(592) La oración de petición

John Nava, Catedral de los Ángeles, USA

–Me sospecho que en este artículo pretende usted confirmar que en el combate contra el coronavirus la oración de petición es el arma más potente.

–Pues sí, pero como es el medio principal para conseguir todos los bienes materiales y espirituales que debe procurar un cristiano, por eso no lo he puesto como Coronavirus-VI.

 

La oración de petición

Petición, alabanza y acción de gracias son las formas fundamentales de la oración bíblica, y por tanto de la oración cristiana. No se contraponen entre sí, sino que se complementan. La petición prepara y anticipa la acción de gracias, y en sí misma es ya una alabanza, pues confiesa que Dios es bueno y omnipotente, fuente de todo bien. La alabanza y la acción de gracias brotan del corazón creyente, que habiendo pedido a Dios, no se atribuye a si mismo el bien logrado, sino que recibe después ese bien como don de Dios. Por eso los tres géneros de oración se potencian y exigen mutuamente, como se ve, por ejemplo, en las oraciones de los Salmos (21,23-32; 32,22; 128,5-8).

La oración primordial

Muchos de los Salmos son de petición personal o comunitaria. Cuando los discípulos pidieron a Jesús que les enseñara a orar les dio el Padrenuestro, siete peticiones, una tras otra. En la Liturgia, por ejemplo, en la Misa y las Horas, casi siempre está presente la súplica. Y debemos reconocer que Salmos, Padrenuestro y Liturgia son las escuelas más altas de la oración cristiana. Asimilemos, pues, la oración de petición como integrante primordial de la oración.

La oración cristiana es como la respiración del alma: por la petición aspira, y por la alabanza y la acción de gracias expira. «Siempre y en todo lugar» hemos de dar gracias a Dios: «todo cuanto hacéis de palabra o de obra, hacedlo todo en el nombre del Señor Jesús, dando gracias a Dios Padre por Él» (Col 3,17). Siempre y en todo lugar hemos de orar pidiendo a Dios, «sin cesar» (Col 1,9), «noche y día» (1Tes 3,10). Sea, pues, continua para mantener y acrecentar nuestra vida espiritual la oración de petición y de acción de gracias a Dios, como es continua la respiración para la vida corporal.

En la navegación de la vida cristiana la oración de petición ha de ir siempre por delante, como la proa del barco. ¿Quieres crecer en caridad fraterna, en facilidad para perdonar, en laboriosidad, en oración, en castidad, en paciencia y en tantas otras virtudes cristianas? Comienza por pedirlas al Señor humildemente, reconociendo tu debilidad y confesando que la fuerza para el bien ha de venirnos de Él –«Sin mí no podéis hacer NADA» (Jn 15,5)– por gracia de su bondad gratuita y misericordiosa. Y que la oración de petición siga siempre el empeño voluntario por lograr lo que se pide.

Esto el pueblo cristiano fiel lo ha entendido siempre, como los mismos refranes populares lo expresan. A Dios rogando y con el mazo dando. A Dios rogando por delante, pero trabajando lo debido –que tantas veces no será mucho– para obtener lo que pretendes. Ora et labora, sí, las dos cosas, pero el ora siempre por delante y seguido de las obras consecuentes. La frase está en la Regla de San Benito, pero ya estaba formulada antes que él, y es asimilada por los cristianos porque expresa su fe.

–Oración menospreciada

Parece increíble, pero no son hoy pocos los cristianos que menosprecian la oración de petición, como si fuera una oración inferior, y en cierto modo vana y peligrosa. ¿De dónde ha podido venir ese error tan miserable? Del modernismo progre, pelagiano y evolucionista, que ha dado como fruto principal la apostasía.

No hace falta pedir a Dios, porque Él nos ama y conoce nuestras necesidades (Mt 6,32). Pidiendo y pidiendo, la religiosidad del cristiano se hace egocéntrica, y se autoconstruye un dios Tapaagujeros, que trata de poner a su servicio. No entiende el torpe cristiano que el desarrollo de la evolución personal y universal es inexorable, y en modo alguno la petición orante puede frenarlo o reorientarlo: lo que ha de ser, será. Si la dialéctica de la evolucion histórica exige que haya una guerra, es inútil orar por la paz. La oración de petición frena el esfuerzo inteligente del hombre, pidiendo y esperando de Dios los bienes que el propio trabajo humano habría de conseguir. Infantiliza así a la humanidad, apaga su creatividad, esperando los bienes de Dios generoso. Además, por mucho que se le pida, Dios nos hace milagros, porque respeta la total autonomía de la Creación. No altera las leyes naturales que Él mismo impulsó en su ser y en su evolución.   

