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15.07.26

Consecuencias del socialismo

El debilitamiento de las personas, las familias y la sociedad civil

El gran despertar

En muchos países los trabajadores se están dando cuenta de que en realidad la izquierda los perjudica.

Según la doctrina marxista de la lucha de clases, capitalistas y asalariados son dos clases sociales que están en conflicto inevitable entre sí. La derecha estaría a favor de los capitalistas y la izquierda a favor de los asalariados. Desde esa perspectiva es difícil explicar por qué, en Norteamérica, Europa y otros lugares, tantos miembros de las élites votan a los partidos políticos de izquierda mientras que tantos empleados y desempleados están abandonando la izquierda y pasando a apoyar a partidos políticos conservadores, nacionalistas y populistas de derecha. Sin embargo, en realidad ese fenómeno es relativamente fácil de entender. Se trata de un despertar masivo de los trabajadores y la clase media. Éstos están tomando conciencia de que la izquierda no defiende bien sus verdaderos intereses, sino que más bien atenta contra ellos.

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30.06.26

El socialismo en el marco de la Ilustración

Entre la herencia y la crítica

El socialismo es a la vez un heredero directo y un crítico severo de la Ilustración. Por una parte, adopta plenamente y radicaliza algunas de sus características: el racionalismo, el naturalismo y el secularismo. Su racionalismo se manifiesta en el “socialismo científico” de Marx y su intento de una planificación científica de la economía. Su naturalismo tiende con fuerza al materialismo. Su secularismo radical tiende al humanismo ateo.

Por otra parte, el socialismo tiene una relación tensa o ambivalente con otras características de la Ilustración: el individualismo, el liberalismo y el relativismo. En cuanto al individualismo, el socialismo clásico intentó suplantarlo por el ideal colectivista, pero sin embargo la izquierda actual se caracteriza sobre todo por un liberalismo progresista profundamente individualista. Así pues, el socialismo, que surgió como una crítica del liberalismo, hoy, salvo en el marxismo ortodoxo que aún subsiste, tiende a identificarse con una de sus variantes, el progresismo. En cuanto al relativismo, los socialistas en general lo asumen, negando la existencia de una ley moral natural y objetiva; sin embargo, en la práctica a menudo impulsan la igualdad y la justicia social como valores morales absolutos y universales.

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4.12.25

Entrevista sobre el progresismo en el podcast Resurgir Nacional

Ayer (miércoles 03/12/2025) fui entrevistado por Juan Hernandorena y Ernesto Boragno en el podcast uruguayo Resurgir Nacional (RN) para hablar sobre el progresismo.

En esta ocasión desarrollé principalmente los temas tratados en la Parte VI (Progresismo) de mi libro El trigo y la cizaña: Una mirada cristiana sobre el mundo.

Procuré hablar sobre los temas de los siguientes capítulos de ese libro (que tiene 64 capítulos):

  • 39 - La guerra contra la libertad de expresión

  • 40 - Totalitarismo blando

  • 41 - Comunismo

  • 42 - La perspectiva de género

  • 43 - La neolengua progresista

  • 44 - Tres odios del progresismo

  • 45 - El progresismo como religión

  • 46 - La obsesión revolucionaria por las estructuras sociales

  • 47 - La pandemia de COVID-19 y la agenda progresista

La entrevista dura 1 hora y 55 minutos.

Desde esta página se puede descargar la presentación que preparé con motivo de esta entrevista.

Agradezco a Juan y Ernesto su amable invitación y el interesante diálogo que tuve con ellos e incluso con algunos de los oyentes del programa.

Los libros que mencioné durante la entrevista y no figuran en la página de bibliografía son los siguientes:

Por último, aclaro por si acaso que no integro el movimiento Resurgir Nacional.

3.01.25

¿Por qué fracasó el liberalismo?

Tapa del libro

El éxito del liberalismo causa su propia autodestrucción.

Daniel Iglesias Grèzes

Este artículo es una breve reseña del libro: Patrick J. Deneen, Why Liberalism Failed? [¿Por qué fracasó el liberalismo?], Yale University Press, New Haven y Londres, 2018.

Patrick Deneen es un filósofo católico estadounidense, profesor de ciencia política en la Universidad de Notre Dame, una de las principales universidades católicas de los Estados Unidos (EEUU). Deneen integra una corriente de pensamiento político llamada “postliberalismo”, que está cobrando bastante fuerza en la actualidad. Otros escritores estadounidenses de esa corriente son Sohrab Ahmari (convertido al catolicismo en 2019), Rod Dreher (ex católico, hoy ortodoxo) y Adrian Vermeule (católico). Entre los políticos afines al postliberalismo, el principal es J. D. Vance, Vicepresidente electo de los EEUU, también convertido al catolicismo en 2019.

El libro en cuestión, escrito básicamente antes del triunfo del Brexit y de la elección de Donald Trump como Presidente de los EEUU en 2016, tuvo un gran impacto en Norteamérica y fue elogiado por muchos como un aporte profundo e importante para entender la actual crisis política en Occidente. Algunos de los que han elogiado el libro discrepan de las principales tesis del autor, considerándolas demasiado radicales. A diferencia de la mayoría de los conservadores actuales, que pretenden librar las actuales “guerras culturales” sin salirse de la órbita del liberalismo, Deneen señala a éste como la raíz de los principales males políticos actuales. En otras palabras, a los verdaderos conservadores no les basta luchar contra Gramsci y la Escuela de Fráncfort: si quieren ser coherentes, tienen que rechazar también muchas de las premisas de Hobbes, Locke, Smith, Mill y los demás liberales clásicos, incluyendo a los Padres Fundadores de los EEUU.

