3.01.11

(118) Católicos y política –XXIII. ¿Qué debemos hacer?. 10

–Buenóooo, ya era hora. El (118). Casi no me lo creo.
–Ya veía usted que en este mismo blog estaba trabajando otros temas.

Examinaré lo que no es un partido católico, lo que no debe ser, antes de tratar de los partidos políticos católicos.

Un partido católico que sea liberal no es un partido católico. Comenzamos por aquí. Y si tenemos en cuenta que hoy en Occidente prácticamente todos los partidos políticos profesan la ideología del liberalismo –todos se fundamentan exclusivamente sobre la libertad humana, exenta de toda sujeción a Dios y al orden natural: liberales, socialistas, nacionalistas, conservadores, etc.–, debemos comenzar por reconocer que actualmente es sumamente difícil constituir un partido católico no-liberal. La presión de los condicionamientos internacionales, culturales y económicos vigentes que enmarcan la vida política, y también los ataques convergentes de los otros partidos y de los medios de comunicación, hacen casi imposible la formación de partidos realmente católicos, es decir, no-liberales. “Para los hombres es imposible, pero no para Dios, porque a Dios [y a los que creen en Él] todo le es posible” (Mc 10,27).

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28.12.10

(117-4) El aborto no es el mayor pecado

–Oiga, yo estoy pensando que…
–Piense lo que quiera, pero ahora pruebe a callarse: ya verá cómo no le pasa nada.

El aborto no es actualmente el pecado más grave de la humanidad. Es, desde luego, uno de los mayores crímenes que pueden cometerse contra los seres humanos: matarlos, quitarles la vida. También es gravísimo quitarles la fe, escandalizarlos, ayudarles a pecar, matarlos de hambre, por omisión de las acciones que podrían realizarse para sacarles de su miseria, etc. De todos modos, el aborto es un crimen enorme: matar un ser humano en el propio seno de su madre, cuando, siendo inocente, está indefenso, en un estado de total vulnerabilidad y debilidad. Horrible, espantoso.

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26.12.10

(117-3) En el día de la Sagrada Familia, las dos Trinidades

–No, si finalmente tendré que escribir yo el (118).
–Usted lea y calle. Y si algo tiene que objetar, escriba en los comentarios. Ya me tiene harto.

«Las dos Trinidades» es un maravilloso cuadro de Murillo, Bartolomé Esteban (1617-1682). Fue pintado al final de su vida, hacia 1680, y se conserva en la National Gallery de Londres. La Sagrada Familia aparece como epifanía maravillosa de la Santísima Trinidad. En el centro del cuadro está Jesús, el Hijo divino, mostrado sobre un pedestal y venerado al mismo tiempo de rodillas por San José, imagen del Padre eterno, y por la Virgen María, la Llena-de-gracia, manifestación perfecta del Espíritu Santo. El Padre celestial mira con amor a Jesús y abre sus brazos, reconociéndole como hijo, sobre el cual se cierne el Espíritu Santo en figura de paloma. Un coro de ángeles completa la gloriosa escena, alborozados en la contemplación de la Familia Sagrada.

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23.12.10

(117-2) Feliz y santa Navidad

–Pero, bueno, ahora tenía que poner usted el (118) Católicos y política-XXIII. ¿Qué debemos hacer?.9
–Ya, ya, ya. Es que he tenido muchos trabajos y no lo he terminado aún. Por eso, para tranquilizar a mis sufridos lectores habituales, les envío con todo afecto en Cristo esta felicitación de Navidad.

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17.12.10

(117) Católicos y política –XXII. ¿Qué debemos hacer?. 9

–¿Y cuándo nos va hablar del empeño de los católicos, de algunos al menos, en la acción estrictamente política?
–Ahora mismo inicio el tema. Me sigue usted en este blog como la sombra al cuerpo, y adivina mis próximos pasos.

Partimos de lo que ya dije (95):

«Es muy escaso el influjo actual de los cristianos en la vida política de las naciones de Occidente, todas ellas de antigua filiación cristiana. Son muchos los católicos que ven hoy con perplejidad, con tristeza y a veces con resentimiento hacia la Jerarquía pastoral, cómo la presencia de los laicos en la res publica nunca ha sido tan valorada y exhortada en la enseñanza de la Iglesia como en nuestro tiempo, y nunca ha sido tan mínima e ineficaz como ahora. No pocas naciones actuales de mayoría cristiana, desde hace más de medio siglo, han ido avanzando derechamente hacia los peores extremos del mal, conducidos por una minoría política perversa y eficacísima. Esta minoría, en una y otra cuestión, con la complicidad activa o pasiva de políticos cristianos, ha ido imponiendo siempre sus objetivos y leyes criminales, como si la gran mayoría católica no existiera, y ¡apoyándose principalmente en sus votos! “Además de cornudos, apaleados”… Así ha logrado arrancar las raíces cristianas de muchas naciones, ha ignorado y calumniado su verdadera historia, ha encerrado el pensamiento y la vida moral de esas sociedades en unas mallas férreas cada vez peores y más constrictivas».

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