Todo esto es absolutamente inconciliable con la fe: con la Sagrada Escritura, con la enseñanza de Cristo, con la doctrina de la Iglesia. Ora et labora es el lema de las naciones cristianas, que son justamente las que en la historia de la humanidad han logrado en todas las dimensiones los desarrollos más perfectos. También hay que decir que la apostasía de los pueblos cristianos, sobre todo del Occidente rico, ha producido en la humanidad los peores males conocidos. Y ese trágico dato confirma la grandiosidad de su pasado cristiano: corruptio optimi, pessima.

En el nombre de Jesús

Pidamos en el nombre de Jesús (Jn 14,13; 15,16; 16,23-26; Ef 5,20; Col 3,17). Esto significa dos cosas: –primera, orar al Padre en la misma actitud filial de Jesús, participando de su Espíritu (Gál 4,6; Rm 8,15; Ef 5,18-19), y –segunda, pedir por Jesús, por el Mediador (Rm 1,8;1,25; 2 Cor 1,20; Heb 13,15; Hch 4,30), es decir, tomándole como abogado nuestro (1Tim 2,5; Heb 8,6; 9,15; 12,24).

«Nosotros no sabemos pedir lo que nos conviene» (Rm 8,26), y pedimos mal (Sant 4,3). Pero Jesús nos comunica su Espíritu para que pidamos así en su nombre: «cuanto pidiéreis al Padre os lo dará en mi nombre. Hasta ahora no habéis pedido nada en mi nombre; pedid y recibiréis, para que sea cumplido vuestro gozo» (Jn 16,23-24). Pedimos en el nombre de Jesús cuando queremos que se haga en nosotros la voluntad del Padre, no la nuestra (Lc 22,42); y cuando pedimos con sencillez, como él nos enseñó a hacerlo: «orando, no seáis habladores como los gentiles, que piensan que serán escuchados por su mucho hablar. No os asemejéis, pues, a ellos, porque vuestro Padre conoce las cosas de que tenéis necesidad antes de que se las pidáis» (Mt 6,7-8; +32).

Oración mal hecha

Se hace mal a veces la oración de petición, se hace con exigencia, como queriendo doblegar la voluntad de Dios a la nuestra, con «amenazas» incluso. Así, pervertida, la oración de petición es muy dañosa: apega más a las criaturas, obstina en la propia voluntad, no consigue nada, genera dudas de fe, produce hastío y frustración, y conduce fácilmente al abandono de la oración. Y de la misma fe.

Oración propia de los humildes

Pidiendo a Dios, abrimos en la humildad nuestro corazón a los dones que Él quiere darnos. El soberbio se encierra en su precaria autosuficiencia; no pide, a no ser como último recurso, cuando todo intento ha fracasado y la necesidad apremia; y entonces pide mal, con exigencia, marcando plazos y modos. En cambio el humilde pide, pide siempre, pide todo, y la oración de petición es la proa de todos sus intentos. Como siempre está respirando, así su alma está siempre pidiendo a Dios. Y es que se hace como niño para entrar en el Reino, y los niños, cuando algo necesitan, lo primero que hacen es pedirlo. San Pablo nos da ejemplo: él pedía «sin cesar», «noche y día» (Col 1,9; 1Tes 3,10).

Oración superflua para los pelagianos

San Agustín, frente a los autosuficientes pelagianos, clarificó bien esta cuestión: «El hecho de que [el Señor] nos haya enseñado a orar, si pensamos que lo que Dios pretende con ello es llegar a conocer nuestra voluntad, puede sorprendernos. Pero no es eso lo que pretende, ya que él la conoce muy bien. Lo que quiere es que, mediante la oración [de petición], avivemos nuestro deseo, a fin de que estemos lo suficientemente abiertos para poder recibir lo que ha de darnos» (ML 33,499-500).

«En la oración, pues, se realiza la conversión del corazón del hombre hacia Aquél que siempre está preparado para dar, si estuviéramos nosotros preparados a recibir lo que El nos daría» (34,1275). «Dios quiere dar, pero no da sino al que le pide, no sea que dé al que no recibe» (37,1324).

Dios da sus dones a los humildes

«Dios resiste a los soberbios, y da su gracia a los humildes» (Prov 3,34; 1Pedro 5,5; Sant 4,6), que son quienes le piden. Quienes por la gracia viven en la humildad, pueden recibir grandes dones sin enorgullecerse de ellos, lo que los alejaría de Dios. Es la humildad, expresada y actualizada en la oración continua de petición, la que nos dispone a recibir los dones que Dios quiere darnos. Por eso los humildes piden, y crecen rápidamente en la gracia, con gran sencillez y seguridad. Y es que «Dios resiste a los soberbios y a los humildes da su gracia. Humillaos, pues, bajo la poderosa mano de Dios, para que a su tiempo os ensalce. Echad sobre Él todos vuestros cuidados, puesto que tiene providencia de vosotros» (1Pe 5,5-7).

