¿Qué son 309 años comparados con la eternidad?
La Fiscalía ha pedido 309 años de cárcel para el doctor Morín por 101 delitos de aborto, asociación ilícita y un delito continuado de falsedad documental. Además, ha solicitado diversas penas por las mismas razones para su esposa y el personal sanitario que colaboró en la maquinaria de picar carne humana en que se convirtieron las clínicas de ese asesino de bata blanca. Llegaron a practicar abortos a criaturas de siete meses y medio de gestación. O sea, infanticidio rampante. Ahora bien, no olvidemos que las leyes abortistas de este país permitían ese tipo de abortos en algunos supuestos. Que el doctor Morín y sus compinches falsificaran los informes médicos para que encajaran con esos supuestos, no nos exime del horror de pensar que la ley admite que se mate a su ser humano en el seno materno cuando ya puede vivir fuera.
No sabemos en qué puede acabar el juicio humano contra esos profesionales de la cultura de la muerte, pero sí sabemos cuál será el resultado del juicio al que se tendrán que enfrentar una vez mueran. A menos que, Dios lo quiera, se arrepientan de sus crímenes, lo que les espera no es una condena de siglos, sino una cadena perpetua en el sentido más literal del término.
Tuve el privilegio de conocer personalmente al doctor Nathanson, que pasó de ser un ángel caído exterminador a convertirse en un apóstol de la vida. La misericordia de Dios alcanza también a quienes han dedicado su vida a matar inocentes no nacidos. Y la gracia divina convierte a matarifes miserables en abogados ante el mundo de la dignidad de la vida humana desde su concepción.

El cisma lefebvrista podría pasar a la historia si la FSSPX acepta la condición que la Santa Sede les puso ayer para su reconciliación plena. Deben aceptar un preámbulo doctrinal que “establece algunos principios doctrinales y criterios de interpretación de la doctrina católica, necesarios para garantizar la fidelidad al Magisterio de la Iglesia y el sentire cum Ecclesia, dejando abierto, al mismo tiempo, a una discusión legítima, el estudio y la explicación teológica de expresiones o formulaciones particulares presentes en los documentos del Concilio Vaticano II y del Magisterio sucesivo“.
Me dan una pena, oye, que no sé como lo puedo soportar. Me refiero a las madres que estrangulan a sus bebés recién nacidos. Las pobres no tuvieron dinero para pagarse un aborto y claro, no les queda más remedio que optar por matar a sus hijos nada más nacer. Al fin y al cabo, tampoco hay mucha diferencia. Lo que importa es que la criatura, culpable de haber llegado a existir sin que nadie se lo pidiera, no moleste más a su mamita.
La Buhardilla de Jerónimo
Supongo que cuando allá por el año 1982 se creó la Asociación de Teólogos Juan XXIII, algunos ya se alarmaron de que se usara el nombre de un Papa por quienes eran protagonistas del avance de la secularización interna en la Iglesia del post-concilio. A lo largo de los años, esa asociación ha ido avanzando por el camino del esperpento, convirtiéndose en la bandera más visible de ese sector para-eclesial que hace décadas que perdió cualquier vestigio de catolicismo que hubiera en su seno.


