible", de las JMJ, los sínodos y los documentos interminables (por su longitud y su inanidad) es muestra de un antropocentrismo que pretende construir el paraíso en la tierra sin necesidad de Dios. Es pelagianismo puro abocado al fracaso y a la frustración.
Hay que volver a Cristo. Nuestra esperanza es Cristo. La Iglesia ha de ser cristocéntrica: no antropocéntrica ni humanista ni personalista.
Hay que recuperar la perspectiva sobrenatural: nuestra felicidad está en el cielo, en la contemplación beatífica de Dios. No está nuestra felicidad en este mundo. Este mundo es el camino para el otro, que es posada sin pesar, así que conviene tener buen tino para andar esta jornada sin errar. Así lo expresaba maravillosamente Jorge Manrique en el siglo XV. Tenemos que vivir con mirada de eternidad. Por eso hace falta menos activismo y más adoración al Santísimo, más vida sacramental, más oración. Porque quien lo cambia todo es Cristo: no nosotros solos.
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A.G.:
Mejor dicho imposible. Gracias Pedro. Viva Cristo Rey.
27/07/20 5:28 PM
  
esron ben fares
Hola, existe alguna diferencia entre el orden sobrenatural original (antes del pecado) y el orden sobrenatural después del bautismo (sin perder la gracia). ¿Cuál es el sustento?

Muchas gracias de antemano por su amable respuesta
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A.G.:
Oh felix culpa, exclama la Iglesia. El orden que viene por el Sacrificio de Cristo es superior. Es un orden sacramental, de mediaciones, en que se aplican los méritos de la Pasión de Nuestro Señor. De tal manera, que el orden primigenio, tras el Juicio, será restaurado a su primitivo esplendor y mucho más.
27/07/20 6:31 PM
  
franciscus
Estimado Alonso:

Realmente disfruto mucho sus artículos, son de una gran claridad y precisión, respetando siempre la sana doctrina.

Quisiera saber qué opina de la tesis, defendida por tomistas como Gariel Zanotti, que señalan que se debe distinguir modernidad de iluminismo, que el verdadero humanismo, parte de la modernidad, habría sido una reacción contra la escolástica decadente, especialmente el nominalismo y que no sería más que el desarrollo del auténtico medioevo, en cuanto valoración de la naturaleza humana como obra divina. El iluminismo, en camio, sería su corrupción racionalista. Sostiene que lo que hoy nos parece condenable de la modernidad, sería la sumatoria de este movimiento junto a la reforma fideista o protestantismo. A mí, la verdad, me parece muy interesante esta distinción.
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A.G.:
Pienso que, como dice Danilo Castellano, la Modernidad no es divisible, es un todo compacto. De ella surgen movimientos, doctrinas y prácticas sustentados en los mismos principios disolventes. Es imposible separar de la Modernidad elementos esenciales y aprovecharlos, porque están impregnados del mismo espíritu y han sido concebidos por el mismo numen.
28/07/20 8:33 PM
  
Tito España
En muchas predicaciones de hoy día se insiste en que Dios quiere que seamos felices, pero nadie remata diciendo que la felicidad verdadera es para la vida eterna, no esta. Y, así, el pueblo oyente se despista y cree que todo se reduce a la felicidad material y se olvida el fin supremo: la bienaventuranza eterna.
28/07/20 8:45 PM

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