Oración siempre eficaz

La oración de petición tiene una eficacia infalible. Es, sin duda, el medio principal para crecer en Cristo y para verse libre de todos los males, pues la petición orante va mucho más allá de nuestras fuerzas espirituales y de nuestros méritos, y se apoya inmediatamente en la gratuita bondad de Dios misericordioso. De ahí viene nuestra segura esperanza, certificada por Cristo: «pedid y recibiréis» (Jn 16,24; +Mt 21,22; Is 65,24; Sal 144,19; Lc 11,9-13; 1Jn 5,14).

Dios responde siempre a nuestras peticiones, aunque no siempre según el tiempo y manera que deseábamos. Cristo oró «con poderosos clamores y lágrimas al que era poderoso para salvarle de la muerte, y fue escuchado» (Heb 5,7). No fue escuchada su petición mediante la supresión de la cruz redentora –«aleja de mí este cáliz» (Mc 14,36)–; pero sí fue escuchada, sin embargo, de un modo mucho más sublime, en su resurrección –«pero Dios, rotas las ataduras de la muerte, le resucitó» (Hch 2,24)–.

–¿Oración inútil?

Algunos piensan que la oración de petición es vana, pues la Providencia divina es infalible e inmutable. Ahora bien, si consideran superflua la oración porque la Providencia es inmutable, ¿para qué procuran ciertos bienes por el trabajo, si lo que ha de suceder vendrá infaliblemente, como ya determinado por la Providencia? Déjenlo todo en manos de Dios, y no oren ni laboren

Por el contrario, a los cristianos nos ha sido dada la doble norma de la oración y del trabajo, y sabemos que con una y con otro estamos co-laborando con la Providencia divina, sin que por eso pretendamos cambiarla o sustituirla.

Pedirlo todo

Pidamos a Dios todo género de bienes, materiales o espirituales, el pan de cada día, la paz, la unidad, el perdón de los pecados, el alivio en la enfermedad (Sant 5,13-16), el acrecentamiento de nuestra fe (Mc 9,24). Pidamos por los amigos, por las autoridades civiles y religiosas (1Tim 2,2; Heb 13,17-18), por la conversión de los pecadores (1Jn 5,16) –petición muy escasamente presente en el Libro de las Preces–, por los enemigos y los que nos persiguen (Mt 5,44), en fin, «por todos los hombres» (1Tim 2,1). Pidamos al Señor que envíe obreros a su mies (Mt 9,38), y que nuestras peticiones ayuden siempre el trabajo misionero de los apóstoles (Rm 15,30s; 2Cor 1,11; Ef 6,19; Col 4,3; 1Tes 5,25; 2Tes 3,1-2).

Nuestras peticiones, con el crecimiento espiritual, se irán simplificando y universalizando. Y acabaremos pidiendo sólo lo que Dios quiere que le pidamos –como enseña San Juan de la Cruz–, en perfecta docilidad al Espíritu: «y así, las obras y ruegos de estas almas siempre tienen efecto» (3 Subida 2,9-10)–. En fin, pidamos más que todo el Don primero, del cual derivan todos los dones: pidamos el Espíritu Santo (Lc 11, 13).

Pidamos con audacia

Pidamos al Señor con el atrevimiento propio de los hijos. Antes he relacionado la oración con la respiración, y el pedir con el aspirar. Pues bien, «aspirad [pedid] a los más alto dones” (1Cor 12,31]. Pidamos la santidad, pidamos la fuerza apostólica, la paciencia sin límites, la conversión de un familiar pecador, etc., todo lo que la fe nos muestra como bien deseable. No estemos encogidos y autolimitados a la hora de pedir, pidiendo sólo aquello que casi está a nuestro alcance, pero que no conseguimos. Seamos muy conscientes de que “lo que es imposible para el hombre es posible para Dios” (Lc 18,27). Sepamos bien que nuestra petición no se apoya en nuestras posibilidades y nuestros méritos, sino que se dirige in-mediatamente a la bondad misericordiosa y gratuita de Dios omnipotente, nuestro Padre celestial. Aspiremos, pues, a los más altos dones, confiando sólo en el amor que Dios nos tiene, y en la sangre de nuestro Señor y Salvador Jesucristo, que se derramó por nosotros, para hacernos santos hijos de Dios. 

Oremos por todos los hombres

Pidamos unos por otros, haciendo oficio de intercesores, pues eso es propio de nuestra condición sacerdotal cristiana (1Tim 2,1-2). Así oró Cristo tantas veces por nosotros (Jn 17,6-26), también en la cruz (Lc 23,34; +Hch 7,60). Así oraban los primeros cristianos en favor de Pedro encarcelado (12,5), o por Pablo y Bernabé, enviados a predicar (13,3; +14,23). Oremos por nuestros familiares y compañeros, por todos aquellos que la Providencia ha puesto más cerca de nosotros. Oremos por nuestros amigos y por los enemigos que nos persiguen (Mt 5,44), y por las Autoridades civiles y religiosas que Dios nos ha dado (1Tim 2,2). Así lo hace continuamente la Santa Madre Iglesia, que en su liturgia nos mueve y nos enseña a pedir siempre por todos.

