Benedicto XVI, un papa querido y respetado
Por si alguien albergaba alguna duda sobre el estado del Santo Padre, ayer se despachó con la siguiente afirmación: “cómo veis, a causa de mi infortunio estoy un poco limitado, pero la presencia de mi corazón es plena“. Como dice el refrán, a la vejez viruelas. Benedicto XVI puede estar con una mano escayolada pero ya quisieran muchos jóvenes tener su presencia de ánimo y sus ganas de trabajar. El percance ocurrido la semana pasada puede servir para que el Papa entienda que quizás le conviene tener un asistente personal que se encargue de su cuidado de una forma más “personal", valga la redundancia. Aunque nadie está libre de caerse en el baño, está claro que a partir de determinada edad es más fácil acabar con la crisma partida entre azulejos, bañeras y sanitarios. Y aunque cualquier caída, incluso la más tonta, puede terminar con una o varias fractura, los ancianos son candidatos seguros a las mismas cuando dan con sus huesos en el suelo. Así que bien haría el Papa en tener a alguien muy cerca cada vez que deba asearse a conciencia.
Como todo el mundo sabe, a Benedicto XVI le encanta escribir y tocar el piano. Con la mano derecha escayolada no podrá hacer ni una cosa ni otra, lo que espero que no le impida acabar su segundo libro sobre Jesús de Nazaret, que era uno de sus objetivos para estas vacaciones. Aunque no es igual escribir que dictar, nuestro Papa es maestro en ambas cosas así que la muñeca rota no debería de impedirle llevar a cabo su deseo.

Una de las máximas que siempre se cumplen en relación al debate sobre el aborto es que los pro-abortistas, cuya conciencia moral suele ser de inferior calidad a la de muchos individuos del reino animal, reaccionan ante las imágenes de los abortos como los endemoniados ante la imagen de un crucifijo. Hace unas semanas pudimos comprobar esto que digo en un programa de Popular TV. Cuando Ignacio Villa mostró la foto de un feto humano tomada de una ecografía, la pro-abortista de turno se levantó de su silla y se largó.


