Que se lo diga mamá
- “Oye, hermano, ¿qué hacemos pues? ¿se lo dices tú o se lo digo yo?”
- “Es que a mí me da `cosa´. Díselo tú”.
- “Claro, qué listo eres. Y si luego me echa la bronca, tú te escabulles y te haces el desentendido”.
- “Mira, se me ha ocurrido una cosa. Hablamos con mamá y que sea ella la que se lo proponga”.
- “Vale, no es mala idea”.
Los dos hermanos se dirigen a su madre y le cuentan sus planes. Ella, que como toda buena madre quiere lo mejor para sus hijos, acepta pero con una condición:
- “Tenéis que venir conmigo”.
- “Pero mamá”, dijeron ambos, “precisamente lo que queremos es que no se nos note mucho”.
- “Nada, nada. O venís conmigo o no voy”.
- “Vayamos los tres”, respondió el mayor.
- “Pero hablas tú, mami”, dijo el pequeño.
Antes de llegar ante Su presencia, Él levantó los ojos y les lanzó una mirada penetrante, como si supiera realmente qué es lo que querían. La mujer sintió como las piernas le temblaban un poco y al menor de sus hijos se le hizo un nudo en la garganta. Sin embargo, no era ella una persona de las que se echaba para atrás una vez que se decidía a hacer algo. Se postró ante los pies del Maestro, quien abrió la boca:



