InfoCatólica / Reforma o apostasía / Categoría: Temas varios

10.11.11

(160-2) Encarnar al Verbo divino en libros pobres

–Propaganda encubierta de la Fundación GRATIS DATE.

–No: patente y edificante. Pero lo que yo quiero más bien es tratar de la pobreza conveniente a las publicaciones católicas.

Miren en la imagen cómo una misma obra recibe en dos Editoriales un formato muy diferente; en una como cuaderno, en otra como libro: la misma obra. Pero antes de analizar el caso, recordaré muy brevemente la doctrina de la pobreza evangélica (cf. Rivera-Iraburu, Síntesis de espiritualidad católica, Pamplona, Fund. GRATIS DATE, Pamplona 2008, 7ª ed., La pobreza, 335-349).

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17.05.11

(136) Providencia divina –y II. El Señor es justo y misericordioso

–No sé si yo voy a entender eso…
–Es probable que no. Pero yo espero que la mayoría sí que lo va a entender.

Ya vimos que la Providencia divina lo gobierna todo con sabiduría, amor y potencia, tanto lo grande como lo pequeño, obrando en las criaturas necesarias y en las libres según la naturaleza de cada una de ellas. Y nada sucede en la vida del hombre o de las naciones sin que Dios lo haya querido o permitido. Continúa nuestra meditación.

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10.05.11

(135) Providencia divina –I. Dios nuestro Señor gobierna el mundo

–No olvide usted decir que Dios es omnipotente.
–De acuerdo. Cuente con ello.

En los dos artículos anteriores, Cristo vence los males del mundo (133-134), he respondido a los incrédulos y a los cristianos de poca fe que se escandalizan neciamente de Dios a causa de los males del mundo. Pero una respuesta más a fondo nos exige exponer la fe católica en la Providencia divina. Hago notar desde el principio que Dios entrega a Cristo resucitado el gobierno providente del mundo, dándole «todo poder en el cielo y en la tierra» (Mt 28,18). Pero de este aspecto trataré más a fondo al hablar del misterio de la Cruz gloriosa.

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12.11.10

Ausente (y III)

–Yo había entendido que usted viajaba estas semanas a un seminario y a dos monasterios.
–Y ésa es la verdad y la realidad: un seminario y dos monasterios. Sin embargo, como tengo experimentado en otros viajes apostólicos, no es raro que alguna persona o familia me inviten, aprovechando la ocasión de mi presencia pasajera en un lugar. El que me invita puede ser un antiguo compañero de Seminario, que no llegó a ordenarse y que formó una familia. Puede ser un matrimonio tan amigo de uno de mis sobrinos, que es como si fuera de la familia. O bien un lector de mis escritos, que desea conocerme personalmente. Se dan casos muy diversos, y normalmente la invitación es a cenar, al fin del día, terminadas mis actividades.

Unas veces se trata de gente modesta, otras de personas ricas. Yo suelo aceptar la invitación, si me es posible, y por supuesto no la rechazo por el hecho de que proceda de una familia rica. Zaqueo era «jefe de publicanos y rico» (Lc 19,2), y Jesús no sólo aceptó su invitación, sino que se hizo invitar por él. Es muy probable que la mansión del rico Zaqueo estuviera en un lugar hermoso y apacible de Jericó, y que su finca fuera de lujo, con jardines y palmeras, piscina y estatua con chorrito de agua. Y allí fue Jesús, a fin de ganarlo con su presencia para el Evangelio de la salvación: «hoy ha venido la salvación a tu casa».

–Bueno, bueno: así será, si usted lo dice.

José María Iraburu, sacerdote

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5.11.10

Ausente (II)

–Por lo que veo, continúan sus vacaciones…
–¿Y qué es lo que usted ve realmente? No ve sino unas imágenes buscadas en Internet, para adornar un poco mis avisos. Pero ya le dije bien claro que estos días no son para mí de vacaciones, sino de santo y santificante trabajo apostólico.

Es cierto que, por apretado que sea el horario de actividades, suele ser posible buscar y hallar cada día, al menos normalmente, algunos tiempos de descanso. Y no hay mejor descanso que el sagrario eucarístico de Cristo, en el silencio de la iglesia, y la naturaleza, el templo de la creación de Dios.

Santa Teresa de Jesús declaraba que en su vida espiritual se aprovechaba a veces viendo «campo o agua, flores; en estas cosas hallaba yo memoria del Creador, y me despertaban y recogían y servían de libro» (Vida 9,5). Así es, ciertamente.

José María Iraburu, sacerdote

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