–Pidamos oraciones

Pidamos también a otros que rueguen por nosotros, que nos encomienden ante el Señor. De este modo estimulamos en nuestros hermanos la oración de intercesión, que es una de las formas de oración más gratas al Señor y más recomendadas en el Nuevo Testamento, particularmente en las cartas de San Pablo. Y con ello no sólo recibimos la ayuda espiritual de nuestros hermanos, sino que los asociamos también a nuestra vida y a nuestras obras.

José María Iraburu, sacerdote

 

Índice de Reforma o apostasía

 

 

19 comentarios

  
Català
Me gustaría, a poder ser, argumentos de tipo más racional en defensa de la oración de petición, porque los argumentos expuestos en contra no son (evidentemente) de autoridad bíblica.

¿Por qué un Dios omnipotente, omnisciente e infinitamente benevolente "exigiría" de la oración de un fiel para la conversión de un familiar? ¿Que sentido tendría esa oración habiendo la libertad de otro que se resiste a la gracia, por que por rezar esa disposición tendría que cambiar?

Creo que Dios quiere que pidamos y hay cosas en que creo que Dios ha escuchado mi oración, pero me gustaría si se podría intentar clarificar un poco esos argumentos en contra de forma racional más que escriturística (de cara a a crítica, por ejemplo, de no creyentes).

Supongo que la razón está en que Dios quiere esa razón y no está directamente obligado a hacer todos los bienes que podría dar, cosas que no deberían contradecir la razón; pero agradecería un poco más de luz en estos temas.

Muchas gracias, padre.
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JMI.- Me gustaría, a poder ser, argumentos de tipo más racional en defensa de la oración de petición, porque los argumentos expuestos en contra no son (evidentemente) de autoridad bíblica".
Cuando yo trato de temas tan religiosos como es la oración cristiana, hablo siempre a nivel teológico, a la luz de la Revelación divina, que nos llega por la tríada sagrada: Escritura, Tradición y Magisterio apostólico, que "según el plan prudente de Dios, están unidos y ligados entre sí, de modo que ninguno puede subsistir sin los otros; los tres, cada uno según su carácter, y bajo la acción del único Espíritu Santo, contribuyen eficazmente a la salvación de las almas" (Vaticano II, Dei Verbum 10).
Pero no entro en otras posibles perspectivas. Tratar de la oración cristiana a la luz de "argumentos de tipo más racional", viene a ser como querer expresar y defender el misterio de la Eucaristía o, ya puestos, el misterio de la Sma. Trinidad, con "argumentos más racionales".


01/05/20 3:04 PM
  
Esron ben fares
1) Dios (un ser sobrenatural) con su gracia actual eficaz (moción sobrenatural) puede cambiar nuestra voluntad (natural) e inteligencia.

La gracia actual eficaz no daña, ni destruye la libertad, al contrario la cura, la perfecciona y la eleva.

La oración (con voz o pensamiento naturales) pide esta gracia sobrenatural al Omnisciente. Si Dios concede esta gracia entonces cambia a una persona.

Dios es la causa primera de todo y no nosotros. Nosotros somos causa segunda o instrumental.

2) Hay que distinguir:
La libertad es elegir el bien.
Elegir el mal es libertinaje.

3) Diferencia entre la razón y la revelación:

Por la razón Catalá conoce que tengo un papá (vivo o muerto) pero por la razón es incapaz de saber como es él.

Por la revelación Catalá puede conocimiento como es mi papá (una persona que trabaja como profesor).

Conclusión del ejemplo: la razón tiene limitaciones, y hay cosas que no se conocen sino sólo por revelación.

Para la oración recurrimos a la Revelación divina. La del Hijo de Dios.
Que tenga un buen día.
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JMI.-Gracias. Lo mismo le digo.
01/05/20 6:33 PM
  
Català
Quizás no me he expresado bien.

No pido una demostración racional de la oración de petición, sino una explicación de como no es irracional habiendo un Dios omnisciente, omnipotente y benvolente. Pues el bien mayor sería el que reaalizaria, preguntando yo aquí cómo entra exactamente la oración de petición.

Y sobre el comentario de Esron, quizás me desvío del tema, y sé que es algo que ya ha sido a menudo tratado, pero siempre hay cosas que se me escapan, és por qué si Dios "quiere que todos los hombres y lleguen al conocimiento de la verdad" no concede esa gracia eficaz para cambiar la voluntad de los no creyenttes. Si me desvío del tema, pues da igual.

No digo esto con intención de contradecir a nadie, todo lo contrario, sino para comprender mi fe mejor, sabiendo que tanto la oración de petición como la predestinación forman parte del dogma cristiano. No querría que pareciera lo contrario.

