El socialismo en el marco de la Ilustración

Entre la herencia y la crítica

El socialismo es a la vez un heredero directo y un crítico severo de la Ilustración. Por una parte, adopta plenamente y radicaliza algunas de sus características: el racionalismo, el naturalismo y el secularismo. Su racionalismo se manifiesta en el “socialismo científico” de Marx y su intento de una planificación científica de la economía. Su naturalismo tiende con fuerza al materialismo. Su secularismo radical tiende al humanismo ateo.

Por otra parte, el socialismo tiene una relación tensa o ambivalente con otras características de la Ilustración: el individualismo, el liberalismo y el relativismo. En cuanto al individualismo, el socialismo clásico intentó suplantarlo por el ideal colectivista, pero sin embargo la izquierda actual se caracteriza sobre todo por un liberalismo progresista profundamente individualista. Así pues, el socialismo, que surgió como una crítica del liberalismo, hoy, salvo en el marxismo ortodoxo que aún subsiste, tiende a identificarse con una de sus variantes, el progresismo. En cuanto al relativismo, los socialistas en general lo asumen, negando la existencia de una ley moral natural y objetiva; sin embargo, en la práctica a menudo impulsan la igualdad y la justicia social como valores morales absolutos y universales.

Socialismo y progresismo

Como vimos en el capítulo 3 de este libro, el socialismo es una de las muchas ramas del árbol de la Ilustración racionalista. Su relación con el liberalismo es profunda. Por una parte, el socialismo proviene del liberalismo filosófico y político. Por otra parte, si bien teóricamente los socialistas y socialdemócratas siguen oponiéndose al liberalismo económico, en la práctica hoy su política económica no suele diferir mucho de la de muchos liberales. Y por último, en lo social y cultural toda la izquierda política ha abrazado con entusiasmo el liberalismo progresista, a tal punto que hoy la izquierda es la vanguardia del progresismo y el progresismo es el núcleo esencial de la izquierda.

El progresismo es una de las formas del liberalismo, la doctrina que afirma la autonomía moral del hombre y de la sociedad. Los filósofos liberales de los siglos XVII y siguientes intentaron reorganizar la sociedad “como si Dios no existiera”, sin ninguna referencia a la ley moral establecida por Dios. Por sus raíces racionalistas y secularistas, el liberalismo tiende fácilmente al progresismo. De ahí que en Norteamérica “liberal” sea prácticamente sinónimo de “progresista".

El progresismo es una especie de religión laica cuya esencia es la fe en el Progreso. El progresista cree que la historia avanza necesariamente hacia un futuro venturoso y utópico, una suerte de paraíso terrenal forjado por el hombre. El progresismo es un historicismo, una doctrina que niega la existencia de verdades permanentes. Toda verdad sería histórica en el sentido de que sería válida sólo en determinada época. Debido al avance del progresismo, hoy a menudo se deja de lado la cuestión de la verdad o falsedad de las ideas y se discute más bien si son o no adecuadas al espíritu de la época.

Existen distintos progresismos. Por un lado, hay un progresismo de derecha que combina la antropología individualista y la fe liberal en la “mano invisible” del mercado capitalista con la fe positivista en que el desarrollo científico y tecnológico conducirá a la humanidad hacia un futuro de paz, prosperidad y felicidad. Por otro lado, hay un progresismo de izquierda basado sobre todo en el materialismo histórico de Marx, que confía en que la revolución socialista producirá finalmente la sociedad sin clases, donde cesará toda explotación del hombre por el hombre. El progresismo de derecha suele ser reformista, mientras que el progresismo de izquierda suele ser revolucionario: tiende a despreciar las tradiciones, considerándolas como vínculos con un pasado de oscurantismo y opresión que debe ser destruido para construir la sociedad perfecta del futuro.

Neomarxismos

El marxismo clásico buscaba primero tomar el poder político por medio de una revolución violenta, para luego construir el socialismo, eliminando la propiedad privada de los medios de producción. Marx centró sus reflexiones en la economía porque pensaba que la infraestructura económica determina la superestructura cultural. En cambio varios pensadores marxistas del siglo XX reconocieron que era muy difícil hacer la revolución socialista sin antes haber transformado la cultura. Esos pensadores concibieron un “marxismo cultural” que busca hacer primero una revolu-ción cultural, eliminando las formas de pensar y de actuar incompatibles con el marxismo. Esto se traduce en una destrucción o desnaturalización del sentido común, la familia, la Iglesia, etc.

