7.12.11

(164) De Cristo o del mundo –VI. A Jesús le duele el mundo, y es libre de él

–Eso de que a Cristo le duele el mundo no lo entiendo.

–Lea el artículo completo y quizá lo entienda. Puede también intervenir en la Sala de Comentarios.


Mundo pecador. Ya comprobamos cómo los Evangelios muestran que el pecado del mundo causa en Cristo un horror permanente (163). Ve un mundo configurado por la desobediencia a los mandamientos de Dios, manifestados en la naturaleza y en la Revelación. Ve un mundo que, sujetado a la arbitrariedad humana, ha sido robado por el hombre a Dios. El Rey del mundo es el hombre, no Dios, y puede disponer de él como quiera, con libertad ilimitada. Es el hombre, no Dios, quien debe decidir qué es bueno y que es malo. Pues bien, sigamos contemplando la relación de Cristo con el mundo, para conocer así cuáles deben ser hacia el mundo los pensamientos, sentimientos y actitudes de los cristianos.

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2.12.11

(163) De Cristo o del mundo –V. Jesús, el hombre más sufriente de este mundo

–Perdone, pero yo creo que cuando se inicia una serie de artículos, lo que hay que hacer es…

–Ya, ya, sí: escribirlos en forma continua. Pero hay circunstancias que a veces aconsejan lo contrario. Tranquilo.

En esta serie tratamos de conocer bien cómo debemos los cristianos pensar y sentir del mundo en el que vivimos, y cómo debemos situarnos en él. Para ello lo que más nos importa es ver la relación de Cristo con el mundo, pues ésa ha de ser la nuestra. Hemos de sentir sus mismos sentimientos. Él nos ha dado el ejemplo para que sigamos sus pasos. Y ya vimos (162) que Jesús es el hombre más feliz del mundo. Hoy completamos nuestra contemplación considerando que Él ha sido el hombre más sufriente de toda la humanidad. Y cuando los cristianos pensamos en los dolores de Cristo los concentramos con frecuencia en su Cruz, pero no pensamos tanto en los sufrimientos permanentes de su vida. El amor que le tenemos nos obliga ahora a contemplarlos.

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30.11.11

27.11.11

24.11.11

(162) De Cristo o del mundo –lV. Jesús, el hombre más feliz de este mundo

–No sabía yo eso.

–Su ignorancia es oceánica, y sus errores numerosos como las estrellas del cielo y las arenas del mar.

Los cristianos hemos de vivir en el mundo haciendo nuestros los pensamientos de Cristo, sus sentimientos y sus obras. Él es nuestra norma absoluta. Él es nuestra santa Cabeza, y siendo nosotros sus miembros, hemos de dejarle vivir en nosotros. Por tanto, si nos preguntamos cuál ha de ser en el mundo la actitud de los cristianos, habremos de descubrirla fundamentalmente en el mismo Cristo. Es el mandato del Apóstol: «tened los mismos sentimientos que tuvo Cristo Jesús» (Flp 2,5). Más aún, el mismo Jesucristo nos da esa norma: «yo os he dado el ejemplo para que vosotros hagáis también como yo he hecho» (Jn 13,15).

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