Al Tribunal Constitucional le importa bien poco la Constitución
Tras la reciente sentencia del Tribunal Constitucional (TC) de España sobre el matrimonio homosexual, en la que apelaba a la evolución de la sociedad para aprobar algo que no aparecía en el texto de la Carta Magna, a muchos ya les quedó claro que en este país no hay ningún derecho ni ley que no pueda quedar al albur de lo que la opinión pública piense según el CIS o los estudios demoscópicos. Pero si partimos de una realidad espantosa, que consiste en que el mayor de los derechos, el de la vida, está pisoteado por la legislación, ¿qué no podremos esperar del actual sistema político?
En el caso de Resurrección Galera se da una situación peculiar. Era profesora de religión católica en Almería. Para poder ser profesor de religión en España tienes que tener la autorización de la autoridad religiosa competente. En el caso de la religión católica, son los obispos. En el de religión evangélica, tal papel le corresponde a la FEREDE (esa que el protestante más mediático de este país quiere que desaparezca). Y supongo que otro tanto pasará con los profesores de religión islámica y judía. Ahora bien, hubo una circunstancia en la ida de la señora Galera que hizo que el obispo de Almería decidiera que ya no estaba cualificada para seguir dando clases de religión católica. Se casó con un señor divorciado. El suyo es un matrimonio civil así que, desde el punto de vista de la moral católica, estamos ante una adúltera o fornicaria -depende de si su marido estuvo casado antes por la Iglesia-. Y el obispo debió pensar que mal puede enseñar sobre el sacramento del matrimonio y la moral sexual católica aquella que se la salta a la torera en su vida. Por cierto, ¡qué bien harían TODOS los obispos si hicieran lo mismo con los profesores de religión que enseñan verdaderas herejías a sus alumnos! ¡Tendrían mucha más autoridad moral ante casos así!

Desde que un rey adúltero, Enrique VIII, decidió fundar en Inglaterra una “iglesia” nacional para poder adulterar a gusto, las cosas no han cambiado mucho. Hoy, como entonces, el monarca inglés (y de paso británico) es la cabeza de la llamada Iglesia de Inglaterra -en realidad no es iglesia, sino comunión eclesial-. Ciertamente los reyes ingleses llevan mucho tiempo sin meterse a fondo en asuntos eclesiásticos, que son cosa del arzobispo de Canterbury. Pero si quisieran intervenir, dudo que nadie se lo pudiera impedir.
Nadie quiere enfermar. Nadie quiere sufrir. Nadie quiere ver como sus seres queridos enferman y sufren. Pero la enfermedad es compañera de camino en nuestras vidas. Antes o después nos encontraremos con ella, tanto sufriéndola en nuestras propias carnes como en la de aquellos a los que más amamos.
Al portavoz del gobierno andaluz, Miguel Ángel Vázquez, no le gusta la libertad de expresión. Tampoco le gusta lo que la Iglesia enseña sobre la ideología de género, la sexualidad, la institución familiar, el aborto, la educación, etc. Y ya ha encontrado la forma de congeniar sus “disgustos".


