Defenestración de Gambetti, el de los «puntos de escucha»

Tener un hijo que estudia Filología Clásica en plena era de la ia-ia-oh da para sobremesas divertidas y sugerentes. Muchas acaban en la misma conclusión: lo inquietante de ciertas palabras no es lo que significan, sino que existan.
Una de las más pertubadoras es «defenestrar». Que una lengua tenga un verbo para «arrojar a alguien por la ventana» dice bastante, bueno y malo, sobre la frecuencia con que se practicaba. Desconozco si hay tradución al ruso, Putin es un asiduo. Quizá la defenestración más célebre sea la de Praga, en 1618. Los protestantes bohemios tiraron por la ventana del castillo a dos regidores católicos y a su secretario, y sobrevivieron los tres. Los católicos lo atribuyeron a la intercesión de la Virgen; los protestantes, a un oportuno montón de estiércol. El secretario, que se llamaba Fabricius, fue después ennoblecido como «von Hohenfall», algo así como «señor de Altacaída», que suena a El caballero de los Siete Reinos.

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