Deneen sostiene que el liberalismo redefinió el concepto de “libertad” de modo que su significado actual es casi el contrario del que tenía en la antigüedad grecorromana y la Cristiandad medieval. Para éstas la libertad era el autodominio alcanzado mediante un arduo ejercicio de autodisciplina, a fin de someter la fuerza de los apetitos y las pasiones y adquirir las virtudes morales. Según esa visión, que sigue siendo la visión cristiana, la verdadera libertad del hombre es su acción conforme a su propia naturaleza de animal racional, espiritual, social y político. En cambio, para el liberalismo la libertad es esencialmente la ausencia de restricciones externas que impidan al ser humano realizar sus deseos, cualesquiera que sean (salvo los casos de daño directo y demostrable a otros). Este cambio del concepto de libertad fue acompañado por un cambio en la visión de la ciencia, que no es concebida ya como una búsqueda racional y sistemática de la verdad, sino como un esfuerzo para someter la Naturaleza, a fin de que el ser humano pueda hacer su voluntad en el mayor grado posible. De hecho, Thomas Hobbes, el pensador que, sin ser propiamente liberal, sentó las bases del liberalismo, fue secretario de Francis Bacon, el primer filósofo que expresó la visión de la ciencia como guerra contra la Naturaleza, típica de la modernidad.

La nueva visión de la libertad propia del liberalismo condujo a la adopción de criterios y conductas individualistas en los ámbitos religioso, económico, político, cultural, social y educativo. Deneen subraya que, a medida que el ideal liberal se fue cumpliendo progresivamente, se fueron debilitando cada vez más los vínculos que unían al individuo con su familia, su comunidad local, su gremio, su país, su iglesia, su cultura, sus tradiciones, etc. Esto debilitó cada vez más a los individuos, de modo que la consecuencia inexorable del liberalismo, pese al anti-estatismo teórico de los liberales de derecha, ha sido el crecimiento gradual del poder del Estado, llamado a resolver los problemas causados por la debilidad creciente de los individuos progresivamente desvinculados.

Deneen distingue dos etapas principales en la historia del liberalismo, que se corresponden con las dos tendencias principales del liberalismo actual. En los siglos XVII y XVIII y la primera mitad del siglo XIX floreció el liberalismo clásico ya descrito, que se corresponde con el actual liberalismo conservador o libertarianismo. Y a partir de la segunda mitad del siglo XIX surgió el liberalismo progresista o moderno, que se corresponde con el progresismo actual. Éste agregó al liberalismo la idea en boga de la evolución, de tal modo que hoy la revolución liberal no busca sólo liberar al hombre de sus obligaciones no elegidas en el terreno de las normas religiosas o morales y las costumbres sociales, sino incluso de las provenientes de su propia naturaleza, concebida ahora como sujeta a cambio. Por eso el liberalismo progresista insiste hoy en la “liberación” del hombre en el terreno de la sexualidad: “derechos sexuales” que incluyen las distintas orientaciones sexuales, “derechos reproductivos” que son en realidad antirreproductivos (anticoncepción, esterilización, aborto), etc. Se pretende incluso “liberar” al ser humano de su propio sexo (transgenerismo); y ya se escuchan las voces de quienes quieren liberarlo de su propia especie (transhumanismo).

Deneen sostiene que el liberalismo no fracasó por no haber sido implementado de forma plena y coherente sino, al contrario, precisamente porque fue implementado de forma cada vez más plena y coherente. Al estar basado en una antropología falsa, el liberalismo es auto-contradictorio y por ende insostenible. Por eso hoy tantas personas tienden a sentirse defraudadas por la democracia liberal. Pese a los enormes avances de la ciencia y al gran desarrollo económico que ha generado, el liberalismo no ha cumplido sus promesas: hoy no nos sentimos cada vez más libres, sino cada vez más impotentes frente al poder enorme y creciente del Estado liberal y de las grandes empresas, especialmente las tecnológicas. Nos hemos liberado de la vieja aristocracia para caer en las manos de una nueva aristocracia tecnocrática y una nueva oligarquía. (CONTINUARÁ).

5.09.23

El pontificado de Francisco en su hora más sombría

El Papa Francisco

La crisis de la Iglesia Católica se aproxima a un clímax.

El pasado 13 de marzo se cumplieron diez años de la elección del Cardenal argentino Jorge Mario Bergoglio como Sumo Pontífice de la Iglesia Católica. Ese aniversario fue recordado por muchos artículos elogiosos en los principales medios de la prensa mundial. Ross Douthat fue una de las pocas excepciones al coro de alabanzas, al sostener en su columna del New York Times que el Papa Francisco trajo a la Iglesia Católica una década de división. Douthat considera que las reformas de Francisco tienden hacia una autodestrucción del catolicismo.

¿Qué decir de esa crítica? Lo cierto es que Francisco ha proporcionado sobrados motivos de preocupación a los católicos que muchos llaman “conservadores”, y que en realidad son “ortodoxos”, o sea fieles a la doctrina católica bíblica y tradicional. Presentaré algunos de esos motivos sintéticamente, clasificándolos en tres áreas: la doctrina cristiana, la relación de la Iglesia con el mundo y el gobierno de la Iglesia. Cada una de estas áreas daría para escribir un libro.

En el frente doctrinal, el pontificado de Francisco presenta características que lo vuelven único en la historia de la Iglesia, dado que las declaraciones y actuaciones cuestionables o dudosas de Francisco en materia doctrinal son numerosísimas. El libro de varios autores Denzinger-Bergoglio: Los sorprendentes aportes de Francisco al bimilenario Magisterio de la Iglesia recopila y analiza en 1.769 páginas cientos de esas declaraciones, con base en los primeros tres años de su pontificado.

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