InfoCatólica / Reforma o apostasía / Categoría: Victoria de Cristo

16.05.19

(547) Cristo glorioso (y 5)- Vivir en Cristo y para Él

Peregrinación de católicos 

–¿Esta mini-serie sobre el «Cristo glorioso» la ha escrito porque estamos en el Tiempo Pascual?

–Así es. Y así es «porque de la abundancia del corazón habla la boca».

 

—El Segundo Adán, Jesucristo, es «todo» para nosotros

 Jesucristo inicia y vivifica en los cristianos una raza nueva de «hombres celestiales». «El primer hombre, Adán, fue hecho alma viviente; el último Adán, espíritu vivificante. El primer hombre fue de la tierra, terreno; el segundo hombre fue del cielo. Cual es el terreno, tales son los terrenos; cual es el celestial, tales son los celestiales» (Col 15,45.47-48). Jesucristo es, pues, para nosotros

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13.05.19

(546) Cristo glorioso (4)- Salvador del mundo y Sacerdote eterno

–¿Tanto citar textos del Antiguo y del Nuevo Testamento, de dos mil o más años atrás, no será pecar de arcaísmo?

–Así piensan algunos discapacitados en la fe.

 

–Jesucristo, Salvador del mundo

El Evangelio presenta a Jesucristo con frecuencia como «Salvador del mundo». Al disminuir hoy notablemente en la predicación de la Iglesia la dimensión soteriológica (salvación / condenación), ha disminuido parejamente el uso de la palabra Salvador para designar a Jesús. Pero «al principio no fue así», ni tampoco durante casi veinte siglos de Tradición eclesial. Conviene, pues, que nos gocemos contemplando a Cristo como único y glorioso «Salvador del mundo».

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9.05.19

(545) Cristo glorioso (3)- La excelsa epifanía de su Cruz

Fouquet (+1481)

–Señor nuestro Jesucristo, te adoramos y te bendecimos …

–pues por tu santa Cruz redimiste al mundo.

 

El Hijo divino se nos da por puro amor en Belén, en la Encarnación. Y consuma su entrega de amor en el Calvario, en la Cruz: «al final, extremadamente los amó» (Jn 13,1). «Tanto amó Dios [Padre] al mundo que le entregó a su Hijo único» (3,16).

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25.04.19

(543) Cristo glorioso (1): conocerlo y amarlo

«En esto está la vida eterna:

–…en que te conozcan a ti, único Dios verdadero, y a tu enviado Jesucristo» (Jn 17,3)

 * * *

Gracia suprema, conocer a Jesucristo: conocer–dar-a-conocer, por obra del Espíritu Santo, «el misterio escondido desde los siglos en Dios, y ahora manifestado a sus santos» (Col 1,26; +Ef 3,9). Decimos como aquellos griegos a Felipe: «Queremos ver a Jesús» (Jn 12,21). Querían conocerlo.

Cristo mismo es el Evangelio. Propiamente, el Evangelio –«os anuncio una Buena Noticia»– es Jesús mismo, su nacimiento en Belén (Lc 2,10-11). San Juan apóstol declara que para revelar a Jesucristo han sido escritos los Evangelios: «Éstas señales fueron escritas para que creáis que Jesús es el Mesías, el Hijo de Dios, y para que creyendo en él tengáis vida en su nombre» (Jn 20,30-31). Asi lo entiende también San Pablo, para quien evangelizar es «anunciar el misterio de Cristo» (Col 4,3).

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20.02.17

(420) Levantemos el corazón. –Lo tenemos levantado hacia el Señor

S. Gregorio de Nisa

–Perdone, pero lo que dice al principio ya lo dijo en el comienzo del artículo anterior (419).

–Cierto. Pero piense que, aunque sea muy improbable, puede darse el caso de que alguien no lo leyó… o lo leyó sin enterarse bien de lo que dije.

 

La Iglesia es una y única, aunque existe en tres estados diferentes: cielo, purgatorio y tierra. El concilio Vaticano II así lo enseña (LG 49).

Los cristianos imperfectos tendemos a pensar principalmente en la Iglesia de la tierra, que es la única visible para nosotros, y no la conocemos suficientemente en su relación con la Iglesia del cielo y la del purgatorio. Nos falta la visión espiritual de un San Pablo: «nosotros no ponemos los ojos en las cosas visibles, sino en las invisibles; pues las visibles son temporales; las invisibles, eternas» (2Cor 4,18). Y esta miopía espiritual tiene no pocas consecuencias negativas. Señalo dos:

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