(600) El Espíritu Santo- 5, don primero, don supremo

 

–Y vamos con el artículo número 600…

–Y ha querido el Señor que sea sobre el Espíritu Santo, el don fontal por el que nos son concedidos todos los dones celestiales. Bendigamos al Señor. Demos gracias a Dios.

 

En la segunda parte de mi artículo (591), Somos templos de Dios, traté ya con cierta amplitud de la teología y espiritualidad de la inhabitación del Espíritu Santo en el cristiano. Y en esta serie sobre el Espíritu Santo correspondería ahora exponer ese tema. Me permitiré, pues, resumir y complementar en este articulo lo allí expuesto.

* * *

–Toda la vida cristiana es «por obra del Espíritu Santo»

Todas las dimensiones de la vida cristiana están iluminadas y movidas por obra del Espíritu Santo, que procede del Padre y del Hijo. «Vosotros no vivís ya según la carne, sino según el Espíritu, si es que de verdad el Espíritu de Dios habita en vosotros» (Rm 8,9). Lo confirmaremos enumerando las principales dimensiones de la vida cristianas, todas atribuidas a la acción del Espíritu Santo en las almas.

Y afirmemos en primer lugar que el Espíritu Santo, siendo Dios, transciende en su obrar santificante cualquier condición del hombre: salud, enfermedad, pobreza, riqueza, bondad, maldad, monasterio, cultura o ignorancia, destierro, fábrica, familia, soledad, campo de concentración, leyes anticristianas, etc. Él es Dios, y «en él vivimos, nos movemos y existimos» (Hch 17,28).

 

+El Espíritu Santo, Señor y Dador de vida

Por obra del Espíritu Santo, el Hijo divino eterno nace hombre de la Santísima Virgen María. Por obra del Espíritu Santo, nace la Iglesia en Pentecostés. Por obra del Espiritu Santo se realiza el diario misterio de la Eucaristía: «por eso [Padre] te pedimos que santifiques estos dones con la efusión de tu Espíritu, de manera que sean para nosotros el Cuerpo y la Sangre de Jesucristo, nuestro Señor». Por obra del Espíritu Santo nacen los cristianos, nuevas criaturas, engendradas a la vida sobrenatural, porque han vuelto a nacer en el bautismo «por el agua y el Espíritu» (Jn 3,5). Y así hemos recibido «el Espíritu de adopción, por el que clamamos: “¡Abba, Padre!” El Espíritu mismo da testimonio a nuestro espíritu de que somos hijos de Dios» (Rm 8,15-16).

+Alma de nuestra alma

Jesús es la Cabeza de su Cuerpo místico, el Espíritu Santo es su Alma, el principio vital divino que vivifica a la Iglesia y que ilumina y mueve internamente a los cristianos: «Los que son movidos por el Espíritu de Dios, éstos son los hijos de Dios» (Rm 8,14). Por tanto, «no somos ya deudores de la carne para vivir según la carne; si vivís según la carne, moriréis; pero si con el Espíritu mortificáis las obras de la carne, viviréis» (Rm 8,12-13). Un santo, por ejemplo, San Bernabé apóstol, es «un hombre de bien, lleno del Espíritu Santo y de fe» (Hch 11,24).

+Inhabitación

«Si me amáis, guardaréis mis mandamientos; y yo rogaré al Padre, y os dará otro Abogado, que estará con vosotros para siempre, el Espíritu de la verdad, que el mundo no puede recibir… Él permanece con vosotros y está en vosotros» (Jn 14,15-17). La vivencia del misterio de la inhabitación ha sido siempre, ya desde el comienzo de la Iglesia, la clave principal de la espiritualidad cristiana.

+Fuego purificador

Es el Espíritu Santo quien, por el fuego del amor del Padre y del Hijo Salvador, nos purifica del pecado y nos da participar como hijos de la naturaleza divina. El Bautista anuncia que Jesús «os bautizará en el Espíritu Santo y en el fuego» (Mt 3,11; + Jn 3,5-9; Tit 3,5-7).

+Fe

Es él quien en nosotros enciende la lucidez de la fe. Él nos da a conocer y creer todo aquello que es «escándalo para los judíos y locura para los gentiles; mas fuerza y sabiduría de Dios para los llamados, judíos y griegos» (1Cor 1,23-24). Y es que «las cosas de Dios nadie las conoce sino el Espíritu de Dios. Y nosotros no hemos recibido el espíritu del mundo, sino el Espíritu de Dios, para que conozcamos los dones que Dios nos ha concedido»(1Cor 2,11-12).