Muchas gracias ambos.
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JMI.- Tendrá que conformarse con la síntesis teológica que he hecho. Pero no me animo a salir del cuadro teológico. Se desvía del tema, como bien dice.
01/05/20 9:06 PM
  
Gris Funcionario
Català, a ver si puedo ayudarle:

Una cosa que me ha pasado cuando he tenido hijos es que he comprendido el Padrenuestro. Los padres dan continuamente cosas buenas a sus hijos, lo pidan o no. Sin embargo te complace cuando un hijo te pide algo. Te está diciendo que te necesita y que piensa que tú le puedes dar lo que pides. Es precioso cuando tu hijo te pide cosas, manifiesta que conoce el amor que le tienes.

Dios es un misterio pero se nos permite conocer algo de Él. La razón nos puede hacer llegar a conocer que hay un Dios y que benigno, omnipotente y omnisciente. Pero por revelación llegamos bastante más allá. Jesús nos enseña a llamar a Dios "Padre", y nosotros sabemos qué es un padre. Pues si quiere revelarse así por algo será. Vemos los padres de la tierra y nos hacemos una idea de cómo es el padre del Cielo. Es así de fácil.

Se nos permite ponernos hasta cierto punto en el lugar de Dios. Póngase un momento en lugar de Dios y mire la oración de petición desde esa perspectiva, la de un padre que recibe la petición de su hijo. Verá que la razón y la revelación en este punto nos dicen lo mismo. Los padres de la tierra somos imperfectos, no podemos hacer todo lo que conviene a los hijos e incluso a veces hacemos mal a nuestros hijos. El Padre del cielo, que por razón sabemos que lo puede y sabe todo, siempre nos dará lo bueno. Si le pedimos un pan no nos da una piedra. Y como es padre no solo ama, también se complace de ser amado.

Con la oración de petición estamos poniendo a Dios en su sitio y a nosotros en el nuestro, deshaciendo nuestra rebeldía y nuestra indiferencia hacia Él. No hay nada irracional en esto.

Gracias padre Iraburu una vez más, que Dios le bendiga,

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JMI.-Gracias a usted.
Dios nos hizo a imagen suya. Él es misericordioso y da al que le pide. Y nosotros hemos de ser misericordiosos y dar al que nos pide. Y atrevidos, como hijos, a la hora de pedir a nuestro Padre celestial, fuente de todo bien. Bendición +
02/05/20 12:30 AM
  
Soledad
Padre:
Su artículo es clarificador y necesario.
La oración siempre es necesaria, pero hoy, con tiempos convulsos y tormentosos más, una tabla de salvación para el náufrago.

Del artículo me sorprende lo que aporta Vd. sobre la visión de los modernistas.Mi reflexión es o no rezan y si lo hacen sus disposiciones son nulas. Bien es verdad que estos sarmientos no están unidos a la vid, por las herejías que conlleva, pero no dejan de confundir e incordiar,y de producir tristeza por el daño que producen.

Hace unos meses el Sr. Llera aportó una frase de San Agustín que resume mucho lo que Vd dice. A mi personalmente me sirvió y me sirve:"dame lo que pides y pide lo que quieras".

A poquito que tu vida se ponga a la luz de estas palabras, eres consciente que Dios siempre nos otorga lo que pedimos, con humildad y conforme a su Voluntad para cada uno, es más, se adelanta a las mismas, con la bondad de que nuestras debilidades no sean obstáculos,. La confianza y el abandono en la Providencia de Dios es fuente de paz y seguridad.

Agracecida por su articulo.
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JMI.-Gracias.
Dios es amor, y manda el sol y la lluvia al campo de los justos y de los pecadores. No da "porque" seamos buenos, sino por su propia bondad difusiva. La luz ilumina un jardín y un estercolero: ilumina por la luminosidad de su propio ser. Bendición +
02/05/20 6:33 AM
  
Oscar de Caracas
Ha sido un bálsamo su post para mi.
Durante años, y a mis muchos años me ha tocado, he estado buscando leer algo así para comprender cómo orar. No soy teólogo ni entiendo de teología pero he leído puro sentido común.
Gracias por hacer de lo difícil fácil de entender.

Dios le bendiga padre.

P.D. Su post sobre el juicio temerario lo tengo muy dentro de mi.
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JMI.- Bendigamos al Señor, que nos concede la gracia de dar luz y ánimo, comunicar lo que Él nos da, consolar con el consuelo que Él nos da, confortar, corregir, animar = dar ánimo, dar fortaleza y esperanza. Bendición +
02/05/20 7:47 AM
  
J 120
Català:

