Y los lefebvristas dijeron no
¿A alguien le extraña que Monseñor Fellay haya dicho que no pueden aceptar lo que la Iglesia Católica les ha pedido que acepten? A mí no, desde luego. Hay cosas que no cambian por mucha buena voluntad que se quiera poner en ello. Y el lefbvrismo lleva décadas empeñado en que el Concilio Vaticano II se opone a la doctrina católica en cuestiones como el ecumenismo y la libertad religiosa. Y ante la posibilidad de interpretar los textos conciliares conforme a la tradición, no aceptan de ninguna de las maneras que el Catecismo sea el instrumento que marque dicha interpretación.
Se confirma que la división entre la Iglesia y los lefebvrianos es de carácter doctrinal. Lo cual les situa prácticamente en el mismo lugar que los protestantes, aunque obviamente las diferencias doctrinales entre católicos y lefbvristas son menores, y todavía menos graves, que entre católicos y protestantes. Pero son lo suficientemente importantes como para que los lefebvrianos digan no a lo que Roma les ha pedido que acepten.
No hace falta ser doctor de la Iglesia para entender que cuando un grupo afirma no estar de acuerdo con la doctrina que la Sede Apostólica propone como católica, está reconociendo implícitamente que no está en comunión con el Papa ni acepta su plena autoridad doctrinal y pastoral. El lefebvrismo pretende erigirse como verdadero intérprete de la Tradición y defensor del depósito de la fe, aunque ello le lleve a enfrentarse doctrinalmente al Vicario de Cristo y la Santa Sede.
No sé bien qué hará la Santa Sede ante esta negativa de los lefebvrianos. Puede que se considere que los puntos de divergencia doctrinal no sean lo suficientemente graves como para negar cualquier condición católica a la FSSPX. Pero el principio de “no acepto la doctrina que Roma pide que acepte” es en sí mismo incompatible con dicha condición.
Acabo este post citando al Papa santo que da nombre a la FSSPX:
“No permitáis que vosotros mismos seáis engañados por las taimadas declaraciones de aquellos que persistentemente claman que desean estar con la Iglesia, amar a la Iglesia, luchar para que la gente no salga de ella… sino juzgarlo por sus obras. Si ellos desprecian a los pastores de la Iglesia e incluso el Papa, si intentan por todos los medios evadir su autoridad para eludir sus directivas y juicios… entonces, ¿de qué Iglesia hablan esos hombres? Ciertamente no de la establecida sobre el fundamento de los apóstoles y profetas, con Jesucristo mismo como la piedra angular” (Ef 2,20)
San Pío X, discurso del 10 de mayo de 1909
Sigamos pidiendo al Señor que se produzca la reconciliación.
Luis Fernando Pérez Bustamante
PD: Recomiendo vivamente la lectura del último post del P. Iraburu, editor de Infocatólica, sobre esta cuestión. Lo suscribo totalmente.

Acaban de enviarme la
Hoy es uno de esos días donde ser católico es motivo de orgullo. En el país más “poderoso” del mundo, ese que es pintado por muchos como el paraíso de la democracia y la panacea de las libertades, existe un gobierno empeñado en obligar a todo el mundo a aceptar la cultura de la muerte, que tiene en el aborto su rostro más siniestro. Y dentro de todo el mundo entramos, como no podía ser de otra manera, los católicos. Obama quiere forzar a todos los empresarios o personas particulares que contratan empleados a pagar unos seguros médicos que incluyan entre sus servicios la anticoncepción, la esterilización y los fármacos abortivos.
Pocas cosas hay tan penosas en este mundo como ser un cristiano soso, sin sustancia, adaptado al ambiente, repetidor de consignas más o menos grandilocuentes que no dejan ver la raíz real de los problemas que aquejan a la sociedad. Pocas cosas hay tan absurdas como ser católico y escribir un artículo sobre la crisis sin mencionar una vez siquiera a Cristo, el evangelio, la Iglesia y sus enseñanzas. Y sin embargo, eso es lo que veo en un comunicado publicado por un grupo de jóvenes de cierto movimiento eclesial con motivo de la festividad de Santo Tomás de Aquino. Prefiero no decir ni el movimiento ni la diócesis a la que pertenecen. De hecho, no voy a copiar párrafos del texto para evitar que alguien lo encuentre en la red y les identifique. No es necesario pues me temo que no son los únicos que sufren de esta idiocia espiritual.
Aunque algunos crean que nací ya mayor y con barba, pidiendo un auto de fe para la comadrona y el doctor que atendieron a mi madre, yo también fui niño en cierta ocasión. Y como tal me gustaba ver la programación infantil, que por aquel entonces era bastante más sana de lo que ha llegado a ser posteriormente. Me acuerdo bien del “Un globo, dos globos, tres globos", de los payasos de la tele -también eché una lagrimilla cuando murió Fofó- y de Barrio Sésamo. Cuando empezaron las emisiones de Epy, Blas, Coco, la Rana Gustado y compañía yo ya andaba por los diez años de edad, pero creo recordar que esos personajes habían salido anteriormente en los globos.