+Esperanza

En medio de ambientes hostiles, de odios, mentiras, injusticias y pecados; en medio de tantas miserias personales, el Espíritu Santo levanta nuestros corazones a la esperanza. «Que el Dios de la esperanza os llene de cumplida alegría y paz en la fe, para que abundéis en esperanza por la virtud del Espíritu Santo» (Rm 15,13).

+Caridad

El Espíritu nos mueve a amar al Padre y a los hombres como Cristo los amó. Para nosotros esto sería imposible, pero «la caridad de Dios se ha derramado en nuestros corazones por la fuerza del Espíritu Santo que nos ha sido dado» (Rm 5,5).

+Alegría

«No reina Dios en nosotros por lo que uno come o bebe, sino por la justicia, la paz y la alegría que da el Espíritu Santo» (Rm 14,17; +Gál 5,22; 2Tes 1,6).

+Fuerza evangelizadora

«Recibiréis la fuerza del Espíritu Santo, que descenderá sobre vosotros, y seréis mis testigos en Jerusalén, en toda Judea, en Samaría y hasta los últimos confines de la tierra» (Hch 1,8). Sin su ayuda e impulso las misiones cesan, se paralizan, enmudecen, pues la evangelización «no es sólo en palabras, sino en poder y en el Espíritu Santo» (1Cor 2,4).

+Libertad

El nos concede ser libres del mundo que nos rodea, del diablo y de la carne, es decir, de la flaqueza de nuestra condición carnal. «El Señor es Espíritu, y donde está el Espíritu del Señor está la libertad» (2Cor 3,17).

+Oración

En pocas cosas de la vida cristiana se siente el hombre tan impotente como en la oración: ¡entrar en diálogo amistoso y filial con el Creador  del mundo, levantar el corazón hacia el Altísimo, dar un abrazo al  Salvador!… Pero «el mismo Espíritu viene en ayuda de nuestra flaqueza… aboga por nosotros con gemidos inefables… e intercede por los santos según Dios (Rm 8,26-27). «Habéis recibido el Espíritu de adopción, por el que clamamos ¡Abbá, Padre! [el Padrenuestro]» (Rm 8,15). Todos debemos procurar, con la gracia de Dios, «la oración continua», que suele también llamarse «guardar la presencia de Dios».

+Intimidad con Dios

La vida cristiana es una íntima amistad del hombre con las Personas divina que habitan en él. «Ya no os digo siervos… Os digo amigos» (Jn 15,15). La Trinidad santísima, por puro amor, gratuitamente, se constituye en la persona como nuevo principio ontológico y dinámico de una vida divina, sobrehumana, sobrenatural, eterna.

San Juan de la Cruz: «Todavía dices: “Y si está en mí el que ama mi alma ¿cómo no le hallo ni le siento?” La causa es porque está escondido y tú no te escondes también para hallarle y sentirle» (Cántico 1,9). Santa Teresa: «Su Majestad es muy buen vecino, y es tanta su misericordia y bondad que, aun estándonos en nuestros pasatiempos y negocios y contentos y baraterías del mundo, y aun cayendo y levantando en pecados… con todo esto, tiene en tanto este Señor nuestro que le queramos y procuremos su compañía, que una y otra vez no nos deja de llamar para que nos acerquemos a Él» (2Moradas 1,2). «Oh, Señor y Dios mío!, que la costumbre en las cosas de vanidad y el ver que todo el mundo trata de esto, lo estraga todo» (1,5).

+El horror al pecado

«¿No sabéis que sois templos de Dios y que el Espíritu de Dios habita en vosotros? Si alguno profana el templo de Dios, Dios le destruirá a él, porque el templo de Dios es santo, y ese templo sois vosotros» (1Cor 5,1). Sin conciencia suficiente del misterio de la inhabitación de Dios en nosotros, no es posible –ni de lejos– que sintamos por el pecado el horror debido.

+La humildad

Hemos de tener conciencia clara de que todo bien que hagamos lo hace Dios a través de nosotros: «es Dios el que obra en vosotros el querer y el obrar según su beneplácito» (Flp 2,13). Y todo mal únicamente es obra exclusiva nuestra por el pecado. Esta verdad ha de estar muy viva en nosotros, si queremos ser humildes.