Sobre lo que usted pregunta con respecto a la oración de petición, creo que puede encontrar una respuesta en el libro La Providencia y la confianza en Dios, de Garrigou-Lagrange, O. P. (lea la sección La Providencia y la oración, pág. 190). Puede consultar el libro aquí:

www.traditio-op.org/biblioteca/Garrigou/La%20Providencia%20-%20P.%20Reginald%20Garrigou%20Lagrange.pdf
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JMI.-Gracias. El libro que aconseja es muy bueno, como todo lo de Garrigou-Lagrange OP. Fue un gran religioso dominico, profesor de dogmática al principio, y pasó después a especializarse como maestro en el campo de la teología espiritual. "Las tres edades de la vida interior" fue un gran libro.
Un santo varón, dicen de él los que lo conocieron. En el siglo pasado hubo grandes doctores dominicos, maestros de una espiritualidad muy bíblica y arraigada en la teología dogmática, como Arintero OP, Royo Marín OP. Muy fieles discípulos de Sto. Tomás de Aquino OP.
Bendigamos al Señor.
Bendición +
02/05/20 8:26 AM
  
Quico
Precisamente, ya que lo menciona, padre, un pasaje de Royo Marín me resultó a mí especialmente iluminador respecto a la oración de petición. Respondía a la objeción de quienes dicen que teniendo la providencia divina todo previsto, la oración de petición suponía querer cambiar la voluntad de Dios.
Responde Royo Marín que precisamente la voluntad y providencia de Dios ha previsto que determinadas cosas se alcancen a través de la petición de la oración, como causa segunda. De modo que si se piden se alcanzarán y si no, no. Algo perfectamente lógico a menos que se crea que la Providencia es un conjunto petreo de determinismos inmutables, creencia que no es cristiana.
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JMI.-Muy claro.
En mi artículo digo que si uno no sabe conciliar oración de petición y Providencia infalible (ya está predeterminado, ¿para qué pedir en oración?), tampoco por la misma razón debiera trabajar (ya está predeterminada la cosecha mayor o menor, ¿para qué trabajar el campo procurando los frutos?). A dormir sin trabajar. A jugar al mus en la taberna con los campesinos amigos. A dar un paseo, que es muy sano.
02/05/20 5:13 PM
  
Roberto
Lanzo una pregunta:
¿Y cuando pides a Dios con fe y humildad algo importante y no se cumple o concede? A mi me causa perplejidad.

"Todo lo que pidais al Padre en mi nombre os lo será concedido", Insistencia en la oración (parábola de la mujer que importuna al juez); "pedid y se os dará, llamad y se os abrirá........."

Y por favor, que no se me diga:
-Es que pides cosas que no te convienen
-Es que pides mal
-Es que eso no va con la voluntad de Dios

Estas objeciones las he oido cientos de veces.
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JMI.-Nunca el cristiano ha entendido que por la eficacia de la oración de petición hace de Dios un servidor, un siervo, un "mandado" que se ve obligado hacer lo que sus hijos le piden. Es absurdo. Cristo pide al Padre "pase de mí este cáliz si es posible", y en seguida añade a su petición, "pero no se haga mi voluntad sino la tuya". Y el Padre lo escucha, no evitándole la muerte en la Cruz, sino dándole la resurrección a los tres días de la muerte, y dándole "todo poder en el cielo y en la tierra".
El "hágase tu voluntad" del Padrenuestro está inseparablemente unido de toda oración de petición que sea "cristiana". El que pide con "exigencia", como mandándole a Dios, no ora en el nombre de Jesús, no ora en su espíritu. Y menos aún el que pide con "amenaza": "o me das, Señor, lo que te pido o dejo de ir a Misa y abandono la fe".
02/05/20 6:47 PM
  
Gris Funcionario
Roberto:

"¿Y cuando pides a Dios con fe y humildad algo importante y no se cumple o concede?"

Ponga ejemplos de "algo importante" y usted mismo se responderá. Si algo importante es que alguien se salve de la muerte o de un mal uno ya conoce de antemano que pesan sobre nosotros las consecuencias del pecado original y que en la vida vamos a sufrir y que tarde o temprano todos vamos a morir. Uno pide a Dios que le libre de los males, y ciertamente experimentamos que nos aparta de muchos. Pero sabemos que vamos a beber de ese cáliz.

Esa manía que tiene Dios de no concedernos siempre librarnos de los males descorazona a los que no tienen muy claro cuál es lo importante en la vida. Lo importante no es pasar la vida sin sufrimiento, "lo importante" es salvarse. Es en lo relativo al negocio de la salvación donde no se nos niega lo que pedimos. Pida fe, esperanza o caridad y ya verá.
02/05/20 10:42 PM
  
Daniel Lagos de Perú
La Misa es la oración más perfecta porque en ella el orante es el mismo Cristo, y todo su ser, ofrecido en el cenáculo y en el altar de la Cruz, es todo lo que tenemos para pedir, agradecer, alabar ante el Padre. ¡El mismo Cristo es nuestro intercesor, y sus llagas preciosas son nuestra intercesión, no hecha por nosotros sino por nuestro Sumo y Eterno Sacerdote!
De esto, tanto usted cómo los le tires podrán encontrar citas en Infinidad de Documentos Magisteriales y Escritos de Santos.

