Sin presbíteros no hay Iglesia, por Patianus


Esta semana Germinans germinabit ha sacado a la luz la primera parte de un informe sobre los planes de formación de agentes de pastoral en Cataluña. Patianus reflexiona sobre lo que puede estar detrás de esos planes y la necesidad de dedicar todas las energías posibles a la pastoral vocacional, verdadero futuro de cualquier iglesia local.

Sin presbíteros no hay Iglesia

Lo peor de determinadas pastorales inocuas e inanes no es que hayan quemado el campo de las vocaciones al sacerdocio. No, lo peor es que quieren cubrir ese déficit echando cemento para cubrir su fracaso. De las cenizas de un campo quemado puede resurgir la vida si se le abona adecuadamente. De un campo de cemento no se puede cosechar nada. Pues bien, preparar a laicos para que sean agentes de pastoral con la idea de que sustituyan permanentemente a los sacerdotes, es echar cemento en el campo de la Iglesia en Cataluña.

La solución a la falta de sacerdotes no puede ser nunca el esperar a que la Iglesia cambie el modelo de sacerdocio tradicional, ni hacer que los laicos se encarguen de aquello que corresponde a los ministros ordenados. Cristo quiso que su Iglesia fuera gobernada por pastores. Poner a ovejas a hacer la función de los pastores puede solucionar temporalmente alguna situación extrema, pero no es esa la voluntad de Dios para su Iglesia.

Desde muy temprano la Iglesia fue consciente del papel imprescindible del ministerio ordenado:

De la misma manera, que todos respeten a los diáconos como a Jesucristo, tal como deben respetar al obispo como tipo que es del Padre y a los presbíteros como concilio de Dios y como colegio de los apóstoles. Aparte de ellos no hay ni aun el nombre de iglesia.(Epístola a los Trallianos, III San Ignacio de Antioquia)

Sólo desde la ignorancia o la negación de la doctrina católica sobre el sacerdocio se pueden plantear soluciones que se basan en una hipotética perpetuación de la ausencia de presbíteros en comunidades parroquiales. El sacerdote, y sólo él, actúa "in persona Christi", tanto al celebrar el sacrificio de la misa como al administrar los sacramentos. Y no hay laico, por muy preparado que esté, que pueda sustituir al presbítero en ese papel, tan fundamental, queridos hermanos, que del mismo depende la salud espiritual de toda la comunidad cristiana.

En un discurso a la Asamblea Plenaria de la Congregación para
el Clero, el Siervo de Dios Juan Pablo II advirtió de que "tener un sacerdote como pastor es de fundamental importancia para la parroquia. El título de pastor está reservado específicamente al sacerdote. En efecto, el orden sagrado del presbiterado representa para él la condición indispensable e imprescindible para ser nombrado válidamente párroco. Ciertamente, los demás fieles pueden colaborar activamente con él, incluso a tiempo completo, pero, al no haber recibido el sacerdocio ministerial, no pueden sustituirlo como pastor."

¿Puede por tanto ser fiel a la Iglesia una pastoral que busque la formación como agentes pastorales permanentes de quienes no pueden ser pastores? ¿No se estará aprovechando una situación desdichada, la falta de nuevos sacerdotes, para introducir un modelo de comunidad parroquial en la que no sea necesaria la presencia del presbítero?

No tiene sentido que quienes han echado agua al fuego de las vocaciones sacerdotales pretendan hacernos comulgar con ruedas de molino, vendiéndonos la moto de los agentes de pastoral laicos. La solución para las comunidades que se quedan sin presbítero no es que de las mismas salgan laicos dispuestos a ocupar el lugar del sacerdote, sino que salgan jóvenes dispuestos a ser curas. Si cada parroquia "diera a luz" un sacerdote, el problema estaría resuelto. Que nadie piense que Dios no sigue avivando el fuego de la vocación sacerdotal en el corazón de nuestros hijos. Más bien pensemos cómo preparar esos corazones para que sepan responder con un "Heme aquí, envíame a mí" (Is 6,8) al llamamiento de Dios.