San Ireneo (+200): «El hombre perfecto está compuesto de tres elementos: cuerpo, alma y Espíritu Santo. El único que salva e informa es el Espíritu Santo» (Adversus haereses V,9,1).

+Necesidad de que muera el hombre viejo y carnal

Y que nazca, viva y crezca en nosotros el hombre nuevo y espiritual. Es en la fe evidente que estamos llamados a pensar, querer, sentir, hablar y obrar desde la Trinidad divina que habita en nosotros; y no desde la precariedad y maldad miserable de nuestro propio yo. Pero no puede cumplirse ese admirable intercambio si el hombre viejo se resiste a morir, y quiere seguir manteniéndose apegado a sus pensamientos, voluntades, sentimientos y preferencias. Tiene que morir a sí mismo. Cuanto antes. Sólo así llegará a ser de verdad un «hombre», es decir, una «imagen de Dios» auténtica, no falsificada. Sólo así, vaciado de sí mismo, podrá estar «lleno del Espíritu Santo».

 

–La devoción al Espíritu Santo

¿Cómo es posible que el Espíritu Santo, siendo el protagonista de la vida cristiana, sea tan ignorado por los fieles?… Es un misterio. Se comprende que haya normalmente un orden en el conocimiento de la Santísima Trinidad, y que crezca 1) primero la devoción a Jesucristo, el Hijo de Dios que se hace hombre: «lo que era desde el principio, lo que hemos oído, lo que hemos visto con nuestros ojos, lo que contemplamos y palparon nuestras manos tocando al Verbo de la vida» (1Jn 1,1). Pero 2) pronto Jesucristo despierta la devoción al Padre celestial, porque nos está remitiendo constantemente a Él por la oración y la obediencia. «Quien me ve a mí ve al Padre» (Jn 14,9); «Yo y el Padre somos uno» (10,30). 3) Finalmente, habiendo recibido el Espíritu Santo, don supremo del Padre y del Hijo, y siendo Él, como hemos visto, «el don primero», el don fontal de todos los bienes de la gracia, debe crecer en nosotros el conocimiento y  la devoción al Espíritu Santo.  

La causa principal de una ignorancia tan nociva está en la falta de predicación: «ni siquiera hemos oído hablar del Espíritu Santo» (Hch 19,2). No se predica lo que no se está viviendo de modo suficiente. «De la abundancia del corazón habla la boca» (Mt 12,34). «El justo vive de la fe… Y la fe es por la predicación, y la predicación por la palabra de Cristo» (Rm 1,16; 10,17).

* * *

«Ven, Espíritu Santo, ilumina los corazones de tus fieles y enciende en ellos la llama de tu amor».  Dios quiere que, por su gracia, seamos cada vez más conscientes de su presencia y acción en nosotros por la inhabitación, atribuida de modo especial al Espíritu Santo. Precisamente, «hemos recibido al Espíritu de Dios para que conozcamos los dones que Dios nos ha concedido» (1Cor 2,12). Y por eso está muy principiante el cristiano que en la práctica ignora habitualmente en sí mismo «al Dulce Huésped del alma».

Es cierto que en todo cristiano que vive en la gracia de Dios está presente el Espíritu Santo ya desde el comienzo de su vida espiritual; pero, como señala San Agustín, está presente, pero permanece inadvertido. Y sólo en la madurez de la vida de fe y caridad, el discípulo de Cristo experimenta profunda y continuamente la presencia gozosa del Espíritu Santo.

 

Pidamos el Espíritu Santo.«Si vosotros, siendo malos, sabéis dar cosas buenas a vuestros hijos, ¿cuánto más vuestro Padre celestial dará el Espíritu Santo a quienes se lo piden?» (Lc 11,13).

José María Iraburu, sacerdote

Índice de Reforma o apostasía

     

7 comentarios

  
Maricruz Tasies
Es muy bueno levantarme por la mañana y venir a leerle, sobre todo porque hace apenas unas semanas he venido reflexionando en que mucho ha cambiado en mi vida desde que advierto la presencia y obrar del Espíritu Santo. Ahora, me sorprendo de tenerlo de mejor compañero cuando tantísimos años pasé sin apenas advertirlo. Así que, es tal como dice usted, padre I, cada palabra.
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JMI.-Enseño lo que siempre ha enseñado la Iglesia.
Abrazo y bendición +
12/06/20 1:16 PM
  