Kyrie, Gloria, Salmo R, Oración Colecta, Petición de los Fieles, el Ofertorio, la Anamnesis, Padre Nuestro, Agnus Del, Oración Final, etc.... La Santa Misa no solo es La Oración Perfecta sino que está toda llena de Perfectas Oraciones de Petición.

He ahí el Profundo Dolor de los Seglares que estamos privados de esta Oración Perfecta, llena toda de Perfectas Oraciones de Petición........ Un dolor, que los Sacerdotes que pueden celebrar La Santa Misa solos, difícilmente entenderán en toda su dimensión.

VEN SEÑOR NO TARDES
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JMI.-No, Daniel, no están privados. No sé cuál es en Perú la norma establecida con ocasión de la pandemia. En España sí se permite asistir a la Misa en grupo reducido y con determinadas condiciones. A partir del 11 de mayo, en grupos más amplios, que no excedan un 30% del aforo de la capilla. Y en la prórroga siguiente, un 50%. Y sigue la "desescalada" hasta llegar, una vez frenada la pandemia, a la asistencia normal.

En todo caso, siempre pueden hacer suyas las ORACIONES DE LA MISA siguiéndola por la televisión u otros medios audiovisuales. Es lo que recomiendan las diferentes Conferencias Episcopales. Y el Papa.
02/05/20 10:50 PM
  
J 120
Muchas gracias a usted, Padre. Los libros de Arintero sobre mística y oración son sublimes.

Dios le bendiga.
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JMI.- Bendición
02/05/20 11:51 PM
  
hornero (Argentina)
"Salmos, Padrenuestro y Liturgia son las escuelas más altas de la oración cristiana. Asimilemos, pues, la oración de petición como integrante primordial de la oración". Así, es Padre Iraburu. Cristo ha abierto ante nosotros el Corazón del Padre, a fin de que pidamos no sólo "el pan nuestro de cada día", sino ante todo que "Venga a nosotros tu Reino., hágase tu voluntad así en la tierra como en el Cielo". Tal vez no somos consientes que la inmensidad de nuestra petición contiene todos los bienes a que podemos aspirar en esta vida y en la eterna. Pedir el Reino de Dios sobre la tierra es pedir todo. Hoy, cuando el mundo tambalea, esta oración que trasciende al mundo y sus cosas temporales y efímeras, nos acerca e introduce en los grandes designios divinos, sólo en los cuales la oración alcanza su perfección, su esplendor y sus frutos plenos. En la medida que nuestra oración vaya más allá de nuestras necesidades inmediatas personales, que abarque el bien de los miles de millones de hermanos contemporáneos llamados a la Conversión, caen nuestros egoísmos, orgullos y maledicencias. Se ilumina el ámbito inmenso del plan que Dios trazó desde la Creación, que Cristo sobreelevó, y que le es confiado al triunfo del Inmaculado Corazón de María en el mundo, en su ejecución final y definitiva.
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JMI.-Amén, amén, amén.
Bendición +

03/05/20 4:05 PM
  
hornero (Argentina)
Desde nuestros encierros, vueltos, no prisiones, sino abadías y monasterios, lleguemos en espíritu a nuestros más de siete mil millones de hermanos dolientes, besemos sus frentes y dejemos en ellos un mensaje de amor: el Evangelio de Jesucristo, que se anuncia y nos convoca a la CONVERSIÓN; a seguir, honrar, proclamar y amar el "Nombre que está por sobre todo nombre” (Fil 2, 9). ¡Jefes de Estado, señores poderosos, sabios, pueblos y naciones, sus familias, ancianos, madres, jóvenes y niños, ignorantes y cultos, acudid a Jesucristo!. Sean unas u otras las murallas que rodean las mentes y corazones de cada uno de nuestros hermanos, razas o culturas, no son impedimento para que el amor fraterno pase y cenemos juntos, porque ahí estará Él esperando a la puerta (Apoc 3, 20). El Padre ha preparado el becerro para la gran fiesta del regreso del hijo pródigo, que representa a la humanidad toda; y sale a nuestro encuentro. Porque el poder de la ORACIÓN es mayor que la fuerza de gravitación que gobierna los mundos. Del Sol de Justicia, Cristo el Salvador, mana su MISERICORDIA como desde un volcán por cuyas laderas se derrama hasta cubrir la superficie de la tierra. No quema a los que la reciben, pero a quienes la desprecian, los reduce a cenizas. La Justicia no admite que se blasfeme contra su hermana la Misericordia.