Las rebeliones estudiantiles de 1968 fueron un momento crucial de esa revolución cultural. Muchos jóvenes rebeldes de ese entonces pensaban que pronto el comunismo se impondría en todo el mundo. En realidad, la irrupción de los tanques soviéticos en Praga fue el comienzo del fin del comunismo en Europa Oriental y de la misma Unión Soviética. En cambio, los hippies fueron pioneros de una mentalidad individualista y hedonista que se impuso gradualmente, en gran parte a través de los medios de comunicación social. La difusión de esa mentalidad causó muchos males, entre otros un auge del divorcio y la “unión libre”.

La perspectiva de género

De 1970 a 2000 se desarrolló el feminismo radical de la “perspectiva de género”, muy diferente del feminismo original. La perspectiva de género se aparta del sentido común de la humanidad.Es una ideología que afirma que, a pesar de las obvias diferencias biológicas entre los sexos, ser hombre o mujer no corresponde a una naturaleza fija, sino que es una mera construcción cultural, hecha según los roles y estereotipos que cada sociedad asigna a los sexos. Mencionaré cinco aspectos de la ideología de género.

a) La perspectiva de género es anticientífica porque desestima las muchas evidencias científicas de la fortísima base biológica de la masculinidad y la femineidad.

b) La perspectiva de género es ilógica por sus muchas incoherencias. Por ejemplo: si el “género” es una mera construcción cultural y la homosexualidad es un género, la homosexualidad no puede estar biológicamente determinada, como sostienen muchos partidarios de la ideología de género.

c) La perspectiva de género es un dualismo contradictorio, una especie de “materialismo platónico”. Disocia completamente, en el ser humano, la naturaleza de la cultura, el sexo del “género”, lo corporal de lo espiritual. Pero un materialista no puede ser platónico, porque no cree en el espíritu.

d) La perspectiva de género es un neomarxismo que traslada la dialéctica de la lucha de clases al interior de la familia. Concibe a la “familia tradicional” como una estructura burguesa, opresora del proletariado1.

e) La perspectiva de género es la última rebelión de la creatura contra su condición de creatura. Con esa ideología, el ateo actual pretende liberarse no sólo de Dios y de su propia condición espiritual, sino incluso de las exigencias de su propio cuerpo2.

La neolengua progresista

Las palabras son importantes. Detrás de las palabras están las ideas, y detrás de las ideas están las cosas. Los progresistas utilizan el lenguaje como una herramienta eficaz de manipulación política. Intentan cambiar las palabras para cambiar las ideas y la realidad.

En su notable novela distópica 1984, George Orwell describe un régimen totalitario que está desarrollando un nuevo idioma (llamado en inglés newspeak, es decir neolengua) cuyo objetivo es volver imposibles los pensamientos contrarios a los principios del partido de gobierno, pensamientos que éste considera como crímenes mentales. Para imaginar la neolengua, Orwell se basó sobre todo en las formas de expresión de los aparatos de propaganda de dos regímenes totalitarios de su tiempo: el nazi y el soviético. En nuestros días, las corrientes progresistas de todo el mundo están forjando poco a poco un lenguaje que recuerda a la neolengua de Orwell.

En efecto, el actual lenguaje “políticamente correcto” busca favorecer el pensamiento acorde con los principios del bando progresista y desalentar las expresiones contrarias a esos principios. Se trata de una manipulación del lenguaje para manipular primero el pensamiento y en última instancia la realidad. A continuación, presentaré de forma somera seis ejemplos de la neolengua progresista, elegidos un poco al azar entre cientos posibles.

1. El uso de la expresión eufemística “interrupción del embarazo” en lugar de la palabra “aborto” busca evitar que la gente piense en el hecho obvio de que el aborto voluntario es la eliminación deliberada de un individuo de la especie humana.