WALDEMIR
Gracias P. Iraburu.
Se entiende entonces que en cierta forma el misterio de la inhabitación de Dios en nosotros se aclara guardando Sus mandamientos, aborreciendo el pecado, de otra forma seguirá siendo desconocido el Paráclito. Por eso no lo puede recibir el mundo.
Bendición en Cristo Nuestro Señor!
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JMI.-Bendición +
12/06/20 3:45 PM
  
OV
Ayudaria mucho a los fieles a tratar al Espíritu Santo si los sacerdotes celebrasen con regularidad sus misas votivas.
Aumentarían las vocaciones sacerdotales y religiosas, y la santidad de los consagrados si en conventos y seminarios se celebraran regularmente las misas votivas al Espíritu Santo.
Gracias, P. Iraburu

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JMI.-Gracias por el consejo. Bendición +
14/06/20 3:10 PM
  
JSP
Padre José María excelente artículo. Si le puedo hacer sugerencia, para llegar a la Novena del Espíritu Santo, apunto temáticas:
6. El Espíritu Santo y la Creación. Abrahán.
7. El Espíritu Santo y el Jordán. Moisés.
8. El Espíritu Santo y la Nueva Creación. María.
9. El Espíritu Santo y el pecado original. Jesús el Mesías, el Hijo de Dios vivo, en el cumpliento de la Sagrada Escritura en Abrahán, Moisés, los profetas, Israel, Inmaculada Virgen María, la Iglesia y la Parusía.
15/06/20 1:43 PM
  
Gloria (Chile)
Gracias, padre. Cuánto agrado y alegría al leerlo.

Quisiera contarle algo.

Sé que el coronavirus ha sido un mal grave para muchísimas personas, y no quiero ofender a nadie. Tuve vecinos que eran buenísimas personas y lamento profundamente su muerte.

Pero, aunque también le llamé "maldito bicho", sólo puedo dar gracias a Nuestro Señor, que me permitió sufrirlo. Aún estoy recuperándome.

En las noches y días que lo padecí, mi esposo y mi hijo mayor permanecían conectados a respirador mecánico, graves, y sin poder saber nada de ellos. La fiebre no me permitía dormir y el agotamiento casi ni hablar.

En esos días y noches de incertidumbre, miedo y soledad, sólo el Señor estaba. Y le hablaba en todo momento, a través de la confusión de la fiebre. Él permitió que lo reencontrara de una manera nueva que tengo mucho miedo de perder. Hoy, por Su inmensa gracia, es una Presencia nueva, real y constante. Y no quiero hacer, decir ni pensar nada que pudiera alejarme de Él.

Sólo puedo dar gracias. No sé me ocurre más.
Gracias también a usted, padre. Me llenó el corazón con lo que he leído.
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JMI.-... "que tengo mucho miedo de perder"...
Cuando Dios nos concede algún don, nunca lo retira, "los DONES y la vocación de Dios son irrevocables" (Rm 11,29). Guarde ese don que recibió en la oración de petición y la gratitud. Bendito sea el señor.
Bendición + JMI


15/06/20 9:45 PM
  
Lucía Victoria
No jaleo más su magníficas aproximaciones al ES porque me produce un extraño pudor hablar sobre Él. Pero le felicito y le agradezco a partes iguales, porque son utilísimas, super necesarias y justamente debidas a Dios nuestro Señor. Al fin y al cabo, el Espíritu Santo es Dios entre nosotros.
Como no sé lo que cómo tiene prevista esta formación "por fascículos", yo me atrevo a pedirle, siempre que lo considere procedente, que por favor nos predique algo acerca de la unión esponsal con el ES. Gracias!
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JMI.-Como bien sabrá, tanto la Escritura (el N.T.) como la Tradición de Padres y Doctores de la Iglesia han considerado siempre a Cristo, al Hijo de Dios encarnado, como Esposo de la Iglesia; de la Iglesia y de todos sus miembros, sacerdotes, religiosos y laicos.
Bendición + JMI
16/06/20 12:34 AM
  
Lucía Victoria
Es verdad. Quizás quería referirme más, aunque tampoco lo tengo muy claro -y de ahí mi interés por tratar de entender algunas cosas- a una posible dimensión esponsal en la acción del Espíritu Santo. Espero a tener más claro lo que quiero preguntarle; seguro que con ocasión de alguno de sus escritos estupendos, habrá ocasión. Muchas gracias!
17/06/20 1:39 AM

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