Salvemos las distancias, tomemos el mundo en nuestras manos y lo acerquemos a nuestro corazón, si acaso Cristo vive en nosotros. Vivimos un PRODIGIO, sea cualquiera su explicación, el de compartir un encierro y temores comunes, constituidos de la noche a la mañana en COMUNIDAD SUFRIENTE UNIVERSAL, bajo una misma tribulación, interrogantes e incertidumbres. Dios ha dispuesto un alto al vértigo y locura que vivía nuestro mundo, oportunidad para reconocernos como la gran familia de los hijos de Dios, rescatados por Cristo, y confiados por Él a Su Madre al pie de la Cruz. Depositemos la humanidad en manos de los ángeles del Señor, ellos arrancarán la cizaña y juntarán el trigo en los graneros. Iniciemos, entonces, la danza de la alegría, como el Rey David delante del Arca. Hoy el Arca de la Nueva Alianza es María, que ha venido a nosotros de parte de Dios, con Ella, entonemos el “Cántico nuevo, delante del trono del Cordero” (Apoc 14, 3).






04/05/20 1:02 AM
  
Cayetano
Gracias padre por todo lo que hace por nosotros. Dios le bendiga mucho. Una pregunta, ¿es posible que nuestra oración de petición cambie la providencia de Dios, y lo que estaba encaminado a un fin de forma natural, torne a otro fin influenciado por la oración con fe y devoción? Esto , creo, sería lo que conocemos como milagro, y los milagros existen.

Gracias padre por darnos luz . Un abrazo y le pido su bendición.
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JMI.-No, no podemos "cambiar" la voluntad de Dios providente.
Bendición +
04/05/20 8:53 AM
  
Alberto GT
¿Puede un niño ver unos dibujos animados en que en algún momento se vea el trasero a un personaje o se le encione haciendo sus necesidades como recurso cómico? Supongo que no hay problema, pues he visto las imágenes de un hilo sobre Humor, alegría y pecado en lq Edae Media de Infocatolica donde se ven gargolas un poco así. Pero prefiero asegurarme. Muchas gracias, perdone por salirme del tema.
06/05/20 3:52 PM
  
Alberto GT
¿Y un adulto joven que no siente ninguna concipiscencia viendo ese en un dibujo animado, mayormente cuando no es algo habitual ahí sino solo algunpor recurso comico aislado,? No creo, pues la Capilla Sixtina tiene algún trasero y no pasa nada
Muchas gracias.
06/05/20 4:28 PM
  
Beatriz Mercedes Alonso (Córdoba - Argentina)
Muchísimas gracias, Padre Iraburu, por este profundo y clarificador artículo sobre la oración de petición. Es difícil imaginar todo el bien que me ha hecho, y el bien que les hará, seguramente, a otras personas, pues lo he compartido en mi Facebook, y lo seguiré haciendo.
A pesar de ser un tema tan trascendental, es, desgraciadamente, bastante desconocido o, al menos, no conocido con la profundidad que sería necesaria. Es la respiración del alma, pero, ¡cuántas veces corremos serios riesgos de morir asfixiados!
Que Dios le pague con creces todo el bien que nos hace y el Espíritu Santo lo siga iluminando. La Santísima Virgen María y San José lo protejan siempre. Está presente en mis oraciones, y, de un modo especial, lo estuvo el domingo, en que celebramos al Buen Pastor.
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JMI.-Gracias, Beatriz. Hace tiempo que cuento (contamos en InfoCatolica) con tus oraciones. Bendición +

07/05/20 2:32 AM
  
María de las Nieves
Gracias de antemano por su artículo Padre Iraburu y por su claridad apoyadas en citas bíblicas.
Como ser natural pedimos constantemente a los padres ; a los superiores ;a los profesores a los gobernantes y a veces como última instancia recurrimos a Dios.
Ningún humano es Dios y no puede dar lo que no tiene pero si nuestros mayores nos enseñaron a orar.
Y aprendi que ellos ya se situaban en Dios al acostarse y al levantarse.
Y debemos ser conscientes que en Dios estamos nos movemos y existimos ;es nuestro ser natural y Nuestro Padre Creador.
El bautizado debe orar desde Jesucristo ya que es Nuestro Mediador y cumple su promesa.
El ora al Padre que le apartase del caliz amargo y el Padre tenía otro plan muy duro para esta vida pero gracias a esa muerte redentora no fue inútil su muerte.
Nosotros podemos ser apuñalados ;heridos de muerte y vamos a morir; no sabemos de qué manera ;pero tenemos una garantía viviremos con El.
La oración nos transforma y antes de hacer oración poner la intención e invocar al Señor y desde El nos irá vislumbrando el propósito de nuestra vida que es ser santos y participar en el Misterio trinitario.
Y eso sin olvidar nuestras necesidades materiales y la dignidad en el trabajo La Iglesia es un Nosotros y Dios que nos da su Amor gratuito nos convoca en la Unidad sobre la Verdad de Cristo Jesús crucificado y Resucitado.
Así que oremos al Padre con su Persona Divina y Su Palabra que es el Verbo Encarnado y su Santo Espíritu.
Y dejemos sondear por donde nos lleva cada dia
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JMI.-Amén.
Bendición +
07/05/20 8:14 PM

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