2. La redefinición del embarazo, haciendo coincidir su comienzo con la anidación, en lugar de la concepción, tiene dos objetivos: A) En el caso de la procreación natural, se busca hacer pasar algunos abortos como anticoncepción: se crea un intervalo de unas dos semanas en el cual los efectos anti-implantatorios de diversas píldoras o dispositivos no pueden ser calificados como abortivos, dado que el aborto (según el punto 1) es la interrupción del embarazo, y el embarazo, según la nueva definición, aún no ha comenzado. Obviamente, lo que en realidad ocurre al impedir la anidación de un embrión humano es que se mata a un individuo de la especie humana en una etapa temprana de su desarrollo. B) En el caso de la procreación artificial, se busca permitir la manipulación de los embriones producidos in vitro, antes de su transferencia a un útero.

3. La nueva palabra “homofobia", que parece significar simplemente miedo, aversión u odio a las personas homosexuales, se aplica incluso a quienes dicen que las relaciones homosexuales son inmorales, postura filosófica o teológica que no implica ningún miedo, aversión u odio a las personas homosexuales, pero que, en virtud de la “corrección política", hoy suele ser calificada como un crimen de odio.

4. La postura, de simple sentido común, de los ciudadanos que buscan regular la inmigración en países con inmigración masiva, es calificada hoy habitualmente como “xenofobia", aunque de por sí no implica ningún odio ni desprecio a los extranjeros ni un desconocimiento de los derechos humanos de los inmigrantes ya acogidos en el país.

5. Hoy las organizaciones provida son calificadas como “antiderechos” por su oposición al aborto, porque antes la neolengua ha definido el aborto (perdón, la “interrupción del embarazo") como un “derecho reproductivo” (en verdad, antirreproductivo) de la mujer.

6. Los partidos políticos que sostienen coherentemente posturas provida y profamilia y defienden la unidad, la soberanía y la identidad cultural de sus respectivas naciones son calificados hoy casi unánimemente por la prensa como de “ultraderecha” o “extrema derecha", aunque por lo general sus vínculos con el nazismo, el fascismo o incluso el franquismo oscilen entre muy tenues e inexistentes. Se les aplica con frecuencia la falacia de la “culpa por asociación": si un neonazi o ex neonazi vota por uno de esos partidos o milita a su favor de cualquier manera, entonces se dice que ese partido tienes raíces o vínculos en el neonazismo. Este criterio no suele aplicarse para calificar como “ultraizquierda” o “extrema izquierda” a partidos de izquierda que tienen o tuvieron comunistas entre sus militantes o simpatizantes actuales o pasados. Dos pesos y dos medidas…

Considerando estos ejemplos y muchos otros similares, es difícil evitar la conclusión de que la “corrección política” progresista busca negar toda legitimidad a posturas conservadoras razonables, que hasta hace muy poco reunían un amplio consenso en todo Occidente. Por ejemplo, se pretende descalificar como “intolerantes” o “fundamentalistas” a todos los que tienen convicciones religiosas o morales conformes con la doctrina católica bíblica y tradicional.

Daniel Iglesias Grèzes

Notas

1) “El primer antagonismo de clases de la historia coincide con el desarrollo del antagonismo entre el hombre y la mujer unidos en matrimonio monógamo, y la primera opresión de una clase por otra, con la del sexo femenino por el masculino” (Friedrich Engels, El origen de la familia, la propiedad y el Estado).

2) “Actualmente se considera a la mujer como un ser oprimido; así que la liberación de la mujer sirve de centro nuclear para cualquier actividad de liberación tanto política como antropológica con el objetivo de liberar al ser humano de su biología. Se distingue entonces el fenómeno biológico de la sexualidad de sus formas históricas, a las que se denomina gender [género], pero la pretendida revolución contra las formas históricas de la sexualidad culmina en una revolución contra los presupuestos biológicos. Ya no se admite que la ‘naturaleza’ tenga algo que decir, es mejor que el hombre pueda modelarse a su gusto, tiene que liberarse de cualquier presupuesto de su ser: el ser humano tiene que hacerse a sí mismo según lo que él quiera, sólo de ese modo será ‘libre’ y liberado. Todo esto, en el fondo, disimula una insurrección del hombre contra los límites que lleva consigo como ser biológico. Se opone, en último extremo, a ser criatura. El ser humano tiene que ser su propio creador, versión moderna de aquél ‘seréis como dioses’: tiene que ser como Dios.” (Cardenal Joseph Ratzinger, La sal de la tierra; cf. Pedro Trevijano Echeverría, Ratzinger y la ideología de género).


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